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Yuval Noah Harari es uno de los pensadores más influyentes del último lustro y uno de los más consultados, por medios de todo el mundo, en las últimas semanas. En su libro Homo Deus, publicado en 2016, planteaba que la agenda de temas determinantes de las preocupaciones humanas estaba cambiando radicalmente. En el siglo XXI, concluía, la felicidad dependía más de expectativas que de condiciones objetivas porque el hombre estaba logrando dominar los grandes males que habían afectado su existencia a lo largo de los siglos. Los tres males que los humanos controlaban progresivamente eran el hambre, las guerra… y las pestes.
Desde marzo de 2020, el tema casi excluyente de la agenda humana es el coronavirus. Vivimos una experiencia paradójica. Un momento de gran aceleración histórica provocado por el detenimiento de buena parte de la actividad humana. Nuestra vida cambia rápidamente, los temas que parecían relevantes hace pocas semanas perdieron hoy toda relevancia; el pasado se aleja y, simultáneamente, el futuro se desdibuja por la extraordinaria incertidumbre que inunda el presente.
Afrontamos un desafío como especie. La nuestra se impuso al resto, afirma Harari, por nuestra capacidad de cooperar de manera flexible. Esa capacidad se tradujo en un sistema de interconexión e interdependencia global sobre el que se apoya nuestra forma de vivir. La dinámica de ese sistema debe interrumpirse para frenar la propagación del virus. Pero esa capacidad cooperativa, nos dice hoy el autor de Sapiens, es lo que nos puede sacar de esta crisis.
Afrontamos un desafío como especie. La nuestra se impuso al resto, afirma Harari, por nuestra capacidad de cooperar de manera flexible.
Un primer reflejo ante la pandemia es la inclinación a subordinar principios democráticos a fórmulas autoritarias que ofrezcan una aparente seguridad. El modelo chino, más exitoso que el europeo en la contención del virus, se apoyó en una vigilancia estricta, duras restricciones y una disciplina derivada del rigor del régimen. Harari confía en la información y el empoderamiento ciudadano. Confía en que el conocimiento de las normas de higiene y distanciamiento social para combatir el virus es más poderoso que el temor de quebrar una norma cuyo sentido no se comprende.
Enfrentamos una amenaza a nivel mundial que requiere una respuesta coordinada. Llega, lamentablemente, después de muchos años de socavamiento de las instituciones, liderazgos y mecanismos de cooperación internacional. Las tendencias nacionalistas y populistas se encarnan en los conductores de muchos de los principales países de la Tierra. La pandemia nos obliga a recuperar rápidamente nuestro espíritu colaborativo para implementar un plan a nivel mundial.
¿En qué consistiría ese plan? Harari responde: compartir información y aprender de los que primero atravesaron los brotes; coordinar la producción mundial y la distribución de recursos médicos; crear una red de seguridad económica. No hay salidas individuales ni nacionales; la salida será global o no será, postula.
Todos nos preguntamos cómo será “el día después”. Seguramente tendremos estados mucho más presentes de lo que estábamos habituados, la automatización y la digitalización se extenderán en las industrias, muchas costumbres se modificarán y el impacto de la pandemia se registrará con mayor dureza en los países menos desarrollados, afectando sus futuros regímenes políticos. Pero el futuro todavía no llegó. Harari nos deja una predicción inquietante: “Lo que elijamos en el próximo mes o dos cambiará el mundo durante años o incluso décadas”.
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Un comentario
Excelente síntesis de Harari y de la situación del mundo hoy.