Edición
49

Los pactos denegativos: prototipo de alianza

San Pablo
Las relaciones familiares, la pareja, los grupos exigen acuerdos inconscientes sobre cuestiones que hay que desmentir o reprimir, para organizar el vínculo. A la vez, estos focos de silencio son tóxicos.

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En 1989, Kaës (1989; 2015) formuló el concepto de pacto denegativo para describir una alianza inconsciente o, como dirá en 2015, el prototipo de alianzas inconscientes defensivas. Pacto denegativo «califica un acuerdo inconsciente impuesto o mutuamente celebrado entre sujetos de manera que el vínculo que contraen se organice y mantenga en la complementariedad de los intereses de cada sujeto. «(Kaës,2015, p.202) El pacto se basa en diversas operaciones psíquicas -conjuntas y correlativas- «de represión, denegación o negación, desmentida, recusación, rechazo o enquistamiento», ( Kaës,2015, p.202).

La formulación inicial de este concepto se completará posteriormente, en 1993, con la discusión sobre las dos polaridades del pacto denegativo; una de ellas lo define como el organizador del vínculo y el espacio intrapsíquico en la complementariedad de los intereses inconscientes de los miembros involucrados; la otra polaridad es patógena y crea en el conjunto y en los sujetos del vínculo, zonas de silencio y restos no significativos como focos de intoxicación que » mantienen a los sujetos de un vínculo ajenos a su propia historia y a la historia de los otros miembros». (KAËS, 1993, pág. 274; 2015, pág. 202)

Este concepto anuncia la forma en que el autor busca ampliar la comprensión de la realidad psíquica inconsciente compartida en la constitución del vínculo. Las personas están vinculadas entre sí y en los conjuntos por diversas formas de identificación, por las resonancias fantasmales, por las inversiones pulsionales convergentes o contrarias, por los complejos que hacen las matrices de los vínculos entre sus objetos internos, por los representantes y por los significativos que les son comunes (KAËS, 1993). Sin embargo, reafirma el autor, los sujetos de un vínculo aún deben vincularse y sellar entre ellos las alianzas, unas conscientes; otras inconscientes.

El concepto de pacto denegativo y el de alianzas inconscientes, categoría en la que se incluye este pacto, forman parte de todas las investigaciones sobre los procesos psíquicos específicos y las formaciones de los conjuntos, en la propuesta de la construcción de una metapsicología de tercer tipo. Dan fe de la hipótesis llevada a cabo en la investigación sobre grupos y el aparato psíquico grupal, de un Inconsciente politópico, inscrito y activo en los diversos espacios psíquicos. Su función principal es mantener y fortalecer su vínculo, definir temas y términos, e instalarlo en el tiempo, hacerlo duradero. Así, las alianzas no son sólo a nivel sincrónico, es decir, aquellas que contratamos con nuestros contemporáneos. Hay pactos diacrónicos, que «son contraídos por nosotros y sin nosotros, antes de nuestro nacimiento; heredamos y, como tales, son un proceso principal de transmisión psíquica de movimientos de vida y muerte entre generaciones». (KAËS, 2015, p.200).

Las personas están vinculadas entre sí y en los conjuntos por diversas formas de identificación, por las resonancias fantasmales, por las inversiones pulsionales convergentes o contrarias, por los complejos que hacen las matrices de los vínculos entre sus objetos internos, por los representantes y por los significativos que les son comunes

Las alianzas inconscientes constituyen las principales formaciones psíquicas de toda configuración del vínculo de grupos, instituciones, parejas y familias, siendo inconsciente su propia materia y su realidad psíquica (KAËS, 2015). Son formaciones y procesos bifronte, doblemente organizados; constitutivos desde diversos lugares del inconsciente; y sólo pueden formarse en uno, en su conjunción con los demás (KAËS, 1993; 2015). Se inscriben en dos espacios psíquicos: el espacio del inconsciente del sujeto y el espacio del inconsciente en el vínculo con otro o más de un otro. Al enfatizar las alianzas inconscientes en los vínculos intersubjetivos y transubjetivos, Kaës pretende hacer inteligible el pasaje entre la realidad psíquica individual y la que asegura la consistencia de estos vínculos, tanto en el eje sincrónico como en la transmisión entre generaciones (KAËS, 2009).

El autor propuso «llamar a las alianzas inconscientes formaciones psíquicas comunes y compartidas que están enlazadas en la conjunción de relaciones inconscientes que mantienen a los sujetos de un vínculo entre ellos y con el todo al que están conectados, al ser parte interesada y parte constituyente» (KAËS, 2009, p.35). Son inconscientes ya que están sometidas a los procesos constitutivos del inconsciente y están bajo el efecto de los dos grandes tipos de operaciones de defensa que lo constituyen: operaciones de defensa por represión, en sus formas original y secundaria; además de los que proceden de la negación (o recusación) y el rechazo (o forclusión), (KAËS, 2009).

Hipótesis del inconsciente en el grupo

En la proposición de una concepción politópica del inconsciente, Kaës afirma que «el espacio intrapsíquico individual ya no se concibe como el lugar exclusivo del inconsciente (…) La idea de una tópica deslocalizada e intersubjetiva había sido introducida por Freud desde el momento en que la cuestión de la transmisión psíquica no sólo estaba en la escala de muchas generaciones, sino también en la sincronía de los sujetos que forman la pareja, la familia o el grupo» (KAËS, 1993, p.254).

Estas aperturas, en la obra freudiana, en relación con la reubicación del tema individual de lo inconsciente, forman parte de la elaboración de la segunda teoría del aparato psíquico, aunque ya estaban en gestación a partir de su artículo sobre El inconsciente, 1915. Según Kaës, a partir de entonces tendríamos una teoría expandida del consciente que da paso a la cuestión de lo originario y una teoría restringida del consciente que concierne a la cuestión de la transmisión (KAËS, 1993). «Estas dos aperturas exploran el eje diacrónico de la formación del inconsciente. El método y el enfoque grupal de la psique exploran, más precisamente, el eje sincrónico» (Kaës, 1993.p. 255). En esa perspectiva de la constitución de otra metapsicología, que el autor nombró metapsicología intersubjetiva, la investigación grupal sobre la constitución psíquica y las formaciones del inconsciente, cobran fuerza. Será, por tanto, en ese eje de la investigación que construirá la hipótesis de una función co-represiva a nivel grupal y la producción grupal de la represión.

En esta investigación, al mismo tiempo que se reafirma que la represión es individual, en su más alto grado, Kaës propone considerar las condiciones intersubjetivas en las que se constituye. Y, al acentuar las condiciones intersubjetivas, considera la hipótesis según la cual ciertas modalidades de la represión están en funcionamiento en las alianzas inconscientes, pactos denegativos y contratos narcisistas. Los datos de la clínica y los procesos asociativos en los grupos aún le permiten asumir la existencia de modalidades del retorno de lo reprimido como tributarios de la economía, de la lógica y de la tópica del grupo.

La propuesta de construir una nueva metapsicología intersubjetiva tendría como objetivo la articulación de las relaciones entre el doble límite constitutivo del espacio psíquico, descrita por A. Green: el límite intrapsíquico entre el Inconsciente y el Pre-Consciente/Consciente y el límite interpsíquico entre el Self y el no-Self. (KAËS, 1993, p.255). Según el autor, el problema es dar cuenta de estos dos hechos ya que estos dos límites se cruzan dentro y fuera de cada sujeto, y que la textura psíquica de la intersubjetividad es la condición del sujeto del inconsciente. En este debate, se pone en práctica la construcción de una tercera tópica, que desde 1970, al formular el modelo del aparato psíquico grupal, ya era una necesidad para el autor, y se volvería más preciso y formateado en 2008, a través de la publicación de Pour une troisième topique de l’intersubjectivité et du sujet dans l’espace commum et partagé (KAËS, 2015). La metapsicología de tercer tipo, tal como se denomina actualmente, conserva todos los objetivos de lo desarrollado en la tercera tópica, aunque le asigna otra dimensión al incluir las visiones dinámicas y económicas.

Esta proposición se basa en el postulado de que las formaciones y procesos en operación (actividad) en los vínculos intersubjetivos son tributarios del mismo inconsciente, como objeto teórico del psicoanálisis. Sin embargo, no son las mismas formaciones ni los mismos procesos los que se manifiestan en el dispositivo clásico del psicoanálisis, referido al sujeto singular. Se trata de mantener la unidad epistémica de lo inconsciente y de trabajar sus formaciones y procesos en el marco de los arreglos específicos en los que se manifiesta. Así, el grupo sería uno de los lugares de manifestación de lo inconsciente. Por lo tanto, se habla del Inconsciente en su modo grupal de manifestación y las alianzas inconscientes expresan la especificidad de esta realidad psíquica.

El análisis de esta realidad psíquica permite formular tres hipótesis sobre el grupo. El primero considera al grupo como un lugar de manifestación del consciente; el segundo considera al grupo como un lugar de trabajo del inconsciente; y, el tercero, evalúa al grupo como un lugar de producción del consciente (KAËS, 1993, p.257; 1994; 2005; 2015) . El concepto de sujeto del grupo, en Kaës, se basa en la consideración de esas tres hipótesis y, por lo tanto, dice respecto del sujeto del inconsciente como sujeto del grupo, del vínculo.

Estas hipótesis argumentan que el inconsciente / la realidad psíquica «no coincide estrictamente en sus procesos de formación, en sus contenidos y en sus manifestaciones, con los límites y la lógica interna del aparato psíquico del sujeto considerado aisladamente» (Käes, 1993, p. 98). La realidad psíquica no coincide con el espacio individual y el soporte corporal y, como consecuencia, requiere recuperar el valor epistemológico del concepto de apoyo en sus tres dimensiones: apoyo, modelo y reparación derivativa (Käes, 1993, p. 98).

Realidad psíquica y alianzas inconscientes: antecedentes

Freud en El inconsciente (1915), afirma:

Así como Kant nos advirtió que no ignoráramos el hecho de que nuestras percepciones están condicionadas subjetivamente y no deben considerarse idénticas a lo que, aunque incognoscible, se percibe, el psicoanálisis nos advierte que no debemos equiparar las percepciones que tenemos a través de la conciencia, con los procesos mentales inconscientes que son su objeto. Al igual que lo físico, lo psíquico no es necesariamente en la realidad, lo que nos parece ser (…) (…) los objetos internos son menos incognoscibles que el mundo exterior».

(Freud, 1915 [1967]).

Así, la realidad psíquica tal como la presenta Laplanche y Pontalis (1970), es «la expresión utilizada a menudo por Freud para designar lo que en la psique del individuo presenta una coherencia y resistencia comparables a las de la realidad material: se trata del deseo inconsciente y los fantasmas relacionados» (LAPLANCHE, J. PONTALIS, J-B, 2014, p.391)

El viaje de Freud sobre la conceptualización de lo que es la realidad comienza en 1895 en el Proyecto de una Psicología para Neurólogos, cuando trabaja sobre la carga energética vinculada a la memoria del objeto; pasa por la construcción de la etiología traumática de las neurosis; y desarrolla, en 1901, a través de la Psicología de los procesos oníricos, la primera formulación del concepto de realidad siendo el inconsciente la verdadera expresión de esta realidad. En 1905, la investigación continuó a través de la discusión entre Fantasía y Realidad y en Tótem y Tabu (1913) consolidó una distinción entre la realidad psíquica y la realidad fáctica. Busca distinguir los eventos externos, llamados hechos, de los eventos internos, llamados pensamientos, y en el trabajo que desarrolla sobre la percepción en los hombres primitivos, incluso discute la importancia de la realidad psíquica en los caminos tomados por la humanidad (EVA, 1998).

En la obra El inconsciente (1915) registra su estudio más consistente sobre este tema y en La pérdida de la realidad en neurosis y psicosis (1925) discute los mecanismos por los cuales la realidad psíquica se separa de la realidad externa. «En el curso del trabajo freudiano siempre habrá espacio para la acción desde el exterior como un elemento real y para el estudio de sus efectos en el mundo mental». (Eva, 1998, p.274). En el contexto de los procedimientos para la investigación sobre la realidad psíquica, los modelos clínicos se constituyen y derivan de sus diversos conceptos. Un primer modelo, «toma la realidad externa tal como es percibida por los órganos de los sentidos» (Eva, 1998, p.  284), y piensa en la realidad interior constituida por los deseos inconscientes disfrazados. Sería la interacción entre estos dos mundos lo que crea la realidad psíquica.  En esto, hay una desviación de la propuesta de Freud de que el inconsciente es la verdadera realidad psíquica. Este modelo supone el acceso, por tanto, a dos realidades, así como a las resultantes. Un segundo modelo privilegia la realidad externa, tomada como una realidad deseable; este modelo ve la realidad psíquica como una distorsión de la realidad externa. En este, se reconoce a la clínica psiquiátrica, cuando mide el éxito o la eficacia de un procedimiento por la desaparición del síntoma; supone que el éxito es el cambio de la realidad psíquica que sería igual a la realidad externa. Un tercer modelo asume el modelo subjetivo como el único posible de conocer. La realidad conocida es subjetiva. No hay condición para separar o discriminar lo interno de lo externo. En todos estos modelos lo que puede mover la vida mental: hay un límite orientado desde fuera, por el grupo social – familia, por ejemplo, y por dentro, por el grupo interiorizado.

«Cuando nos damos cuenta de que la percepción que tenemos es el resultado de una modificación que ejecutamos automáticamente sobre el objeto enfocado, dentro o fuera, es más probable que tengamos en cuenta los espacios que sustentan nuestra percepción»

(Eva, 1998, p.284).

Recordemos que Bion contribuyó en gran medida a entender la realidad psíquica cuando introdujo la cuestión de la realidad del objeto, que confrontaría al sujeto a su «verdad absoluta» la de la propia realidad psíquica inconsciente, que él designa como O.  (KAËS, 2015) Para Kaës, la investigación sobre la realidad psíquica lo lleva a concluir que lo pulsional y la intersubjetividad establecen relaciones de correlación y co-construcción, teniendo así un doble anclaje de la realidad psíquica.

En los estudios sobre la metapsicología del tercer tipo, las alianzas inconscientes son pensadas como una expresión de la realidad psíquica y este debate exige reconocer que la heterogeneidad de los espacios psíquicos, intrapsíquicos, intersubjetivos y grupales no son reductibles entre sí; y tendremos la tarea de pensar cuáles son sus articulaciones – mediaciones.

En esta articulación, es decisivo reconocer al fantasma en su dimensión estructural y distributiva y reconocer el doble eje estructurante de la posición del sujeto y la organización del grupo: el eje de la alianza horizontal con él mismo, sostenido por las identificaciones mútuas a imagen del semejante y el eje de afiliación y afiliaciones, que inscribe al sujeto singular y a los grupos en la sucesión de movimientos de vida y muerte entre las generaciones. Además, se debe considerar la resistencia que opone a cualquier reducción imaginaria, la opacidad del otro o de los otros: la consistencia de la realidad psíquica que envuelve a los sujetos y permite la separación entre unos y otros. Es precisamente este distanciamiento lo que los vínculos imaginarios del grupo pretenden abolir. El análisis debería centrarse exactamente sobre el distanciamiento. (KAËS, 1994). Se anuncian los argumentos para otro modelo clínico.

Alianzas inconscientes y aparato psíquico grupal: algunos sentidos

La conexión y agenciamiento de las formaciones y procesos psíquicos entre los sujetos necesariamente se hacen para mantener o transformar los vínculos intersubjetivos en el grupo, como un todo. Este trabajo psíquico de conexión y disociación, este proceso de transformación se logra a través de la construcción común de un aparato psíquico de agrupación. Las formaciones de la grupalidad psíquica funcionan como organizadores de este aparato (KAËS, 1994).

La noción de contrato narcisístico (Piera Aulagnier) surge para enfatizar que el sujeto llega al mundo de la sociedad y la sucesión de generaciones siendo portador de una misión: tener que asegurar la continuidad de la generación y el conjunto social. El contrato, a través del grupo, asigna y ofrece un lugar a cada uno y este lugar se entiende por el conjunto de voces que lo precedieron.

El aparato psíquico grupal implica ciertas funciones psíquicas que pueden ser inhibidas o reducidas y otras que, por el contrario, pueden ser electivamente movilizadas, manifestadas y transformadas; el aparato se realiza de acuerdo con las modalidades en las que prevalecen las relaciones isomorfas (imaginarias, metonímicas), o las relaciones homomórficas (simbólicas, metafóricas) entre cada sujeto y el conjunto. (KÄES,1994, p. 106). También se apoya la hipótesis según la cual la realidad psíquica inconsciente es en parte transindividual, con lo que se busca dar cuenta de ciertas condiciones intersubjetivas de su manifestación (KÄES, 1994). Se piensa «el grupo como lugar de una realidad psíquica propia y el aparato de formación de una parte de la realidad de sus sujetos» (KÄES, 1993, p.78).

Así, la reflexión sobre la realidad psíquica en grupos, familias e instituciones implica cuestionar sus límites. Cabe admitir que la realidad psíquica consiste, por un lado, en los efectos de los deseos inconscientes de los miembros del grupo y preserva estructuras, contenidos y funcionamientos propios de cada uno de los sujetos. Sin embargo, debemos investigar cómo se manifiesta, qué contenidos se movilizan electivamente, qué transformaciones se requieren y qué efectos produce cuando se vincula a formaciones idénticas, homólogas o antagonistas en los otros sujetos del grupo.

Estas hipótesis designan una región de la realidad psíquica que no adquiere su valor y su consistencia, sino por el hecho de que está vinculada a la agrupación de los sujetos que la constituyen: persiste fuera de su singularidad y acentúa el debate sobre la articulación de lo intrapsíquico, lo intersubjetivo y lo grupal. «La realidad psíquica del nivel grupal se apoya y se modela sobre las estructuras de la realidad psíquica individual, en particular sobre las formaciones de la grupalidad intrapsíquica; estas se transforman, ordenan y reorganizan según la lógica de conjunto» (KÄES, 1993, p. 86). Por lo tanto, el grupo impone un requisito para el trabajo psíquico, comandado por su organización, su mantenimiento y su propia lógica. Admitir que la realidad psíquica no se reduce a la sumatoria de la realidad psíquica de cada miembro del grupo implica admitir que las investiduras y representaciones de cada uno están ligadas y metabolizadas en formaciones y procesos psíquicos originales, (KÄES, 1993; 2005;2009;2015).

Tipos de Alianzas Inconscientes: pactos y contratos

Kaës diferencia y describe cuatro tipos de Alianzas Inconscientes: las estructurantes, las defensivas o pactos denegativos, las alienantes, las patógenicas y patológicas y las ofensivas (KAËS, 2009; 2015). Las alianzas estructurantes (primarias y secundarias) reagrupan aquellas cuyos efectos son estructurantes para los sujetos de estas alianzas y para los vínculos que se tejen entre ellas, como las fundadas en interdictos fundamentales o el contrato narcisístico. Las alianzas defensivas forman un segundo conjunto que consiste en pactos denegativos. Su propósito es esencialmente defensivo. Como derivación de estas, describe las alianzas alienantes y patógenas que forman un tercer conjunto de alianzas, como los pactos perversos y los pactos narcisísticos. El cuarto grupo de alianzas describe las alianzas ofensivas: sellaron el acuerdo de un grupo para «llevar a cabo un ataque, llevar a cabo un proyecto o ejercer la supremacía» (KAËS, 2015, p. 201).

La investigación sobre las alianzas inconscientes es contemporánea de las desarrolladas en 1980, sobre la posición ideológica, expresada en el libro L’Ideologie. Études Psychanalytiques. En ese momento, se estudió las modalidades de agenciamiento y los requisitos requeridos para su mantenimiento, en un enfoque psicoanalítico, motivado por los profundos cambios que habían sacudido a Francia y gran parte del mundo occidental en 1968. Se observó que, en el sujeto singular, la posición ideológica se construyó sobre ciertas bases de la psique infantil y las teorías que ella desarrolla para tratar cuestiones enigmáticas sobre el origen, el nacimiento y la diferencia de género (KAËS, 2016). La idea todo poderosa, la influencia del ídolo y las exigencias de un narcisismo arcaico del ideal, eran lo predominante. Yendo más allá, en este período, se sostenía la proposición de que no era posible ser un creyente solo: la creencia debe ser sostenida por otro, por más de uno, era un requisito fundamental. Y también se acentuó la conexión que la ideología mantiene con el fantasma de la inmortalidad: la ideología (…) desarrolla un discurso lo suficientemente universal como para resistir la representación de las diferencias (…) (KAËS, 1993, p. 266). Los efectos de esta posición ideológica y la alienación generada por ella, en sus formas más radicales, se manifiestan hasta el día de hoy, por ejemplo, en los temas de purificación étnica.

Más recientemente, alrededor del año 2000, la investigación sobre alianzas inconscientes se desarrolló junto con estudios sobre procesos asociativos en grupos. Estas dos pautas de investigación muestran que para asociarse con un grupo no es suficiente que los sujetos se identifiquen con un objeto común, sino que aún deben sellar un acuerdo inconsciente, según el cual, para mantener su vínculo y el grupo que lo contiene, no se trataría de un cierto número de cosas; deben ser reprimidas, archivadas o apagadas, (KAËS, 1993; 2009; 2015).

Las Alianzas Inconscientes, tópicas del inconsciente, reúnen bajo esta denominación los acuerdos inconscientes establecidos entre varios sujetos. Los pactos narsicísticos, los pactos denegativos, las alianzas denegadoras, la comunidad de negación, el contrato narcisístico (Aulagnier, 1979), son manifestaciones de estas alianzas. Ellas tienen un tópico y se sitúan en los puntos de enlace con las relaciones reprimidas que sustentan los sujetos singulares y los conjuntos, de los cuales son la parte constituida y la parte constituyente.

«Se forman en esta conjunción que no es la del colectivo, sino la de la intersubjetividad. Las alianzas inconscientes son formaciones de un aparato psíquico de los sujetos de un conjunto intersubjetivo: pareja, grupo, familia, institución. Determinan las modalidades de vínculo entre los sujetos y el espacio psíquico del grupo a través de ellos”.

(KAËS, 1993, p. 278).

Las nociones de contratos, pactos y leyes están en el corazón de la intersubjetividad y la sociabilidad. La ley trasciende las alianzas y se impone como garantía del orden humano, para estructurar las relaciones de deseo e interdicción entre los sujetos. Para la psicoanálisis, sin embargo, el noción de contratos, pactos y alianzas se constituye sobre otra base. No se refiere a la salvaguarda de los derechos individuales, sino a las condiciones constitutivas del sujeto del inconsciente, (KAËS, 1993; 2009; 2015).

La noción de contrato narcisístico (Piera Aulagnier) surge para enfatizar que el sujeto llega al mundo de la sociedad y la sucesión de generaciones siendo portador de una misión: tener que asegurar la continuidad de la generación y el conjunto social. El contrato, a través del grupo, asigna y ofrece un lugar a cada uno y este lugar se entiende por el conjunto de voces que lo precedieron, según el discurso del mito fundacional del grupo. El contrato designa cuál es el fundamento de la relación entre sujeto y sociedad, individuo y grupo, discurso singular y referencia cultural. El pacto narcisístico, como lo entiende Kaës, es el resultado de una paz impuesta, a diferencia del contrato. El pacto narcísico contiene y transmite violencia: «el pacto narcisístico designaría así una atribución unívoca o mutua a un lugar de perfecta coincidencia narcisista y esta ubicación no soportaría ninguna lejanía (…)” (KAËS, 1993, p.274; 2009)

El pacto denegativo aparece como contrafaz y complemento del contrato narcisístico. Kaës introduce esta noción, en 1985, con el propósito de describir una tópica del vínculo intersubjetivo. «Al principio propuse el concepto para designar varios tipos de mecanismos de defensa y diversas modalidades de la aparición de lo negativo en los vínculos grupales» (KAËS, 2009, p.113). Presenta dos polaridades: una es organizadora del vínculo y la del conjunto, la otra es defensiva. De hecho, cada grupo particular está organizado positivamente sobre investiduras mutuas, sobre identificaciones comunes, sobre una comunidad de ideales y creencias, sobre un contrato narcisístico, sobre modalidades tolerables de logros de deseos (…); cada conjunto también está organizado negativamente en una comunidad de renuncias y sacrificios, sobre extinciones, rechazos y represiones, sobre un dejar de lado y sobre restos. » (KAËS, 1993, p. 274). El pacto, en general, es el resultado del trabajo de producir el inconsciente necesario para la formación y mantenimiento del vínculo intersubjetivo, ( KAËS, 2009).

La alianza Inconsciente se piensa, de esta manera, como formación psíquica intersubjetiva construida por los sujetos de un vínculo para reforzar, en cada uno de ellos, ciertos procesos, ciertas funciones o ciertas estructuras de las que se benefician de tal manera que, la conexión que los mantiene unidos, toma un valor decisivo para la vida psíquica. «El grupo así conectado no tiene su realidad psíquica, sino por las alianzas, contratos y pactos que los sujetos establecen y que su lugar en el todo les obliga a mantener. Una alianza inconsciente implica así la idea de obligación y de sujeción» (KAËS, 1993, p.278). Por lo tanto, están al servicio de una función represiva/represora y también son medidas de una sobre-represión, una especie de duplicación de la represión, ya que se manifiestan no sólo en los contenidos inconscientes, sino en la propia alianza. (FERNANDES, 2005, p.129)

Como afirma el autor, desde el momento en que los dispositivos psicoanalíticos se expandieron a situaciones plurisubjetivas como el grupo, la familia, la pareja y las instituciones, los espacios psíquicos movilizados en ellos son de realidades específicas, comunes y compartidas entre los sujetos. El modelo del aparato psíquico grupal busca la inteligibilidad de estos tres espacios de realidad psíquica inconsciente que tienen contenidos psíquicos específicos, organizaciones y funcionamiento con una tópica, economía y dinámica distintas. Son relaciones complejas que articulan, distinguen y oponen el espacio del sujeto singular de espacios plurales intersubjetivos y transubjetivos. Este proceso de equipamiento da como resultado formaciones comunes a los miembros del grupo y al grupo que forman, pero también procesos y formaciones que bordean y enlazan entre estos espacios (KAËS, 2015). Este proceso del aparato resulta en formaciones comunes a los miembros del grupo y al conjunto que forman, pero también procesos y formaciones que hacen frontera y vínculo entre estos espacios (KAËS, 2015).

Allí está la originalidad del pensamiento del autor. De ella surge la cuestión de qué escucha constituyen los diversos dispositivos. Ciertamente la elección del psicoanalista se definirá en varias dimensiones: clínica, metodológica y epistemológica. Aunque se cumple como una función constante, sea cual sea el dispositivo en acción, al aceptar el aplazamiento de la respuesta, poner en espera la petición y dar la respuesta a otro nivel, en relación con el cual se solicita directamente, se lee con múltiples espacios, con otros ajustes del campo transferencial-contratransferencial y el trabajo de interpretación difiere del trabajo realizado. en el dispositivo clásico. El primer objetivo del trabajo psicoanalítico, sin embargo, es la recreación por el sujeto del espacio psíquico «en el que su capacidad de amar, jugar y trabajar se libera de su autoalienación y alienación al otro y a más de uno», (KAËS, 2015, p. 156).

Notas:
Este artículo, con cambios menores, se refiere al texto Alianzas inconscientes: un operador clínico que trabaja con parejas y familias, capítulo 11 del libro Psicoanálisis con pareja y familia: una introducción, São Paulo, Editora Blucher, 2022, que se editará próximamente.

Referencias
EVA, A.C. Realidad psíquica y realidad material, RBPSP, 1998.
FERNANDES, M.I.A. Negatividad y Vinculación. El mestizage como ideología. São Paulo, Casa do Psicólogo, 2005.
FREUD, S. Obras completas, Tomo I, II e III, Madrid, Ed. Biblioteca Nueva,1968.
KAËS, R. La Categoria del Intermediario y la Articulación Psicosocial. Revista de Psicología y Psicoterapia de Grupo, 1984, I ,92-106.
KAËS, R. Categoría intermedia de Freud: ¿un concepto para el psicoanálisis? L’Evolution Psychiatrique, 1985, 50,4, pp 893-926.
KAËS, R. El Grupo y el Tema del Grupo. París, Dunod, 1993.
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KAËS, R La Poliphonie du Rêve. París, Dunod, 2002.
KAËS, R El intermediario en el enfoque psicoanalítico de la cultura. Revista Usp Psychology, Dossier Fronteras entre el Psicoanálisis y la Psicología Social 2003, vol 14 ( 3), pp 15-33.
KAËS, R. Los espacios psíquicos comunes y compartidos. Transmisión y negatividad. São Paulo, Casa do Psicólogo, 2005.
KAËS, R. Un plural singular. Psicoanálisis en la Prueba del Grupo. París, Dunod, 2007.
KAËS, R Las alianzas inconscientes. París, Dunod, 2009.
KAËS, R. La extensión del psicoanálisis. Pour une Métapsychologie de Troisième Type, París, Dunod, 2015.
KAËS, R. Ideología. L’idéal, l’idée l’idole, París, Dunod, 2016.

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