Las exposiciones retrospectivas exaltan el trabajo que un artista ha desarrollado por un periodo determinado y dan a conocer distintas facetas de su trayectoria. Son proyectos que exigen un arduo trabajo investigativo y el conocimiento no solo de la obra, sino también de la historia personal a la cual la producción artística está estrechamente ligada.
La muestra Baruj Salinas 1972-2022, curada por Adriana Herrera y presentada en el American Museum of the Cuban Diaspora, en colaboración con la Cuban Legacy Gallery MDC Special Collections de Miami Dade College, presenta una retrospectiva que abarca cinco décadas de la producción pictórica de este artista cubano, reconocido internacionalmente por su estilo abstracto-expresionista y gestual.
Baruj Salinas nació en La Habana, Cuba, el 6 de julio de 1935, en el seno de una familia de origen judío sefaradí. Comenzó a pintar a temprana edad inspirado por los paisajes y bodegones que realizaba su madre. A los catorce años, asistió al Círculo de Bellas Artes en La Habana, pero no fue hasta que le otorgaron una beca para estudiar pintura en Kent State University, en Ohio, que tuvo la oportunidad de recibir una formación académica en artes plásticas. Al poco tiempo de comenzar la carrera optó por estudiar arquitectura como su padre y dedicarse a la pintura más como pasatiempo que como profesión. Durante sus años de estudiante pintó retratos para complementar sus ingresos. Si bien la figuración no era lo suyo, esas primeras obras dan muestra de los inicios de un estilo personal que se va consolidando a medida que se identifica con el expresionismo abstracto en boga en la década de los cincuenta.
Después de recibir su título en arquitectura en Kent State University (1958), Salinas trabajó como arquitecto en Cuba y en el exterior realizando proyectos modernistas, a la vez que continuó pintando y exhibiendo su trabajo pictórico. Durante la década de los sesenta, expuso regularmente y recibió varios premios, los cuales, sumados al hecho de sentirse restringido por la rigidez de la practica arquitectónica, lo llevaron a dedicarse de lleno al arte. Eventualmente, Salinas se consolidó como uno de los pioneros de la abstracción no geométrica en Cuba.
Salinas es un nuevo pre-socrático, pues reflexiona sobre el origen del universo a partir de los elementos: aire, tierra, agua y fuego, y es ciertamente la fuerza de esos elementos la que se despliega en la sala. Baruj recrea el origen de la vida de tal modo que nos hace participar de los mundos en formación y comprender que el universo no ha terminado de crearse.
En la sala contigua, titulada Bosques y otras fuerzas telúricas, la curadora presenta una selección de la serie Claros del bosque, realizada entre el 2003 y el 2008 e inspirada en el libro del mismo título de su amiga, la escritora y filósofa María Zambrano. Estos cuadros se destacan por mostrar la influencia que tuvo en él su estadía en España durante los años setenta. Después de vivir como exilado en Miami desde 1960, Salinas se estableció en Barcelona, España, en 1974, donde residió veinte años. Allí se asoció con la conocida galerista Juana Mordó, quien lo introdujo al mundo del arte en Madrid y Barcelona, e hizo amistad con destacados pintores españoles, incluyendo a Joan Miró y Antoní Tàpies. Por otra parte, compartió con la comunidad literaria española y forjó estrechos lazos con varios escritores, incluidos María Zambrano y José Angel Valente, entre otros.
Durante este período, Salinas adoptó una abstracción total y gestual. A nivel cromático, se inclinó hacia tonos más sutiles y neutros con un fuerte énfasis en los blancos y los grises, a menudo inspirados en las nubes que ha representado en numerosos lienzos a lo largo de su carrera. También se interesó por las pictografías chinas y japonesas, y por alfabetos antiguos como el griego y el hebreo. La investigación de los alfabetos lo inspiró a abstraerlos y difuminarlos con una paleta en tonos blancos, asociada simbólicamente con la pureza y la espiritualidad.
La naturaleza también juega un papel primordial en las obras expuestas en esta sala, entre las que se destacan un lienzo que evoca el volcán Popocatépetl y dos obras en papel—Space Tapestry (2021) y Enigma VI (2012)—en las cuales, según la curadora, “bajo el influjo de sus lecturas de cosmología y su pasión por la música, crea piezas abstractas que indagan en el enigma del universo”. Esta última traspasa a la pintura las variaciones de un mismo tema de la composición de Edward Elgar Enigma Variations, Op.36. “La salpicadura de un trazo negro crea la eclosión de la materia y las variaciones surgidas de un azar preciso”. ²
La tercera sala titulada Cosmogonías, se organizó “como un modo de demostrar que Baruj Salinas es un nuevo pre-socrático, pues reflexiona sobre el origen del universo a partir de los elementos: aire, tierra, agua y fuego, y es ciertamente la fuerza de esos elementos la que se despliega en la sala. Pero además hay algo muy importante: Baruj recrea el origen de la vida de tal modo que nos hace participar de los mundos en formación y comprender que el universo no ha terminado de crearse. Y esto lo hace no sólo representando espacios siderales, sino también pintando, como en unas obras de 1972, los procesos celulares y de fecundación”.³ En particular, los cuadros titulados, El primer mar (2012) y Tsunami (2016), ilustran cómo el artista trabaja con gran sensibilidad los temas de la creación y la destrucción. Durante las últimas dos décadas, Salinas ha representado océanos, tanto reales como apocalípticos, asociando el agua con estas fuerzas alternas y opuestas como son la creación y destrucción. La referencia a los océanos está relacionada además con su propia experiencia de vida, pues habiendo nacido y crecido en La Habana, vivido en Barcelona y residido en Miami desde la década de los ochenta, no se ha separado jamás de la orilla del mar. Cabe anotar que profesa una enorme nostalgia por su isla natal a la que no piensa regresar.
La muestra culmina con una sala especial dedicada a The Torah Project (El proyecto Torá) (2015) que incluye una selección de obras inspiradas en los cinco libros del Pentateuco que constituyen la Torá o Chumash, en forma de libro. Este proyecto, en el que el artista incluyó imágenes que evocan el relato de la Biblia hebrea sobre la creación del cosmos y otras historias, hace parte de la Colección del Vaticano. Una carta que el Papa Francisco le envió a Salinas elogiando este trabajo aparece expuesta en una vitrina junto al libro de artista realizado en el 2017.
El recorrido por las distintas salas de la muestra retrospectiva ilustra claramente como, a lo largo de cinco décadas, el trabajo pictórico de Baruj Salinas ha sido influenciado por la filosofía, la música y la literatura, y cómo transmite, con gran sensibilidad, su interés por la cosmología. En todas sus abstracciones, sean paisajes, mares, cielos o espacios cósmicos imaginarios, el artista logra visualizar su propia versión de la formación del universo combinando miradas expresivas, huellas de alfabetos antiguos y lenguajes imaginarios.
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2 Comentarios
Queríamos saludar a Baruj. Hace muchos años fuimos amigos y tenemos un recuerdo muy fuerte de él. Te queremos Bsruj. Marti Gasull y Pilar
Un abrazo muy fuerte por un gran recuerdo. Marti Gasull i Pilar