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46

Los colores de la gente

Miami
La antropóloga Bárbara Abadía comparte su experiencia sobre lo que todavía se niega y se confunde del racismo.
Dric Maasai

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La mirada que la antropóloga Barbara Abadía1 nos ofrece en esta entrevista nos ayuda a poner en perspectiva los problemas de justicia racial en el Siglo XXI.
Lo que históricamente se silenció bajo la hegemonía del hombre blanco, que niega y relega lo distinto, comienza a resquebrajarse y a afectar la naturalidad con que se aceptaba el orden que establecía la cultura.
La discriminación y la segregación son fenómenos de rechazo que se mantienen a lo largo de la historia de las civilizaciones. Pero, la visibilidad y la justicia por la que se reimpulsan los reclamos hoy marcan los desafíos de nuestros días y del tiempo por venir.

A partir de investigar las relaciones raciales en Puerto Rico, los Estados Unidos y otros países usaste el concepto de racialización. Cuéntanos para qué te ha servido.

Sí, lo utilizo como una herramienta teórica para explicar cómo se construyen los discursos raciales en Puerto Rico y, particularmente, para salir de la idea de pensar raza-racismo exclusivamente, de pensar a la gente desde la pena y de que eso es un problema que solo incluye a la gente negra. Entonces, la racialización me permite explorar académicamente cómo se manejan estos discursos, de dónde salen, pero, sobre todo, me interesa mucho adjudicar responsabilidad. Es como cuando hablamos de pobreza y alguien puede decir: “la gente es pobre porque quiere”, o “la gente negra está así porque quiere”. Entonces, prefiero pensar en los sistemas y en cómo operan para colocar a las personas en esos espacios.

La racialización me permite extrapolar estas nociones de una manera más amplia y por eso la utilizo como herramienta teórica para mi trabajo; porque, particularmente en Puerto Rico, estamos en la negación de la existencia del racismo anti-negro. Hay una idea de la gran familia puertorriqueña, de que somos una mezcla y todos somos iguales. La racialización me permite explorar otras maneras de mirar cómo socializamos también en torno a la raza.

¿Cómo te llevó este punto de partida a la música de tu país?

Pues, creo que yo estaba pensando el tema racial desde muy pequeña, pero esa conciencia racial no la pude articular hasta llegar a la universidad. Siempre he estado pendiente a las anécdotas que contaba mi familia sobre haber sido víctimas de racismo anti-negro, así que eso ha estado ahí desde muy pequeña, incluso desde antes de nacer; porque tengo una familia de dos hermanos varones mayores y ellos nacieron con la piel más clara que yo, con la textura del cabello ensortijado, pero diferente, con ojos verdes; y pues, cuando yo iba a nacer, las expectativas eran que ese bebé fuera también de ojos claros; pero yo nací con ojos, el cabello y la piel oscura. Y entonces mamá también tenía esa preocupación, no porque no me amara, pero era esa intranquilidad de cómo voy a manejar a la nena, el asunto del cabello. Así que desde muy pequeña a mí me alisaron el cabello y ahora, después de raparme, ya llevo dos años en crecimiento completamente natural. Fue un aprendizaje, uno va creciendo y pensando en estos temas, pero no sabe cómo articularlos, cómo manejarlos. Hoy sé que el cuerpo también se puede convertir en un instrumento para visibilizar la negritud, de resistencia, etc.

Fue por esa canción que continúe por el camino que había iniciado desde muy jovencita, de pensar en cómo se racializa a las personas en Puerto Rico. La racialización permite no sólo pensar en el asunto fenotípico de las características físicas que se asocian con la negritud, sino también con el asunto de género, de clase y también de nacionalidad.

En la universidad de Puerto Rico, haciendo la maestría en la escuela de comunicación, buscaba mi tema de tesis. Siempre he tenido un interés por la música, en mi familia mi abuelo era autodidacta de un ritmo autóctono que se llama plena, crecí viéndolo a él cantar, tocar, también a mi tío y a mi mamá. Cuando miraba a mi madre tocar ese ritmo no me planteaba por qué ella era la única de la familia que toca plena ni por qué en otros espacios de Puerto Rico, donde veía este ritmo, tampoco veía mujeres. Muchas cosas que estaban ahí cuajándose. Pero, fue en la maestría que presté atención a una canción que he escuchado toda mi vida, que hablaba sobre una familia de personas visiblemente negras en Puerto Rico. Carbonerito fue el detonante para pensar qué otras canciones también hablan sobre la gente negra en Puerto Rico y cómo las están describiendo. Eso se convirtió en el proyecto de tesis y posteriormente se publicó como el libro Musicalizando las razas: La racialización de Puerto Rico a partir de la música.

Fue un trabajo para pensar las teorías críticas sobre la raza y cómo incorporar, en los estudios de comunicación, teorías que, en Estados Unidos, se usan en el derecho para pensar porque hay más hombres negros qué otras personas encarceladas en ese país; y cómo las ciencias sociales acogieron ese concepto para explicar otros fenómenos sociales. Fue por esa canción que continúe por el camino que había iniciado desde muy jovencita, de pensar en cómo se racializa a las personas en Puerto Rico. La racialización permite no sólo pensar en el asunto fenotípico de las características físicas que se asocian con la negritud, sino también con el asunto de género, de clase y también de nacionalidad.

 

¿Estos estudios nos permiten pensar algo nuevo sobre cómo se construyen las identidades?

Cuando estaba empezando mi proyecto lo hice dentro de la maestría en Teoría de la comunicación, pero al final me llevó a estudiar Antropología. La gente asociaba lo que hice con la antropología, no con comunicación. Hay una idea de que la comunicación debe ser una cosa y la antropología otra, pero, son disciplinas que convergen, que se nutren entre sí, yo no he dejado de ser comunicadora al convertirme en antropóloga. En la investigación utilicé la música como herramienta para explorar la negritud en Puerto Rico, pero muy bien lo podría haber hecho desde la educación, desde medios de comunicación, desde la literatura o desde otros registros, y creo que los resultados hubiesen sido los mismos. No fue una sorpresa reconocer los racismos anti-negro de mi país, pero sirvió para pensar cómo se manifiesta desde la negación, de no hablarlo. La canción Piel Canela, habla de una mujer no blanca, pero ¿por qué no decir negra y hablar de lo exótico, de las especias y toda esta romanización? Lo mismo ocurre con toda la representación de la negritud con las imágenes que vemos en la literatura, en los libros que se enseñan aquí en Puerto Rico para hablar de historia y en las letras de la música.

Todavía, tenemos que empezar a hablar de racialización, del racismo sistemático y estructural. Nadie nace siendo racista y tenemos que entender también la diferencia de los términos raza, etnicidad y xenofobia, porque muchas veces se diluye. Todo el mundo puede padecer de algún tipo de discriminación…

Hay que adornar el asunto para poder hablar sobre negritud, no se habla realmente del tema. Tengo la dicha de que mis estudiantes me han dicho: usted es la primera profesora visiblemente negra que tengo, es la primera clase donde hablamos de este tema, donde yo puedo decir o me puedo sentir que soy una persona negra, donde puedo replantear la identidad que he asumido toda la vida, o con mi familia, pensando en una persona blanca en Puerto Rico. Esas conversaciones que se generan dan cuenta de la necesidad que tenemos, no hay que esperar a llegar a la universidad, a un salón de clases de Bárbara Abadía, para que una persona pueda hablar del tema. No he descubierto nada que otras personas no puedan descubrir, pero creo que hay que poner en perspectiva que no se trata de pensar a la gente negra como gente dócil, inútil, inferior, ni de seguir perpetuando ese discurso de la blancura como lo superior.

¿Qué crees que viene pasando en este tiempo para que hoy puedas hablar de estos temas de la manera en que lo haces?

Siempre reconozco a mis ancestros negros, sin duda, por ellos estoy aquí. No sólo heredé su tono de piel, su cabello y su nariz ancha, que son las características que se asocian con la negritud, también tengo la misma fuerza, el deseo. Es contradictorio, porque desde pequeña he tenido que aprender a defenderme, a manejar los espacios a los que voy por cómo me van a tratar, para evitar que mi cuerpo negro se convierta en una amenaza. Tuve el privilegio de educarme, pero, destacarme en la escuela llevó mucho sacrificio, porque siempre tenía que dar el máximo para no caer en el estereotipo de la nena negra que no va a llegar lejos. Llegué a ser profesora en la universidad y a publicar libros. A través de la escritura soy muy honesta, escribo mucho desde mi subjetividad porque la academia no nos enseña a pensarnos desde adentro, desconocen que nuestras minorías también pueden ser fuente de conocimiento. No solo se trata de leer el libro de tal autor blanco, hombre y toda esa hegemonía.
Afortunadamente he recibido mucho apoyo a lo largo de los años por compartir mis ideas y conocimientos y eso, pues, me ha dado fuerza.

La experiencia que tuve de no poder tener estas conversaciones con mi familia durante mis años de crianza, no quiero que se repita con las nuevas generaciones. Quizás me he echado a los hombros una responsabilidad muy grande, pero quisiera que se sientan que se puede, que cuando tenemos que denunciar algo hay que hacerlo.

En el año de la pandemia hay un contexto político y social donde se impulsaron movimientos a favor de la igualdad racial, ¿dónde crees que están hoy las cosas en cuanto a la justicia?

Aunque hayamos visto una efervescencia de los movimientos como el Black Lives Matter y se habla de la brutalidad de la policía, seguimos viendo todos los días que esta violencia no ha mermado. Hoy la diferencia es que la gente graba estos sucesos. Habiendo dicho esto, agradezco los foros que se han dado, particularmente después del asesinato de George Floyd, en mayo del 2020, porque ha permitido que hablemos de esto; pero no puede ser una moda, o unos minutos de una entrevista en la radio o en la televisión. ¿Cómo puedo explicarlo en 5 minutos cuando la gente todavía no entiende lo que es racismo anti -negro? Todavía, tenemos que empezar a hablar de racialización, del racismo sistemático y estructural. Nadie nace siendo racista y tenemos que entender también la diferencia de los términos raza, etnicidad y xenofobia, porque muchas veces se diluye.

Hay entonces una forma política, no biológica, que nos ha hecho pensar que lo blanco es lo superior, donde el racismo anti-negro se instala como un asunto sistemático y estructural.

Todo el mundo puede padecer de algún tipo de discriminación, las mujeres blancas y los hombres blancos también. En los Estados Unidos muchos de la comunidad Latina o puertorriqueña, a la hora de marcar su raza se resiste a ponerse “negro”, o marcar más de una categoría racial. Vemos que la población latina en Estados Unidos se mantiene blanca en un número bastante estable, aunque no te están tratando como una persona blanca. Pienso que tenemos que mover eso, la manera en que manejamos el tema, adjudicar responsabilidades, cambiar la manera de abordar el tema.

No está demás precisar la diferencia entre racismo y etnicidad para empezar a pensar las cosas más ordenadamente…

Cuando hablamos de raza deberíamos hablar de raza humana, porque en realidad hay sólo una raza. Pero, en la medida en que establecemos diferencias por cómo se ve la gente en términos fenotípicos, sus características físicas, hablamos de la raza amarilla, blanca, negra, y asociamos la textura del cabello, el color de la piel particularmente. Así que la raza se asocia más con lo biológico, aunque deberíamos hablar desde lo político porque es una construcción social también. Y, como la antropología y la biología han sido disciplinas fundadas por gente blanca, han determinado estas categorías y la manera que las vemos todavía hoy.

Etnicidad se asocia con las costumbres, el idioma o la lengua que se habla en un grupo. Por ejemplo, cuando hablamos de puertorriqueñidad, esa es nuestra etnicidad, porque se nos asocia con un espacio geográfico particular, que sería el archipiélago puertorriqueño, que hablamos español, que comemos ciertos alimentos, practicamos ciertas músicas, se asocia con tradiciones, costumbres que se pasan de una generación a otra y a un grupo de personas que no necesariamente fenotípicamente lucen iguales. Así que por eso raza está más relacionado a los físicos y etnia a las tradiciones.

Es un tema vasto, pero qué crees que pasó a lo largo de la historia para que las comunidades negras tengan las condiciones de desigualdad en las que aún están.

Las comunidades negras siguen siendo vulneradas y empobrecidas. Estamos bregando contra un monstruo que es esa idea de supremacía blanca, aunque el número de personas de otras tonalidades o grupos raciales pueda ser mayor. Hay entonces una forma política, no biológica, que nos ha hecho pensar que lo blanco es lo superior, donde el racismo anti-negro se instala como un asunto sistemático y estructural. Entonces, esa manera de pensar se nos enseña a través de los medios, de la historia que aprendemos en la escuela, o lo que vemos en política, donde hay escasas figuras visiblemente negras, particularmente en el caso de Puerto Rico y Estados Unidos. El tema de la representación es bien importante, porque si no te sientes representado no te pasa por la mente. Al pensar en mi propia historia puedo decir que no se espera que una niña negra sea profesional, tampoco que haya un presidente o un papa negro. Generalmente se les dice “tú vas a ser bueno en el deporte o cantando hip hop, pero no en otra cosa”, o “vas a estar preso”, porque caminar por la calle se convierte en una amenaza.

cuando hablamos de racismo anti-negro, tenemos que hablar desde las masculinidades y las feminidades, porque la experiencia qué tiene el hombre negro en Puerto Rico no es necesariamente la misma que tiene la mujer. Al ser mujer, negra y pobre, esas interseccionalidades también se convierten en otras formas de opresión que recibimos nosotras.

Claro que hubo movimientos a lo largo de la historia. Las Panteras Negras y otros movimientos puertorriqueños y latinos como Young Lords para final de los 60 y los 70, Martin Luther King, Malcolm X, y muchísima otra gente que ha luchado por la equidad racial en Estados Unidos. Más recientemente vemos también la elección de Barak Obama, el movimiento Black Lives Matter, desde 2014; pero, siento de nuevo que estamos luchando contra un monstruo de muchas cabezas. Es bien complicado cuando incluso en nuestras propias comunidades la gente no necesariamente se une a estos movimientos porque tienen que sobrevivir.
También desde la política dicen, justamente ahora en las elecciones, “Queremos la igualdad y los derechos humanos”, pero eso es muy amplio. ¿Qué hay del asunto antirracista? ¿Dónde está eso en tu plataforma de gobierno? Y resulta que eso no está, ni ha estado, entonces creo que tenemos que reactivar la manera en que estamos pensando para poder lograr unos cambios más visibles, más tangibles.

Ciertamente, estamos en el momento donde tenemos que pensar haciendo cruces entre disciplinas, discursos, saberes. ¿Qué puedes decirnos de esta intersección entre raza y género, por ejemplo?

Es súper importante, y como bien dices, pensemos en interseccionalidades. Este es un concepto que empezaron a usar muchas feministas negras en la década de los 70 y un poco antes quizás, con el movimiento de Combahee River Collective, ese colectivo de mujeres negras, muchas de ellas se autoidentificaban como lesbianas. Decían “somos feministas, pero nos sentimos que estamos aparte de movimientos feministas blancos, de clase alta y clase media alta. Sus reclamos no nos incluyen, no tienen la experiencia que tenemos nosotras”. Entonces, es bien importante que hablemos de esa intersección raza-género. En el caso de Puerto Rico, cuando hablamos de racismo anti-negro, tenemos que hablar desde las masculinidades y las feminidades, porque la experiencia qué tiene el hombre negro en Puerto Rico no es necesariamente la misma que tiene la mujer. Al ser mujer, negra y pobre, esas interseccionalidades también se convierten en otras formas de opresión que recibimos nosotras.

Yo, que tengo la oportunidad de manifestarme públicamente puedo hablar un poco de forma generalizada por el trabajo que hago como antropóloga, por lo que observo, por el conocimiento que tengo la fortuna de adquirir. Pero no puedo hablar por todas las mujeres negras de Puerto Rico, porque no todas han tenido las mismas experiencias que yo, ni todas las mujeres negras reconocen ciertas vivencias como formas de violencia. A lo mejor yo interpreto que me toquen el pelo como una forma de violencia, pero puede que otra mujer con el cabello ensortijado piense que eso es parte del proceso de que te registren, “ellos están haciendo su trabajo”.

Es súper importante que pensemos en todas estas interseccionalidades porque es la forma de incluir más situaciones, de poder explicar, de un modo nuevo, de qué formas se manifiestan estas violencias, estos hostigamientos raciales y cómo podemos explicar lo qué es el racismo estructural y sistemático en Puerto Rico, en Estados Unidos, en América Latina.

Notas:
1 Barbara Idalissee Abadia-Rexach, Ph.D. Nació en Fajardo, Puerto Rico. Posee un doctorado en Antropología Social de la Universidad de Texas en Austin. Obtuvo un bachillerato en Comunicación Pública y una maestría en Teoría e Investigación de la Comunicación de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras. Es Catedrática Auxiliar, especialista en Afrolatinidades, en el Latina/Latino Studies Department del College of Ethnic Studies de San Francisco State University. Estudia racialización y género en Puerto Rico desde distintos registros culturales. Es la autora del libro Musicalizando la raza. La racialización en Puerto Rico a través de la música (Ediciones Puerto, 2012). Es miembro de Colectivo Ilé y del Black Latinas Know Collective. Produce y modera el programa radial NEGRAS por Cadena Radio Universidad. Abadía-Rexach es colaboradora de la plataforma digital española Afroféminas y del proyecto puertorriqueño de periodismo solidario y feminista Todas.

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