Edición
46

La explosión de los ¨ismos¨ y cómo influenciaron al mundo del arte

Miami
La tecnología redefine el arte en muchos aspectos. Pero también es una herramienta para analizar las obras de un modo nuevo, y resquebrajar las clasificaciones conocidas que limitan los estilos.

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A finales del siglo XIX, los artistas empiezan a buscar distintas formas de expresión. La Revolución Industrial, el crecimiento de las urbes, la aglomeración de los marginados en las ciudades, y el abandono del campo los hace mirar hacia atrás y evaluar sus metas.

Los avances tecnológicos como el invento de la fotografía y el cine los obligan a recapacitar acerca del valor y el propósito del arte. Se cuestionan si vale la pena realizar un retrato fidedigno de alguien o si es mejor idealizar al modelo en cuestión. Surgen movimientos artísticos como respuesta a lo establecido. El Neoclasicismo, que rige el gusto por lo académico, siguiendo las normas de enseñanza tradicionales será refutado por la nueva generación de artistas.

El Realismo de Gustav Courbet ambiciona presentar su realidad en contrapartida con el Simbolismo imperante en esa época. Los artistas de mediados del siglo XIX pintaban temas basados en la mitología, la historia y la religión con un aire idealista, el cuerpo humano era perfecto, la dramatización de los hechos estaba enaltecida y el pasado greco-romano era una ilusión romántica. Los cuadros de Courbet presentan una imagen más cruda del mundo: los campesinos, el trabajo arduo y su sudor son los temas recurrentes en su obra y, sin embargo, el Impresionismo viene a cambiar esta temática basado en la observación de la naturaleza, y en tratar de captar los momentos efímeros y pasajeros. Por ejemplo, el vapor de un tren que arriba, las nubes que reflejan su blancura en el río o la luz difuminada de un atardecer. Tratando de captar el paso del tiempo, al Impresionismo se le olvidan los mensajes profundos, deja de lado la simbología, los secretos dentro de un cuadro.

Podemos decir que el primer movimiento artístico que explora nuevas dimensiones en oposición a las normas del arte oficiales es el conocido Impresionismo, aunque Claude Monet, Camille Pissarro y los demás miembros de este grupo, no se nombran a sí mismos impresionistas, sino que adoptan el término después de la publicación de un artículo en el que se les criticaba. A partir de este punto, los artistas se asocian, exhiben en grupo, y se sienten empoderados al estar unidos.

La búsqueda de individualidad da cabida a nuevas perspectivas. Sin embargo, los artistas se necesitan unos a otros; siguiendo las ideas de Carl Marx y Friedrich Engels van a adoptar la utilización de un Manifiesto, es decir, después que el Manifiesto Comunista se publica en 1848, los artistas escriben y publican sus propuestas y las metas del grupo.

Los nombres, la clasificación de los estilos y los movimientos artísticos anteriores al Impresionismo son el esfuerzo e invento de los historiadores del arte intentando estructurar y categorizar el pasado. Por primera vez, a fines del siglo XIX, los artistas se agrupan y se nombran a sí mismos. Hoy, los investigadores se cuidan mucho de nombrar o marcar un estilo o un grupo artístico, no se sienten cómodos etiquetándolos, más bien se trata de describir un estilo individual con características específicas y únicas. Se nombran influencias, inspiraciones y convergencias artísticas; se establecen relaciones visuales y teóricas sin querer encasillarlos en un grupo.

En la antigüedad, los artistas aprendían técnicas y metodología dentro de un gremio en talleres donde los discípulos ingresaban desde jóvenes y, poco a poco, desarrollaban sus habilidades para poder independizarse. El secreto pasaba de maestro a su pupilo con gran recelo y estaba reservado únicamente para los miembros de la misma asociación.

Investigadores de la Lawrence Technological University analizaron mil pinturas de treinta y cuatro pintores renombrados utilizando un algoritmo para catalogarlas. El programa encontró miles de características visuales en cada obra. Nos damos cuenta de que es difícil encasillar a un artista o a un grupo de artistas en un mismo marco.

Esto cambia radicalmente cuando estas estructuras sociales y de trabajo se resquiebran, y ya para el siglo XIX los artistas se sienten libres de innovar y cambiar las técnicas. Así volvemos al ejemplo de los impresionistas que ya no suprimen las pinceladas bajo capas de pintura diluida y barnices, sino que muestran sus trazos con colores y pigmentos gruesos que inclusive se vuelven tridimensionales.

En contrapartida al Impresionismo surge la ciencia y George Seurat crea una nueva técnica y un nuevo estilo al cual nombra Chromoluminarismo, basado justamente en las teorías del color. Este nombre se abandona en favor de Divisionismo o Puntillismo, como hoy se le conoce a este movimiento Postimpresionista. En 1886, el crítico de arte Félix Fénéon acuña el término Neoimpresionismo para agrupar a los seguidores de Seurat. Esto se vuelve confuso, pues un estilo con lineamientos específicos como la separación de colores puros en puntos que al unificarlos dan un efecto óptico, recibe cuatro nombres distintos.

El Impresionismo capta los efectos, no trata de mandar acertijos escondidos. Así que artistas como Gauguin y su grupo en Pont-Avent reaccionan en contra de esta superficialidad. Basado en sus creencias y una nueva técnica que pinta áreas planas de color, este nuevo grupo funda un estilo innovador que representan escenas con narrativa, basadas en historias y con un mensaje intrínseco, contrarrestando lo que el Impresionismo había predicado.

Empezando con el Modernismo, los artistas pretenden irrumpir en algo que ya es pasado, muestran un camino nuevo, o al menos es una bifurcación del camino andado, y quieren separarse de los parámetros compuestos anteriormente. El Art Nouveau, como su nombre lo dice, intenta ser nuevo, ambiciona un cambio radical. El arte funciona en muchas ocasiones como un péndulo, de un extremo se llega al otro: las curvas del Modernismo durante la Belle Epoque se topan contra el análisis casi científico de George Seurat. Gracias al Divisionismo el color adquiere fuerza, para volverse independiente en el Fauvismo. Henri Matisse, el líder de este grupo explora las posibilidades del color cuando pinta el retrato de su mujer (1905), la línea verde en la mitad de la nariz da como resultado la ruptura con las representaciones que se hacían hasta ese momento. Una cara se retrataba con el propósito de guardar la imagen de la persona. Con el invento de la fotografía y el cine, la meta del retrato cambia completamente, los artistas comienzan a buscar nuevas ideas para expresarse y así tenemos que el cuerpo humano se deforma con el Expresionismo Alemán, se fragmenta con el Cubismo, se geometriza con el Neoplasticismo, se abstrae con el Suprematismo y se omite con el Arte Conceptual.

Cuando el artista se encuentra enfrascado en la búsqueda de lo nuevo, descubre que su alrededor es tan inspirador como lo lejano y exótico. El Orientalismo de mediados del siglo XIX, que ve hacia el Medio Oriente idealizando una cultura ajena y misteriosa ya no es válido con la industrialización; la construcción de fábricas, la producción en masa, el vivir en una metrópolis inspira a los artistas londinenses a formalizar un grupo con las mismas metas. A principios del siglo XX, la idea de presentar al mundo las metas, y las reglas de un grupo en específico se vuelve la norma. Los manifiestos como el Surrealista se publican, y por más oscuros o absurdos que parezcan estos documentos, de alguna manera incluyen a los miembros participes de las mismas ideas y lo que quieren lograr con ellas.

Mientras un grupo se concentra en los sueños y el subconsciente, el otro enaltece la perfección de las construcciones urbanas y la maquinaria. El Vorticismo eleva la superioridad de las varillas, las líneas de los edificios, la abstracción de las fábricas y la belleza de la producción en serie. Fernand Leger y el llamado Tubismo se centra en la representación de lo que parecen tuberías, representadas con cierto volumen y sin embargo esquematizadas.

Artistas como Wassily Kandinsky, Piet Mondrian y Kasimir Malevich buscan encontrar la universalidad a través del arte, desprenderse de la realidad figurativa, creando un género completamente diferente, el arte abstracto, o Abstraccionismo, y dentro de estos surge el Neoplasticismo y el Suprematismo. Sin estos cambios en el arte no se hubieran dado movimientos artísticos como el Arte Cinético o el Op-Art basados en los efectos ópticos de color y línea que alteran la percepción visual.

En el 2012, investigadores de la Lawrence Technological University, en Michigan, analizaron alrededor de mil pinturas de treinta y cuatro pintores renombrados utilizando un algoritmo para catalogarlas. Lo curioso es que el programa computarizado encontró más de cuatro mil características visuales en cada obra de arte. Nos damos cuenta de que es difícil encasillar a un artista o a un grupo de artistas en un mismo marco. Quisiéramos tener el control sobre las características generales; los investigadores, los profesores del arte y los críticos quisiéramos usar cajones donde podríamos guardar cada obra para ser estudiada y analizada, pero, aunque esto se sigue haciendo para el bien de la enseñanza y el entendimiento, tenemos que ser más cuidadosos en emitir juicios limitantes.

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