Edición
46

Cadáver exquisito. Una mirada futurista de la compleja cadena del poder y la violencia.

Buenos Aires
Agustina Bazterrica usa la distopía como recurso para mostrar el horror del que somos capaces, amparados en el discurso oficial y la alienación.
Agustina Bazterrica

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La novela Cadáver exquisito, de la escritora argentina Agustina Bazterrica, ha tenido una amplia difusión dentro y fuera de su país. Fue merecedora del Premio Clarín, actualmente forma parte del currículum de educación secundaria y ha sido traducida a más de 10 idiomas.
Esta ficción muestra que, en algún momento de un futuro no muy lejano, el mundo que conocemos puede cambiar radicalmente cuando, a causa de un virus que afecta a los animales queda impedido su consumo y se empieza a criar humanos para la cadena alimenticia.
La narración muestra la dinámica del poder, la estratificación de clases y el uso del lenguaje como arma de ordenamiento social, Fen una ficción que tiene mucho de realidad y denuncia.
Su lectura ha servido de disparador de polémicas y reflexiones del calibre de
Rendición, de Ray Loriga, las novelas de Ray Bradbury y hasta 1984, de George Orwell. 

Cadáver exquisito trata sobre la muerte desde muchos planos: la muerte física de los humanos en el matadero y la muerte del hombre ante la imposición del poder. Como escritora, ¿qué te mueve a enfrentar el tema de la muerte y cómo piensas que tus lectores están recibiendo el tema?

Sí, completamente de acuerdo. El libro habla de distintos tipos de muertes. Creo que lo que me mueve a enfrentar el tema, en este y en otros, es por un lado la incógnita sobre de dónde venimos y hacia dónde vamos y por el otro, tratar de entender por qué matamos. Es una mirada crítica, conmovida por la cultura de la violencia y el maltrato. No sólo la violencia de los actos como pueden ser abusos o asesinatos, sino el universo que vamos tejiendo con nuestras palabras que hieren, lastiman, desgarran, palabras que pueden matar, anular a una persona. Vivimos en ese entramado de micro y macro violencias y, en general, somos indiferentes.

los lectores se conmueven porque nunca pensaron en la posibilidad de que lo mismo que le hacemos a vacas y cerdos se lo hagan a ellos. Creo que lo mejor que está pasando con este libro es que lo están dando en muchísimas escuelas y tengo la posibilidad de hablar con los estudiantes sobre la cultura poco solidaria que seguimos perpetuando…

La mayoría de los lectores se conmueven porque nunca pensaron en la posibilidad de que lo mismo que le hacemos a vacas y cerdos se lo hagan a ellos. Creo que lo mejor que está pasando con este libro es que lo están dando en muchísimas escuelas y tengo la posibilidad de hablar con los estudiantes sobre la cultura poco solidaria que seguimos perpetuando, sobre cómo pensamos en el otro (humano, animal, naturaleza) como en una amenaza, no como en un terráqueo, un par y es por eso que creemos que tenemos derecho a lastimar, matar, violentar, como vos decís, a imponer nuestro poder.

Podemos decir que en general el latinoamericano tiene una relación cercana con la muerte. ¿Encuentras lo mismo de parte de tus lectores en otros países?

Las reacciones son parecidas, no importa el país o la cultura porque, lamentablemente, todos somos conscientes de que en cualquier momento alguien puede matarte. Como dije, no sólo hablo de la muerte literal. En la trata hay personas que están en cautiverio, que las violan y drogan todos los días y están viviendo un tipo de muerte eterna. Al vivir en un mundo violento, todos somos vulnerables, a todos nos pueden “faenar” simbólicamente.

¿Y qué nos dices de los lectores jóvenes? Tu libro se lee en las secundarias de Argentina…

Sí, en secundarías, universidades, institutos terciarios. Soy muy afortunada y estoy muy agradecida por lo que está pasando con este libro. He hablado en muchísimas escuelas y para mi son prioridad. Esta semana, por ejemplo, tuve tres Zoom con distintas escuelas, pero el año pasado, cuando se podía, viajé a escuelas que quedan muy lejos de donde vivo. Fui a Coronel Suárez a hablar en una escuela rural donde había máximo 20 alumnos y fueron 8 horas de viaje en colectivo. Fue una experiencia preciosa que jamás voy a olvidar. Lo tomo como mi pequeño, mínimo aporte a la educación de mi país que tanto me dio, porque mi carrera la estudié en la Universidad de Buenos Aires que es gratuita. Si puedo apoyar a las y los profesores que para mí son héroes y heroínas, sin dudas, lo voy a hacer.

Los profesores me dicen que dan Cadáver exquisito porque los teens lo leen entero, se quedan impactados, quieren hablar sobre lo que sintieron. Me han mandando trabajos, ensayos, obras de arte, book trailers, infografías, portadas, hasta me cantaron dos traps inspirados por la lectura del libro. Lo que más se repite es que no pueden creer el final y me preguntan por qué, por qué, por qué y eso me da el pie para hablarles del capitalismo feroz en el que nos criaron y de cómo sería tan positivo ser más solidarios los unos con los otros para vivir en un mundo menos cruel.

En la ficción de tu novela muestras la dinámica del poder del mercado y los gobiernos, y los dotas de una herramienta poderosa: el lenguaje. ¿Opinas que las estructuras de poder en la realidad siguen esta táctica de imposición de ideologías por medio del lenguaje? En otras palabras, ¿qué tanto de realidad hay en tu ficción?

Las palabras son muy poderosas, crean la realidad. El lenguaje nunca es inocente, es político, y las palabras que decimos, o dejamos de decir, expresan la manera que tenemos de posicionarnos en el mundo. Además de que el lenguaje es un cómplice en la construcción de la realidad es un canal a través del cual naturalizamos situaciones que si las nombráramos tal cual son nos harían reaccionar de otra forma. Entonces, me parecía importante que en una distopía en donde lo que yo hago es construir una nueva realidad en la que es legal comer humanos, que el lenguaje estuviera completamente presente. Es por eso que hay palabras prohibidas, palabras que pueden romper ese mundo y generar rechazo a la situación, como hablar de “canibalismo”, por ejemplo. Frecuentemente el lenguaje oficial encubre situaciones, promueve el ocultamiento y la poesía, la literatura, el arte revelan y develan.

Por eso, en las grandes distopías, como 1984, Farenheit 451 o El cuento de la criada, los libros se queman, los libros se prohíben, el lenguaje se reformula. El narrador de Cadáver exquisito, que es una tercera persona focalizada, está todo el tiempo atento a qué es lo que dicen las otras personas.

el lenguaje es un cómplice en la construcción de la realidad es un canal a través del cual naturalizamos situaciones que si las nombráramos tal cual son nos harían reaccionar de otra forma.

La palabra tiene un enorme poder. Las palabras pueden cambiar realidades o pueden petrificarlas. No es algo teórico, hay ejemplos concretos, reales. En el lenguaje español hay 101 sinónimos para la palabra “puta” refiriéndose a una mujer que tiene relaciones sexuales con muchos hombres, pero no existe ninguna palabra que indique lo mismo para los hombres. Además, esos 101 sinónimos son todos negativos porque nos quedamos petrificados ante la idea de que es algo inaceptable. No hay dudas de que una mujer que tiene sexo con muchos hombres está cometiendo algún tipo de falta. Ahora que comenzamos a trascender esa matriz represora que es el patriarcado, que la estamos empezando a resquebrajar, es importante empezar a resignificar palabras, entre ellas puta, como algo positivo. Otro ejemplo con las palabras es “feminicidio”, que hasta hace algunos años no se escuchaba en Argentina, y lo que se decía era “crimen pasional”. Donde la explicación era “él la mató por celos”, “él la mató porque la amaba”. Así, se justificaba la violencia en contra de esa mujer, y se reducía la pena del asesino. En cambio, cuando a estos asesinatos se los comenzó a llamar “feminicidiosse hizo referencia a que hay hombres violentos que matan a mujeres por ser mujeres. Al hablar, al llamar a las cosas como son, las descubrís y la gente es más consciente de la realidad. Entonces, empieza a transformarse de a poco. Si bien sigue habiendo feminicidios, antes se justificaba al hombre y ahora se lo condena.

La estética de Cadáver exquisito explora un lenguaje muy ceñido y curado y una estructura parecida al relato corto. Frases cortas, breves y directas. Cuéntanos sobre el proceso creativo que seguiste.

Hay una parte del proceso de escritura que es visceral, intuitivo. Hay palabras que me resuenan en el cuerpo y otras que rechazo por el sonido, por ejemplo. Y lo mismo ocurre con la estructura que me pide la historia. En este caso tomé el lenguaje narrativo y visual de los best seller (ej. Stephen King) porque entendí que, si escribía con un lenguaje barroco, ultra completo (como sí lo hice en mi primera novela Matar a la niña) el libro iba a ser imposible de leer. La historia es tan densa en contenido que para contarla el lenguaje tenía que ser sencillo, pero muy preciso, o curado como bien decís. Me alegra que hayas notado la cadencia del relato corto, porque la tiene. Cada capítulo está trabajado como un cuento, donde nada debería sobrar ni faltar, donde intento manejar la economía de recursos para focalizar en lo que me importa de la historia sin desviarme. Pero esta decisión, en un punto, no fue tan racional porque cuando me senté a escribir los primeros párrafos de la novela lo que surgió fue ese lenguaje, ese personaje, ese clima.

Te doy otro ejemplo. En la novela que estoy escribiendo ahora la protagonista es una niña. Intenté escribir la historia en tercera focalizada, como lo hice en Cadáver Exquisito, pero hay algo que me impide hacerlo, algo que no funciona y la pasé a primera, necesito oír la voz de esa niña. No sé en qué terminará, quizás me de cuenta de que la primera no funciona por algún motivo, pero por ahora mi intuición me dice que tiene que ir en primera.

Cuéntanos sobre Diecinueve garras y un pájaro oscuro, tu último libro. ¿Tus lectores pueden esperar el manejo de lo sórdido como una constante de tu estilo? 

Sí, hay un manejo sórdido o truculento, pero a diferencia de Cadáver Exquisito en muchos de los cuentos de Diecinueve garras y un pájaro oscuro hay humor e ironía. Sigo la misma línea de denuncia que en Cadáver Exquisito porque trabajo con abusos, mandatos, en definitiva, exploro los distintos tipos de violencias, crímenes, terrores, pero sin el grado de crueldad que manejo en la novela. Los lectores se ríen, hasta que se dan cuenta del tema del que se están riendo y se les congela la sonrisa.

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