Edición
47

La Biblioteca de Éfeso Descifrando la belleza del Mundo Antiguo

Barranquilla
Testigo mudo del paso del tiempo y las civilizaciones, la Antigua Biblioteca de Celso, en Turquía, trae los ecos del pasado.
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Alguna vez escuché decir que la Biblioteca de Éfeso es para Turquía lo que las pirámides son para Egipto, o el Coliseo para Roma. La antigua ciudad es considerada uno de los museos al aire libre más importantes del mundo. Sus ruinas, exhibidas en su sitio original, son verdaderas joyas arqueológicas que invitan a descifrar la belleza del mundo antiguo.

De acuerdo con un mito fantástico, cuando el príncipe griego Androklos tuvo que huir de Grecia después de la muerte de su padre, el oráculo de Delfos le prometió que un pez y un jabalí le mostrarían el sitio donde debía construir una nueva ciudad. Cierta noche, en el campamento del príncipe freían pescados sobre el fuego, cuando uno cayó del sartén provocando chispas que irritaron a un jabalí escondido en los arbustos cercanos, y los atacó. Androklos derrotó al jabalí y, recordando la predicción del Oráculo, declaró que éste sería el sitio de su nueva ciudad.

Ubicada en la Península de Anatolia, a orillas del Mar Egeo, Éfeso se extiende en un valle entre los montes de Bülbül y Panayir de la actual Turquía. Fue, en sus inicios, un importante puerto sobre el Río Caistro, o Küçük Menderes, pero los procesos de sedimentación y erosión desplazaron la línea de la costa y actualmente las ruinas se encuentran a unas 6 millas del mar. Su puerto, Panormo, fue abandonado hace mucho tiempo.

Una de las doce ciudades jónicas de la Antigüedad Clásica, a lo largo de la historia se le conoció también como Esmirna, Álope, Traquia, Ortigia, Amorges, Hemonio y Ptelea.  Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2015, con sus anfiteatros helenos, sus calles de la era romana y su arquitectura de la época bizantina, Éfeso es testigo del paso de varias civilizaciones: persas, romanos, seléucidas, egipcio ptolemaicos, árabes, turcos y otomanos. Fundada por los griegos hacia los siglos X y IX A.E.C., aun se pueden apreciar las inscripciones griegas y latinas de los tiempos tempranos. A pesar de los terremotos, guerras, enfermedades e incendios que enfrentó, la ciudad floreció entre los siglos IV A.E.C. y XV E.C y alcanzó su mayor esplendor en la era romana, hacia II y III A.E.C., época en que se construyeron algunas de sus más conocidas edificaciones como el Templo de Artemisa, una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo.

En Éfeso, todos los caminos llevan a la Antigua Biblioteca, uno de los edificios más hermosos y mejor conservados de la ciudad antigua, y una de las imágenes más conocidas entre los numerosos sitios históricos de Turquía. 

En la mitología griega se dice que Artemisa, Diana entre los romanos, diosa virgen de la caza, protectora de la naturaleza, los animales y la luna, nació en Éfeso y el Templo en su honor en esta ciudad fue el primer santuario de mármol de la Antigüedad, cuatro veces más grande que el Partenón de Atenas. De acuerdo con Dion Casio, fue allí donde Marco Antonio capturó a los hermanos de Cleopatra y los hizo matar.

El filósofo Heráclito, quien decía que “nadie puede bañarse dos veces en un mismo río”, nació en Éfeso, lo mismo que Jenofonte, en cuya novela Efesíaca o Habrócomes y Antía Shakespeare se inspiró para el desenlace de su tragedia Romeo y Julieta, y Zenódoto, bibliotecario de Alejandría.

La gloria de Éfeso aumentó durante la época cristiana. El Concilio Ecuménico de la mitad del siglo V tuvo lugar en esta ciudad. El Apóstol San Pablo la visitó en sus viajes misioneros, y dictó conferencias en el Salón Tyrannus y en la sinagoga. Ahí escribió su Evangelio San Juan, y la Virgen María pasó los últimos años de su vida. Ahí también reposan sus restos.

Éfeso es una de las zonas arqueológicas mejor conservadas del mundo gracias al trabajo de arqueólogos ingleses, como John Turtle Wood, en el siglo XIX, durante la época final del Imperio Otomano. Muchas piezas y objetos fueron llevados al Museo Británico de Londres. Posteriormente, el Instituto Arqueológico Austriaco continuó las excavaciones durante más de un siglo, hasta que en julio de 2016, e fue revocado el permiso al deteriorarse las relaciones entre ambos países después del fallido golpe de estado en Turquía.

 

 

Recorrer las calles de Éfeso es casi un viaje de vuelta al pasado. Pocas ciudades del mundo nos dan una visión tan clara y detallada de la vida en la Antigüedad. De pie entre sus ruinas es posible imaginar un día cualquiera, siglos atrás, cuando seres de carne y hueso transitaban por estos espacios en su diario quehacer. Imaginar, por ejemplo, a uno entre los cerca de 25,000 espectadores del Antiguo Teatro, el mayor de su época, donde gladiadores lucharon y murieron y, en la actualidad, en tiempos previos a la pandemia, se realizaron eventos como el Gran Festival de Éfeso; las casas-terraza o de La Ladera, el barrio más rico de la ciudad, con sus delicados mosaicos, calefacción radiante por suelo, agua potable y lavabos, lujos alcanzables sólo para unos cuantos. En las letrinas públicas, alineadas una al lado de la otra, sin división entre ellas, hacer negocios era un asunto social y los esclavos se sentaban previamente a calentar las piedras para sus amos y, en la Casa del Amor o Burdel, la estatua de Príapo, dios de la fertilidad, es representado con un enorme falo como símbolo de la fuerza fecundadora de la naturaleza.

En Éfeso, todos los caminos llevan a la Antigua Biblioteca, uno de los edificios más hermosos y mejor conservados de la ciudad antigua, y una de las imágenes más conocidas entre los numerosos sitios históricos de Turquía. Son tres las vías principales de la urbe: la Calle de los Curetes[i], de aproximadamente 1 Km de largo, va desde la puerta de Heracles a la Biblioteca; la Vía o Camino de Mármol, mide unos 800 metros y se extiende desde allí hasta el Teatro, y la Vía Arcadia, que de allí parte hasta los baños del puerto, desde donde aún se puede admirar el Mar Egeo.

La Biblioteca se encuentra en el cruce de la Calle de los Curetes y la vía de Mármol, en una pequeña plaza donde también están la Puerta de Adriano, la puerta monumental del Ágora Inferior, la Stoa o Pórtico de Nerón y la Casa del Amor. Se dice que un grabado en el suelo de la Vía de Mármol, con la figura de un corazón, el rostro de una mujer y la huella de un pie, con un dedo señalando la Biblioteca y el otro, la Casa del Amor, es el primer anuncio publicitario de la historia.

Conocida como Biblioteca de Celso, fue construida entre 117 y 120 E.C. por encargo de Cayo Julio Aquila[ii], consul suffectus[iii]o suplente de los romanos, como mausoleo para honrar la memoria de su padre, Tiberio Julio Celso Polemeano[iv], uno de los primeros hombres de origen estrictamente griego que ocupó diversos cargos públicos, incluido el de senador romano y procónsul de la provincia de Asia; fue un ciudadano acaudalado, muy popular y benefactor de Éfeso. Podía albergar más de 12.000 rollos, lo que la convirtió en una de las más ricas bibliotecas del período antiguo, junto a las de Alejandría y Pérgamo. Julio Aquila financió la construcción y la compra de libros con fondos de su patrimonio personal; su hijo finalizó esta labor tras su muerte, durante el reinado de Adriano. Una inscripción registra que Celso había dejado un legado de 25.000 denarios para pagar el material de lectura de la biblioteca.

Cuatro esculturas simbolizan las virtudes practicadas por Celso durante su vida: Sofía por la sabiduría, Episteme, por el conocimiento, Ennoia, la inteligencia y Arete el valor

El interior de la biblioteca y su contenido fueron destruidos por un incendio en 262 E.C. No se sabe con certeza si fue provocado por un terremoto o por la invasión goda que afectaron a la ciudad ese año. Aunque fue restaurada, hacia el siglo IV E.C., fue incendiada nuevamente. La fachada sobrevivió, pero fue destruida por un terremoto en el siglo XI o X. La Biblioteca permaneció en ruinas durante siglos hasta que la fachada fue recuperada entre 1970 y 1978, durante la campaña de reconstrucción dirigida por el arqueólogo alemán Volker Michael Strocka.

El cuerpo de Celso reposa en un sarcófago de mármol blanco, en una pequeña bóveda bajo la edificación, que escapó, milagrosamente intacta, a los distintos incendios y terremotos. La estatua de Celso, encontrada durante las excavaciones, está en el Museo Arqueológico de Estambul.

La Biblioteca se levanta sobre una plataforma con nueve escalones a lo ancho del edificio que conducen a tres entradas frontales. A su derecha, se encuentra la Puerta de Augusto, con tres arcos soportados por gruesos pilares, construida por dos libertos[v] de M. Agripa, en honor al Emperador. Enclavada entre dos edificios del exterior, desde de la Calle de los Curetes, sólo se aprecia la fachada de mármol de dos pisos, con columnas de estilo corintio en la planta baja, decoradas con diseños muy elaborados de hojas de acanto, pergaminos y emblemas fasces[vi], insignia de los cónsules romanos. Ejemplo de la arquitectura pública de la época, refleja la influencia del estilo griego en la arquitectura romana. En su construcción se utilizó un ingenioso truco óptico en que las columnas de los lados son más cortas que las del centro, dando la ilusión de que el edificio es de mayor tamaño.

Las columnas enmarcan cuatro nichos con esculturas que simbolizan las virtudes practicadas por Celso durante su vida: Sofía por la sabiduría, Episteme, por el conocimiento, Ennoia, la inteligencia y Arete el valor, Las esculturas son réplicas cuyos originales se encuentran en el Museo de Éfeso en Viena.

En el segundo nivel tres ventanas dejaban entrar la luz y las columnas flanquean cuatro podios, en paralelo con los nichos debajo, que contenían estatuas de Celso y su hijo.

En el interior, el piso principal alojaba la sala de lectura, una única estancia de unos 16 metros de altura, con pisos de mármol de varios colores y paredes revestidas de nichos con estantes para almacenar los pergaminos. Fue construida mirando hacia el este, aprovechando la luz natural para la lectura, con muros dobles, para proteger los manuscritos de la humedad y las variaciones extremas de temperatura, garantizando la circulación del aire. Escaleras empotradas en los muros añadían soporte estructural y daban acceso al segundo piso, donde una galería con balcón creaba un efecto espacial elevado. El techo era plano, de madera, con un óculo central redondo que permitía la entrada de más luz.

La biblioteca funcionó como un espacio público para la ciudad desde su finalización alrededor de 117-135 E.C. hasta 262. Las copias de libros eran raras y difíciles de obtener, por lo que no se prestaban libros. Los manuscritos debían solicitarse a los oficiales que trabajaban en la biblioteca.

Es poco lo que se sabe acerca de los libros que se conservaban en la Biblioteca de Celso; tomando como modelo lo que sabemos de otras bibliotecas públicas romanas, es probable que tuviera dos secciones, una para libros escritos en latín y otra para libros en griego, y que éstos últimos fueran la mayoría, debido a la herencia helenística de Asia Menor. Es probable también que, siguiendo las costumbres griegas y romanas de aquella época, las lecturas se hicieran en voz alta en el exterior del edificio, sentados en los escalones de entrada o paseando por la plaza.

Han pasado 18 siglos desde su construcción. A pesar de la multitud y del calor agobiante un extraño silencio, una atmósfera de respeto y asombro, de reverencia, rodean el lugar.

No son sólo ruinas. Son ecos del pasado que llegan hasta nuestros días.

 

 

Notas:
[i] Los curetes (también llamados curatos o curetos) eran los sacerdotes encargados de llevar leña al fuego sagrado del Pritaneo.  Al parecer, eran descendientes de los antiguos cretenses
[ii] Cayo Julio Aquila – Galius Julius Aquila Tiberio Julio Águila Polemeano o Tiberius Julius Aquila Polemaeanus  En algunas fuentes aparece como Cayo Julio Aquila es conocido también como Tiberius Iulius Aquila Polemaeanus o Gayo Julio Aquila Polemeano
[iii] Consul suffectus era un sustituto nombrado por el Senado cuando un cónsul moría o se veía incapacitado en el año de su ejercicio. Se añadía a la lista de cónsules de Roma adquiriendo la categoría consular.
[iv] Tiberio Julio Celso Polemaeano, conocido como Celso o Celsus  – Aparece en diversas fuentes como  Tiberius Iulius Celsus Polemaeanus .
[v] Liberto – esclavo a quien se ha concedido la libertad.
[vi] Los emblemas fasces están compuesta de una segur rodeada de un haz de varas

3 Comentarios

  1. Gracias Clarita, magistral clase de historia en este articulo, dan ganas de salir corriendo a visitar Éfeso y las maravillosas ruinas de su biblioteca, sorprende la majestuosidad del edificio, en especial esas columnas con capiteles corintios, felicitaciones…

  2. Grato recorrido en esta narración, y su lectura me reconstruye una espacialidad ontologica, una estética con la prefiguración de tantos destinos sucedidos en un contexto acezante y perpetuo de modernidad.
    La modernidad, son las voces y todo lenguaje de cada cultura en su presente. En su momento.
    Este recorrido casi exagetico trae el testimonio y eco de cada pisada de las sombras y su historia donde nos viste la quimera.
    Valioso articulo.

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