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El último premio Nobel de Literatura concedido a Bob Dylan por su obra viene siendo discutido. De hecho no es casual que los Nobel de Literatura y de la Paz sean los menos prestigiados, por controversiales justamente.
No ocurre lo mismo con los Nobel de ciencias, donde las razones para su elección eluden más fácilmente las preferencias ideológicas de sus jueces. Elegir un Nobel en Letras y en la Paz, en cambio, suele responder a motivaciones ideológicas. Eso ocurrió, por ejemplo, al entregárselo a Neruda y al negárselo a Borges.
El motivo que propondré para cuestionar la validez del último Nobel de Literatura es muy simple. Una canción no es precisamente un poema al que se agrega una música: es una tercera entidad que resulta de ambas pero contiene un plus, un agregado que nos impide juzgarla como poema o como música.
La enorme obra de Yupanqui, o la de Gardel, quedan desfigurada si hacemos eso. Hay poesía en ellas, hay música, pero cada canción de estos autores vale por el éxito de una alianza feliz entre ambos componentes. Imagínese a un tango como Volver con otra música y se entenderá quizás de qué hablo.
Esto no es ninguna condición anómala propia de las canciones: sabemos que el agua se compone de dos gases, hidrógeno y oxígeno en una determinada proporción. ¿Qué ocurriría si tomásemos al agua como un gas? Pues algo semejante a lo que se hizo con el último premio Nobel de Literatura. Hubiese sido preferible crear un nuevo Nobel, el de las Canciones.
La IA inaugura una intimidad sin cuerpo en el ámbito psicoterapéutico. Promete alivio inmediato, pero revela riesgos y dilemas éticos. Frente a la amabilidad algorítmica, ¿seguirá la presencia humana siendo el núcleo irreductible del acto terapéutico?
Las voces de 90 personas mayores de 90 años de Florida narran historias de sabiduría cotidiana, de memoria viva. Un proyecto que rescata el valor de escuchar a quienes transforman la vida desde lo simple.
En París era una rumba, Zoé Valdés reconstruye sus primeros años de exilio en París a partir de memorias escritas en francés y reimaginadas en español. Un libro donde la lengua se vuelve refugio, rigor y forma de libertad.
La neurociencia dialoga con la pintura clásica y la experiencia estética. Fernando Giráldez explora cómo percibimos y sentimos el arte en una conversación sobre visión, emoción y sentido.
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