Edición
48

Entrevista con Sol Berruezo Pichon-Riviére, directora de Nuestros días más felices

Buenos Aires
La joven directora argentina, conversa con nosotros con ocasión de la reciente presentación de su segunda película en el prestigioso Festival de Venecia

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Nuestros días más felices es el segundo largometraje de Sol Berruezo Pichon Riviere, un nuevo talento del cine argentino que tuvo su premier en el pasado Festival de Cine de Venecia, después de haber triunfado en el Festival de Berlín con su ópera prima Mamá, Mamá, Mamá (2020).

Berruezo, con sólo 25 años, ha logrado ya reconocimiento en dos de los mejores festivales del mundo, hecho que le augura un maravilloso futuro en el campo del séptimo arte y nos deja con gran expectativa hacia sus nuevos proyectos.

¿Cómo te iniciaste en el cine? ¿Cómo se dio el descubrimiento de este gran talento?

Sabía que el cine me gustaba, pero no sabía cómo me iba a dar de comer. El mundo del arte tiene esa incógnita, y el camino que recorre un artista nunca es similar al de otro. No sabía en qué basarme o en qué área profundizar. Pero gracias a la ayuda de mi padrino pude exponerme a todas las etapas de producción de una película. No sólo entré al set de filmación, sino que tuve acceso a la sala de montaje, experimentando así todo el proceso, y me encantó. Entonces me anoté en la Universidad del Cine en Buenos Aires, donde empecé mi trayectoria. Allí conocí gente parecida a mí, con visiones semejantes, y empecé a entender lo que era el cine; fue algo que fui descubriendo poco a poco, pues al comienzo no sabía en realidad a qué me enfrentaba.

Tus dos películas nos inmiscuyen en temas de gran profundidad como la libertad, la felicidad y la muerte. ¿De dónde surge esta madurez para tratar tales temas?

Para mí, las emociones son universales y las pueden sentir desde un niño pequeño hasta un anciano; se modifican según el contexto, según la edad, pero son las mismas experiencias que atravesamos una y otra vez.

Creo que la tristeza está subvalorada y por lo general se la rechaza. Pero después de la tristeza siempre hay un ascenso que eleva al ser humano. Después de la tristeza viene una transformación; es el reflejo de algo que está muriendo dentro, algo que no está encontrando su lugar.

El cineasta es una persona que observa, y traslada lo que observa a su obra; es capaz de comunicar lo que ve, sus propias vivencias y las de su familia o amigos, o simplemente de la gente que ve en la calle. El cineasta documenta en silencio un testimonio silencioso de las relaciones humanas, de los sentimientos.

Para mí el sentimiento de la tristeza, contrapuesto a la felicidad, es parte de un mismo sentimiento. Pero por lo general se los ve como diferentes. Es un tema que siempre me interesó.

Creo que la tristeza está subvalorada y por lo general se la rechaza. Pero después de la tristeza siempre hay un ascenso que eleva al ser humano. Después de la tristeza viene una transformación; es el reflejo de algo que está muriendo dentro, algo que no está encontrando su lugar.

Las dos películas que realicé son diferentes en el sentido que una trata de la infancia y la otra, de la última etapa de la vida, la muerte. Pero a la vez uso la infancia para retratar la muerte, porque cuando ya estamos llegando al final las personas vuelven a ser niños. Me resulta muy interesante la dinámica familiar, ver cómo cambian las relaciones. El paradigma de la vida se modifica constantemente. Me gusta hablar con mis familiares, con la gente, con los niños y con los mayores. El rol del cineasta es ser un testigo indiscreto, silencioso de todo esto.

¿Cómo se da ese proceso desde el momento en que observas hasta que se produce el guion?

Es un proceso que resulta un misterio. La creación es un misterio. No es igual para cada persona, y dentro de los proyectos de una misma persona, también hay cambios. Por ejemplo, mi primer proyecto Mamá, Mamá, Mamá. lo hice mientras estaba trabajando, cuando tenía algún tiempo libre. Empezó como un monólogo medio novelado de Cleo, la protagonista, y después lo fui estructurando.

A veces lo primero que aparece es la imagen de una escena, o una foto que puede pertenecer al comienzo o a la mitad del libreto, y después la historia va creciendo hacia adelante y hacia atrás, hasta incorporarse en un relato completo.

Mi segunda película, Nuestros días más felices, la escribí en cuarentena, o sea que tenía más atención puesta en ella; hubo mucho más encierro. Y aunque eso es muy lindo pues lo que más disfruto es estar encerrada, también es necesario que quien se dedica a la creación silenciosa tenga su momento de recreación afuera, con otras personas. Y en ese aspecto fue un poco difícil. Pero logré hacer mi agenda, colocando recuadros a lo largo de toda la pared con todo lo que va sucediendo para tenerlo presente. Hice una hoja de ruta.

Ahora estoy escribiendo mi tercera película que es otro proceso diferente porque puedo dedicarme sólo a escribir, cosa que nunca me había pasado. Pero, aunque puedo estar más concentrada en mi escritura, no todo el tiempo es productivo; de tres horas que uno dedica a escribir, tal vez sólo media o una hora es productiva Pero no hay que asustarse porque no es tiempo muerto, siempre algo sale, aunque sea un pensamiento. Hay que ser compasivo con uno mismo cuando se está creando.

La parte del reconocimiento es un poco frustrante; el arte tiene ese problema. Lo haces para ti, pero también existe la necesidad de que otro lo vea. Es muy importante la mirada del otro y no hay que caer en el intento. Es un tema difícil y complejo.

En Mamá, Mamá, Mamá tanto el elenco como el personal detrás de las cámaras está conformado casi exclusivamente por mujeres. ¿Cuál fue la intención?

Fue por varias razones. Primero se lo presenté a dos productoras que eran mujeres; segundo, ya de por si los personajes eran mujeres y la película hablaba de la femineidad. Entonces, ¿por qué no tomar la decisión de hacerlo así, como una especie de mensaje? Además, la DP era una amiga personal que nunca había hecho una película. La compenetración del equipo resultó más fácil y espontánea y esto facilitó la comunicación con las niñas. Resultó maravillosa la experiencia.

¿Y cómo resultó el trabajar con niños?

Fue maravilloso, pero es mucha burocracia, porque no se trata sólo con el niño sino con su grupo familiar. Pero lo que te dan en cámara es una verdad que nunca te la da un adulto; ellos entienden muy rápido a dónde hay que ir y no hace falta direccionarlos demasiado.

El montaje es como una reescritura pues ahí es donde ves si en realidad el guión funciona. Uno puede tener una buena historia escrita, pero de ahí a cómo funciona con imagen es otra cosa.

Cada niña era en esencia lo que su personaje requería, casi no tenían que actuar. Hubo que crear un vínculo entre ellas porque no se conocían. Pero fue muy amable y bello trabajar con ellas, y lo mismo sucedió en la segunda película.

¿Qué tan fiel al libreto resulta el producto final?

No hay improvisación. Los niños son muy buenos memorizando los textos, y para que funcionen hay que darles cosas que hacer. Si están ocupados se olvidan de la cámara. Tal vez en Mamá hubo una parte que parecía más documental, pero se siguió el guion. Sin embargo, el montaje es como una reescritura pues ahí es donde ves si en realidad el guión funciona. Uno puede tener una buena historia escrita, pero de ahí a cómo funciona con imagen es otra cosa.

¿Cómo surge el personaje del gurú?

La idea de la felicidad expresada a través del gurú se encuentra en toda la cultura latinoamericana. Estéticamente el personaje está inspirado en varias figuras de los años 90; astrólogos, por ejemplo, y la idea era replicar algo anacrónico, porque eran videos que veía la anciana de otros tiempos. Es un cliché que va guiando la historia, y además le da algo de humor.

¿Cómo ha sido la experiencia de los dos festivales que has participado?

La experiencia de los festivales fue increíble. Que dos festivales de los mejores del mundo me avalaran fue importantísimo porque es un camino difícil. Es un trabajo de hormiguita eso de ir sumando estrellitas acá y allá. Y hay algo de ello que me gusta y algo que no. Trato de agarrar lo que me gusta, que es reunir el mundo del cine en un solo lugar. La experiencia es invaluable y por suerte pude ir a ambos estrenos. Berlín fue justo antes de la pandemia. Es un festival muy grande, pero es de bajo perfil, menos pomposo que Venecia. Es muy emocionante estar en la sala y ver cómo va reaccionando la gente. También los que trabajan allí se ocupan de que lo disfrutes lo máximo posible.

¿Cómo ha sido el proceso de distribución?

Mamá, Mamá, Mamá es una película difícil para vender porque es corta y si tiene su agente de ventas. Estuvo como en 50 festivales. Se vendió en China, pero no más que eso. Ahora con la segunda estamos trabajando con una agencia francesa con quien estamos viendo dónde se venderá. Esta película es más accesible y le llega a más público. Pero quiero que salga espontáneamente, no quitarle la poesía, no forzar que suceda, y si se da, es maravilloso. Sólo el hecho de que las personas en el mundo de la cultura te escuchen ya es extraordinario. Por ejemplo, la segunda película fue financiada por el Festival de Venecia. Es increíble que te apoyan económicamente y te dan la mano en el camino.

¿Cuál es tu nuevo proyecto?

Se llama AMOR  SEXO Y LÁGRIMAS  y es un largometraje que estoy terminando de escribir. Transcurre en Francia y en Argentina porque la protagonista es una francesa treintañera que en un momento dado no encuentra el sentido de la vida, y a raíz de la muerte de su madre decide volver a Buenos Aires. Quiere encontrar la historia de su madre. Tiene algo muy onírico y es un poco feliniana. Retrata mi generación, que es algo que no he hecho hasta el momento, aunque todas las películas tienen algo personal. Mamá está inspirada en mi relación con mi madre y mis hermanas. La madre es el primer amor, es la primera persona que nos rompe el corazón. Allí usé elementos de mi propia familia trasladados y modificados para contar otra historia.

¿Cuáles han sido tus influencias?

Las influencias son muy variadas. Para esta última que estoy trabajando, la que me desató la idea fue Lazaro felice de Alice Rochwacher, una película italiana que introduce el elemento fantástico dentro de un relato realista, de una manera muy similar a como lo hago yo. No se explica y es funcional a la trama.

Hay una directora belga-francesa que se llama Lucile Hadžihalilović que empezó a hacer cine con Gaspar Noé, que era su marido; hizo tres o cuatro películas que relacionan la infancia con un elemento fantástico por medio del horror, que también es un género que me gusta mucho.

También para Mama, Mamá, Mamá tuve influencia de películas muy femeninas. Pero mi mayor aliado es el cine escandinavo. Es un cine que me hipnotiza.

Un comentario

  1. Impresiona la madurez de Sol … sus jóvenes años y las reflexiones sobre la vida desde la niñez a la madurez
    Madurez y soltura… soy amiga de su abuela y la conocí en un almuerzo
    Le auguro muchísimo éxito!!!!

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