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Ninguno pretende ser un reality show y en eso radica su interés, pues están elevados a la dimensión de ficción.
La pregunta es, si en esta carrera desenfrenada, las mujeres están encontrando su felicidad. Más bien, pareciera ser un empuje de aquella fuerza que nos exige cada vez más…
Que nos reconozcamos en algunos de los personajes o que los consideremos ideales o criticables va a depender de los valores actuales que se imponen para las mujeres del siglo XXI.
En la era de la caída de los ideales, de la disolución de las familias clásicas, del declive de la función paterna como regulador, nos enfrentamos a una multiplicidad de ofertas. No hay un menú fijo, es para cada uno según su voluntad de goce.
La mujer del siglo XX realizó conquistas sociales importantes, derecho al voto, derecho a la educación, acceso a trabajos tradicionalmente reservados a los hombres, libertad sexual, derecho a programar y aún diferir la procreación. Derecho a ser dueña de su cuerpo. La mujer de finales del siglo XX se volvió una especialista del multitasking, profesional defendiendo una carrera brillante, madre ejemplar llevando sus hijos a diversas actividades deportivas y culturales, esposa perfecta, delgada, joven, en súper forma física, y ama de casa ideal a la Martha Stewart.
Sabemos que nadie puede llenar ese rol, a menos ser una Stepford Wife, es decir un robot, y ni aun así.
Sabemos también que cada una de nosotros va a privilegiar un aspecto de la multiplicidad de facetas que una mujer puede tener.
La pregunta es, si en esta carrera desenfrenada, las mujeres están encontrando su felicidad. Más bien, pareciera ser un empuje de aquella fuerza que nos exige cada vez más, que llamamos en psicoanálisis, el superyó.
El superyó nos empuja al goce, goce en el sentido psicoanalítico, es decir, a una satisfacción inconsciente que no siempre está del lado del placer y que muchas veces implica una gran dosis de sufrimiento.
Tal vez la respuesta esté del lado de la falta, de saber hacer con eso que falla…
Podemos ver algunos ejemplos en la otra cara de la medalla, la contra cara de los ideales reinantes. Por ejemplo, la exigencia de ser delgada tiene en su reverso un sinnúmero de problemas alimenticios, tales como anorexia y bulimia; tiene también su contrario en la obesidad -sin hablar de los riesgos y sufrimientos impuestos por las cirugías cosméticas.
Los avances sobre la fertilidad y la contracepción han traído su cohorte de riesgos para la salud asociados a ciertos métodos y manipulaciones. También el multitasking y las altas expectativas se asocian con ataques de pánico y angustia, la dificultad de hacer frente a la pérdida, con problemas depresivos serios acompañados de somatizaciones, frente a los cuales la medicina se halla impotente.
La mujer creyó dominar y sin embargo se convirtió en la esclava del amo de la globalización.
¿Qué quiere la mujer del siglo XXI?
Tal vez la respuesta esté del lado de la falta, de saber hacer con eso que falla, de renunciar a la demostración del «todo es posible» y comenzar a escoger aquello que funciona para cada una.
Eso significa tomar distancia de los mensajes subliminales e invasivos con los cuales nos bombardean los medios de comunicación.
Tal vez, es considerando otra medida del tiempo, no solamente basada en la productividad o el envejecimiento, sino un tiempo para ser… y el ser está del lado del deseo.
Tal vez aprendiendo de cómo se las arreglan algunas mujeres en lugares recónditos del planeta.
Tal vez no hay que dejarse engañar por falsos semblantes de belleza estereotipados, de logros profesionales y laborales.
Tal vez, es considerando otra medida del tiempo, no solamente basada en la productividad o el envejecimiento, sino un tiempo para ser… y el ser está del lado del deseo.
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