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Criar a un hijo, sin duda, es un gran desafío para cualquier familia, pero es aún mayor cuando se trata de una familia homoparental. Son muchas las preguntas que aparecen en torno a estas familias, como, por ejemplo, si están capacitadas para criar o para qué quieren tener hijos.
Las familias homoparentales ponen en jaque el modelo de la familia nuclear. Se trata de una pareja de dos varones gays o de dos mujeres lesbianas con sus hijos o hijas.
Los estudios realizados por Mar Gonzales y sus colegas a comienzos del siglo XXI, muestran que estas familias, a diferencia de otras, son las menos conocidas y aceptadas socialmente. La homoparentalidad cuestiona los vínculos sanguíneos y pone en cuestión la noción de parentesco, que es definido como la expresión del amor entre un hombre y una mujer quienes dan origen a los parientes auténticos por compartir la misma sangre y la misma sustancia genética. Por su modo de constituirse, las familias homoparentales visibilizan que los vínculos de filiación y parentesco exceden lo biológico y lo genético.
Las familias formadas por personas del mismo sexo, al igual que cualquier otro tipo de estructura familiar, tienen el desafío de criar a sus hijos e hijas. La crianza es el factor determinante del desarrollo psicológico de cualquier niño o niña; pero es necesario esclarecer qué se entiende cuando hablamos de criar.
La Real Academia Española (1791) define la palabra criar como nutrir o alimentar al niño con leche de sus pechos o con biberón. Alimentar, cuidar y cebar aves u otros animales. Instruir, educar y dirigir. Dar ser a algo que antes no existía.
Los estudios de Colangelo (2014) entienden que la crianza es un proceso sociocultural e histórico que pone en juego una serie de representaciones sobre el niño y su cuerpo, que a su vez, remiten a nociones particulares del sujeto, la familia y sus vínculos sociales. Por lo cual, las prácticas de crianza muestran una gran diversidad que depende del momento socio-histórico y de la concepción social de la niñez de esa época. Es así como la crianza cumple un rol fundamental en la constitución de una persona para que esta adquiera los atributos de un ser social, propios del ser humano.
Algunos autores han enfocado su trabajo en esclarecer que una crianza respetuosa consiste en situar al niño o niña como una persona única, completa e irrepetible. Es una persona a la que los adultos responsables de su cuidado deben acompañar de manera amorosa para que este niño pueda explorar y descubrir el mundo (Critzmann, 2019). Implica respetar los tempos del niño, teniendo en cuenta su subjetividad. Por mi parte, en mis investigaciones recientes, he encontrado que las familias homoparentales ejercen una crianza respetuosa con sus hijos e hijas, donde priman la contención, la escucha del niño y de sus necesidades (Balma, 2023).
En esa misma dirección, otras investigaciones, como las de Oliva y sus colegas, también corroboran que en estas familias ambas madres o ambos padres están muy implicados en la educación y crianza de sus hijos, y que estos sostienen valores como la pluralidad y la tolerancia. Estos padres y madres presentan niveles más altos de democracia y puntúan más bajo en permisividad y autoritarismo.
Esto conduce a pensar en los estilos parentales que se ponen en juego en estas familias. La psicóloga Diana Baumrind propuso tres estilos de crianza que describen la manera en que madres y padres se vinculan con sus hijos e hijas. Estos estilos se refieren a formas de educar, influir y orientar a los hijos para que estos puedan relacionarse socialmente; así como a transmitir normas, valores y pautas de convivencia que facilitan la inserción social. Entre los estilos parentales más estudiados se encuentran el autoritario, el permisivo, el negligente o indiferente y el democrático o autoritativo.
En las familias homoparentales se observa un estilo de crianza democrático, con altos niveles de comunicación, control, exigencia y afecto hacia sus hijos. Tiene en cuenta sus necesidades y sentimientos a la hora de poner límites. Escuchan a sus hijos para llegar a acuerdos mutuos. El estilo democrático es el que mejor promueve el desarrollo de los hijos.
La crianza respetuosa apunta a generar estilos parentales democráticos, en los que los cuidadores promuevan el aprendizaje de habilidades para la vida de los niños. Desde enfoques contemporáneos de la crianza, autoras como María Gabriela Coto y Natalia Cubillo proponen una parentalidad centrada en la comprensión, la reflexión y la inducción empática como herramientas para dejar atrás el foco en el control externo basado en castigos, amenazas, miedo o vergüenza. No se trata de no poner límites, sino de hacerlo adecuadamente.
Para finalizar, se puede decir que el análisis de los vínculos en estas familias demuestra que ser criado por una familia homoparental no conlleva ninguna consecuencia psíquica negativa para estos niños o niñas. No hay diferencias significativas con respecto a los menores criados por familias heterosexuales (Balma at al., 2023; González et al., 2004). Por el contrario, se ha demostrado que los niños criados por familias homoparentales presentan un mejor rendimiento en competencias académicas y sociales, así como en autoestima. Tienen gran aceptación dentro de sus grupos escolares y buenas amistades. Los estudios realizados por varios autores durante los últimos 20 años también coinciden en que al llegar a la adultez tampoco presentan problemas relacionados con su salud mental; sino que por el contrario, presentan una gran flexibilidad en cuanto a los roles de género y son abiertos a la diversidad sexual, sin que esto influya en la constitución de su identidad sexual.
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