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Hace apenas unos días, la señora de las mejores canciones infantiles hubiera cumplido 90 años, y ninguno de nosotros hubiera querido faltar a su fiesta. Allí, seguramente, nos hubiéramos encontrado con la Mona Jacinta, la hormiga Titina, Osías el osito y por supuesto, con Manuelita, la tortuga que hizo famosa a Pehuajó.
Podríamos haber llegado en un cuatrimotorrrrr manejado por un doctorrrrr que venía de atender al perro salchicha porque no podia parar de cantar la Chacarera de los gatos. Podríamos habernos quedado hasta que la luna bajara en camison recien bañadita en un charco con jabon y tratar de ver de una buena vez cómo es el reino del revés.
Hubiera sido una fiesta en donde hubieran servido el té en tetera de porcelana de las que no se ve, unas buenas batatas en platos de lata, servidas en mesas decoradas con flores celestes del jacarandá.
Saben, saben lo que hizo esta famosa María Elena?
Compuso inolvidables y eternas canciones para niños que siguen sonando en nuestras voces de adultos y en nuestro corazón, bellísimas canciones para “grandes”, publicó poemas, cuentos y novelas en infinidad de títulos, investigó como musicóloga e intérprete el cancionero español antiguo y el tradicional argentino, conjuntamente con Leda Valladares (“Canciones del tiempo de Maricastaña”, “Leda y Maria cantan villancicos” entre otros). Su canción “En el pais del no me acuerdo”, formó parte del soundtrack de ”La Historia official”, escribió “Desventuras en el País-Jardín-de-Infantes” en 1993, basado en una carta con igual título que publicara el diario Clarín en 1979 y que le valiera la censura del gobierno militar argentino. En 1985 fue nombrada Ciudadana Ilustre de la ciudad de Buenos Aires y en 1990 fue nombrada Doctor Honoris causa por la Universidad Nacional de Córdoba.
Yo tenia 3 años cuando sus canciones empezaron a sonar y 37 cuando tuve el honor y la tremenda alegria de que Maria Elena Walsh aceptara prologar mi primer CD con canciones en Yiddish. Haber sido merecedora de ese texto es uno de esos bienes que atesoro en lo más profundo de mi corazón. Les hubiera dicho entonces así como lo voy cantando ahora, que: “Mirenme, soy feliz entre las hojas que cantan…”
Esta mujer que hubiera cumplido 90, multiplicó su existencia en muchos más años asi como sucede con los circulos concentricos que se forman en el agua al arrojar un “canto” rodado. Sus palabras siguen sonando en tan variadas formas: canción, prosa, poesía, ensayo, pensamientos.
Sus ondas expansivas me tocaron doblemente: como niña que creció entre sus canciones y como cantante que floreció con sus bendiciones.
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