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La construcción de la infancia

Buenos Aires

Por Flavia Soldano Deheza
La construcción de la infancia | Letra Urbana

La infancia es un concepto que toma su lugar en la modernidad. Un recorrido por las historia, analiza los distintos sistemas por los que se ordenaron las sociedades y ubica cómo el niño ha tomado su lugar en la cultura occidental. El niño ganó un lugar de privilegio familiar y social, tomó la palabra y devino sujeto de derecho. Pero hoy, donde el derecho marcha a la par de la imagen, y los sujetos ya no son iguales ante la ley sino iguales ante el consumo, la infancia se desvanece.

Voy a referirme a los derechos de los niños. Lo primero que plantearé es que relación hay entre la responsabilidad de los padres y los derechos de los niños. Y también me gustaría comenzar a perfilar la pregunta de qué se trata ser niño hoy, qué lugar hay para la infancia en un mundo regido por el mercado y el consumo.

Parece que este niño cuya cualidad es la indefensión y la inmadurez, queda en esta declaración como acreedor, un acreedor del mundo público, gobiernos, organizaciones, y del mundo privado, padres, familia.

Para esto voy a partir con un pequeño análisis de la “Declaración de los derechos del niño” pero antes voy a referirme a la etimología de la palabra infancia: infans, infantis, proviene del latín y significa: privado de palabra. En breve lo retomamos.

Quiero señalarles algunos puntos que me resultan importantes en la “Declaración de los derechos del niño”, los primeros se encuentran en el preámbulo. Allí se habla de la inmadurez física y mental del niño, por la cual necesita cuidados especiales y protección legal.

• Considerando que el niño, por su falta de madurez física y mental, necesita protección y cuidado especiales, incluso la debida protección legal, tanto antes como después de su nacimiento.

Luego hace hincapié en que la humanidad le debe al niño lo mejor que puede darle:

• Considerando que la humanidad debe al niño lo mejor que puede darle…

Es interesante rescatar este concepto de deuda, no puedo dejar de preguntarme que tipo de deuda consideran las instituciones, (ya que es una institución quien lo enuncia), han contraído con el niño y como han llegado a eso, y además, me interroga saber cómo se produce el desplazamiento de esta deuda de las instituciones a “la humanidad”.

Inmediatamente después viene la proclamación de los derechos, donde se insta a gobiernos, organizaciones y padres a reconocer y luchar por estos derechos.

La Asamblea General por lo tanto:

• Proclama la presente Declaracion de los Derechos del Niño a fin de que este pueda tener una infancia feliz y gozar, en su propio bien y en bien de la sociedad, de los derechos y libertades que en ella se enuncian, e insta a los padres, a los hombres y mujeres individualmente y a las organizaciones particulares, autoridades locales y gobiernos nacionales a que reconozcan esos derechos y luchen por su observancia con medidas legislativas y de otra índole adoptadas progresivamente en conformidad con los siguientes principios:

• Siempre que sea posible, deberá crecer al amparo y bajo la responsabilidad de sus padres.

• El interés superior del niño debe ser el principio rector de quienes tienen la responsabilidad de su educación y orientación; dicha responsabilidad incumbe, en primer término, a sus padres.

Luego mencionará en dos oportunidades el deber y la responsabilidad de los padres.

Repasando, tenemos un niño al cual se le reconocen falta de madurez física y mental, ( mental es otro concepto interesante, habría que saber que es la mente, pero eso ya implica otro trabajo), y esta indefensión del cachorro humano, el cachorro más indefenso del mundo animal, lo lleva necesitar de protección y cuidados especiales. Fíjense que en nuestra primer definición de infans, infantis, encontrábamos también una inmadurez, podríamos decir una falta, falta de capacidad de palabra.

Parece que este niño cuya cualidad es la indefensión y la inmadurez, queda en esta declaración como acreedor, un acreedor del mundo público, gobiernos, organizaciones, y del mundo privado, padres, familia.

Lo primero que se me ocurre a mi respecto de este indefenso e inmaduro acreedor es que su única “acreencia” es que sus padres y el Estado cumplan con sus obligaciones, “quienes tienen la responsabilidad de su educación y orientación “, como dice en la Declaración. Respecto de la deuda hay mucho para decir, pero es materia de otro trabajo. Veamos el principio 10 de la Declaración,

• PRINCIPIO 10
El niño debe ser protegido contra las prácticas que puedan fomentar la discriminación racial, religiosa o de cualquiera otra índole. Debe ser educado en un espíritu de comprensión, tolerancia, amistad entre los pueblos, paz y fraternidad universal, y con plena conciencia de que debe consagrar sus energías y aptitudes al servicio de sus semejantes.

No me parece que estemos actualmente dirigiendo a los niños en esta línea, creo que, respecto de ese principio, estamos rengueando. Basta echar una mirada al mundo para que se sepa de qué hablo, podríamos dar numerosos ejemplos, desde quien no cede un asiento en un colectivo, pasando por la explotación infantil, guerras, niños soldados, etc. Me pregunto: ¿en qué tipo de ordenamiento estamos hoy?

Y es aquí, entonces, donde quiero dar una pequeña visión de cómo se llegó en el mundo a la infancia como una entidad que nos hace hablar. Porque la infancia, tal cual la conocemos, no fue siempre así, no hubo continuidad de significado para el mundo social, el niño no siempre fue un sujeto de derecho y mucho menos un sujeto.

La infancia, este lugar de privilegio familiar y social, es una construcción burguesa, una construcción que comienza en la modernidad y se termina de delimitar después de la revolución francesa, es decir el niño de hoy poco tiene que ver con el infans romano.

Historia del infante
Podemos hacer un recorrido desde Roma, en Roma la familia era algo muy diferente de lo que nosotros denominamos familia. De acuerdo al jurista Ulpiano consistía en un grupo sujeto a una cabeza común, al poder del pater familas, sujeto natura aut iure. Para los hijos varones esta sujeción derivaba de la naturaleza, para esposas y esclavos, derivaba del derecho.

Todos los descendientes del pater estaban sometidos a él por la patria potestas, es interesante que señalemos que la palabra patria, patricio, etc, proviene de padre, pater. Esta patria potestas era la manifestación de una posición de absoluta supremacía del pater, que vuelvo a repetir, no era el padre genitor sino el jefe de un grupo. Esa supremacía llegaba al derecho de poder disponer de la vida o vender a sus reconocidos.

Fijémonos en nuestro Código Civil, el artículo 264 habla de la patria potestad, y dice: ” la patria potestad es el conjunto de deberes y derechos que corresponden a los padres sobre las personas y bienes de los hijos, para su protección y formación integral, desde la concepción de éstos y mientras sean menores de edad y no se hayan emancipado”. Esto supone varios cambios, pero sigamos un poco más con Roma.

El primer poder que el pater ejercía sobre el filius era el de la “exposición”. Los recién nacidos eran depositados a los pies del pater quien podía alzarlos, si eran varones, u ordenar su alimentación si eran mujeres. Estas acciones implicaban la aceptación de pertenencia al clan. Pero también podía no mirarlos y dejarlos en el lugar. Si esto sucedí eran llevados, generalmente, a la expositio, (de allí los niños expósitos que tanto aparecen en la literatura del siglo XIX), donde en general eran recogidos como mano de obra esclava.

Sabemos que a pesar del resquebrajamiento que sufre la patria potestas hacia fines de la Res publica y con la crisis de la misma, todavía subsistía el derecho a la expositio en época de Plinio el Jóven y el emperador Trajano. En el 374 d.C. una constitución de Valentiniano prohibió la exposición de niños, y en el 529 d.C. Justiniano se vio obligado a volver sobre el tema.

Y es aquí, entonces, donde quiero dar una pequeña visión de cómo se llegó en el mundo a la infancia como una entidad que nos hace hablar. Porque la infancia, tal cual la conocemos, no fue siempre así, no hubo continuidad de significado para el mundo social, el niño no siempre fue un sujeto de derecho y mucho menos un sujeto.

Tanto la mujer como el niño no eran ciudadanos, eran propiedad del pater, por lo cual no poseían nombre propio. El sistema onomástico romano constaba de tres nombres, el primero llamado praenomen, que era el nombre individual, el segundo o nomen, nombre gentilicio y por último el cognomen, una suerte de sobrenombre. Los varones se inscribían en el censo y tomaban la toga viril a la edad de dieciséis años, es decir tomaban nombre al inscribirse en los registros del censo donde no figuraban hasta entonces.

Veamos, tomaban nomen, nombre, pero nomen en latín también es palabra, es decir, este infans “sin capacidad de palabra” tomaba nombre y adquiría la capacidad de palabra, se incorporaba a través de esta palabra a un mundo adulto, adquiría con la palabra la capacidad de participar en la vida pública.

Es decir que en el mundo antiguo la infancia no tiene entidad propia tal cual la conocemos, pero sí les puedo contar que uno de los primeros en darle sustancia al niño como entidad es San agustín en sus Confesiones. Aparece aquí el niño con entidad propia y distinta al espacio que le otorgaba el derecho romano como propiedad del pater.

Esta nueva entidad lo vuelve sujeto responsable con un cuerpo vivo implicado en el pecado. El alma inevitablemente desordenada del niño será un castigo interior, propio, silencioso y nuevo. Este niño agustiniano, que no es ni ingenuo ni cándido, desaparecerá de la escena del pensamiento luego de este texto para reaparecer recién a principio del siglo XX en textos de Freud.

Yo les recomiendo la lectura del texto Confesiones, es un texto maravilloso, fundante de la subjetividad, de la pregunta interior, y además, erótico.

Nos acercamos entonces al siglo XIII, termina el feudalismo, aparecen las universidades, llegan a Occidente los textos de Aristóteles, cambian las formas de existir, cambia la subjetividad, estamos ante los albores de la modernidad.

Con Galileo y Newton asistimos al fin de la Escolástica y la aparición de la Ciencia Moderna produce un nuevo ordenamiento en Occidente, podemos decir que allí comienza la muerte de Dios, es decir un mundo que ha estado por siglos ordenado por lo sagrado comienza a dar lugar al hombre como centro de este orden.

Uno de los efectos de este nuevo orden es que la escisión entre el mundo de lo público y el mundo de lo privado se acentúa. El niño comienza a tomar figura dentro de este mundo privado. Para Kant, siglo XVIII, el niño será quien tiene que ser educado, y sometido a una disciplina. En esta época algunos niños son “apaleados” rutinariamente para lograr dominar en ellos lo que tienen de salvajes.

La familia de la modernidad es jerárquica y mantiene y reproduce la desigualdad. En las familias se mantiene los lazos de linaje aunque pronto con la irrupción del Iluminismo comenzarán a cortarse. Con la ciencia aparecen quienes estudian al niño y comienzan a hablar de él, la pediatría es un ejemplo. Asistimos, también, al comienzo de la literatura infantil que tendrá fines morales, antes el niño se relacionaba con la literatura clásica en lengua original, es decir en latín.

Con la aparición de los pensadores iluministas el derecho comienza tomar un lugar central, la idea de la igualdad ante la ley para los ciudadanos comienza a quebrar la tradición, para estos pensadores ya no se “es” por linaje, se “es” por derecho. Una nueva ficción entra en escena, comienza a pensarse que los ciudadanos son iguales ante la ley.

A fines del siglo XVIII tenemos dos acontecimientos que darán lugar al establecimiento del mundo burgués, La Revolución Industrial y la Revolución francesa. Un nuevo hecho cambiará las formas de existencia, los ciudadanos matan al rey. Con el nuevo orden un conjunto de prácticas aparece desde el Estado dando lugar a la infancia como entidad central, esta infancia se ubica como límite entre lo público y lo privado, el Estado comienza a establecer controles respecto de la familia.

Durante el siglo XIX el niño está cada vez mas en el centro de la familia, pero entre él y su familia comienzan a aparecer los terceros y sus saberes, médicos, filántropos, hombres de estado que pretenden protegerlo, disciplinarlo, ampararlo. El niño es centro de las primeras leyes sociales, por ejemplo en 1841 aparece la primera ley social y legisla sobre la limitación de la de la jornada de trabajo. La familia burguesa será la familia que se reúne “por amor”, el casamiento muta de pacto conveniente al casamiento por elección. El niño será conceptualizado como frágil e inocente y el Estado se establecerá como controlador de la función de los padres y protector de la familia.

A fines del siglo XIX hace su entrada en escena el psicoanálisis. Frente a la medicina y otras prácticas que negaban la sexualidad en los niños, Freud nos dirá, para escándalo de la sociedad victoriana, que el niño no es inocente sino un perverso polimorfo, y además que la sexualidad es siempre infantil. Este niño será sede de pasiones y además tendrá capacidad de amar sus pasiones.

Algunos comentarios
Ahora bien, en el siglo XX aparece un cambio fundamental: los medios de comunicación masivos y el capitalismo de masas, el consumo. Me parece que el ordenamiento vuelve a cambiar, y aquí arriesgo algunas ideas:

Con el mundo burgués ese infans carente de palabra obtuvo una palabra, una palabra asistida desde el Estado y la familia, ahora bien, parecería que al igualarse en este mundo de consumo y de imagen los padres son los que comienzan a perder palabra, a perder peso simbólico. Porque todos son jóvenes, comienza a borrarse la diferencia establecida entre padre e hijo.

Los Estados neoliberales parecen ya no generar ciudadanos sino clientes, a veces da la sensación de que ya no estamos regidos por el derecho sino por la imagen, de que ya no somos iguales ante la ley sino iguales ante el consumo. Las clases sociales ya no se miden en el estilo de Max Weber, por participación social, sino que ahora se miden por participación en el consumo. El mercado parece unificar a quienes consumen los mismos productos.

Ante el consumo todos parecen igualarse, los padres y los hijos, todos tienen celular, todos acceden a la información, parecería que ser joven es el ideal de la cultura mediática. La realidad y la verdad son para muchos las que crean los medios.

El ideal de juventud circula en relación al consumo al tiempo que parece borrar otras etapas vitales, entre ellas la de la infancia.

Parecería que la distinción entre público y privado que dio lugar al nacimiento de este mundo burgués estuviese corriéndose. La escisión parece estar ahora respecto de la imagen, se está en la imagen o por fuera de la imagen, las empresas y políticos buscan su imagen, “para vender hay que trabajar la imagen” dicen los que se dedican al marketing. Vuelvo a los celulares, lo que servía para hablar ahora también genera imagen.

Con el mundo burgués ese infans carente de palabra obtuvo una palabra, una palabra asistida desde el Estado y la familia, ahora bien, parecería que al igualarse en este mundo de consumo y de imagen los padres son los que comienzan a perder palabra, a perder peso simbólico. Porque todos son jóvenes, comienza a borrarse la diferencia establecida entre padre e hijo.

Entonces vuelvo al comienzo, este niño inmaduro física y mentalmente es quien es el sujeto de derecho y su principal derecho es a ser asistido por los padres y el Estado. Al niño se le da palabra, sabemos que la palabra es instauradora del lazo social.

¿Pero de qué niño y de qué padre hablamos hoy? Hay aquí una encrucijada. Parecería que el niño actual muchas veces ya no está en la infancia. De una palabra “asistida” ha pasado a una palabra imperativa. Otro fenómeno es que su palabra aparece en los medios, que generan realidades, y también se torna opinión que obliga a padres y políticos a retroceder. Ejemplos tenemos varios, tomas de colegios, etc

Ahora bien, ¿y la palabra de los padres?, ¿qué eficacia tiene hoy? Podemos preguntarnos cuándo una palabra es eficaz. Lo es cuando produce efectos. Creo que los padres hemos perdido eficacia en nuestra palabra.

Habrá que trabajar para que la palabra vuelva a cobrar eficacia, no parece nada fácil.

Bibliografía
• Corea Cristina, Lewkowicz, Ignacio, ¿Se acabó la infancia? Ensayo sobre la destitución de la niñez, Bs.As, Lumen,1999.
• Julien Philippe, El manto de Noé, Ensayo sobe la paternidad, Bs As, Alianza, 1993.
• Alvarado, M., Guido , H., Incluso los niños, apuntes para una estética de la infancia, Bs As, La Marca, 1993.
• Código Civil de la República Argentina, Bs. As., aZ editora, 2005.
• Corominas, J., Pascual, J.A., Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico Volumen III, Madrid , Gredos,1997.
• Cantarella, Eva, La calamidad antigua, condición e imágen de la mujer en la antigüedad griega y romana, traducción de Andrés Pociña, Madrid, Ediciones Clásicas, 1991.
• Aries, P., y Duby, G., directores, HISTORIA DE LA VIDA PRIVADA, la comunidad, el Estado y la familia, tomo 6, traducción de C., Martín Moreno, Madrid, Taurus, 1987.

Artículo por:

Flavia Soldano Deheza

Especialista en pensamiento clasico. 

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