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El coraje de compartir la parte más humana de mí

Por Isabel García Cintas

El coraje de compartir la parte más humana de mí | Letra Urbana
Jian-Xhin

Joyce Maynard nos habla de la transformadora experiencia de cuidar a un ser querido en los últimos meses de su vida.

Desde muy joven y apoyada por su madre, Joyce Maynard se volcó a las letras. Hija de un profesor universitario y de una ama de casa con un doctorado de Literatura Inglesa, ya los catorce años tenía dos artículos publicados en la revista Seventeen. Durante su primer año como alumna de la prestigiosa Universidad de Yale, el diario New York Times publicó su ensayo “Una muchacha de dieciocho años reflexiona sobre su vida”. Este trabajo atrajo la atención del célebre escritor J.D. Salinger y luego de una amistad corta, vivió con él un romance que duró dos años. Maynard suscitó comentarios y críticas en los círculos del arte norteamericanos de la época, al publicar sus memorias de la experiencia vivida con Salinger en el libro At Home in the World.

En 2011, y ya entrada en los cincuenta, Maynard conoció a su segundo esposo, Jim, quien llegaría a ser, durante el breve tiempo que compartieron juntos, “su real compañero y el amor de su vida”. Pero luego de celebrar el primer año de casados, Jim fue diagnosticado con cáncer al páncreas. The Best of Us, el libro que presentó en la Feria del Libro de Miami en noviembre pasado, es el testimonio de la lucha que llevaron a cabo juntos. Allí la autora narra los sacrificios, las frustraciones y compensaciones emocionales vividas durante diecinueve meses que transformaron su vida.

Pero nunca hablábamos sobre lo que daba forma a nuestra vida; el hecho de que mi padre era un alcohólico.Con una prolífica creación literaria que curiosamente todavía no ha sido publicada en español, Joyce Maynard es hoy una de las escritoras más reconocidas en los Estados Unidos. Tiene escritas dos memorias, nueve libros de ficción y siete de no ficción, además de haber trabajado como periodista para el diario New York Times, radio CBS y para las revistas Mademoiselle y Harrowsmith. Dos de sus novelas han sido adaptadas para el cine y una tercera está en preparación.

Quisiera abrir con algo que una vez dijiste y que me dejó pensando: “Ofrezco mis fallas y fracasos, más que mis éxitos, con la esperanza de que los lectores encuentren un punto de conexión y un recordatorio de que ninguno de nosotros está solo”…

Créditos: Catherine Sebastian

Es que yo crecí muy sola.

Cuando me preguntan cómo puedo hablar tan libremente sobre mi vida, siempre comienzo explicando el porqué. Yo crecí en una familia donde se hablaba de muchas cosas. Mis padres eran personas brillantes y muy elocuentes, que conversaban sobre arte, música, religión e incluso sexo. Pero nunca hablábamos sobre lo que daba forma a nuestra vida; el hecho de que mi padre era un alcohólico.

Yo creía que era la única persona en el mundo que vivía esa experiencia, y la viví con enorme vergüenza. En mi primer libro, que fue publicado hace cuarenta y cinco años, todavía no me sentía libre como para hablar sobre esa parte de mi vida. Yo creía que la forma de conectarme con los lectores era mostrar mi yo más exitoso. Ahora sé que es todo lo contrario. Me conecto cuando tengo el coraje de compartir la parte más humana de mí. Y aunque muchos de los libros que he publicado son ficción, no son memorias, el recibir los comentarios de los lectores, que comparten conmigo a diario sus historias, me ha dado una dicha muy grande. Este diálogo con los lectores ha hecho que desde hace ya muchos años no me sienta sola.

The Best of Us, o Lo mejor de nosotros, es una memoria de tu segundo y breve matrimonio. ¿Qué te llevó a examinar las alegrías y el dolor de esta experiencia después de tan corto tiempo?

Empecé a escribir ese libro la noche en que murió mi esposo. Era lo único que podía hacer en ese momento. He estado contando la historia de mi vida casi tanto como he estado viviendo. Es como le doy sentido a mis experiencias. Creo que atravesar una experiencia tan trágica y brutal como la que tuvimos, que también nos dio momentos de felicidad, sin tomar nada de ella sería una terrible pérdida.Creo que atravesar una experiencia tan trágica y brutal como la que tuvimos, que también nos dio momentos de felicidad, sin tomar nada de ella sería una terrible pérdida.

Así que quise sacar algo de significado de nuestra lucha y me alegré mucho de poder hacerlo. Durante el período de tiempo en que mi esposo estuvo enfermo, el período entre su diagnóstico y su muerte, diecinueve meses, fue la primera vez en mi vida adulta que no escribí. No escribí nada. Estaba pensando todo el tiempo, y yo supe que escribiría sobre eso, y él también lo sabía. Hay una línea en el libro, que se convirtió en el título de la edición francesa, Un jour tu raconteras cette histoire. Un día contarás esta historia. Sería un buen título para una futura versión en español también.

¿Qué recepción tuvo este libro con el público?

La gente a menudo me pregunta si esto no ha sido demasiado catártico, y ciertamente lo fue, pero fue más que eso. Yo quería ofrecer nuestra experiencia de una manera que pueda inspirar a otras personas que no han tenido esta vivencia, gracias a Dios. En un momento digo en el libro: si solo pudieras aprender las lecciones del cáncer sin el cáncer.

De todos modos, esta es mi última parada después de tres meses en gira con este libro. Y cada noche, al menos, una pareja viene a mí y me dice que están leyendo el libro juntos. Me encanta escuchar eso. Me siento tan feliz por ellos, que aún se tienen el uno al otro para trabajar en una relación.

No creo que haya escrito una memoria sobre el cáncer. Creo que escribí una historia de amor y escribí un libro sobre el matrimonio. Realmente no sabía qué era el matrimonio, fue mi lección. Fue una educación profunda.

El trabajo de cuidador de enfermos terminales es difícil. ¿Qué te enseñó como persona?

Paciencia. Paciencia y gratitud. Sabes, siempre he sido una persona ocupada, moviéndome rápido, hago muchas cosas, tengo una larga lista qué hacer, y de repente, tuve que callarme, sentarme a esperar. Esperando a los médicos, esperando por los resultados de las pruebas. Acostada en la cama al lado de mi esposo aprendí mucho sobre la quietud y todas las lecciones que debía asimilar. También es una inmensa gratificación que alguien te permita cuidar de él como lo hizo Jim. Creo que me hizo una persona más compasiva. Yo estaba muy absorta en mi propio trabajo. Nada me distraería de mi trabajo. Tenía una ética de trabajo muy fuerte. Debía hacerlo, fui escritora y madre soltera toda mi vida. Sí sabía del sacrificio por los niños, pero por un compañero, realmente no lo había experimentado. Aquel día que fuimos al médico, el diagnóstico resultó ser el peor posible, el peor. Yo pensé que tendría que tomar algunas horas de mi trabajo. Bueno, tardé dos años, y cuando volví a mi escritorio había una película de moho en mi taza de café. Había pasado tanto tiempo…

También es una inmensa gratificación que alguien te permita cuidar de él como lo hizo Jim. Me sentí ennoblecida de que me permitiera conocerlo de una manera tan personal. Yo era, tal vez porque amo la cultura española, muy romántica, tenía mis ideas de romance, que eran bailar, cenar a la luz de las velas, vestirse y salir y viajar a París. Por supuesto, todas esas cosas fueron eliminadas de mi vida, todas se fueron. Ahora sé que lo que quedó es lo único que realmente importa.

Los miembros de la generación Baby-boomers que no tienen otra opción, o que eligen hacerlo, se están convirtiendo en los cuidadores de sus padres. La extensión de la vida para los ancianos que antes habrían muerto más temprano impone obligaciones a sus hijos maduros. 

Yo cuidé a mi madre antes de morir. Fue por un breve período de tiempo. Mi madre tenía un tumor cerebral. Cuidándola a ella aprendí lo importante y precioso que es el tiempo. No voy a fingir que no hubo frustración también cuando me hice cargo de Jim, y necesitaba reconocer eso en mi libro. No quería dar una imagen de desinteresado ángel de la misericordia. Aunque parezca extraño tal vez, ahora miro hacia atrás con gran nostalgia por esos meses. Lo tenía a Jim conmigo, y también, cada minuto era tan real.A veces uno se siente frustrada y enojada, y muchas personas sienten vergüenza por eso y no pueden hablar de esos sentimientos. Creo que mi papel como escritora, como ser humano, es dar voz a las experiencias que muchos de nosotros tenemos y no expresamos. Es por eso que realmente quería contar esta historia. Por cierto, nadie entendió esto mejor que Jim, mi esposo. Le dolió verme entregar mi vida por él, pero eso se convirtió en mi vida. No fue como “oh, volveré a mi vida más tarde”. Fue mi vida, aunque al principio había pensado que cuando mejorara volveríamos a nuestra vida real. Esa fue mi vida.

Aunque parezca extraño tal vez, ahora miro hacia atrás con gran nostalgia por esos meses. Lo tenía a Jim conmigo, y también, cada minuto era tan real. Ya sabes, normalmente tienes que ir de compras, arreglar el auto, todas las reales exigencias de la vida. Pero durante ese breve período, ese tiempo que parece tan largo cuando lo vivimos sin pensar, parecían fugaces. Cada hora es significativa. Me cambió completamente. Cuando la gente dice cosas como “tu vida ha vuelto a la normalidad”, no es así. Mi vida ha cambiado por completo, y yo quería que así fuera. No quisiera haber pasado por algo como esta experiencia y ser la misma persona al final de ella. Ahora soy una persona más sabia, una persona madura.

Muchos descartan el género de las memorias en literatura. Has escrito muchas novelas y también memorias. ¿Cómo decides que una experiencia de la que quieres hablar se escriba como una memoria y no como una obra de ficción?

Bueno, no es una decisión difícil, porque ningún trabajo de ficción debería ser simplemente una historia apenas disfrazada de tu vida. La ficción debe requerir transformación e imaginación. En este libro, por ejemplo, era esencial contar la historia tal como sucedió realmente. Que el personaje real de Jim, sea conocido como Jim, no como un hombre inventado. ningún trabajo de ficción debería ser simplemente una historia apenas disfrazada de tu vida. La ficción debe requerir transformación e imaginación. No pensé en escribir un libro de ficción. Del mismo modo, en At Home in the World (Mi hogar en el mundo), que es mi otra memoria, había una especie de fuerza al saber que esa historia realmente sucedió. No iba a pretender que el hombre que era una parte tan central de mi vida no fuera J.D. Salinger. No era mi trabajo protegerlo, ocultar su identidad. Aunque mucha gente pensó que debería haberlo hecho, porque se tenía la idea de que él era un gran hombre, y yo no debería haberlo tocado.

Enseñas en talleres de memorias. ¿Qué puede decirnos acerca de la experiencia de ayudar a otros a abrirse para verter sus recuerdos por escrito?

¡Ah, los talleres son una de las alegrías de mi vida! Los hice en Guatemala, y también en Florida, en Little Gasparilla Island. ¿Conoces Gasparilla Island? Es maravilloso, es un lugar mágico. Solo se puede llegar en barco, no hay hoteles, ni restaurantes, así que alquilé tres hermosas casas en la playa, y llevé un chef conmigo, el mismo cocinero que nos cocinó en Guatemala. Y vivimos como reinas. Sé lo valiosa que fue para mí la experiencia de contar mi historia. Lo cual no era simplemente anotar lo que sucedió, sino entender lo que significaba. Y quería que las otras mujeres tuvieran esa experiencia. Ya sea que las publicaran o no.

Yo no trabajo con escritores profesionales o personas que publican. Creo que es una experiencia valiosa para que alguien cuente la historia que nunca le contó a nadie. Y sucede cada vez que enseño un taller. No pretendo ser una terapeuta, soy una escritora, pero lo veo todos los años, cuando las mujeres vienen a Guatemala. Puedo ver la diferencia en sus caras después que han compartido una historia que nunca le contaron a nadie.

Doy también talleres para hombres, pero en Guatemala y Florida solo para mujeres. Quiero que estén en un lugar seguro. Es diferente cuando estamos juntos mujeres y hombres. Las mujeres siempre protegen a los hombres y es más difícil abrirse sinceramente al escribir.

¿Estás trabajando en tu próximo libro, o tienes alguno en mente?

Normalmente, estaría haciéndolo. Pero esta vez no. Mientras estoy hablando de esta historia, esta historia llena mi mente. Esta noche regreso de vuelta a casa, la Feria del Libro de Miami es el final de tres meses de hacer presentaciones para este libro.

Por ahora estoy escribiendo el guión para una adaptación cinematográfica de otra de mis novelas. Si se llega a concretar, será la tercera película sobre un libro mío. De modo que escribir un guión de uno de mis propios libros es una novedad para mí. Yo sé que escribiré otra novela en el futuro, aunque no tengo idea de lo que tratará. Pero sé que vendrá a mí.

Como te dije antes, yo disfruté inmensamente al lado de mi marido y lo extrañaré para siempre. Pero también sé que es mi deber seguir adelante. Tengo que hacerlo.

Artículo por:

Isabel García Cintas

Isabel García Cintas
Escritora independiente. Hizo sus estudios de periodismo y fotografia en Buenos Aires. Después de residir tres años en Melbourne, Australia, trabajó por una década en San Carlos de Bariloche para El Diario, dirigido por Carlos Fontanarosa y colaboró en LRA30 Radio Nacional y El Rio Negro. Fue co-fundadora del Fotoclub Bariloche y de la Asociación Contra la Violencia a la Mujer. Reside en los Estados Unidos desde 1987. Ha participado en numerosos talleres literarios tanto en inglés como en castellano y ha recibido menciones y premios en diversos concursos.Tiene tres libros publicados, Incidente en la Patagonia, Del Mediterráneo al Plata y La casa vieja y otros relatos. Sus trabajos figuran en dos antologías. 

6 comentarios

  • DadiMar says:

    Gracias. Muy conectada con éste artículo y su historia. También conozco la bendición de cuidar a un ser querido hasta los últimos días…

  • Haydée says:

    Conmovedora la historia de esta escritora y qué bueno que la gente se anime a contar estas experiencias inigualables con todo lo bueno, malo y triste que tengan.
    Casualmente ayer escuché en Radio 10 una entrevista de Alfredo Leuco a una terapista que escribió un libro que creo se llama Lo que aprendí de mis enfermos antes de morir.

    • Isabel says:

      Gracias Haydée por tu comentario. Estoy totalmente de acuerdo con que este tema, que siempre resulta tan personal y privado, se debe comentar en público en la medida de lo posible, ya que compartiendo, como dices, lo bueno, lo malo o lo triste a todos nos ayuda a crecer como seres humanos. Como decía Joyce Maynard, una experiencia así sin duda deja lecciones valiosas.

      Gracias también por la referencia del libro, lo voy a buscar.

  • Hebe Perugini says:

    Hebe
    6 mayo a las 11.50 am
    Me pareció excelente el nivel de conducción de esta entrevista. Isabel nos va llevando, paso a paso, a conocer el crecimiento a nivel humano y literario de esta Escritora hasta llegar a saber de ella los detalles más íntimos y dolorosos de su vida.

    • Isabel says:

      Muchas gracias por tus comentarios, Hebe. En este caso, mi interlocutora es una escritora exitosa que además ha sufrido mucho en su vida privada. Lo interesante es que eso la ha madurado como para estar segura de sí misma y poder abrirse hacia otros para compartir su experiencia. Para quien hace la entrevista eso facilita el trabajo. Además, se puede lograr un resultado que realmente tenga valor y signifique también algo para los lectores, para los que, en última instancia, hacemos la entrevista. Para mí, personalmente, fue una experiencia muy rica en emociones.

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