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Claves para pensar en este extraño mundo. Entrevista a Néstor García Canclini

Ciudad de México

Por Silvina Chmiel
Claves para pensar en este extraño mundo. Entrevista a Néstor García Canclini | Letra Urbana

Renovadas perspectivas para entender la complejidad del Siglo XXI.

Néstor García Canclini es un referente ineludible para  entender los procesos culturales de nuestro tiempo.
Los nuevos escenarios que presentan las culturas urbanas, el desplazamiento del papel a las pantallas, las formas de participación que impusieron las redes digitales, las migraciones y los fenómenos que se generan en la globalización actual, son algunas de las situaciones que nos hacen dudar de las certezas que teníamos para entender el mundo.

Las observaciones de García Canclini captan las sutilezas de la realidad del Siglo XXI y se plasman en su prolífica obra de casi cuarenta libros. Su valor no está en hallar respuestas magistrales,  que quizás no las hay, pero sí en señalarnos que es posible cambiar las preguntas para entender mejor y localizar las coordenadas en que se dan los fenómenos contemporáneos.
El mundo como un lugar extraño, Gedisa 2014, es su último trabajo, allí reflexiona sobre las formas de “extranjería”, que experimentamos ante las innovaciones de la comunicación en redes y los cambios que trae aparejados en lo público y lo privado.  A lo largo de sus estudios también acuñó el término culturas híbridas, que es también el título de otro de sus ensayos, Culturas Híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad. Esa expresión, nacida en los años ’90, conserva aún su potencia para pensar este momento. El concepto de  hibridación ubica y trasciende la idea de mezcla e interacción, renovando el modo de entender la multiculturalidad, para evitar lo que tiene de segregación, “para que la historia no se reduzca a guerras entre culturas”[1].

No es posible pensar al educador como transmisor de saberes consolidados, sino como mediador que escucha, que articula conocimientos y busca con los alumnos…García Canclini nació en Argentina, se doctoró en París y reside en México. Se formó como filósofo, escritor, académico, antropólogo, sociólogo y crítico cultural. A su currículo le suma el dialogo constante con los artistas, intelectuales y científicos de diversos campos. Esta riqueza de perspectivas le permite enfocar los puntos donde los fenómenos se intersectan, y así entender la complejidad de lo que acontece.

Actualmente Néstor García Canclini es Profesor Distinguido en la Universidad Autónoma Metropolitana de México. El Premio Nacional en Historia, Ciencias Sociales y Filosofía, otorgado por el Gobierno de México en 2014, es el último que ha recibido.

Comencemos hablando de educación. ¿Deberíamos repensar el oficio del educador?

Efectivamente desde distintas posiciones se está retrabajando, hace ya varios años, para qué sirve la educación, cómo podemos formarnos los profesores y relacionarnos con los alumnos y con las sociedades en mutación. Con frecuencia, esta preocupación se asocia con las innovaciones tecnológicas, la aparición de formas de leer en pantalla y de organizar el conocimiento con parámetros distintos a los de la cultura letrada. A mí me parece que esa es una parte indispensable, pero también el cambio en el papel de los educadores tiene que ver con la reorganización y desorganización de los conocimientos. No es posible pensar al educador como transmisor de saberes consolidados, sino como mediador que escucha, que articula conocimientos y busca con los alumnos, tratando de entender el sentido que ellos atribuyen a las innovaciones.

A propósito de este tema, justamente, hay una preocupación que aparece en el último libro que publiqué El Mundo Entero Como Lugar Extraño,  y que he desarrollado después en una investigación que acabamos de hacer con un equipo en México, que se titula Hacia una antropología de los lectores.  Allí observamos que la mayor parte de las encuestas de lectura siguen cuantificando lo que se lee en papel, pero prestan poca atención a lo que se lee en  las pantallas… ¡y le dedicamos muchísimo tiempo a leer y escribir digitalmente! Entonces, necesitamos reorganizar la manera de conocer, de valorar lo que se lee en el aula y en familia, o en muchos otros espacios en que estamos leyendo constantemente: correos electrónicos, mandamos mensajes de texto, o mientras esperamos el transporte y viajamos en él, y así en muchas escenas. Entonces la tarea de los maestros y profesores es considerar esa recomposición del saber, que no es sólo tecnológica, sino también sociocultural.

¿Es necesario  acudir al saber interdisciplinario, para poder diseñar propuestas?

Sí, es la única manera de abarcar la complejidad y la interrelación entre procesos sociales, económicos, políticos y culturales. Hace tiempo que hemos descubierto la necesidad de producir equipos transdisciplinarios, pero parece que cuesta aún reconocer que no hay textos sin contextos, que no hay comunidades sociales sin comunicaciones. una pregunta todavía más radical que es dónde ser ciudadano, y hay que preguntarnos para qué y en qué lugar vamos a ejercer ese conjunto de saberes que adquirimos para ser ciudadanos.Al decir esto estamos implicando que el estudio de los discursos no puede ser un análisis netamente discursivo sin analizar las condiciones sociales de producción y circulación, y que los estudios de comunidades sociológicas o antropológicas no pueden desconocer los procesos comunicacionales, ni a la inversa.

¿Es en el espacio de la interacción donde tenemos que poner la mirada?

En las muchas interacciones que se empalman y se complementan. En las interacciones presenciales combinadas con las digitales, que no se sustituyen. Hay que cuidar no deslumbrarnos con el último aparato tecnológico y creer que eso anula los anteriores. Ni el cine eliminó al teatro, ni el video eliminó al cine, ni la televisión suspendió otras formas de comunicación comunitaria. Lo digital viene a articular textos, imágenes y sonidos, en un universo muy interrelacionado. Por eso, la propia estructura de la producción cultural contemporánea y los usos que hacemos en los aparatos que llevamos en la mano, obligan a pensar todos los lenguajes y formatos interconectados.

Entonces, ¿dónde formamos hoy nuestra identidad de ciudadanos?

Se modifican aceleradamente los requisitos para poder ser ciudadanos: por una parte por el tipo de saberes que antes proporcionaba la escuela, y ahora se van adquiriendo en gran medida fuera del sistema escolar: en la televisión, en Internet o en otro tipo de interacciones sociales. Para mí eso está asociado a una pregunta todavía más radical que es dónde ser ciudadano, y hay que preguntarnos para qué y en qué lugar vamos a ejercer ese conjunto de saberes que adquirimos para ser ciudadanos. Como sabemos existe una crisis cultural y política de credibilidad y verosimilitud de los partidos y los movimientos políticos, de los modos de concebir lo social, las maneras de comunicar o gestionar los conflictos. Para decirlo de un modo fuerte: hay muchos países en que, por distintas razones -podemos citar a Estados Unidos, México y Brasil- no hay partidos de oposición. Existen movimientos que buscan lo alternativo, pero los partidos no los escuchan, o los marginan. Los partidos se han descompuesto por la corrupción, por su subordinación a los grandes intereses corporativos trasnacionales y los ciudadanos no nos sentimos representados o nos organizamos en movimientos alternativos, buscando atacar y denunciar la corrupción, reivindicar los derechos humanos o integramos movimientos sociales que son en gran medida movimientos de duelo.

¿A qué llama movimientos de duelo?

Por ejemplo, en México los feminicidios han generado en varias partes del país movimientos de reivindicación de los derechos de las mujeres, que exigen investigación sobre los asesinatos y el tráfico de órganos. Este conjunto de delitos, que se han expandido enormemente, suman ya decenas de miles de asesinatos y desaparecidos. las grandes corporaciones digitales, mediáticas, los grandes consorcios de televisión, están impidiendo que se represente lo social o lo cultural, o espiando nuestras opiniones y volviéndonos, entonces, más limitados en lo que sentimos que podemos decir y comunicar.Están también los periodistas que reclaman protección a los derechos de información y comunicación después que más de cien comunicadores fueron asesinados. Son cifras gravísimas, dramas de los cuales, en general, los partidos no se hacen cargo. El gobierno disimula como si no fuera tan grave y los movimientos enérgicos, que a veces reúnen decenas o centenares de miles de personas en la calles, son movimientos de duelo, en el sentido que surgen del dolor por las pérdidas y por la reclamación de derechos muy básicos, como el derecho a la vida. Pero esto debería avanzar hacia formas de organización y agendas más integrales sobre el tipo de sociedades donde quisiéramos vivir.

Claro, porque al ser tan acotadas cambia completamente lo que nosotros teníamos en mente como formas de participación ciudadana. Probablemente se relacionan un poco con la intermitencia y la forma de entrar a participar en la sociedad en estos momentos.

La participación se debilita por la caída de los partidos políticos en los que veíamos el camino hacia cambios en los ‘60, ’70, y hasta en los ’80, para renovar las sociedades, buscar justicia, equidad y reivindicar a las minorías. Esos caminos están ahora obturados o suscitan desconfianza, salvo en países excepcionales como Uruguay donde todavía tienen sentido.

En este contexto ¿diría usted que vivimos en una época de inestabilidad o de libertad?

Lo que predomina es la inestabilidad y la incertidumbre. Las libertades básicas, como elegir la orientación política del gobierno, comprar, consumir, disfrutar, se concentran en unos pocos privilegiados y son confiscadas por las corporaciones.
Si pensamos en la liberad en un sentido más amplio -no solo en la posibilidad de elegir en los procesos electorales cada cuatro o seis años, sino en el ejercicio cotidiano de libertades básicas indispensables para conocer,  pensar, actuar, relacionarnos con los otros-  vemos que están obstruidas y a veces, insisto en la palabra, confiscadas por actores privados. Tradicionalmente la censura ha sido ejercida por los estados dictatoriales. Ahora vemos que Google, Yahoo!, las grandes corporaciones digitales, mediáticas, los grandes consorcios de televisión, están impidiendo que se represente lo social o lo cultural, o espiando nuestras opiniones y volviéndonos, entonces, más limitados en lo que sentimos que podemos decir y comunicar.

¿Qué lugar le da usted al formato de ficción y al ensayo?

Sigo pensando que para conocer lo social necesitamos investigación empírica y comunicación rigurosa de los datos, discusión de los resultados a los que los estudios nos llevan. A la vez es evidente que en el ensayo, en la crónica, en la poesía, en los discursos creativos audiovisuales, también se genera conocimiento. En ciudades como Miami, Los Ángeles y otras, las antiguas minorías son ya componentes centrales de su organización social, de la multiculturalidad e interculturalidad que debería ser gestionada de otra manera.
Estos lenguajes dan otros modos de representarse lo que ocurre en la sociedad, o de pensar nuestro presente a partir de la ficción y de la imaginación del futuro. De un futuro hipotético, pero que es la proyección de lo que estamos viviendo en el presente, como nos lo puede decir una novela, una película o una serie de televisión.
No es algo tan nuevo, porque si pensamos en Claude Levi-Strauss, como autor de Tristes Trópicos, o en casi toda la obra de otro gran antropólogo, Clifford Geertz, ellos ya hicieron avanzar el saber en relatos y ensayos, que importan tanto por sus datos novedosos como por el asombro que nos genera su escritura y la búsqueda no solo de transmitir conocimientos, sino de cierta complicidad con el placer. Esto es muy legítimo, necesario para no solemnizar el conocimiento y compartirlo con el mayor número posible de lectores.

Me atraen estos desafíos. Por un lado, se presentan en el proceso de conocimiento, cómo imaginar con rigor y cómo ser rigurosos sin perder la creatividad. Y también en cuanto a la forma de comunicarlo: cómo usar conceptos y metáforas a la vez.

¿La condición de extranjería se despliega en la ciudad de Miami con todos sus matices?

Es un laboratorio de América Latina. Miami es una ciudad de redefiniciones constantes, no sólo de los distintos modos de ser cubano, argentino, colombiano o venezolano en el extranjero, sino redefiniciones que Estados Unidos necesita en relación con lo que ya no son sus minorías. En ciudades como Miami, Los Ángeles y otras, las antiguas minorías son ya componentes centrales de su organización social, de la multiculturalidad e interculturalidad que debería ser gestionada de otra manera.

Hace años que muchos hablan de Miami como capital de América Latina, porque gran parte de la producción audiovisual, de otros movimientos culturales y aun políticos, se generan desde Miami y tienen impacto sobre la televisión, la vida social y cultural de los países latinoamericanos. Entonces Miami es un lugar de aprendizaje de cómo se está reelaborando la música,  la literatura y todo el mundo audiovisual en una ciudad que, en cierto modo, pertenece a Estados Unidos, pero donde el latino puede pensar y hablar en español y ser entendido.

Usted, que se interesa por investigar la interculturalidad ¿Cómo podríamos pensar las masivas migraciones, la irrupción del Estado Islámico? ¿Qué podríamos decir de estos lobos solitarios, que son a la vez actores en red? ¡A veces pareciera que estamos viendo una falla, una grieta de la globalización!

¡O varias a la vez!

¿Cómo podríamos pensar sobre este tema?

Nunca me dediqué ni al mundo árabe ni al asiático, pero algo que nos ha sucedido a muchos en los últimos años es que no podemos ya concebirnos sólo como pensadores e investigadores de Occidente. Si uno quiere entender lo que pasa en Occidente tiene que hacerse cargo de lo que está sucediendo en eso que parecía lo otro; el lejano Oriente ya no es lejano.

El caso de Isis, por lo que se concentra alrededor de él, es una de las manifestaciones más explosivas de la interculturalidad contemporánea.Si uno quiere entender lo que pasa en Occidente tiene que hacerse cargo de lo que está sucediendo en eso que parecía lo otro; el lejano Oriente ya no es lejano. No es la única, habría que distinguir tal vez entre este conjunto, esta constelación de procesos que se dan entre varios países árabes y occidentales y otros procesos menos evidentes, pero que van a cambiar radicalmente nuestra historia en los próximos años. Estoy pensando en lo que está sucediendo en África, la presencia de los chinos y otros países asiáticos en esa zona; de otras disputas más sordas, más calladas, pero que están reorganizando la economía, la ecología y muchos aspectos de la vida contemporánea.

Estamos ante una complejidad excepcional, sin antecedente en la historia de enfrentamientos interétnicos, económicos y geopolíticos, que nos ha arrojado a una Tercera Guerra Mundial. Lo interétnico no sólo es lo que ocurre entre islamistas y occidentales, también lo que ocurre entre chiíes y suníes, entre turcos y kurdos. Los vemos estos días en las noticias de los atentados y ataques terroristas que no sabemos bien de dónde proceden. Enfrentamientos entre la concepción de la sociedad liberal de tipo europeo y el expansionismo imperialista soviético o estadounidense; desplazamientos de millones de refugiados o migrantes que llegan a las costas europeas y han obligado en muy pocas semanas que, aún figuras rígidas como Merkel, modifiquen su manera de entender el papel de Europa. En fin, hay un conjunto de procesos que parecerían no ser considerados en su compleja combinación de factores interétnicos, económicos, religiosos, geopolíticos, por los principales actores que están bombardeando esos países.
Estados Unidos y Rusia insisten en atacar bélicamente en vez de hacer política; la violencia en vez de comprender la complejidad intercultural e interreligiosa. En esto podemos ver la repetición maníaca de fracasos que estos dos países han tenido en las invasiones a Irak, Afganistán y los países antes soviéticos.
Se está jugando lo más básico de nuestro futuro. Estamos leyendo todos los días sobre nuevos atentados en Estados Unidos, en Europa e incluso en la Unión Soviética, que provienen de esos otros que no se quiere entender. Leía en El País un artículo de John Carlin que da una visión mucho más sofisticada de los conjuntos sociales que se están moviendo en esta guerra. Su conclusión es que la única solución imaginable sería una negociación entre todas las partes, ISIS incluido. Él dice que no es una salida propuesta por políticos, que se lo ha escuchado a expertos militares.El caso de Isis, por lo que se concentra alrededor de él, es una de las manifestaciones más explosivas de la interculturalidad contemporánea. No es la única… Es tal el grado de desesperación y de necesidad de corrección de lo que se está haciendo, que se percibe ampliamente en el frente militar los fracasos de los bombardeos y lo que genera como reacción. Aún quienes estarían más involucrados en esta salida bélica, están diciendo que hay que pasar a otra etapa, entender lo que está pasando y actuar negociando. Creo que ya en ningún lugar del mundo podemos decir que esto no nos importa o que es una guerra acotada.

Si no se trata de escuchar todas las voces distintas que hay detrás de esto parecería que no vamos a poder avanzar en ningún tipo de solución…

Aun pensándolo desde la lógica de la expansión capitalista, lo que se está haciendo es de una irracionalidad, una inconsistencia abrumadora. No es conveniente mantenerse en este conjunto de tácticas sin estrategia, ni siquiera para las transnacionales, o los proyectos expansivos económica, cultural y comunicacionalmente.

La situación de 2015 revela la imposibilidad de mantenerse en la tesis de Huntington del choque entre civilizaciones y de la exasperación de ese choque que se instaló como política oficial después de septiembre de 2001. De cierto modo esto lo repite, también, en otras claves y en otro registro, la Unión Soviética y algunas élites desesperadas europeas que quieren mantener el modo de vida francés, el inglés o el alemán sin entender qué tipos de conflictos o de reorganización de la historia está ocurriendo.

Es clave tratar de descifrar la lógica que anima al otro para entender esta interacción tan difícil.

Y también apoyarse en aquellos sectores democráticos que existen en los países árabes. Los encontramos en las luchas por un papel más libre de las mujeres, de las minorías. No se avanza pactando con los dictadores, ni siquiera le conviene al expansionismo económico occidental.

 ¿Qué está investigando ahora? ¿Cuáles son sus próximos proyectos?

Estoy acabando, con un equipo de investigación, un estudio sobre los modos de comportarse de los lectores, combinando la lectura en papel y en pantallas. Saldrá a principios de 2016 el libro Hacia una antropología de los lectores, donde se verá que la etnografía de cómo se lee ahora cambia la perspectiva que han dado las encuestas, dominadas por la preocupación de cuánto se lee (en papel). No leemos menos; leemos en más soportes y de otras maneras.



[1] Néstor García Canclini Culturas Híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad. Edición actualizada 2001, Paidós.

Artículo por:

Silvina Chmiel

Silvina Chmiel
Graduada en Historia, de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Se especializó en Sociología de la Cultura y Análisis Cultural. Ex Docente en la carrera de Sociología (UBA) e investigadora del Instituto Gino Germani donde, bajo el auspicio de becas UBACyT, participó de congresos y público en numerosos libros sobre problemáticas de jóvenes y ciudad, discriminación y constitución de identidades nacionales. Se trasladó a Miami en el año 2002 y allí co-dirigió la cátedra de “Análisis Cultural y Sociología de la Educación” en el ILAJ (Miami Beach) y dictó la cátedra de “Historia Universal” del San Ignacio College (Doral). Actualmente es miembro de la “Cultural Studies Asossiation”. 

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