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La semilla genéticamente alterada rompe el ritmo de la música terrenal

Miami
El arte de Cecilia Vicuña aporta una estética crítica sobre la destrucción ecológica, los derechos humanos y la homogeneización cultural.
Quipu

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Con motivo de la inauguración de la exposición Cecilia Vicuña About to Happen, organizada por el Contemporary Arts Center (CAC), de New Orleans, y lanzada recientemente en el Museum of Contemporary Art (MOCA), de North Miami, conversamos con la poeta, artista, cineasta y activista de origen chileno sobre su vida y su obra.

Su trabajo aborda en forma crítica y sensible temas de gran trascendencia como la destrucción ecológica, los derechos humanos y la homogeneización cultural. A mediados de la década de los sesenta, Cecilia comenzó a crear sus “obras precarias”, realizadas con objetos encontrados considerados basura, y los “quipus”, inspirados en antiguos sistemas de registro utilizados por culturas ancestrales andinas, que consistían en hilos anudados de diferentes colores. Desde entonces, Cecilia ha realizado pinturas, instalaciones, videos y performances participativos en los que combina su experiencia vivencial, lo ancestral y lo vanguardista. A partir de su participación en Documenta en el 2017, ha recibido importantes reconocimientos como ser nominada para el prestigioso Premio Hugo Boss del Museo Guggenheim y ser galardonada con el Premio Herb Alpert y el Premio Velázquez de Artes Plásticas otorgado por el Ministerio de Cultura español en el 2019.

Es para nosotros un privilegio conversar contigo y ver la muestra que presentas en el Museo de Arte Contemporáneo de North Miami. Lo primero que llama la atención es el título. ¿Nos puedes comentar a qué te refieres con “A punto de suceder”?

Todas las criaturas vivientes son anticipatorias, incluso las células. Siempre tenemos la sensación de que algo va a suceder en el futuro. Esa noción es fundamental para nuestro sentido del ser. Es un sentir que no es necesariamente positivo. También puede ser provocado por nuestras prácticas destructivas.

Este proyecto lleva años en desarrollo. Andrea Andersson, curadora en jefe del Contemporary Arts Center de New Orleans, tenía en mente llevarlo a cabo hace muchos años pero nadie estaba realmente interesado. En el 2017 finalmente se presentó la exposición por primera vez y en los últimos meses he recibido varios premios.  Me pregunto, ¿qué estará pasando?

Todas las criaturas vivientes son anticipatorias, incluso las células. Siempre tenemos la sensación de que algo va a suceder en el futuro. Esa noción es fundamental para nuestro sentido del ser. Es un sentir que no es necesariamente positivo. También puede ser provocado por nuestras prácticas destructivas.

La poesía es fundamental en tu trabajo. De hecho, la exposición comienza con un poema.

A la entrada de la muestra hay un poema que escribí hace veinte años. Habla de la historia como un tejido de inclusión y exclusión. “La historia del norte excluye la del sur y la historia del sur se excluye a sí misma, abarcando solo los reflejos del norte. En el vacío entre los dos, lo precario y su falta de documentación, establecen su no lugar como otra realidad.”

Para mi, la memoria de las culturas americanas es el futuro. Me preguntan frecuentemente sobre mi descendencia indígena. Si, es cierto que mi madre es indígena, pero para mí todos somos indígenas de la humanidad. Mi arte es una forma de conciencia y se ocupa de los despojos, lo que la gente quiere ver y no ver al mismo tiempo.

Algo que mucha gente no ve, o no quiere ver, es la destrucción del ecosistema. Muchas de tus instalaciones y performances tienen un carácter ecológico.

Esta exposición se presentó por primera vez en el Contemporary Arts Center de Nueva Orleans. Allí trabajé con un equipo de seis personas con las que fui al río Mississippi a recoger basura que pensaba utilizar en la muestra. Esto se hizo unos años después de que el huracán Katrina destruyera la ciudad y el ecosistema del río. Me impresionó la contaminación, prácticamente es un río moribundo.

Al principio hice rituales sola, ahora los hago colectivamente. La gente me acompaña a recoger la basura, hay una energía especial en el proceso. Al realizar estas obras reflexiono sobre lo que le estamos haciendo a nuestro mundo.

La basura recolectada en el río Mississippi se convirtió en la instalación Balsa Snake Raft to Escape the Flood (2017) que ha sido presentada en las cinco versiones de la exposición.

 

Balsa Snake Raft to Escape the Flood es una instalación de grandes dimensiones realizada con una armadura de madera colgante sobre la cual están suspendidos múltiples objetos.

Esta pieza fue creada primordialmente con basura recuperada del río Mississippi, pero el título hace alusión a una experiencia vivida años atrás cuando residí en Buenos Aires por un tiempo. El Río de la Plata traía serpientes de la selva tropical a la ciudad como consecuencia del aumento del nivel de las aguas, lo cual es un grave problema. Esta historia se convierte en una metáfora de lo que está sucediendo con el calentamiento global.

Cada vez que realizo la instalación en un espacio distinto agrego nuevas basuras recogidas en varias partes del mundo. Una de las piezas, por ejemplo, es una “quila”, un bambú que recogí en el jardín de mi madre en Chile y que se utiliza para protegerse de los malos espíritus.

“La historia del norte excluye la del sur y la historia del sur se excluye a sí misma, abarcando solo los reflejos del norte. En el vacío entre los dos, lo precario y su falta de documentación, establecen su no lugar como otra realidad.”

Otra imponente instalación compuesta de piezas realizadas con basura es Precarios (1966-2019).

Mi arte nació en el punto de encuentro de dos aguas: la desembocadura del río Aconcagua y el Océano Pacífico. Los primeros pueblos de Chile lo llamaron Concón (agua, agua). “Con” es la fuerza vital femenina, el océano, la “Gran Madre” que se transforma a sí misma.

Cuando era niña jugaba en la playa que para entonces ya estaba contaminada. Un día sentí que el viento me sentía y rodeaba la cintura como una serpiente. Me arrodillé en la arena y enterré en ella un pequeño palo de madera. Al arrodillarme rendí reverencia a la mar. Fue un momento muy hermoso que dio origen a los “precarios”.

La instalación Precarios, incluida en la exposición, es una oración. Está hecha con arena de Miami en la cual coloque piezas hechas con desechos recogidos en las distintos sitios donde se ha presentado la muestra. Tres de ellas fueron hechas con basura recogida en el MOCA en North Miami. Cada una de las pequeñas construcciones ubicadas sobre la arena o en la pared del museo son testigos de una relación y llaman la atención sobre el carácter efímero de nuestra existencia.

El Paro, The Strike (2018), es un cuadro inspirado en una obra realizada originalmente en 1977. El lienzo tiene una historia interesante y está lleno de símbolos relacionados con temas que te interesan como los derechos humanos y la homogeneización cultural.

Yo estaba estudiando arte en Londres cuando ocurrió el golpe de estado que derrocó a Salvador Allende en 1973. Al subir Pinochet al poder pedí asilo político. Unos amigos me invitaron a Colombia. Viajé con la idea de quedarme un mes y viví allí cinco años. Estando en Bogotá hubo un desastre político que provocó un paro nacional. La policía militar salió a las calles con sus tanques. La gente tenía una táctica inteligente: ponía chinches o tachuelas en el pavimento para que explotaran los neumáticos de los tanques del ejercito. Me sorprendió la creatividad de las personas y por eso coloqué esas pequeñas tachuelas en el cuadro. Lo interesante es que lo que experimenté en aquella época está sucediendo hoy en todo el mundo.

Otro elemento importante en el cuadro es la frase que aparece escrita en una cinta roja: “El pueblo unido, jamás será vencido”. Se trata de una canción que se originó en Chile. Allí fue prohibida y no se escuchó durante muchos años. Hace un mes, surgió un movimiento espontáneo de protesta en Chile y las personas que exigían sus derechos comenzaron a cantarla nuevamente.

Los animales que represento en la pintura son los que lideran. Ellos son nuestros maestros. Aprendemos de ellos todo lo que sabemos. Las mujeres aprendieron a tejer como las arañas y cómo construir sus nidos de los pájaros. Los primeros humanos aprendieron de los animales qué comer y qué beber. Ahora los estamos exterminando. ¡Es una monstruosidad!

Los animales son espíritus y como tales debemos protegerlos.

Lenin aparece en el paro y su personaje es un gigante para los socialistas, un demonio para la derecha y un enano para el común de la gente. Él no es el que lidera. Los que lideran, en el cuadro, son el jaguar y la paloma. El mensaje es claro: el líder entiende, el líder no manda.

El “quipu” es uno de los conceptos más desconocidos de Amerindia. Se trata de un sistema de registro que fue utilizado por más de cinco mil años en nuestro continente. Mediante el uso de nudos e hilos de colores, se puede codificar información narrativa y llevar la contabilidad de forma no lineal. La matemática posicional no existía en Europa en el siglo XV. Nuestros antepasados estaban muy avanzados.

También me preguntan por qué represento a tres mujeres desnudas que están unidas entre sí. Son un símbolo de solidaridad, una especie de representación de lo que hoy puede ser el movimiento Me Too. La opresión de las mujeres comenzó hace 20.000 años. En los setenta me pinté desnuda porque eso era lo que era. Hace unos cinco años, las mujeres en Chile se desnudaron, de la cintura para arriba, en manifestaciones callejeras. Nunca se había visto eso en mi país. La pintura se convierte en una anticipación.

Es importante mencionar que el original de este cuadro desapareció y este lienzo es una nueva versión pintada recientemente. Muchas de mis obras se perdieron porque no fui una artista valorada durante la mayor parte de mi vida. El óleo se basó en el dibujo Paro Nacional, Bogotá, (1977-1978), que si es un original.

Para algunas personas, la obra más imponente de la exposición, tanto a nivel visual como conceptual, es Burnt Quipu (Quipu quemado-2018).

El “quipu” es uno de los conceptos más desconocidos de Amerindia. Se trata de un sistema de registro que fue utilizado por más de cinco mil años en nuestro continente. Mediante el uso de nudos e hilos de colores, se puede codificar información narrativa y llevar la contabilidad de forma no lineal. La matemática posicional no existía en Europa en el siglo XV. Nuestros antepasados estaban muy avanzados. Al llegar los españoles creyeron que eran “fregonas” y no le dieron importancia, pero cuando comenzaron a apoderarse de la tierra indígena, comprendieron que los quipus contenían el registro de la propiedad de la tierra y los destruyeron y prohibieron. Solo algunos, aproximadamente 1.000, sobrevivieron.
Siendo adolescente, visitaba a menudo a mi tía Rosa Vicuña, escultora, y en su casa vi un libro de arte precolombino donde aparecía un quipu. A partir de entonces comencé a pensar en “quipu”. El Quipu quemado que presento en esta exposición fue realizado por primera vez en el Berkeley Art Museum (BAMPFA), en California. Mientras lo hacía, el estado era consumido por unos incendios terribles. De hecho, mientras lo construía, caía ceniza sobre nosotros. La instalación representa el bosque en llamas y está construido con fibras que representan los colores del fuego.

La exposición incluye varios videos relacionados con el tema ecológico. Es interesante el contrapunteo que se establece entre la instalación Quipu quemado y el video Semiya (Seed Song-2015), en el que habla de la necesidad de conectarse con la naturaleza y en especial del compromiso que tenemos de reforestar el planeta…

Al igual que el resto de mis trabajos, el video comienza con un poema:

El tejido es el órgano de un sonido

La semilla genéticamente alterada rompe el ritmo de la música terrenal

Solo un gesto colectivo de amor podría parar la destrucción.

En la sabiduría de los pueblos amerindios está la respuesta a las problemáticas que nos afectan y de las cuales hablo en mis obras.

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