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Edición
51

La Mezquita de Córdoba. Un tesoro cultural compartido por musulmanes y cristianos

Málaga
Córdoba, un legado histórico y cultural y lugares declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, como la Mezquita-Catedral y la ciudad califal de Medina Azahara.

El privilegio de tener Córdoba a unas dos horas de distancia no tiene precio. Una ciudad con un legado histórico impresionante invita a visitarla de vez en cuando y eso es lo que he venido haciendo desde mi juventud, cuando en primero de carrera, mi clase de Geografía e Historia, hizo una excursión para conocer su gran herencia cultural.

No hay que olvidar que la Unesco reconoció en 1994 al centro histórico que rodea la Mezquita como patrimonio de la Humanidad, un título que ya había recibido la Mezquita-Catedral diez años antes y que se completaría en 2018 con la ciudad califal de Medina Azahara, el yacimiento arqueológico a un cuarto de hora de la capital. En 2012, la Fiesta de Los Patios también fue reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, lo cual hace un conjunto universal que tienta a una visita imprescindible a cualquier viajero.

La última ocasión en la que estuve en esta ciudad fue hace algo más de un año. Acompañé a mi hija a realizar un examen. Me presté voluntario para acercarla sabiendo que iba a estar ocupada toda la mañana, por tanto podía aprovechar ese tiempo recorriendo su precioso casco histórico. Comencé en la Plaza de la Corredera, es la principal, de forma rectangular y con un pasado diverso: desde ejecuciones públicas, cárcel, plaza de toros y mercado. Arcos sobre pilares y balcones se reparten por todo el perímetro. Este lugar fue declarado Monumento Histórico-Artístico a finales de 1981 y se restauró a finales del siglo pasado.

El monumento más importe de la ciudad es la Mezquita, la principal de todo el Occidente islámico y una de las más singulares del mundo. Este lugar ha sido compartido durante siglos por musulmanes y cristianos.

Ya he estado varias veces en el Museo de Julio Romero de Torres, así que mi visita fue a tiro fijo, a contemplar La Chiquita Piconera, Naranjas y Limones, Cante Hondo. Pero, sobre todo La Gracia y El Pecado. Este último recuerda a la conocidísima Venus del espejo de Velázquez. Luego visité la Plaza del Potro, a orillas del Guadalquivir, plaza pequeña que da su nombre a la fuente que la preside, tan famosa que incluso aparece en Don Quijote de La Mancha. Pasé por el Templo Romano, junto al Ayuntamiento, formó parte del Foro Provincial. En el Museo Arqueológico se encuentran algunas de las piezas originales del templo. Antes de cruzar el río di una vuelta por la Judería y fue allí donde me trasladé a otro de los viajes anteriores.

Un fin de semana de hace una década, nos escapamos mi mujer y yo a Bujalance, un pueblo cercano; estando allí, sin tenerlo previsto decidimos visitar la ciudad califal, hacía tiempo que queríamos llegarnos. En aquella ocasión recuerdo que recorrimos las estrechas calles de la Judería, nos perdimos en ellas, descubrimos nuevos rincones y viajamos al pasado paseando hasta llegar a la estatua de Maimónides, ese judío sefardí del siglo XII, figura enorme que ejerció de médico, filósofo, astrónomo y rabino. Allí intuimos la presencia de ese personaje nueve siglos después en la figura de bronce que lo ensalza.

Crucé el Puente Romano, conocido como el puente Viejo, zona de entrada a la ciudad sobre el río. Desde la puerta del Puente hasta la Torre de la Calahorra, con parada en el centro para saludar al Triunfo de San Rafael, el más antiguo de los Triunfos, de mitad del siglo XVII (obra de Bernabé Gómez del Río). Es de tipología típicamente cordobesa, máxima expresión de la devoción popular por el arcángel Rafael, custodio de la ciudad. Creo que son más de diez los que existen en la capital.

El monumento más importe de la ciudad es la Mezquita, la principal de todo el Occidente islámico y una de las más singulares del mundo. Este lugar ha sido compartido durante siglos por musulmanes y cristianos. De hecho, empezó a construirse a finales del siglo VIII con el primer omeya de Córdoba, Abderramán I, sobre los restos de la antigua basílica visigoda. Durante siglos se han ido haciendo ampliaciones: las de Abderramán II, Alhakén II, Almanzor, pero la mayor transformación fue la construcción de una catedral cristiana en el centro que, a la larga, ha hecho que la Mezquita haya llegado hasta nuestros días. En el Patio de los Naranjos descansé un buen rato antes de continuar mi recorrido, allí comencé a tomar notas, no sé dónde leí que las ciudades no cambian si no cambiamos nosotros, y pensé que no estaba de acuerdo con aquella idea que igual era inventada porque todos vamos evolucionando. Córdoba no era la misma con mis diecinueve años ni cuando estuve la última vez, tampoco yo.

Otro lugar indispensable es la ciudad palatina de Medina Azahara, a 8 kilómetros de Córdoba. Esplendor del califato cordobés y que se creó por la megalomanía de Abderramán III y que, sin embargo, tuvo una vida breve, unos setenta años. A principios del siglo XI estalló una guerra civil que acabó con el califato omeya y con este asentamiento que fue saqueado  y destruido. Recuerdo que la primera vez que la visité la miraba con asombro, como se observa un lugar maravilloso y misterioso. Décadas después volví, era 2018, cuando la declararon Patrimonio de la Humanidad. Efectivamente, los lugares no te abandonan, Medina Azahara seguía allí, a pesar de las altas temperaturas de ese verano, de los años transcurridos y de la fama que tanto había crecido.

Mi hija había terminado su examen y se unió a la ruta turística. Acabamos la mañana visitando varios patios. Hacía unas semanas que había acabado el Festival y Concurso de los Patios Cordobeses, que se da en el mes de mayo, aún se podía disfrutar del colorido de las flores, de su enrejado, del empedrado del suelo, del encalado de sus fachadas. Fotografié unas esculturas que en paseos anteriores no había visto porque han sido inauguradas en la última década “Monumento a los cuidadores de los patios” como homenaje a estos. La gran belleza y diversidad de los patios, así como la gran acogida y la promoción que se ha realizado durante años ha conseguido el nombramiento en 2012 como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

9 Comentarios

  1. Bien escrito y descrito por Antonio, buen literato y descriptor que me ha recordado mi último viaje a esta bonita e histórica ciudad de Córdoba. Fue en una visita familiar con guía turística contratada, muy coincidente con los comentarios que hace nuestro relator, quien enriquece aún más mi recuerdo con sus detalles histórico-artísticos. Enhorabuena.

  2. Pues nada, otra vez que se queda uno con ganas de visitar (en este caso volver a hacerlo) el lugar tan especialmente descrito. Habrá que ir buscando fecha y excusa.
    La última excusa fue ya hace más de diez años cuando para celebrar el 40 cumpleaños de una muy amiga nuestra la llevamos con los ojos vendados todo el viaje en coche ya que el destino era una sorpresa. Le encantó el regalo. Suerte que no nos pilló ningún control policial por el camino. 😆

  3. Córdoba! Ciudad musulmana, cristiana y judía! Símbolo de tolerancia durante siglos y ejemplo o espejo para entender, que pese a las diferencias, fue y es posible la convivencia tolerante entre culturas. Es la ciudad andaluza terapéutica por excelencia, al menos para mí. Te relaja y envuelve con su luz, su serenidad y su belleza. La judería, su paisaje urbano y sus hitos arquitectónicos, principalmente por su Merquita y el entorno, la dotan de esa paz y una auténtica recreación para nuestros sentidos. Como bien dice el autor, el deseo de vivirla es permanente. Siempre descubres algo nuevo de ella. Igualmente, hace algunos meses que estuve por última vez y pronto iré porque disfrutas de una ciudad sensorialmente única. Os animo a visitarla y volver a redescubrirla, al igual que nuestro querido Antonio indica, como bien ha plasmado. Enhorabuena por esas “letras”, autor.

  4. Me entusiasma. He visitado Córdoba en varias ocasiones y lo que yo percibía con los ojos y el corazón abiertos, ahora plasmado en palabras escritas, aumenta si cabe mi predilección por esta Ciudad. Gracias Antonio.

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