Amor sin cerrojo. De la monogamia a las nuevas formas de amar.

Entrevista a Marcelo R. Ceberio
Un análisis de los acuerdos que organizan la vida en pareja y redefinen el deseo, la fidelidad, la comunicación, la autonomía y el compromiso en los vínculos contemporáneos.
Buenos Aires

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Las formas de amar, de construir una pareja y de entender la fidelidad atraviesan una profunda transformación. La pareja contemporánea ya no se define necesariamente por el matrimonio, sino que se apoya en acuerdos internos flexibles, sustentados en el diálogo, la empatía y la responsabilidad afectiva. Junto al modelo monogámico tradicional, hoy se estructuran vínculos que revisan sus pactos y apuestan por nuevas maneras de conjugar el amor, la sexualidad, la autonomía y el compromiso. Conversamos con el Dr. Marcelo R. Ceberio, quien nos brinda un análisis de estos cambios, a partir de su experiencia clínica y de las reflexiones desarrolladas en su libro Amor sin cerrojo. De la monogamia a las nuevas formas de amar. También aborda los desafíos que estas nuevas configuraciones plantean tanto para las parejas como para los profesionales que las acompañan.

En tu amplia experiencia como terapeuta de pareja, ¿cuáles son los cambios que notás en la estructura de las parejas contemporáneas?  

Bueno, hace más de quince años hice una investigación sobre cien parejas de clase media y fijé una diferenciación entre un grupo que podemos llamar de estructuras clásicas y otro de parejas postmodernas. Hubo treinta y tres características diferentes y ahora, pasado tanto tiempo, podría seguir anexándole otras. Pero en esas treinta y tres características señalaba que es difícil para los terapeutas dado que debemos tener un juego de cintura importantísimo, porque nos llegan parejas tanto de una estructura como de la otra, y en cada una se ensamblan diferentes características. Hace cincuenta años, las parejas a los vente o ventidos años ya estaban conformadas y casadas. Tenían hijos muy rápido, no solo porque ellos lo deseaban, sino también por la presión de la familia de origen. Además, cuando tenían el primer hijo, empezaban a preguntar: ¿para cuándo la parejita?, y seguían presionando. Entonces encontrábamos personas de treinta o cuarenta años con cinco o siete hijos, es decir, absolutamente parentalizadas y con una conyugalidad empobrecida. Las parejas actuales distan de eso. Hoy, en lo que podría llamarse posmodernidad, una pareja se estructura mucho más tardíamente, inclusive pasados los treinta años, vive una conyugalidad mucho más extensa, participa mucho del juego relacional para después, si lo desean, parentalizarse. Pueden llegar a tener uno o dos hijos, ya tres, en la actualidad, es una familia numerosa. Y además de ese estilo de relación, las parejas viajan, salen, pasean, viven lo lúdico relacional mucho más intensamente que las parejas anteriores.

 ¿Qué factores contemporáneos reconoces que influyen en estos cambios?

Por supuesto que hay una cantidad de factores, como la longevidad, por ejemplo. No es un detalle menor la tendencia actual de que las personas fallecen más tardíamente. Me referí ya a esto en el año 2011 cuando desarrollé el concepto de la cuarta edad, que se publicó en un libro, producto de una investigación, que se llama El cielo puede esperar. La 4ta. Edad: Ser anciano en el siglo XXI. La cuarta edad, que en ese momento se instauraba a partir de los setenta y cinco años porque la gente se moría a los noventa, hoy se muere pasados los cien.
La prolongación de la vida se debe en gran parte a la prevención con la que actualmente contamos en el ámbito de la salud, como tomografías computarizadas, resonancias magnéticas y el amplio espectro de medicamentos que ha posibilitado la prolongación de la vida conjuntamente con el deporte, los cambios estéticos, etc. El Viagra y los geles hidratantes también han extendido la vida sexual de los humanos y eso ha llevado a que hay un amor después del amor, es decir, a constituciones de parejas tardías. Por otro lado, esto también produjo un corrimiento en el resto, porque hoy una persona de 60 años no puede llamarse sexagenario, un viejito o una viejita, sino que estamos hablando de una persona llena de vitalidad y que además, puede perfectamente ingresar en el mercado de la seducción.
Menciono la longevidad porque junto a la prolongación de la adolescencia son factores que contribuyen a la constitución tardía de la pareja. Antes, pensábamos que una persona se tenía que ir a vivir sola e individuarse de la familia de origen a los veintidos o ventitres años, hoy son adolescentes tardíos que siguen viviendo con los padres, o sea que hay un corrimiento fundamental en todas las etapas. Como decía, las nuevas parejas tienen pocos hijos y se estructuran más tarde. Además, entran menos en la mitología familiar, renuncian más a las creencias tradicionales, van por el futuro, mientras que anteriormente se instauraban en las creencias del pasado y las familias de origen eran mucho más aglutinadas, hoy son más dispersas. Actualmente, tienden a una vida de autogestión, más autónoma, o sea, vivir en pareja no es necesariamente casándose, como antes, y vivir en pareja implica vivir independiente de la familia de origen.
Estas transformaciones han generado cuestionamientos a nivel psicosocial en la estructura de pareja, porque, fundamentalmente, las parejas tradicionales y también, al menos en parte, las postmodernas conciben la estructura como monógama; es decir, la monogamia viene a modo de sello, de impregnación total sobre lo que implica la estructura de pareja, no se concibe otro tipo de pareja que no sea la monogámica. 

Entonces, ¿qué nos puedes decir acerca de las nuevas formas de los vínculos contemporáneos?

Sigue estando la monogamia, pero en muchos casos es consensuada y concienciada, se decide la monogamia y además no solo se consensúa, sino que previamente se toma conciencia sobre qué tipo de contrato se va a hacer. Los chicos más jóvenes, pasados los veinte, vienen con una estructura bastante interesante, ellos salen, conocen, picotean, pero llega un momento, tal vez pasan meses, y dicen, bueno, nos ponemos de novios, instauran el contrato.

Acuerdan la exclusividad…

Claro, es interesante porque, para nosotros, que somos de otra generación, resulta difícil de entender. Uno piensa, “¿Cómo que no estaban saliendo, si hace un año que está con ella?”. Pero ellos explican que no, que hasta ese momento cada uno estaba en la suya y que ahora decidieron establecer un acuerdo monogámico. Hay conciencia de monogamia, en algunos casos es hablada y consensuada, y hay otras parejas que deciden abrirse. En este último caso, abrirse significa que deciden priorizar la estructura de pareja en términos de amor, pero pueden abrirse a otras relaciones en términos de lo sexual. Esto implica un nuevo contrato. A veces me preguntan si existen los celos, sí, existen los celos y, por supuesto, también la curiosidad, pero la pareja debe establecer reglas.
En la consulta he trabajado con  muchas parejas monógamas que vienen porque han decidido abrirse. Es interesante porque hay que poner una serie de reglas para que esto funcione. ¿Qué reglas? Bueno, en principio, por ejemplo, ¿podemos tener sexo con los amigos? Hay algunos que dicen que sí, otros que dicen que no. A lo mejor el hombre dice que no tiene problema, pero, al contrario, la mujer no quiere que sea con la mamá de un compañerito de nuestra hija; tiene que ser con personas desconocidas. Entonces hay que estar negociando. Otro ejemplo, ¿vamos a quedarnos a dormir con la persona?, ¿podemos repetir?,¿cuántas veces por semana salimos?, ¿tenemos permiso?, ¿vamos a tomar café o a cenar, o será solo sexo? Me acuerdo de una pareja en la que él decía ¨no quiero que vayas a cenar¨, pero ella decía ¨yo necesito ese momento, conocer al otro, ver cómo me siento, yo no puedo así porque sí¨. Además, ese tipo de situaciones muestra que es lo propio del cerebro masculino y femenino, entonces, tenían que negociar todo esto como para poder abrir la pareja de una manera saludable. Otro detalle, ¿nos vamos a contar lo que hacemos? Hay algunos que dicen, sí, porque eso lo excita, le da ganas de hacer el amor pero, y el otro le dice que no quiere saber nada de si disfrutó o la pasó bien. Son muy interesantes estos pequeños detalles que hacen que la pareja se pueda estructurar de una manera mejor.
Diferentes son las parejas poliamorosas, que no necesariamente privilegian a la pareja principal, no son parecidas a la pareja abierta; es decir, pueden tener muchas relaciones ponderadas, inclusive amorosas, ligadas amorosamente. También están los swingers, quienes se juntan con otras parejas, tienen sexo entre ellos y se sexualizan al mirarse; en fin, hay una cantidad de variantes. Por ejemplo, puede haber solo una pareja e interviene un hombre, entonces hacen un trío y la pasan muy bien. Pero entonces el externo, el tercero, le propone a ella que salgan los dos, y ella le aclara que esto es un juego de tres, que no va a traicionar a su marido. O sea, hay un nuevo pacto claro, aunque también, en ese sentido, podría haber traición. La traición es la traición al pacto.

En esa situación se redefinen el compromiso y la fidelidad…

En esa situación, en el sentido tradicional, no habría infidelidad porque si hacen un contrato abierto, estás permitiendo que haya un tercero, la infidelidad se podría dar si está enamorada del tercero, que la ligación no sea sexual.
En el último libro que escribí, hablo justamente de la infidelidad. La infidelidad tradicional tiene sentido en función de una pareja monógama. En ese tipo de pareja lo que se entiende es el hecho de fidelizarse al otro y que la otra persona sea el único objeto de amor, de compartir y sexual. Entonces la infidelidad es la traición a ese pacto. Lo que pasa es que como la mayoría de las parejas no hablan, no consensúan su monogamia, la infidelidad surge cuando el hombre sale con otras mujeres o la mujer sale con otros hombres y esto no se dice, no se sabe. Por supuesto que en la infidelidad hay instancias diferenciales, porque no es lo mismo una infidelidad serial, los infieles que tienen relaciones seriales, que no pueden salir de la faceta de la conquista.  Hay algo que escribí en el libro La química de la flecha de Cupido, y es que en la faceta de la conquista hay tres neurotransmisores fuertísimos que son la noradrenalina, la dopamina, que es un arma del circuito de recompensa y del placer, y la última es la feniletilamina, la sigla es FEA, que es absolutamente adictiva. Los infieles seriales no salen de la producción de esos neurotransmisores, porque mientras están en la etapa de conquista y el objeto amoroso no cae aún en las redes, ni claudica, ni aparecen ciertos visos de incondicionalidad en la relación, la persona sigue luchando y tratando de cautivar; entonces, estos neurotransmisores siguen vigentes. Cuando la relación se instaura bajan los neurotransmisores y ahí se pierde el interés. Esos infieles seriales son los que necesitan permanentemente mantener el interés, estar en relaciones paralelas, que pueden ser de distintos tipos, no solamente heterosexuales sino también homosexuales, Hay amantes homosexuales en parejas heterosexuales.
Algunas infidelidades tienen que ver más con lo sexual, pero otras con funciones amorosas, donde, en esa relación con un amante, es como si se conformara una pareja paralela. Los extremos de esto son las constituciones de familias, porque hay infieles que terminan haciendo familias paralelas y viven sosteniendo una vida absolutamente disociada, en dos lugares al mismo tiempo. Me acuerdo de un viajante de comercio que atendí hace más de treinta años, cuando no existían el celular ni la computadora. Era un viajante de comercio y tenía hijos grandes, de más de cuarenta años, y también nietos en su ciudad de origen. Como por su trabajo recorría todo el país, tenía dos familias más en otras dos ciudades. Tenía tres familias, en una tenía hijos adolescentes y en otra tenía hijos chiquitos; se iba de gira, vivía una semana o quince días en cada ciudad y se conectaba por teléfono, los llamaba, esos eran los beneficios de no tener redes sociales.

En tu experiencia clínica, ¿qué posibilita y cuáles serían los principales riesgos de estas nuevas formas de vínculo?

Una de las cosas más interesantes es que las parejas abiertas tienden a comunicarse mucho más, a mostrar su flanco vulnerable, a decir lo que quieren, lo que desean, lo que les falta. Las parejas a las que les cuesta o no muestran su vulnerabilidad frente al otro, en el fondo siempre desean que haya una dominancia, no un paralelismo. Y digo esto no porque necesariamente obedezca a la cuestión del patriarcado, aunque ha sido exclusivo del patriarcado, por supuesto, en una relación asimétrica, el hombre por un lado, la mujer por el otro, el hombre dominador y la mujer sumisa. Pero de lo que estoy hablando es que, en la actualidad, en general, cuesta mostrar la vulnerabilidad; la sociedad hoy prepara a los seres humanos para ser invulnerables, omnipotentes, autónomos, individualistas, porque esos son los componentes para ser exitosos. El individualismo atenta contra nuestra matriz social, nuestro nivel de sociabilidad que lo llevamos impregnado en el ADN, porque la solidaridad y el ser social lo llevamos impreso en nuestro ser sapiens, como homo sapiens. Todos somos vulnerables, absolutamente todos, pero cuesta mostrarse vulnerable porque eso es un sinónimo de debilidad, y los débiles no son exitosos, pasas a ser desconfirmado, no existís, o, en el mejor de los casos, descalificado.
Entonces ese marketing social se lleva a las relaciones de pareja que no muestran fácilmente ese flanco de debilidad o de vulnerabilidad frente al otro.
Mejoran en todo lo que es la conexión, la comunicación. Sin embargo, por supuesto que aparecen las dudas, muchas veces surgen estos cuestionamientos de si el otro o la otra le habrá gustado más. Hay comparaciones, también celos e inseguridades. Pero, la diferencia con las parejas monógamas es que éstas lo hablan, lo explicitan, hacen un ejercicio de comunicación mucho más nutrido y rico que las parejas monógamas tradicionales, en las que existen los secretos y los ocultamientos.

 ¿En los vínculos abiertos no hay ocultamientos?

No, en general, eso se reduce. Se habla más, se dice y además tienen el acuerdo del otro para elegir y para salir.

Pareciera que las parejas abiertas son más libres para hablar de sus deseos sexuales, pero ¿ocurre lo mismo en el plano afectivo? ¿Se da alguna tensión entre esa libertad y necesidad de apego y estabilidad?

Lo que he observado en este tipo de parejas es que están mucho más afirmadas. Cuando se los escucha hablar, uno puede escuchar que ella le dice a él que salga con su amiga, que es linda, que vayan a tomar algo, y si quieren tener sexo, ¿por qué no? Que lo disfrute y lo pase bien. Es distinto cuando pensamos en estas situaciones desde el modelo monógamo.

En tu libro Amor sin Cerrojo…, creo que hablás de compersión, algo que no entra en la monogamia. Qué nos dice ese término.

Justamente la compersión implica esto. Es el nivel de empatía que alguien puede tener hacia la elección del otro y, además, implica vivir con placer que el otro pueda sentir placer y pasarla bien.

¿Estaría allí jugando la propia seguridad afectiva que cada uno experimenta en la relación?

Claro, cada uno elige con quién estar y el otro se siente seguro de que la otra persona está con uno, porque el amor es más fuerte y el encuentro con el otro en una relación sexual no necesariamente afecta el amor de la pareja. Por supuesto, esto es lo que está bien establecido en la cabeza de una pareja abierta, pero eso no quita que muchas veces se muevan inseguridades, porque somos humanos. Entonces puede que aparezcan estas cuestiones, pero es interesante pensarlas, porque también para los terapeutas monógamos es un desafío.
Ayer viajaba en un taxi, iba leyendo algo sobre autismo, pero no sé cómo salió el tema de la pareja, de la familia y el taxista me dice, que él y su mujer, con la que está casado hace cuarenta años, son swinger, y que hace treinta años le decían pervertidos. Se patologizaban esas cosas. Hablando de autismo, las categorías diagnósticas también han variado a lo largo del tiempo y, de acuerdo con el DSM-5, se adquieren nuevas entidades. Ahora se habla del espectro autista no solo desde una perspectiva asociada al trastorno o a la patología, sino también como una condición del neurodesarrollo, en el marco de una concepción más amplia de la neurodiversidad; o sea, que adquiere una nueva dimensión. De la misma manera, en la época en que nosotros estudiábamos, se hablaba de la homosexualidad como parte de las patologías de la sexualidad.

El contexto cambia y también la manera de ver. En este sentido, el amor siempre ha sido una experiencia compleja. ¿Es más compleja en nuestros días?

Es interesantísima la pregunta. El amor ha sido definido desde sociólogos, psicólogos, neurocientíficos, poetas, juglares del medioevo, se ha hablado mucho de lo que implica la relación amorosa. Me acuerdo cuando al comienzo de mi práctica empezaba a hablar de pareja, decía que era la relación de dos personas heterosexuales, que se elegían en determinado momento y compartían un espacio en común, se daban apoyo, protección, etcétera. Después ya hablamos de dos personas, hetero u homosexuales, que compartían un espacio de apoyo, comprensión, pero que tenía que haber un respeto por la individualidad de cada uno. Y hoy estamos hablando de una relación afectiva, ya ni siquiera de dos personas, puede ser de dos o más, una serie de personas en una relación afectiva, que comparten espacios, etcétera. Hoy hay parejas que duermen en cuartos diferentes, que viven en departamentos separados, otras que se sostienen online; hay una gran variabilidad. Entonces, para hablar del amor, en el sentido pragmático, primero tengo que decir que, desde una visión constructivista, el amor no tiene una definición, es un concepto de segundo orden. En una pareja, cada uno tiene una definición del amor y tiene que consensuarla, porque hay que entender cómo es el amor de la pareja. Si uno cree que el amor es que lo abracen y le digan “te quiero”, y la otra persona trae bombones y es un puercoespín abrazando, va a pensar que no lo quiere. Es necesario entender cuál es el código del otro. En ese sentido, el amor adquiere una complejidad muy grande si se empieza a entender que cada uno tiene una definición del amor. El amor no es una palabra; es un acto. No tiene una definición, es una acción. Tenemos que ver y entender cómo el otro me expresa el amor y cómo yo consigo expresarlo. En ese sentido hay una mayor complejidad, pero permite un mayor discernimiento del vínculo amoroso y una mayor fluidez, a partir de que logramos aceptar quién es el otro, cómo nos expresa el amor y cuáles son los canales que se ofrecen en el discurso amoroso.

¿Las generaciones más jóvenes estarían más abiertas a cuestionar la monogamia? ¿Identificas algunos factores culturales que pudieran favorecer ese cambio?

En un sentido general, las nuevas generaciones son diferentes, por ejemplo, no tienen la idea de un anillo carcelero ni del amor para toda la vida. Por supuesto, hay personas más enamoradizas que otras, pero a lo que me refiero es que no tienen ese ideal romántico, ese prurito socio-religioso impuesto en un determinado momento, “contigo pan y cebolla”,  y el amor para toda la vida. Esas creencias hacían claudicar ante cualquier decisión de romper con la pareja porque el qué dirán era mucho más fuerte; la mujer separada era vista como ya usada, el hombre separado tenía más ventaja que la mujer, y muchas parejas se sostenían a través de la hipocresía y no de un vínculo real, saludable y funcional. Creo que hoy existe la posibilidad de algo más genuino: una actitud de mayor respeto por la autonomía del otro, por su individualidad y por una mayor comunicación en la relación. Estas estructuras no llevan el vínculo por una vía hipócrita donde se le da prevalencia a la mirada de los demás y no a lo que ocurre en la relación.
Por otra parte, antes los hijos presentaban síntomas debido a esos vínculos disfuncionales en la familia que terminaban absorbiendo. Hoy los síntomas aparecen por las separaciones calamitosas. Entonces, al final de cuentas, los chicos terminan siendo rehenes en las uniones de familia no auténticas y terminan haciendo síntoma en las parejas que se separan en una contienda patológica que muchas veces se arma, como las falsas denuncias y las escaladas simétricas. Los chicos quedan entrampados en medio de un ringside. Eso también es un factor interesante porque, al final de cuentas, la imposibilidad de lograr una buena separación es tan difícil como lograr una buena unión. A veces las parejas piensan que, porque están juntos, ya lo están y viven una incondicionalidad amorosa que los mata.

Desde tu experiencia, cómo distinguirías un consentimiento genuino de una aceptación forzada para tratar de seguir un poco más.

Lo que nos llega al consultorio no son parejas funcionales. Podemos tener un parámetro de lo que es una pareja funcional, pero no nos llegan a la consulta ese tipo de parejas. Hay que bregar para alcanzar un nivel de funcionalidad. Cada pareja tiene cierto universo que hay que aprender a compatibilizar, cada uno tiene sus particularidades. Pero uno de los elementos que más observo es que si una pareja se rige por afinidad, esa afinidad no es solamente la simetría en los gustos, por ejemplo, que a los dos les guste el cine o la comida china; no se trata únicamente de empatizar con lo mismo. Hay que tener en cuenta que en esa afinidad entran también las diferencias complementarias, aceptar que el otro es diferente y que mutuamente nos complementamos. Eso es un compromiso relacional.
El problema puede surgir cuando a lo largo de los años, las diferencias persisten y los seres humanos cambian. Los crecimientos son ecuaciones diferenciales en la pareja, porque ni él crece de la misma manera que ella, ni ella de la misma manera que él. Entonces, después de diez años, los que eran elementos de diferencia complementaria pueden transformarse en una diferencia antagónica. Cuando algo ya no se tolera, las parejas no se sientan a ver qué pasa, no revisan qué es lo que me gusta o ya no me gusta de vos, qué es lo que amo hoy y qué es lo que no amo. Eso es un comienzo para encontrar un poco de consenso, porque cuando se sabe que hay algo del otro que no gusta, es importante expresarlo y hacer un esfuerzo, en nombre del amor, para acercarme un poco a lo que el otro demanda. Un cactus no se transforma en naranjo, pero pueden tener lugar estos actos de amor con los que alguien le da una vuelta a las cosas o intenta cambiar algo.

 

 

 

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