Edición
48

Ana María Shua. «Toda la literatura es acerca de la muerte¨

Buenos Aires
La escritora argentina participará en un homenaje a Monterroso en la Feria del libro de Miami. El “padre del microrrelato” junto a “la reina”, dos obras marcadas por la ironía, el humor y la conciencia de la finitud de la vida.

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Ana María, sos una escritora prolífica, has publicado cuentos, novelas, microrrelatos, poesías, y muchísima literatura infantil. ¿Siempre tenés tanta inspiración?

La mayor parte de las veces no se me ocurre nada. Lo más normal es el bloqueo, no la inspiración. Y, de hecho, yo tengo una forma de descanso, y que al mismo tiempo es productiva, que es la adaptación de cuentos y leyendas populares. Es un trabajo que he hecho para chicos, pero también para grandes. Tengo una gran cantidad de libros armados así. Y bueno, cuando no se me ocurre nada hago eso, no dejo de escribir, hago adaptaciones y reescrituras.

En cierto sentido esas leyendas populares, ese folclore al que acudís cuando no tenés ideas, te inspira.

Por supuesto que sí. Muchos microrrelatos han salido de mis lecturas de cuentos y leyendas populares, seguro.

O sea, que la inspiración y la creatividad van por el mismo lado.

Claro, seguro que sí.

La última vez que hablamos me comentaste que tenías ganas de reunir tus conferencias, tus artículos en algún libro sobre literatura. No sé si estuviste trabajando en eso.

No, no estuve trabajando en eso porque se me van cruzando otros libros. Sé que a las editoriales no es lo que más les interesa publicar de mí porque esos libros son poco comerciales. Y bueno, no tengo apuro. De hecho, el año que viene, para el 2022, voy a publicar un nuevo libro de cuentos.

¿Para adultos?

Sí, para adultos. Y quizás para el 2023 voy a tener un libro de Haikús.

De hecho la brevedad es una de las características de tu escritura…

También escribo novelas. Pero si, no es solo la brevedad sino es el rigor, la rigurosidad del formato, el 5, 7, 5 me produce un enorme placer. Mantenerme rígidamente dentro de ese formato y así todo poder expresar algo. Eso me gusta mucho, me hace acordar a mis épocas de redactora publicitaria, que yo reivindico mucho, porque para mí escribir es escribir. Uno puede escribir un prospecto medicinal y hacerlo literariamente también. Y cuando yo escribía trabajando en publicidad, muchas veces nos pedían frases de 10, 15, 20 y 25 palabras y para mí era un gran placer. Cuando le tomaba el ritmo y ya automáticamente tenía que ser de 20 palabras y me salían exacto, 20 palabras exactas, era muy placentero.

Todo un desafío. Los que decís que va a salir el año que viene son cuentos, no microcuentos.

Sí, en realidad van a salir dos libros porque uno se publicará en Argentina y otro, que no va a ser exactamente igual, en España.

¿No va a ser exactamente igual?

Compartirán algunos cuentos, pero no va a ser igual. Todos serán los cuentos inéditos.

Bueno, qué interesante, vamos a esperarlos entonces. ¿Vendrás a presentarlos a Miami?

Bueno, si me invitan.

Claro que sí. Y ya que estamos con Miami y la Feria, este año te han invitado a presidir la mesa sobre Monterroso.

Sí, sobre Augusto Monterroso, es un placer y un honor.

El padre del microrrelato, junto a la reina del microrrelato. ¿En qué sentido ves similitudes entre tu obra y la de Monterroso?

Bueno, son microrrelatos, pero creo que hemos trabajado de una manera bastante diferente. Él juega más con el formato fábulas, que son un poco mentirosas porque no tienen moraleja, son unas fábulas perturbadoras que dejan al lector en la duda, que es como debe ser la buena literatura. Y también trabaja mucho con la paradoja, eso yo también lo hago en algunas cosas y por supuesto nos tocamos. Pero, sus textos son muy políticos, de una manera también ambigua, perturbadora, Monterroso es, fue un gran escritor y un gran humorista. Hablo muchas veces en presente porque los escritores siguen viviendo en sus libros y como todo gran humorista tiene un trasfondo de amargura que se lee en casi todos sus textos, aun en los más breves. Creo que esa no es una característica de mis microrrelatos, yo voy para otro lado. También trabajo con la paradoja, con el humor, pero no tengo ese trasfondo de amargura, que es muy típico de Monterroso, hay una cosa dolorosa que corre por debajo.

En algún lugar leí que él mismo decía que un buen cuento en el fondo siempre iba a ser triste.

Claro, triste. Digamos que no hay forma, me parece, de escribir buena literatura sin algún trasfondo de tristeza. Me acuerdo de alguien que en algún momento se propuso armar una antología de cuentos alegres y simplemente no lo logró, no encontró suficientes cuentos alegres como para hacer una antología. Porque la literatura trata acerca de la vida humana y la vida humana no termina bien, es así. Ninguna historia humana termina bien, esa es la quintaesencia de la literatura. En el fondo, toda la literatura es acerca de la muerte.

Después cómo se narra esa muerte, cómo se narra esa falta, ese dolor…

Cómo se narra, cómo se esquiva, cómo se finge olvidarla y demás, cómo se juega. Pero bueno, la finitud de la vida, esa es la quintaesencia del arte, no solo de la literatura.

Otro ejemplo de similitudes entre tu obra y la de Monterroso es el manejo de la ironía. Lo veo muy irónico y vos también son muy irónica.

Sí, en eso me siento totalmente identificada.

Con respecto al género del microrrelato en sí, como decíamos antes, no se trata solo de brevedad sino de condensación: El tiempo de lectura es breve pero el microrrelato continúa, no termina ahí, termina como espacio de lectura, pero continúa en la cabeza del lector.

Sí claro, cuando las cosas salen bien es así, como con cualquier pieza literaria. De hecho, lo mismo pasa con un cuento, con una novela, con los textos que nos interesan, los que nos movieron el piso de una manera u otras nos siguen trabajando en la cabeza.

Hoy por hoy, creo que casi todo el mundo sabe lo que es un microrrelato, solo que, no sé si te parece, pero es como si fuera un género que está de moda. Yo veo que hay cuentas de Instagram, concursos en todos lados sobre microrrelatos.

Es muy curioso porque está como de moda la producción de microrrelatos, pero no la lectura del microrrelato. Pasa un poco como la poesía, uno dice a veces “bueno, si toda la gente que escribe poesía leyera poesía…”, entonces así los libros de poesía serían best sellers. Hay muchísima gente que escribe, pero no tanta que lee. Muchas veces me dicen, bueno, el microrrelato es género de esta época porque es breve y la gente no tiene tiempo para leer y demás. Yo digo, bueno, vayan a la lista de best sellers y dígame cuántos libros de microrrelatos han visto este año allí. Cero, no hay ninguno porque la verdad es que el género de esta época son las novelas de mil páginas, las novelas gordas, eso es lo que la gente tiene más ganas de leer.

No había pensado en esa diferencia, porque pienso que si alguien quiere escribir en un determinado género tiene que primero obviamente leer mucho de ese género. Pero no es así siempre.

No lo es, y además los géneros breves son especialmente tentadores para la gente que lee poco. En fin,  el resultado suele ser malo.

Es malo, claro, porque hay producción, pero por ahí creen que es solamente escribir cortito, pero…

Es lo mismo que pasa con la poesía. Un mal libro de versos se puede escribir en una noche, pero una pésima novela, no. Una pésima novela da mucho más trabajo. Entonces, el escribir mal y cortito es bastante sencillo, así que estos géneros son muy, muy tentadores para la gente que se conforma con eso.

Vos sabes realmente lo que es microrrelato y también un poema…

Un poema que está en el lugar más alto de la jerarquía literaria. Sin embargo, es el género que más atrae a los malos escritores.

¿El microrrelato o la poesía?

La poesía.

¿Le ves futuro al microrrelato?

Sí, le veo futuro y le veo pasado, es viejo como la humanidad. Si vos agarras Las mil y una noches, por ejemplo, hay una sección, que está como por el medio, cuando ya Scherezade lo tiene en un puño al Sultán y no necesita dejar abierto un cuento para que el Sultán le perdone la vida para escuchar cómo termina. En esa sección hay un montón de microrrelatos que son lindísimos que son típicos microrrelatos.

Es muy curioso porque está como de moda la producción de microrrelatos, pero no la lectura del microrrelato. Pasa un poco como la poesía, uno dice a veces “bueno, si toda la gente que escribe poesía leyera poesía…”, entonces así los libros de poesía serían best sellers. Hay muchísima gente que escribe, pero no tanta que lee. Muchas veces me dicen, bueno, el microrrelato es género de esta época porque es breve y la gente no tiene tiempo para leer y demás. Yo digo, bueno, vayan a la lista de best sellers y dígame cuántos libros de microrrelatos han visto este año allí. Cero, no hay ninguno porque la verdad es que el género de esta época son las novelas de mil páginas, las novelas gordas, eso es lo que la gente tiene más ganas de leer.

El Calila y Dimna es el libro más antiguo que se conoce en español, es una traducción de un libro de la India, que a su vez recoge una serie de historias que se supone que vienen de Persia. Son microrrelatos, son dos animales que se cuentan uno al otro, cuentos brevísimos. Después hay ciertos críticos que definen el microrrelato de una manera mucho más rigurosa, no solo por su extensión, sino que exigen una cantidad de características, la elisión, darle al lector la posibilidad de completar el sentido, o hay quienes consideran que el relato latinoamericano tiene que ser humorístico o juguetón, o esto o aquello. Pero yo creo que la única definición real y concreta es la de la extensión. Porque en cuando empezás a enumerar las características que debería tener el microrrelato para ser un microrrelato, enseguida aparece algún autor genial que salta por encima de ese cerco y escribe un microrrelato que no tiene esas características. Y, sin embargo, por ejemplo, se habla mucho de que tiene que ser humorístico, juguetón y demás, y de pronto te encontrarás con ese famoso cuento de horror de Arreola, el que dice: “la mujer que amé se ha convertido en fantasma, yo soy el lugar de las apariciones”, que no tiene nada de humorístico, ni de gracioso ni de juguetón, y es un directo al plexo solar. Es un microrrelato maravilloso, angustiante, doloroso y muy bello y se escapa por las grietas de las definiciones. Han corrido ríos de tinta tratando de explicar las diferencias entre el cuento y la novela, y la verdad, la cruda y brutal realidad, es que la diferencia está en la extensión. Si tomas a una autora como Alice Morrow, ella escribe cuentos que son como novelas, tienen todas las características de una novela, pero tienen 15-20 páginas. Son cuentos, y sin embargo, tiene un estilo de trabajo con los personajes que hace inevitable llamarla novela, se parece muchísimo a la novela, pero son cuentos porque son cortos.

Hoy en día están muy de moda los talleres de escritura ¿Se puede enseñar a escribir? ¿Qué pensás?

Bueno siempre me acuerdo de una escena de una película famosa que se llama All that jazz y en un momento, el coreógrafo está tratando de armar su línea de coro y hay una de las bailarinas que baila mal y entonces él le grita, la chica se pone a llorar y el tipo se acerca y le dice: Mira no sé si alguna vez te voy a poder enseñar a bailar bien, no sé si ni siquiera te puedo asegurar que vas a bailar aceptablemente, pero sin ninguna duda cuando salgas de acá vas a bailar mejor de lo que bailabas cuando entraste. Y eso es lo que uno le puede dar a la gente en un taller. El que no es escritor no se va a convertir en escritor en el taller, pero sí puede aprender a escribir mejor de lo que escribía, eso sí, segura.

La técnica, el talento…

La técnica, el trabajo, el escuchar las opiniones ajenas. En fin, se puede aprender mucho, el que no es escritor no lo va a hacer porque vaya a un taller. Además, hay últimamente como una cosa muy voluntarista con la escritura, que con esfuerzo trabajo y disciplina se puede convertir uno en un escritor. Y no sé por qué eso se plantea con respecto a la literatura. Si lo planteas con respecto a la música, al canto, por ejemplo, a nadie se le ocurre que alguien con trabajo y disciplina se va a convertir en un gran cantante si no tiene voz. Es así, algo hay que tener para empezar. Y, además, hay que tener una tremenda y brutal pasión por los libros y por la literatura y hay que ser un extraordinario lector. Por eso a veces me preguntan si a alguien que quiera escribir le tengo que aconsejar que lea mucho. Si tengo que venir a aconsejarle que lea mucho es que no va a ser escritor; alguien que sea escritor lee mucho sin que nadie se lo aconseje. La disciplina y el hábito de la escritura para mí es fundamental, lo que pasa es que no alcanzan para convertirse en escritor. Pero tampoco el talento alcanza para convertirse en escritor. Tienen que coincidir las dos cosas, contar con algún talento, alguna posibilidad personal que vaya para ese lado y después viene todo eso de la disciplina, el trabajo y la voluntad.

¿Vos tenés una rutina como escritora que seguís todos los días?

Si, absolutamente y con mucho placer. Yo me levanto todos los días, tomo el desayuno y me voy a encerrar a mi oficina, a mi lugar de escribir.

Entonces, no te cambió mucho la vida con la pandemia.

Bueno sí, porque el resto del día vivo y salgo y hago otras cosas. Me cambió la vida, no diría igual que a todos, como a la gente que estaba acostumbrada a trabajar estando en contacto con otras personas. Pero sí, me cambió la vida igual que a cualquiera. Excepto en el trabajo.

Hay una pregunta que hace Gerry Garbulsky en su podcast Aprender de Grandes. Él dice: imagínate que fuera posible, o alguien inventara, la máquina del tiempo, y las personas pudieran trasladarse al pasado o al fututo por un tiempo y volver, es ida y vuelta. ¿Dónde elegirías ir? ¿A qué lugar y a qué tiempo elegirías ir?

Bueno, primero que nada, la máquina del tiempo ya existe, digamos, la máquina del tiempo está funcionando permanentemente. Lo que uno quisiera no es tener la máquina del tiempo, es que la máquina del tiempo pare, quedarse aquí, echar el ancla. Pero bueno, en fin, con esa posibilidad de ir y volver a mí me gustaría ir al futuro, conocerlo.

¿Qué futuro? ¿Dentro de qué?

Voy a ser muy sincera, no voy a decir lo más interesante desde un punto de vista literario, sino la verdad de mi vida. Me gustaría ir a ver cómo son mis nietas de grandes, por ejemplo, que no las voy a conocer, porque mis nietas son chiquitas. Me gustaría poder ver en qué tipo de personas se convierten, eso me encantaría. Y por supuesto, me gustaría ver un poco como es el mundo en el futuro. Pero, sospecho que no lo entendería, si me traslado cien años adelante no entendería nada, porque ya este mundo me resulta muy incomprensible y misterioso.

Volviendo a Monterroso, en la mesa redonda van a hablar profundamente de su obra desde distintos aspectos.

Sí, además es muy interesante como cada uno de los autores trajo, y sin ponernos de acuerdo, una visión distinta de Monterroso y lo observó desde distintos ángulos. A Monterroso le pasó algo terrible: tuvo el problema ese de escribir El dinosaurio: “Cuando se despertó el dinosaurio todavía estaba allí” y se lo comió, se lo comió a Monterroso, e hizo desaparecer el resto de su obra. Entonces a veces es increíble y muy molesto que la gente conozca a Monterroso por El dinosaurio y no tenga la menor idea de la obra magnífica que escribió.

Estuvo bastantes años sin escribir, su obra no es muy vasta.

Él se jactaba de ser perezoso. Y la verdad es que tenía un ingenio maravilloso, solo el hecho de ponerle a un libro Obras completas y otros cuentos me parece una muestra de humor e ingenio extraordinario. Monterroso por otro lado cumple con algo que yo les pido siempre a los microrrelatistas y a la gente que quiere escribir microrrelatos que es que no sean microrrelatistas, porque los microrrelatistas no son buenos microrrelatistas. Sean escritores, no escriban microrrelatos porque sea cortito y fácil, aunque les cueste y tengan que ir a contrapelo de cierta complejidad, traten de escribir cuentos, y si es posible traten de escribir novelas. Y vuelvan al microrrelato porque lo eligen, no porque es lo único que les sale. Y hasta Monterroso, que ama la brevedad y se caracteriza por eso, tiene muchísimos cuentos, que no son microrrelatos; sin hablar del famoso Mr. Taylor que tiene como siete páginas, creo que es el más largo de todos.

Entonces vos decís que un escritor se propone escribir un microrrelato o un cuento, es decir ¿sale un microrrelato o uno hace un microrrelato?

Cada escritor es diferente y tiene sus propias características. A mí no me salen las cosas, o sea yo escribo porque me propongo escribir y escribo en cierto género porque me propongo escribir en ese género. Para mí, entre un libro de microrrelato y otro, a veces pasan seis, siete años en los que no escribo un solo microrrelato, porque no me lo propongo. Y además tengo todo muy organizado, yo misma no sé por qué, pero escribo un libro de microrrelatos, después uno de cuentos y después una novela, y luego vuelvo al libro de microrrelatos, así que el año que viene ya me toca novela.

¿Y cuánto te demoran las novelas?

Tres años más o menos me demora un libro, cualquiera, tanto una novela como un libro de microrrelatos me lleva ese tiempo.

¿Mientras tanto haces literatura infantil o seguís concentrada en una sola cosa?

No hay mientras tanto, porque termino una cosa y empiezo con la otra. O sea, termino el libro de microrrelatos y empiezo el de cuentos, termino el libro de cuentos y empiezo con la novela. Y mientras escribo estas cosas para adultos, en los intersticios voy escribiendo literatura infantil. A veces tengo que parar todo porque hay libros infantiles que son muy exigentes, muy largos, pero en general la mayoría de los libros infantiles son cortitos y los puedo ir metiendo entre los otros. A veces no, he escrito novelas históricas para chicos que me llevan mucho tiempo de estudio y de escritura. Ahora en pandemia terminé un libro que nunca iba a escribir porque no tenía tiempo, pero de pronto en pandemia, cuando no podía escribir otra cosa me vino muy bien el encargo: un libro de veinte biografías para chicos, que va a salir el año que viene, ahora en febrero que se llama Vidas perpendiculares, sobre veinte biografías de gente que quiso cambiar el mundo.

Bueno, vamos con varias primicias. Un nuevo libro de cuentos, estas biografías para chicos y un probable libro de Haikus en el 2022. ¡Tenemos Ana María para rato!

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