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El poderoso encanto de Palm Beach. Entrevista a Les Standiford

Miami
La historia de cómo Henry Flagler, uno de los fundadores de Standard Oil, facilitó la creación de Palm Beach y su destino hotelero, edificando The Royal Poinciana y The Breakers, y su transformación en un área residencial desde Whitehall hasta Mar-a-Lago, lo que definió la arquitectura del sur de la Florida

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Miami es una ciudad que no deja de crecer culturalmente y en consecuencia tenemos la oportunidad de recibir la visita de escritores de muchos países y escucharlos en varios idiomas. Pero no todos en Miami saben que tenemos entre nosotros un escritor realmente valioso, Les Standiford, quien vive aquí, escribe y trabaja para formar más escritores.

Lester Standiford nació en Cambridge, Ohio, en «un puesto avanzado de los Apalaches», según su descripción. Asistió a la Academia de la Fuerza Aérea y a la Facultad de Derecho de la Universidad de Columbia, tiene un B.A. en Psicología de Muskingum College de Ohio, y un PhD. en Literatura y Escritura Creativa de la Universidad de Utah. Además, es ex becario de guion y se graduó del American Film Institute en Los Ángeles. Es director Fundador del Programa de Escritura Creativa en la Universidad Internacional de Florida en Miami y fue nombrado titular de la Cátedra Peter Meinke en Escritura Creativa en el Eckerd College de San Petersburgo para la primavera de 2016.

Aunque ha escrito más de veintitrés libros, entre sus populares novelas de misterio y suspenso y narrativa histórica, esta última categoría ha obtenido una gran acogida por parte de la crítica y numerosos premios y reconocimientos; una lista demasiado larga para incluirla en esta breve introducción. Su último volumen, Battle for the Big Top: P.T. Barnum, James Bailey, John Ringling, and the Death-Defying Saga of the American Circus, se publicó en 2021 y se presentó en la Feria del Libro de Miami en noviembre pasado. Además, obtuvo Medalla de Oro, categoría No-Ficción, en los Florida Book Awards 2021.

La gama de temas históricos y personalidades que trata Standiford en sus libros de no ficción es muy ecléctica. Pero, para esta entrevista para Letra Urbana, hemos focalizado en la historia de cómo se llevó a cabo el desarrollo y urbanización de Florida, y cómo la costa este del estado se convirtiera en lo que es hoy. Y de Henry Flagler, la figura motora del éxito de ese cometido. Standiford escribió dos libros exitosos y muy aclamados que examinan este tema, Last Train to Paradise y Palm Beach, Mar-a-Lago and the rise of America’s Xanadu. Hablamos de la historia y crecimiento urbano del tramo norte de Florida, desde St. Augustine hasta Palm Beach.

Es imposible hablar de la historia del desarrollo de Florida, particularmente de la costa este, sin hablar de Henry Flagler.

Flagler llegó al noreste de Ohio buscando mejorar su fortuna y fue a trabajar a la tienda mercantil de un familiar. Trabajó duro, le caía bien a la gente, era industrioso y finalmente se convirtió en la persona que compraba la cosecha de los agricultores. La vendía a supermercados y otros puntos de venta, y uno de éstos era propiedad de un brillante comerciante de Cleveland, John D. Rockefeller. Éste compró el maíz que Flagler le compraba a los granjeros y, aunque gran parte se usaba para hacer whisky y ellos lo sabían, no se involucraron en el negocio de la destilería. Para esa época Flagler y Rockefeller se hicieron amigos.

Después Flagler, buscando mejores negocios para hacer, ahorró e invirtió el dinero que había ganado con la venta de granos, y se fue al norte de Michigan, al comienzo de la Guerra Civil. Allí compró una mina de sal. Pensaba que haría una fortuna vendiéndola al Ejército de la Unión para conservar y mantener frescos los alimentos mientras el Ejército viajaba. Pero, él no sabía nada sobre el negocio de la sal y pronto quebró.

Regresó a Ohio y pidió dinero prestado a sus amigos y familiares y perdió ese dinero también. Luego fue a Cleveland, a ver a John D. Rockefeller, y le pidió trabajo. Rockefeller dijo que sí, pero que estaba a punto de salir del negocio del maíz y entraría en algo nuevo, el petróleo. En ese momento, el petróleo no se usaba como gasolina o nafta. Se usaba principalmente como combustible en lámparas de aceite, reemplazando al aceite de ballena, que cada vez era más difícil de conseguir. En poco tiempo los dos habían formado la Standard Oil Company de Ohio, luego la de Nueva Jersey, luego la de todos los demás lugares, y llegaron a dominar el negocio del petróleo haciéndose ricos más allá de lo que nadie podría haber imaginado.

Flagler se retiró de Standard Oil y, en lugar de hacer lo que hizo Rockefeller, y convertirse en uno de los hombres más ricos de la tierra, se lanzó a la construcción de hoteles en San Agustín y Palm Beach. Trajo el ferrocarril desde Jacksonville para facilitar el acceso a ese hotel. Luego hizo lo mismo por toda la costa hasta Miami. ¿Qué lo llevó a hacer esto?

¿Cuáles fueron las razones para de un hombre con una riqueza inmensa emprendiera una empresa tan extraordinaria después de crear la corporación más grande de América?

Flagler finalmente se mudó con su familia a la ciudad de Nueva York. Tenía un hijo y vivían en un apartamento en la Quinta Avenida. Él había crecido en el campo, así que pensó que ese no era un buen lugar para criar a un niño, y compró una gran propiedad en la costa norte del Long Island Sound, llamada Satan’s Toe. Era una enorme casa que se expandía frente al océano, un tipo de casa extraordinaria. Flagler sentía que había regresado a su juventud, solo que una versión más magnífica, fue un gran punto de inflexión para él, psicológicamente.

Y esto me lleva al núcleo de su pregunta, porque poco tiempo después, su esposa, Mary Harkness Flagler, enfermó de tuberculosis. Su médico le dijo que la llevara a Florida por el clima, así que fueron a San Agustín y, como ella parecía mejorar, planearon volver al año siguiente; pero Mary cayó muy enferma y murió.

Flagler terminó casándose con una de las mujeres que cuidaba de su esposa, Ida Alice Shrouds y decidieron volver a San Agustín para la luna de miel. Les gustó el lugar, pero el hotel estaba un poco deteriorado, por lo que Flagler lo compró, lo derribó y construyó el Hotel Ponce de León, edificio que aún se mantiene en pie como parte del Flagler College.

Así comenzó el proceso de sus inversiones en Florida. Primero, Flagler se retiró de Standard Oil y se alejó de la empresa. Luego, en lugar de hacer lo que hizo John D. Rockefeller, reinvertir su dinero en Standard Oil y convertirse en uno de los hombres más ricos de la tierra, Flagler tomó esas ganancias obtenidas en el petróleo y comenzó este proceso de construcción de hoteles en la costa este de Florida. También trajo el ferrocarril desde Jacksonville a San Agustín, lo que facilitó el acceso a ese hotel. Luego hizo lo mismo por toda la costa el estado, pasando por Daytona, Palm Beach y  Miami, construyendo estos grandes hoteles y llevando el ferrocarril hasta el final. ¿Qué lo llevó a hacer esto? Tenía cincuenta y dos años cuando compró ese primer hotel en San Agustín. Creo que estaba siguiendo ese impulso que había sentido por primera vez cuando compró la gran propiedad en Long Island Sound: hay más en la vida que simplemente acumular dinero. ¿Para qué servía este dinero sino para hacer algo agradable e importante con él?

llevó el ferrocarril a lo que ahora conocemos como West Palm Beach, y ese fue el próximo puesto de avanzada en el imperio de Flagler. A la gente le encantaban sus hoteles. Él construyó The Royal Poinciana, en el lado occidental de la isla, y luego el hotel que todavía está allí, The Breakers; era un lugar más modesto en la costa, pero a la gente le gustaba mucho porque estaba en la playa. Los visitantes comenzaron a referirse a él como “los rompeolas”, «Quiero alojarme en el que está en los rompeolas», finalmente, el lugar llegó a ser conocido como The Breakers.

Y terminó creando Florida, que, en ese momento, cuando vino aquí por primera vez, era prácticamente nada. Si se dibujaba una línea desde Jacksonville a través de la península, al sur de esa línea no había nada. En los mapas estaba etiquetado como Terra Incognita. Y Flagler fue el hombre que abrió ese tramo ferroviario al sur de esa línea, en la costa este y prácticamente creando el Estado. Pensé en llamar al libro “El hombre que inventó Florida,” porque creo que eso es lo que hizo. Hay mucho más en esta historia, pero ese es su magnífico logro en pocas palabras. Y creo que de alguna manera fue pura suerte que descubriera el placer que fue llamar a Florida “mi dominio.” Flagler se sentía orgulloso de haber creado un lugar tan magnífico para vivir donde antes no había nada. La primera mitad de su vida empresarial fue una especie de explotador de la tierra, y la última mitad de su vida la pasó como creador.

Fue el comienzo de los múltiples emprendimientos de Flagler en Florida y el despertar del interés por estos nuevos terrenos en el mercado inmobiliario.

¡Por supuesto! La Legislatura del Estado de Florida le dio a Flagler una cantidad de tierra por cada milla de vía que colocó hacia el sur, ciudad tras ciudad, porque los legisladores entendían que no sabrían cómo construir un ferrocarril. Aun así, pensaron que, si Flagler traía el ferrocarril a una comunidad o área, la gente se establecería allí, cultivaría la tierra y transportaría sus productos por ferrocarril. También las personas podrían llegar a estos lugares que antes eran inaccesibles. Cuando Flagler llegó a Florida por primera vez, no se podía ir desde Jacksonville hasta lo que entonces era Miami, no había caminos, la única forma era en barco. Nadie quería ir de todos modos porque apenas cien almas vivían en los matorrales y manglares del Río Miami en ese momento. Eso fue lo que hizo Flagler con el ferrocarril, él es el responsable de Miami, esta metrópoli que tenemos aquí hoy.

 

 

En 1892, Flagler visitó Palm Beach de incógnito. Era una isla barrera sin desarrollar y con un nombre que tiene que ver con el naufragio de la nave española Providencia, allá en la década de 1870.

El barco transportaba una carga de cocos y palmas y naufragó en los arrecifes cercanos. La isla, de unas 18 millas de largo y 3 millas de ancho, no tenía nombre en esa época, no lo necesitaba porque nadie vivía allí Había ocupantes ilegales transitorios, algunas personas escondidas y tratando de ganarse la vida. Esta nave Providencia encalló en la zona y los lugareños los recogieron y se ganaban la vida con los cocos que vendían en tierra firme.

Pero muchos de estos cocos fueron descartados o arrastrados hacia los manglares. Y como bien sabemos aquí en Miami, los cocos son semillas, por lo que brotan prácticamente de la noche a la mañana y se convierten en palmeras en poco tiempo. Esa isla barrera de repente se convirtió en un verdadero bosque de palmeras a partir de estos frutos desechados. Así que fue natural llamarlo Palm Beach, y el nombre se quedó. Pensaron llamarla Palm City inicialmente, pero había otro lugar con ese nombre en el norte de Florida, así que lo llamaron Palm Beach.

Me gustaría que nos hablara de antes del desarrollo de Palm Beach y su incorporación en 1911, acerca de los primeros colonos europeos, después de que los nativos fueran expulsados del área. 

Era una vida dura, como dijimos, no había mucho por ahí en la zona, todo eran manglares y una tierra pobre. Las buenas tierras de cultivo estaban en el continente, a una milla más o menos al otro lado de la laguna, pero no en Palm Beach. Un industrial de Chicago, interesado en cultivar plantas tropicales, llegó allí a mediados del siglo XIX. Estableció su hogar como una especie de empresa cultural en la isla. Pero él era una persona inusual y estaba allí porque le gustaba.

En esa época el ferrocarril llegaba hasta Ormond Beach, a unas cuarenta millas al sur de San Agustín. A propósito, fue allí donde Rockefeller había comprado un hotel, aunque no era uno de los grandes hoteles como el Ponce de León o The Breakers. Fue y siguió siendo un establecimiento modesto. Flagler, como dijiste antes, había oído hablar de Palm Beach. Alguien le dijo: “Deberías visitar este lugar. No hay nadie allí, solo este empresario excéntrico, pero creo que el lugar tiene posibilidades”. Entonces Flagler decidió ir allí, sin fanfarria, y visitar. No quería que la gente supiera que estaba pensando en invertir allí porque los precios de la tierra se dispararían. Así que fue a conocer el lugar. Y este es un testimonio de la visión de Flagler, que podía mirar alrededor de cincuenta millas cuadradas de matorrales primitivos, todos arbustos, manglares, y nada más que muchos mosquitos, y decir: «Este lugar puede llegar a ser algo». Trate de imaginar hoy, mientras conduce por Ocean Drive en Palm Beach, mirando estas magníficas casas y la playa y viendo qué hermoso y atractivo lugar es ahora, a un hombre parado en ese páramo que pueda decirse «Creo que este lugar podría ser mágico», es toda una historia. Así que Flagler no solo construyó todas estas cosas sino que lo vislumbró antes de la construcción misma. Lo que lo distingue de muchos otros emprendedores es su visión y capacidad de imaginación.

Cuando Flagler visitó Palm Beach, decidió construir «el hotel más grande del mundo», The Royal Poinciana Hotel, terminado en 1894. Se construyó a tiempo y Flagler pronto planeó otro hotel, The Breakers.

Construyó el hotel, llevó el ferrocarril a lo que ahora conocemos como West Palm Beach, y ese fue el próximo puesto de avanzada en el imperio de Flagler. A la gente le encantaban sus hoteles. Él construyó The Royal Poinciana, en el lado occidental de la isla, y luego el hotel que todavía está allí, The Breakers; era un lugar más modesto en la costa, pero a la gente le gustaba mucho porque estaba en la playa. Los visitantes comenzaron a referirse a él como “los rompeolas”, «Quiero alojarme en el que está en los rompeolas», finalmente, el lugar llegó a ser conocido como The Breakers. Los dos hoteles eran muy populares. Allí no se permitía el tráfico, llegaban sin automóviles, la gente era transportada en bicicletas de tres ruedas. Había un puente ferroviario que salía de la estación en West Palm Beach y llevaba a la gente a través desde el continente. Pero, una vez allí, había que seguir viaje andando o coger una de esas bicicletas del hotel que solían ser propulsadas en general por afroamericanos. Así fue durante unos diez años.

Era un destino hotelero de moda. Las únicas personas que vivían en la isla eran las que trabajaban en ambos hoteles, Poinciana y The Breakers. La mayoría de los empleados vivían en el continente y viajaban al trabajo, pero no había grandes casas allí, solo casas de trabajadores y cabañas. Había un casino construido por un hombre llamado Bradley para diversión de los invitados. Flagler desaprobaba los juegos de azar, pero estaba dispuesto a admitir que la gente necesitaba distracciones y le permitió a Bradley su pequeña concesión.

A principios de 1900, Flagler encargó el diseño de un palacio de mármol, Whitehall, que regaló a su tercera esposa. Hoy, la mansión es un museo abierto a los visitantes. 

En ese momento, la segunda esposa de Flagler perdió la cordura y él tuvo que internarla en una institución. Además, presionó a la Legislatura de Florida para que aprobara una ley que permitiera el divorcio por motivos de locura, sólo el adulterio lo era en esa época. Durante los dos años que ella estuvo encerrada en una institución mental, él no pudo probar que había sido adúltera. Entonces, durante los dos años que la nueva ley permaneció en los libros, él se divorció de Ida Alice Shourds. Luego se casó con Mary Lily Kenan, la hija de una familia petrolera muy prominente de Carolina del Norte.

Flagler sabía que Mary Lily esperaba vivir una vida lujosa, y le preguntó qué le gustaría como regalo de bodas. Ella respondió: «Bueno, querido, siempre pensé que me gustaría vivir en un palacio de mármol». Así que le construyó un palacio a orillas del lago Worth, a una milla más o menos del Hotel Breakers, en el lado opuesto de la isla, donde permanece hoy. Se llamaba Whitehall y es un magnífico palacio de mármol.

Los Flagler comenzaron a pasar las temporadas de invierno allí, y organizaban fiestas para sus amigos. La mayoría se alojaba en los hoteles, desde enero hasta finales de marzo. Cuando estas personas adineradas vinieron y vieron esta magnífica casa y probaron su estilo de vida, pensaron, bueno, nosotros también tenemos dinero, podemos construir casas en Palm Beach, y disfrutar del mismo estilo de vida que los Flagler. Entonces construyeron el primero, luego otro, y así sucesivamente. Aunque Flagler no desarrolló mucho la construcción de residencias, nunca fue un urbanizador, pero le gustó la idea y animó a otros a hacerlo. En ese proceso, que comenzó alrededor de 1910, y en los ciento doce años desde entonces, se construyó un lugar notable tras otro en la isla. Aunque muy pocos rivalizan con Whitehall. Quizás solo Mar-a-Lago, que se convirtió en la pieza central del segundo libro que escribí sobre Flagler y sus logros.

Whitehall está abierto a los visitantes todos los días con visitas guiadas. Hay un pabellón en la parte trasera de la propiedad.  Hay oportunidad de ver el original vagón Pullman personal, que Flagler usaba para viajar, meticulosamente restaurado. Se lo encontró en una granja en Virginia, estaba hecho un desastre; se había utilizado como dormitorio para trabajadores agrícolas migrantes. Después de determinar que era lo suficientemente sólido como para moverlo sobre los rieles, lo trajeron a Florida, fue toda una experiencia.

El vigésimo segundo hijo del titán de las máquinas de coser Isaac Singer, Paris Singer, se convirtió en otro desarrollador legendario de Palm Beach después de Flagler. Se asoció con Addison Mizner con sus diseños mediterráneos y transformaron el lugar construyendo villas.

El número de casas o edificios que diseñó Mizner, o que la gente construyó según su diseño en la isla, es un poco incierto. A veces construía sin siquiera escribir un contrato. Mizner era todo un personaje, un hombre robusto, de 6-2 «de altura, solía pasear por la ciudad con su mono mascota en el hombro. Como no hay cementerio en Palm Beach, la única lápida en la isla pertenece al mono de Mizner, es una celebridad. Cualquiera que compra en Worth Avenue, una de las principales zonas comerciales de Palm Beach, encuentra hermosas tiendas en las que entra a través de una galería llamada Vía Mizner. Es donde tuvo sus oficinas y su apartamento por un tiempo. Allí se puede caminar y apreciar de primera mano el estilo de Mizner.

Flagler inventó Florida como un lugar para vivir, y Addison Mizner es responsable de la arquitectura del sur de Florida tal como la conocemos: la arquitectura neo-mediterránea con los azulejos rojos, las aberturas en arcos y las ventanas que tenemos aquí. Yo lo llamo «Alí Baba viene a Florida.”  Es un estilo que combina muchas influencias: española, italiana y otras del Mediterráneo, fusionadas en la imaginación de Mizner. A la gente le encantó porque era diferente de los bungalós de estilo del noreste, o de la arquitectura normanda o georgiana, muy frías y austeras, a las que estábamos acostumbrados a ver en las casas de los ricos hasta ese momento. Y me parece muy apropiado para el clima soleado y la vegetación tropical, se fusionó perfectamente. Y si no fue Mizner quien construyó ese lugar que vemos cuando conducimos de un lado a otro en Palm Beach, él influyó en su construcción.

Así como en otras áreas del Sur de la Florida…

Oh, sí, en Boca Ratón, Miami y en todas partes de la costa oeste. Muchos tienen amplios patios en el medio de la construcción, ideales para la circulación de aire en la época anterior al acondicionador de aire. Por ejemplo, el hotel The Breakers no funcionaba durante todo el año hasta finales de la década de 1960. Estaba cerrado en los veranos; no tenían acondicionadores de aire.

Al final de la Primera Guerra Mundial, también construyeron el Everglades Club para soldados convalecientes.

El club estaba destinado a ser un centro de convalecencia para los veteranos de la Primera Guerra Mundial, pero nunca funcionó. Nunca vino nadie, así que trataron de determinar qué hacer con él y decidieron transformarlo en un club social. Ya habían puesto allí un campo de golf destinado a los veteranos, por lo que simplemente lo reutilizaron como un club privado para los residentes de la isla y fue un éxito rotundo. A la gente le encantó, y hoy es uno de los clubes privados más destacados de la isla.

Marjorie Merriweather Post Hutton, una millonaria notable, encargó al arquitecto Marion Wyeth que diseñara y construyera Mar a Lago, la estructura más destacada de la ciudad. Pero lo encontró demasiado conservador. Por lo tanto, contrató a Joseph Urban, un diseñador vienés.

Marjorie Merriweather Post fue una de las mujeres más ricas del mundo. Ella era la única heredera de la fortuna de Post Cereal después de que su padre se suicidara. Y ella tuvo un primer matrimonio que fue un matrimonio de práctica, podríamos llamarlo. Él era un joven privilegiado de una familia acomodada de Connecticut, no hubo ni siquiera romance. Habían ido de vacaciones a Palm Beach de vez en cuando, y a Marjorie le gustaba el lugar.

Después de divorciarse, ella se fue a Palm Beach. Asistió a una fiesta donde conoció a un apuesto y atractivo corredor de bolsa cuya esposa había fallecido a causa de una enfermedad grave. Las chispas volaron, y pronto ya estaban casados. Eran dos de los solteros más codiciados del mundo. Fue una conmoción social y el material de todos los periódicos sensacionalistas. Así que empezaron a pasar las temporadas de invierno en Palm Beach y necesitaban una casa que no debía ser demasiado pequeña ya que tenían dos hijas. Pronto comenzaron a buscar un sitio para una casa que fuera adecuada para su posición económica. Encontraron una franja de tierra de diecisiete acres que se extendía desde el océano hasta Lake Worth. Así surgió el nombre de Mar-a-Lago.

Le encargaron a Wyeth que diseñara una casa allí. Marjorie, que tenía todo el dinero del mundo, encontró que su diseño era demasiado pesado y formal. De paseo en un yate con Florenz Ziegfeld, el empresario de Ziegfeld Follies -un espectáculo popular que todavía funciona hoy- le aconsejó que hablara con Joseph Urban, el escenógrafo del show. «¡Deberías ver sus decoraciones en el escenario! Y él es un arquitecto que también construye casas», le dijo Ziegfeld. Así que despidieron a Wyeth, contrataron a Urban, y éste se dispuso a diseñar en un modo que no era un estilo arquitectónico propiamente dicho, sino una mezcolanza. Si su antecesor había sido algo ecléctico, este diseñador era bravío. Los críticos en ese momento censuraron el diseño porque no se ajustaba a un estilo consistente. Pero hoy, la gente entiende que no es esencial. Mar-a-Lago es impresionante, y aunque hay elementos dispares, parece todo absolutamente adecuado. Es enorme, del tamaño de Whitehall, y se extiende sobre unos magníficos terrenos. En un momento Marjorie Post pensó en instalar dos o tres campos de golf, ya que le encantaba jugar al golf. Bueno, creo que no hay otra casa como esta. Supongo que por eso lo compró Donald Trump. Nunca había visto algo así y se dio cuenta de que podía ser el dueño.

Marjorie Post se convirtió en el centro de actividades sociales de Palm Beach y reinó en la sociedad local durante cincuenta años. Su matrimonio duró otros diez o doce años después de mudarse a esa casa. Su esposo resultó ser un mujeriego en serie y, finalmente, ella lo descubrió de una manera que le hizo decir basta. Ella se quedó con la casa y todas sus conexiones, y construyó un pabellón en el terreno, donde se entregó a su nueva pasión, la square dance. Todos los fines de semana durante la temporada de invierno había una gran fiesta de square dance. Imagínese a todos estos encumbrados miembros de la alta sociedad yendo a bailar con jeans y camisas a cuadros. A ella le encantaba, y sus invitados estaban felices.

Con los años, el lugar comenzó a ser demasiado costoso. Se necesitaban cien personas para mantenerlo en marcha. Lo que realmente acabó con la posibilidad de mantener una propiedad de ese tamaño, o la casona de Vanderbilt en Carolina del Norte, fue el aumento de los salarios en la década del 1920 a 1950 que subieron 20, 30, 50 veces en todos los oficios. Cuando edificaron Mar-a-Lago, los salarios eran de 1 a 2 dólares por día. De repente, con los aumentos laborales, como mencioné, eso marcó la verdadera diferencia. Se convirtió en un desafío para Marjorie mantener su estilo de vida, incluso con su dinero. Así que se veía venir y Marjorie pensó que ninguna persona podría pagar el lugar, e hizo planes antes de su muerte para regalarlo, donar la propiedad al Gobierno para que la utilice como retiro u hostal para los dignatarios visitantes en invierno. Era mucho más opulento que Camp David. Pero el Gobierno no estaba interesado en el uso que Marjorie había previsto. Entonces, cuando Jimmy Carter se convirtió en presidente, le devolvieron la propiedad. Y ésta languideció en el mercado durante mucho tiempo. Muchas ofertas fracasaron antes de que Donald Trump apareciera y lo comprara alrededor de 1984. Rechazaron su primera oferta porque pensaron que era baja. Aceptaron la oferta de otra persona, pero esa también fracasó. Ahí se dieron cuenta de que debieron haber aceptado la oferta de Trump, así que volvieron por los dieciocho millones de dólares que Trump les había ofrecido cuando ellos pedían treinta millones. Trump todavía estaba interesado, pero ahora ofreció siete millones. Necesitaban deshacerse de la casa, así que por siete millones de dólares Trump consiguió comprar Mar-a-Lago. Trump ha hecho muchos tratos, pero creo que esta compra es la más sabia y el mayor éxito de su vida. Incluso él se dio cuenta de que sería demasiado costoso mantener la propiedad. Así que tuvo la idea de convertirlo en un club privado. Eso fue en la década de 1990, y sigue siendo un club privado, además de su residencia hasta el día de hoy,  que está separada de donde están los invitados, ya que es un lugar enorme. Una vez que Trump vivió allí, seguramente va a hacer cualquier cosa para seguir viviendo allí porque, como dije, no hay lugar como ese. Te hechiza cuando entras.

Después de su minucioso trabajo de investigación sobre la historia del sur de la Florida, ¿planea escribir otro libro?

Bueno, no pensaba que pudiera escribir otro libro sobre Florida tan rico e interesante como estos dos libros que escribí. Sin embargo, acabo de terminar uno llamado Battle for the Big Top. Es la historia del Circo Americano: James Bailey versus P.T. Barnum, y luego Bailey y Barnum contra John Ringling. Finalmente, Ringling quedó como dueño del circo por cuarenta o cincuenta años. Estableció su residencia durante todo el año en Sarasota en una casa grande llamada Castle of John, que ahora es parte del complejo del Museo Ringling, administrado por la Universidad Estatal de Florida, en la Bahía de Sarasota.

La casa fue restaurada tan bellamente como Whitehall o Mar-a-Lago. El Museo del Circo Ringling está en la planta baja, y luego el Museo de Arte Ringling, que tiene una de las colecciones originalmente privadas de arte renacentista más impresionantes del mundo. Gran parte de ese libro tiene que ver con otro tipo de contribución de Florida en otra época. Battle for the Big Top es otro magnífico tipo de empresa, pero en la costa oeste de Florida. Se publicó el verano pasado y llegará en rústica comercial este verano.

¿Cuál es tu próximo proyecto literario?

Estoy trabajando en una memoria llamada Seven Dogs to Enlighten Me. Y es una memoria de mi vida con mis perros. Hay muchos libros sobre cómo entrenar a un perro. Este libro trata sobre cómo mis perros me enseñaron y me ayudaron a pasar por la vida. Así que es un tipo de libro muy personal. Espero terminarlo para fin de año. Y tengo otro libro de no ficción sobre Allan Pinkerton y la persecución del forajido Jesse James durante la Edad Dorada de América. Es un poco diferente, pero más en la línea de la narrativa de no ficción.

 

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