Incluido en: , Edicion: ,

Cuando lo inverosímil apunta a lo real del mundo. Entrevista a Juan Pablo Villalobos

Barcelona

Por
Cuando lo inverosímil apunta a lo real del mundo. Entrevista a Juan Pablo Villalobos | Letra Urbana
Ana Schulz

El humor serio del escritor que ganó el Premio Herralde de novela 2016.

No voy a pedirle a nadie que me crea, Ed. Anagrama, es el último trabajo de Juan Pablo Villalobos, y fue reconocido con el Premio Herralde de novela 2016.

Villalobos nació en México donde, quizás habiendo podido ser un jugador de futbol profesional, prefirió graduarse en Lengua y Literatura Hispánicas y también en Administración y Mercadotecnia, carrera que decide abandonar para dedicarse totalmente a las letras. Se mudó a España para continuar con sus estudios de posgrado, posteriormente se radicó una temporada en Brasil y de nuevo regresó a Barcelona, donde hoy vive con su familia.

Sus libros fueron traducidos y publicados en más de 12 países, eso quizás pudiera ser un indicador que confirma la consistencia de su obra. Su última novela, la quinta de la serie que comenzó en 2010, nos vuelve a dar la ocasión de encontrar a un autor que elije decididamente la literatura, esa que a Villalobos le interesa y de la que hace un asunto serio. Y ese es el punto, cómo él crea los recursos para construir una ficción, donde los aspectos más caóticos y miserables del mundo dan lugar a un acontecimiento literario.

No voy a pedirle a nadie que me crea es una historia que narra cómo lo cotidiano se transforma en un absurdo; sin que uno sepa muy bien cómo los personajes llegan a encontrarse en medio de desopilantes situaciones, que a la vez van perfilando siluetas del drama. Todo comienza cuando un mexicano, con el mismo nombre del escritor, está a punto de viajar a Barcelona para hacer un doctorado sobre los límites del humor en la literatura latinoamericana del siglo XX y de pronto, de una manera grotesca pasa a ser la pieza central de una organización mafiosa que dominará su vida y la de quienes lo rodean. Las inescrupulosas acciones de esa mafia, los incautos que se cruzan en su camino y la impotencia de quienes se hallan formando parte de la cosa accidentalmente, arman situaciones tan disparatadas que ponen en evidencia el brutal sinsentido de una realidad.

me interesa un tipo de literatura que sorprenda, que de alguna manera desconcierte al lector, que de alguna manera no sepa exactamente hacia dónde va la novelaEl humor es una pieza clave en su trabajo, en esta novela y en todas las que ha escrito.  Con un preciso sentido de la oportunidad a veces usa el chiste, otras la ironía, cuando no lo cómico. Pero siempre es un humor valioso, “…el que a mí me gusta como lector y el que yo intento como escritor. Puede ser ambiguo, puede ser políticamente incorrecto, puede llevar a hablar de temas muy delicados como en el caso de México la desigualdad, la injusticia, la violencia, la pobreza, los desaparecidos…”.

Juan Pablo Villalobos dice lo que no se dice, no solo en el sentido irreverente del humor que usa sino también se las ingenia para transmitir lo imposible de decir y su narrativa también hace aparecer lo que, en realidades como las de su país de origen, desaparece.


¿Cómo se te ocurrió el nombre de la novela?

Tiene que ver con una parodia de los géneros de la literatura íntima, como la autobiografía, el diario y el correo epistolar. La novela está construida través de estos géneros, tenemos cuatro narradores: Juan Pablo que escribe una especie de novela supuestamente autobiográfica, Valentina que escribe un diario, el primo Lorenzo y la madre de Juan Pablo que escriben cartas. Se supone que son todos géneros de no ficción, géneros de la literatura íntima, y lo que sucede en la literatura íntima es que siempre hay por parte del autor o del narrador, una petición de que el lector le crea. Esto sucede desde Rousseau en Las confesiones, que se considera que es el fundador de la literatura íntima moderna.

Cuando en la primera página, casi en el primer párrafo, lo que dice Rousseau es que lo que va a contar a partir de ahora es verdad, entonces está pidiendo que, como lector, le creas. El título No voy a pedirle a nadie que me crea parodia esta petición de verdad, que en el ámbito académico se llama pacto autobiográfico; el autor pide que le creas porque supuestamente lo que te va a contar es verdad, y el lector entonces tiene que cumplir con su parte de leer y aceptarlo, creerse esta propuesta.

En el caso de mi novela, hay una intención de parodiar estos géneros. La novela es absolutamente ficticia a pesar de que juega con varios de los aspectos de este tipo de literatura, como el hecho de que el protagonista se llama como yo, Juan Pablo Villalobos, de que comparta algunas de las características biográficas mías, como la fecha de nacimiento, el origen, la fecha en que llegue a vivir a Barcelona, etc. Pero todo lo que sucede allí es absolutamente ficticio, entonces digamos que el título trata de ser fiel a esa parodia de la literatura autobiográfica.

 

¿Cuál es la trastienda de esta novela, por qué dices que casi se la debes a Jordi Soler?

Esta fue una novela con la que como todas tuve muchos conflictos al momento de escribirla. Yo suelo reescribir mucho, eso quiere decir abandonar lo que estaba haciendo y volver a empezar porque no es lo que estaba buscando. En uno de esos momentos de desconfianza, de decepción, de descubrir que lo que estabas haciendo no sirve, fui a comer con Jordi y hablando con él, un colega, un escritor, encontré la manera de salir de ese bache en el que estaba. Por eso es que, de alguna manera, le dedico la novela.


¿Cómo encontraste la manera de salir?

Simplemente al estar hablando con él empecé a imaginar la novela, no hubo algo que me iluminara, simplemente las preguntas que él me iba haciendo comenzaron a configurar en mi cabeza la historia que acabó siendo.

 

¿Cómo te das cuenta de que es el momento en que hay que escribir?

Normalmente empiezo a trabajar sin una idea muy clara de la trama o de los personajes, me gusta tener mucha libertad al momento de empezar a escribir e ir descubriendo poco a poco la novela. Por eso es quizás que tengo que recomenzar varias veces, titubeo mucho pero así me gusta. Ya he probado comenzar a escribir teniendo más o menos claro un esquema de la trama, del personaje, etc. y me parece que resulta una escritura muy previsible. como escritor me gustaría que cada vez los lectores encontraran una novela distinta, pero como lector tengo que aceptar que a mí me gusta que los escritores que yo aprecio sigan escribiendo igual.  A mí me interesa un tipo de literatura que sorprenda, que de alguna manera desconcierte al lector, que de alguna manera no sepa exactamente hacia dónde va la novela, y para eso me gusta tener la libertad de empezar desde cero. Realmente es una decisión decir me quiero poner a escribir ahora, con una idea muy intuitiva, muy vaga. Por ejemplo ahora no estoy escribiendo, pero empiezo a tener algunas ideas muy muy sutiles, casi borradores te diría, como si fuera la información que recuerdo de un sueño o algo así, y que sé que en un par de meses, quizás tres meses, sea el momento de comenzar a escribir.

 

¿Te parece que tu obra ya tiene una marca propia, un estilo?

Cada novela la veo como la búsqueda de la voz narrativa que va a relatar. Trato de que cada una de esas voces que participan sean muy distintas unas de otras. Tanto desde Fiesta en la madriguera, donde el narrador era un niño con una voz muy rabiosa, enfadada, en Te vendo un perro es la voz de un anciano muy cínico, ahora en esta última tenemos cuatro voces muy distintas. Y a pesar de que cada una de estas voces pueda ser muy diferente, es verdad que creo que puede haber una marca en todas las novelas. Diría que es una cierta mirada abarcada por esa vocación humorística y creo que también se deja ver una cierta marca ideológica. La definición de si hay allí o no un estilo queda más en manos de los críticos y de los reseñistas, pero como escritor se trata de escribir cada vez una novela distinta, no soy muy partidario de repetirme. Y tengo que decir que aquí hay una incongruencia, porque como escritor me gustaría que cada vez los lectores encontraran una novela distinta, pero como lector tengo que aceptar que a mí me gusta que los escritores que yo aprecio sigan escribiendo igual. Cuando veo que un escritor que me gusta ha sacado un libro nuevo estoy deseando que sea parecido a los anteriores, porque eso es lo que mí me gusta y lo que he apreciado, no quiero que se vaya por otro lado, quiero que me dé más de lo mismo.
¿Cómo te das cuenta de que el libro que estás leyendo es un buen libro?

No sé si puedo decir que un libro es bueno, pero sí que me interesa; quizás suena un poco pedante pero normalmente lo descubro leyendo solamente una página. Porque al final lo que yo busco como lector es lo mismo que busco como escritor, una voz narrativa que me seduzca. No creo en los narradores objetivos, creo mucho en los narradores distorsionados, hiperbólicos, grotescos incluso. Entonces, más que hablar de buena o mala literatura yo creo que cada uno al fin y al cabo tiende a un cierto tipo de literatura que aprecia. Yo tengo una tradición literaria que me interesa, que en el caso de América Latina tiene poco que ver con lo que más se conoce. No me siento cercano a la literatura del Boom, por ejemplo a mí no me interesa ni García Márquez, ni Vargas-Llosa, ni Carlos Fuentes; me interesan los escritores que se quedaron marginados. Entonces ese concepto de buena o mala literatura, lo pondría en entredicho.

En algún momento de la novela hablas de la superioridad moral de la gente culta, como los literatos. Dices también que los académicos a veces extraen sentido existencial de la realidad. ¿Como haces tú para tomar otra dirección?

Eso es una de las tantas burlas o ataques que hay dentro de la novela, que no necesariamente comparto. Es algo que está en boca de un personaje, en ese momento es Juan Pablo, el personaje, quien lo dice en una situación de peligro, en una situación desesperada, alguien que vive una circunstancia extrema sin tener la culpa, de manera totalmente fortuita. creo mucho en los narradores distorsionados, hiperbólicos, grotescos inclusoPero es verdad que también, es un ataque a una manera de ver la literatura, a una manera de ver la cultura que pasa por esta mirada sacralizada del escritor que dice que la literatura es lo más trascendental. Esas posturas a mí no me interesan y es  más un ataque a la cultura hecha por un personaje culto que un ataque a la cultura general, tiene que ver con una manera de ver la cultura o de entender la literatura.

 

¿En esa dirección va también la frase que dice “no hay peor enemigo de la verdad que la lógica narrativa “?

Eso tiene que ver mucho con lo que nos pasa en México. Sucede que, si nosotros analizamos la historia reciente de México, de los últimos cinco años, vemos que por una parte tenemos las versiones oficiales de las cosas que han sucedido allí. Vamos a pensar en los casos más conocidos, por ejemplo, la desaparición de los 43 en Ayotzinapa. Por una parte, tenemos una versión oficial que rompe absolutamente todas las leyes de la lógica narrativa, la explicación de la desaparición de esos chicos era algo absolutamente inverosímil. Luego por otra parte, tenemos también un alud de noticias cotidianas que nos hacen ver lo absurdo que puede llegar a ser nuestra realidad en términos de violencia y de corrupción.
Hace unos cuatro años me pidieron un cuento policial, para una revista de los Estados Unidos, que reflejara de alguna manera lo que estaba sucediendo en México y me puse a pensar en cómo se puede contar una novela policial en México. Siendo que nuestra policía es corrupta, que nuestro sistema de justicia es totalmente fallido, siendo que nuestro gobierno no tiene ninguna intención de que esto cambie, entonces llegué a la conclusión de que la única manera de contar esas historias era contándolas mal, escribiendo deliberadamente mal, con una historia inverosímil, con una historia que nadie pudiera creerse. De alguna manera la escritura de ese cuento fue el germen de No voy a pedirle a nadie que me crea. También hay una propuesta en la novela de cómo nuestra historia en México reciente simplemente no se puede contar. Eso es algo que sucede en la trama, llega un momento que la novela no se puede contar porque los narradores desaparecen; es la situación que estamos viviendo, la historia interrumpida por la violencia y por el silencio al que nos obligan las instituciones.

 

En tu último libro los narradores desaparecen, pero daría la impresión de que las historias pueden seguir. ¿Tienes idea de darle continuidad?

Fíjate que es algo que cuando escribía lo contemplaba, realmente pensé que podría ser que esa novela tuviera secuelas. Ahora no lo sé, no lo veo claro, pero está la puerta abierta. Es verdad que podría continuarse, pero de momento no lo he decidido

 

Hiciste una experiencia con tus jóvenes lectores. ¿Cómo te fue con eso?

Varias de mis novelas son leídas en las escuelas, en México, en Brasil, en Francia. He estado visitando escuelas, hablando con chicos de 14, 15 y 16 años. Sobre todo, en el caso de México me sorprendió mucho el ver que a pesar de que vivimos en ese clima de violencia todavía eso no ha llegado a un nivel de conciencia en esos jóvenes.  Es algo verdaderamente alarmante, como que se han acostumbrado a que esa es la realidad que les toca vivir y eso a veces es peligroso. Si alguien crece en esas condiciones y asume que esa es la realidad y que no hay nada que cambiar, obviamente dependiendo del lugar, – mi novela se lee muy distinto en México, en Brasil o en Francia, por obvias razones-, pero me parece que en los jóvenes hay una cierta inocencia por decirlo así.la única manera de contar esas historias era contándolas mal, escribiendo deliberadamente mal, con una historia inverosímil, con una historia que nadie pudiera creerse. Estoy hablando solamente de literatura, no estoy hablando de inocencia respecto de la vida; pero es lógico que si han leído menos tienen menos malicia al momento de acercarse a una novela o a cualquier libro, y eso hace que su lectura sea muy interesante porque son muy honestos.
Cuando un lector como yo o como tú vemos un libro que a lo mejor no nos acaba de convencer, de cualquier manera, se pueden valorar otras cosas entonces decimos esta historia entra en esta tradición y está tratando de rescatar esto otro, uno se crea una ficción en torno a esto. Un lector joven que no ha pasado por todo eso llega al brutal juicio de me gusta o no me gusta, incluso llegar a decir que le aburre o lo detesta.

 

¿Te parece que vivimos una época demasiado literal y nos quedamos solamente con lo que se presenta más evidente?

Totalmente de acuerdo. De hecho, siempre estoy repitiendo que el problema del humor en nuestra época, el gran problema que nos lleva a tanto escándalo y tanta censura, es justamente que vivimos en una época de la literalidad. El humor funciona con la ambigüedad, con el doble sentido, y eso se está perdiendo.

 

La ironía convoca al lector a concluir, deja ahí abierta una situación…

Lo hace participativo, vivimos la época de los pasivos. Es una época del consumidor cultural, con todo lo que significa la palabra consumidor. Esto es una especie de consecuencia del neoliberalismo, del modelo económico en el que vivimos, donde la cultura se consume en todos los sentidos. Hay que pagar para ir al cine, para leer un libro, para ir a ver una obra de teatro, etc. y eso es lo que importa. Después, una vez que tú lo has hecho, hay que obtener una experiencia estética por lo que tú pagas; pero una experiencia estética en la cual lo que tú quieres es tener una experiencia satisfactoria, placentera y punto. Si se me exige demasiado, si tengo que participar, si tengo que pensar o actuar, la cosa ya se complica. Entonces, en ese sentido yo creo que vivimos en una época difícil para nuestro arte, para la literatura muy convencional diría que es algo casi anacrónico en el mundo que vivimos que va tan rápido, con tanta tecnología, donde escribir o leer un libro parece de la edad de la piedra.

 

¿Sigue valiendo la pena la apuesta?

Sí, totalmente. Pero, de todas maneras, creo que también tendríamos que estar explorando cómo hacer literatura en nuestra época. Sin cerrar las puertas, creo que se puede hacer literatura en algún otro soporte, en otros lenguajes, porque si no la literatura se va a quedar como un arte de otra época. Al fin y al cabo, se trata de contar historias, y eso se puede hacer de muchas maneras. Es muy pronto para hacerlo, pero quizás tendremos que encontrar una manera de que la literatura no se vuelva un arte del pasado.

 

¿De qué está hecho el éxito de un escritor?

¡Uf, que pregunta! Parece que hoy en día está hecho de visibilidad más que de lectores, más que de prestigio literario -entendiendo este prestigio a la antigua, que eran las buenas críticas. El escritor hoy aparece con un aura de estrella Pop, al estilo de lo que sería un cantante, un actor, un personaje público. Creo que, eso es lo que se entiende como éxito literario. Hoy todo el mundo sabe quién es un Murakami, aunque no estoy muy seguro de que todo el mundo lo haya leído y,  más allá, si después resulta que el último libro tuvo o no buenas reseñas, o si Murakami es o no apreciado en las academias, en las universidades, etc. Entonces creo que estamos en esa época en que el marketing es más importante. Las editoriales han fomentado eso, un tipo de éxito más parecido al de la cultura popular.

 

¿Cómo logras lidiar con esto? ¿Cómo logras tener una obra seria, consistente, y a la vez mantenerte en el mercado?

Hay algo muy concreto, que no es muy elegante hablarlo, pero uno vive de esto. En el momento en que uno decide que escribir va a ser su actividad profesional, por decirlo así, de alguna manera uno tiene que transigir con ciertas cosas que quizás en principio no le interesarían. Una invitación a un lugar donde no te parece tan interesante, pero quizás pagan, es así de sencillo. También está esta idea de tener presencia en las redes sociales, tu actividad de promoción, presentaciones de los libros, participación en los programas de televisión, tertulias, clubes de lectores, actividades que aparecen casi como obligatorias, cuando en realidad deberían ser accesorias. Porque, al fin y al cabo, lo que un escritor hace es escribir, pero hoy en día al escritor se le exige casi todo lo demás.

Artículo por:

Mónica Prandi

Mónica Prandi
Fundadora y Directora de la revista digital Letra Urbana. Psicoanalista. Lic. en Psicología, Argentina. Master of Science in Psychology, USA. Licensed Mental Health Counselor, en el Estado de la Florida. Se dedica a la práctica clínica privada en la ciudad de Miami. Actualmente investiga y divulga las ideas y teorías que contribuyen a entender las transformaciones que observamos en el hombre contemporáneo, bajo los efectos de la globalización. 

Tus comentarios nos ayudan a crecer. Gracias!