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“Toda persona lleva una novela dentro”. El intercambio

Nueva York

Por Isabel García Cintas

“Toda persona lleva una novela dentro”. El intercambio | Letra Urbana

Fernando Aleu fue testigo del intercambio de soldados en el puerto de Barcelona, en 1943, y luego de una vida plena de experiencias excepcionales, renueva con maestría aquel hecho histórico en forma de una novela de suspenso.

Una nieta pide a su abuelo que le narre una historia de su juventud que le haya impactado, y el abuelo le responde evocando un suceso que presenció a escondidas y a la distancia con otros dos amigos adolescentes. Así surge en la memoria de Fernando Aleu el intercambio de soldados que vio en el puerto de su Barcelona natal después de terminada la cruenta campaña militar del norte de África y que motivaría la novela El intercambio. Justo antes de presentar su libro en Miami, en el marco de Letra Urbana encuentros, entrevisté al multifacético escritor catalán. Tanto las anécdotas del suceso histórico como las de su propia vida fluyen con la naturalidad de quien ha visto y vivido mucho y aún mantiene una gentil ecuanimidad con la vida y con la gente.

Fernando Aleu nació en Barcelona, donde obtuvo el título de doctor en Medicina en 1953. Realizó sus estudios de posgrado en los hospitales de la Universidad de Iowa, el Albert Einstein College of Medicine de Nueva York y en la New York University School of Medicine, donde fue también profesor asociado de Neurología.

Al cabo de nueve años, Aleu comenzó a reducir lentamente este trabajo para terminar dedicándose a una aventura comercial asociado a la multinacional Puig, con sede en Barcelona. Ha sido presidente de la Cámara de Comercio de España en Estados Unidos, presidente de la Fragance Foundation de Nueva York y miembro fundador del Olfactory Research Fund. Actualmente es el presidente del Queen Sofía Spanish Institute de Nueva York. Ha sido condecorado dos veces por el Gobierno español y ha merecido la Medalla de Honor de la Ciudad de París. El intercambio es su primera novela.

El Intercambio es tu primera novela, basada en un suceso real. ¿Por qué la escritura, y por qué ahora, a esta altura de tu vida?

Son dos preguntas muy buenas. Se dice que toda persona viviente lleva una novela adentro y un día, hablando con una nieta, me preguntó “¿qué es lo que recuerdas de tu juventud?” Sin dudarlo, me salió del subconsciente el recuerdo de un evento internacional importante en aquellos momentos, el intercambio de prisioneros en 1943, hacia el final de la guerra. Y ese evento me impresionó, no solo por el intercambio en sí, sino porque la España de 1943 era triste y aislada. La Guerra Civil había concluido cuatro años antes, la Guerra Mundial había empezado tres años antes y España se quedó entre dos guerras, marginada. El intercambio produjo un cambio temporario en una Barcelona hambrienta de vida. Se intercambiaron cuatro mil soldados allí, y Alemania, los Aliados y los Suizos que gestionaron la operación, trajeron muchas personas.

Había un hotel, que era el gran hotel de la ciudad y que todavía existe, El Ritz, donde un pariente de mi madre trabajaba. Él me invitó a que fuera al hotel para ver a toda esta gente del gran mundo. Y yo fui con mucha curiosidad y vi unas escenas inusitadas. Mujeres bonitas, rubias, exóticas, fumando en boquillas, en fin, un ambiente sofisticado. Mi nieta pensó que eran memorias muy interesantes y me pidió que las escribiera. Y como ella me lo recomendaba de tanto en tanto, yo me dije pues sí, tengo que escribirlas. Era un momento propicio de mi vida para ello. Y la escritura se me dio. Y lo disfruté muchísimo.

Los hechos que narras sucedieron en un momento particular para España. ¿Puedes comentarnos los entretelones de ese intercambio desde el punto de vista de la política del país en esa época?

toda persona viviente lleva una novela adentro y un día, hablando con una nieta, me preguntó “¿qué es lo que recuerdas de tu juventud?” me salió del subconsciente el recuerdo de un evento internacional importante en aquellos momentos, el intercambio de prisioneros en 1943La política española de la época era muy fluida. Gobernaba el dictador, Francisco Franco, nacido en Galicia, y los gallegos tienen sus peculiaridades. Son listos, se adaptan y cambian. Durante los dos primeros años del conflicto de la Segunda Guerra Mundial Franco estaba enteramente del lado de Hitler y de Mussolini, porque le habían ayudado durante la Guerra Civil. Y España se convirtió en nación no-beligerante. Pero era una nación que realmente vivía de la ayuda de Alemania y de Italia.

Cuando Franco comprendió que la suerte había cambiado, en particular después de la entrada de los americanos en la guerra, cambió la etiqueta de España, de no-beligerante se convirtió en neutral. Entonces cuando los Suizos, Británicos y Alemanes buscaban un espacio neutral para hacer ese intercambio, él sugirió Barcelona. Esta era la ciudad ideal, porque tiene un puerto enorme y tiene unos muelles apropiados para cuatro barcos hospitales. Así se escogió Barcelona. La prensa, que estaba totalmente con el gobierno, publicó el titular  “Al amparo de la neutralidad española”. Un excelente paso. Se puede estar de acuerdo o no con Franco, pero hay que admitir que era un hombre muy inteligente.

Fernando Aleu

Fernando Aleu

¿Se te presentó, o buscaste a través de los años,  la oportunidad de conocer personalmente a alguno de los hombres que formaron parte del intercambio de prisioneros británicos y alemanes?

No, nunca. Hay tres personas en el relato que son reales: una de ellas es el gerente del Hotel Ritz, que era primo de mi madre. Otra persona es un director de orquesta que tocaba en el Ritz. Todos los músicos de la orquesta eran judíos y cuando sucedió el intercambio, que llenó el hotel, el gerente les dijo “tenéis que cambiaros el nombre, porque los nombres judíos no van a colar. Tenían que adaptarse. Y luego, dos personas que nombro en el relato aunque yo no los conocí, eran el Almirante Wilhelm Canaris, jefe de la Abwehr, el servicio de Inteligencia Militar de Alemania. Canaris iba mucho por Barcelona porque era admiraba la ópera, y en aquellos años el único teatro de ópera que funcionaba en España estaba allí.

La otra persona que me vino muy bien para inspirar la segunda vida de Max, fue el hijo de José Blume, un alemán que estableció un gimnasio en Barcelona. Su hijo, que tendría unos diez años en ese momento, tenía una facilidad extraordinaria para la gimnasia y llegó a ser una estrella olímpica en los juegos de Helsinki. Tuvo una carrera olímpica y finalmente falleció en un accidente de aviación.

Esos personajes son auténticos.

¿Cuánto del Dr. Fernando Aleu tiene el personaje principal de la novela, el Dr. Werner Applefeld?

No sé si subconscientemente me identifiqué con Werner, o si él espiritualmente se identificó conmigo. Pero sí hay coincidencias entre los dos. Los dos fuimos médicos, neurólogos, nos gustaba dialogar y escuchar más que hablar. Hombres que apreciaban la belleza y el encanto de las mujeres y que tuvieron al inicio de su vida cierta mala suerte con sus amores. En ese sentido hay un paralelismo clarísimo. Los dos fuimos médicos, neurólogos, nos gustaba dialogar y escuchar más que hablar. Hombres que apreciaban la belleza y el encanto de las mujeres y que tuvieron al inicio de su vida cierta mala suerte con sus amores. Donde se rompe es que Werner se alistó al ejército americano y yo no. Lo que sí, pude poner a Werner en el mundo de la moda, y las cosas del mundo internacional y la diáspora cosmopolita del buque Normandie, entre otras cosas.

Tanto Rosy Dieckhoff, la agente alemana en Barcelona como Mercedes Prat, la aristócrata española, por nombrar dos, son personajes femeninos fuertes e influyentes en la trama de la novela. ¿Están inspiradas, aunque sea tangencialmente, en mujeres que conociste a través de los años, o son sólo personajes de ficción?

Mercedes Prat está basada en una mujer que existió, la Condesa de la Cambra. Era muy pro-Franco y estaba muy involucrada en un servicio que él creó y que se llamaba Auxilio Social, una especie de auxiliaría de la Cruz Roja. En ese sentido me gustó que la Condesa de la Cambra tuviera un papel en la novela, que es Mercedes Prat. La Condesa era una Grande de España, una señora de pies a cabeza con una cierta rigidez de conducta y una disciplina social que ya se le escapaba con sus hijos porque los tiempos cambiaron. Además, no sé si la Condesa tenía ascendencia judía, pero Mercedes Prat sí. En Barcelona había muchísimos judíos.

Ahora, el personaje de Roxy es una creación de mis fantasías. A mí me encandilaba Marlene Dietrich, porque era una mujer fuerte, de un gran estilo, difícil. A veces no muy definida en su conducta de orientación, por ejemplo. Era una mujer potente que le gustaba mandar y que yo creo que si le hubiesen dicho “ahora usted tiene que asesinar a esta persona”, ella hubiera dicho sí, sin pensarlo mucho. Era una mujer que jamás pasaba desapercibida. Se decía en Alemania que el simple hecho de que Marlene se sentara y cruzara las piernas, era indicio de una orgía. Y Roxy, el personaje inspirado en ella, encontró en Max lo que buscaba, él era una máquina sexual.

Tu vida profesional te llevó de la medicina a una exitosa carrera empresarial nada menos que en Manhattan. Quisiera comenzar por el principio. ¿Cuál fue la razón por la que decidiste hacer tu postgrado de medicina en los Estados Unidos?

La generosidad de los padres asociada a la curiosidad médica, ofreció la oportunidad de explorar el cerebro de otra manera. Entonces el estudio de edema fructificó, e hicimos estudios de edema asociado de cáncer, neoplasias cerebrales y nos dieron un premio. Nepotismo. Porque mi madre tenía un amigo que era profesor de cirugía ortopédica en la Universidad de Iowa. Yo terminé mi carrera de medicina el 14 de junio de 1953 y el 17 de junio me embarqué para Estados Unidos. Nueva York me deslumbró. Yo tenía veintidós años y dije, esta es la ocasión de mi vida. Tenía el pasaje para Iowa y allí tenía todo pago para estudiar. Junté todo el dinero efectivo que tenía en la mano que me habían dado mi madre y mi abuela y me quedé a gastarlo todo en New York antes de partir. Y te aseguro que lo volvería a hacer de nuevo. Fue lo mejor que pude haber hecho. Las alas son para volar.

¿Cuál es tu mayor satisfacción como médico? ¿Cuál fue el pináculo de tu carrera en el campo de la medicina?

Lo tengo clarísimo. Ocurrió cuando estaba yo trabajando en el Albert Einstein Medical School, que es una filial de la Yeshiva University de Nueva York, que es una facultad de medicina. Yo había estudiado con los Jesuítas, allí había un grupo de neurópatas muy buenos. Uno de ellos estaba estudiando el edema cerebral, que es una cosa que mata, no porque sea maligno sino porque crea una presión en el cerebro que corta el oxígeno y el paciente generalmente se muere. Es una complicación seria y este profesor tenía la obsesión de estudiarlo. En esa época aparecieron los primeros microscopios electrónicos que usamos para buscar dónde se acumula el agua en el cerebro. Entonces escribimos un trabajo sobre la ultraestructura del edema cerebral. Lo presentamos ante la American Society de Neuropatólogos, en Atlantic City en el año 1963 y nos dieron el premio del año. Tuvimos mucho éxito, así que lo repetimos el año siguiente.

Nos asociamos a un departamento de neurocirugía que tenía muchos casos de esos, tuvimos oportunidad de hacer una biopsia cerebral en una persona viva.  Hay una enfermedad que afecta mayormente a los judíos, que se llama Tay-Sachs disease.  Se caracteriza por la acumulación de grasas en las neuronas, que se acumulan y termina destruyéndolas, porque van decreciendo se produce el daño cerebral. Mi jefe obtuvo permiso de padres para que le autorizaran efectuar biopsias cerebrales en niños vivos. La generosidad de los padres asociada a la curiosidad médica, ofreció la oportunidad de explorar el cerebro de otra manera. Entonces el estudio de edema fructificó, e hicimos estudios de edema asociado de cáncer, neoplasias cerebrales y nos dieron un premio. Así que recibimos dos premios consecutivos, en el año 1963 y 1964. tropecé con Carolina Herrera en Nueva York, por accidente. Resulta que había que darle una distinción a la actriz de televisión Linda Evans, por una fragancia llamada Forever Krystle, en honor al personaje de la serie Dallas. Me tocó a mí dárselo. Yo todavía trabajaba en el hospital y se me olvidó el smoking en mi casa.

Mi jefe me promocionó y me ofrecieron un empleo en New York University. Allí conocí a un español extraordinario que fue después Premio Nobel, el Dr. Severo Ochoa. Aunque no conseguí trabajar con él ya que su laboratorio estaba orientado hacia la bioquímica y yo trabajaba más con la anatomía patológica. Pero aquello fue el tope de mi carrera médica.

Tu interés por los cosméticos nació muy temprano, cuando aún estabas en la universidad. ¿Puedes comentarnos cómo llegaste a fundar la empresa Fernando Imports, después de tan solo seis años de haberte recibido de médico en Barcelona?

Si, exactamente fueron seis años. Yo usaba una fragancia que se llamaba Agua Lavanda Puig. Precisamente ayer Mariano Puig recibió de mano del Rey Felipe VI una distinción a una larga trayectoria empresarial exitosa, el Premio España.  Cuando salí para Estados Unidos mi madre puso una botella del agua de lavanda que yo usaba. Yo puse la colonia en el baño que compartía con mi compañero de la universidad. Un día me dijo que bien hueles y empezamos a usar los dos esa colonia. Estábamos en una fraternity llamada Nu-Sigma-Nu, y a todos los muchachos les gustaba la fragancia. Tratamos de conseguirla en Iowa, y también en Chicago, pero no la conseguimos. Yo pensé que esa compañía estaba perdiendo clientes internacionales. Yo le escribí una carta diciéndole que cómo era que su departamento de marketing no estaba aprovechando el mercado de Estados Unidos. Y Mariano Puig, que es bastante listo, me dijo que iba a pasar por Iowa City para verme, camino a Los Ángeles, a una reunión con Max Factor.

Nos encontramos y nos llevamos bien. Luego me llamo desde Los Ángeles, y me dijo que si la empresa tenía que hacer algo en Estados Unidos le gustaría hacerlo con alguien cono yo. “Sé que tu tienes tu profesión y estás casado”. Pero a mí me había entrado el interés. Cada seis años la Universidad me daba un año sabático. Yo aproveché ese año, en vez de mejorar la carrera, me puse a estudiar el mercado de la colonia y los perfumes. Al cabo de un año le escribí a Mariano y le dije que no iba a dejar mi carrera, pero iba a tratar de hacer la transición de médico a perfumista. La empresa dejó de ser Fernando Imports y se llamó Puig of Barcelona.

Esos contactos y éxitos profesionales en el campo de la cosmética y la moda te llevaron a tener una relación muy estrecha con dos firmas líderes en la industria, Paco Rabanne Parfums Paris y la casa de modas Carolina Herrera. ¿Podrías comentarnos acerca de ambas?

Nosotros importábamos un producto de Francia que se llamaba Paco Rabanne, y la embajada francesa nos preguntó por qué usábamos una marca francesa con el nombre de Barcelona. Entonces le quitamos Barcelona y Puig, y le llamamos Paco Rabanne Parfums París. La empresa creció y la marca tuvo un éxito extraordinario. Entonces agregamos otros nombres.

aquí casi nadie sabe que España financió a los norteamericanos durante la Guerra de la Independencia con más generosidad que los franceses. Todos hablan de Lafayette y otros, pero nadie habla del Marqués de la Ensenada, que era quien pagaba las cuentas. Y eso hay que traerlo porque es importante históricamente.Y después tropecé con Carolina Herrera en Nueva York, por accidente. Resulta que había que darle una distinción a la actriz de televisión Linda Evans, por una fragancia llamada Forever Krystle, en honor al personaje de la serie Dallas. Me tocó a mí dárselo. Yo todavía trabajaba en el hospital y se me olvidó el smoking en mi casa. Me demoré en volver por un problema de tráfico en la ciudad y el premio se lo entregó otra persona. Cuando yo llegué me dijeron que Evans era una señora rubia de traje blanco, así que yo entré como una bala, vi a una señora rubia hablando con un señor y me precipité a pedirle disculpas. Ella me miró y me preguntó “¿Y quién es usted?”. Yo me presenté y ella dijo  “Yo soy Carolina Herrera”. Bueno, me dije yo, una mala suerte tras otra. Pero le dije “Me encanta la fragancia que usa” “La hago yo” dijo ella. “Nosotros se la podemos hacer” ofrecí yo. Ella dijo “Me gustaría, pero estoy por firmar con Revlon”. “Qué error” le dije yo, “Revlon no la entenderá. Porque ellos van a querer volumen. Y nosotros podemos comercializarle la marca.” “¿Y qué es la marca?” Me preguntó. “Carolina Herrera” dije yo. No vamos a cambiar su nombre. “Tengo que consultarlo con mi marido.” Se dio vuelta y llamó “Reynaldo, ¡hay unos españoles que quieren comercializar mi perfume!”. Así conocimos a Carolina Herrera, hace treinta años.

El año pasado fuiste reelegido presidente del Queen Sofia Spanish Institute en Nueva York.  El instituto fomenta dese hace décadas, a través de las artes, la cultura y la lengua española en este país. ¿Podrías señalarnos algunos de los proyectos más sobresalientes del Instituto?

El Instituto tiene varios proyectos. Ofrece becas a graduados de España para ir a sitios americanos que les interesen. Muchachos y chicas a quienes les interese ir a Silicon Valley. Hay americanos a los que les interesa la física cuántica, que está muy bien en España y algunos están allí. Intentamos hacer un pequeño intercambio a alto nivel. El Rey Felipe VI está muy interesado en rectificar la imagen de España en Estados Unidos. Porque, por ejemplo, aquí casi nadie sabe que España financió a los norteamericanos durante la Guerra de la Independencia con más generosidad que los franceses. Todos hablan de Lafayette y otros, pero nadie habla del Marqués de la Ensenada, que era quien pagaba las cuentas. Y eso hay que traerlo porque es importante históricamente.

Luego damos premios anuales a distintas personas. Este año hemos dado un premio a la Doctora Elena Barraquel, una oftalmóloga muy famosa en España, y al cantante Plácido Domingo. Y pronto viene la Reina Doña Sofía, de visita.

Con el caudal de experiencias que tienes, y la maestría que has demostrado para la novela histórica, ¿Tienes pensado escribir otro libro basado en algún tema en el que te interese profundizar?

Sería poco prudente. Soy demasiado viejo. Hay unas constantes biológicas que mandan, pero nunca se sabe. Proyecto concreto de momento, no. Quiero primero que El intercambio se conozca, y después veremos.

Artículo por:

Isabel García Cintas

Isabel García Cintas
Escritora independiente. Hizo sus estudios de periodismo y fotografia en Buenos Aires. Después de residir tres años en Melbourne, Australia, trabajó por una década en San Carlos de Bariloche para El Diario, dirigido por Carlos Fontanarosa y colaboró en LRA30 Radio Nacional y El Rio Negro. Fue co-fundadora del Fotoclub Bariloche y de la Asociación Contra la Violencia a la Mujer. Reside en los Estados Unidos desde 1987. Ha participado en numerosos talleres literarios tanto en inglés como en castellano y ha recibido menciones y premios en diversos concursos.Tiene tres libros publicados, Incidente en la Patagonia, Del Mediterráneo al Plata y La casa vieja y otros relatos. Sus trabajos figuran en dos antologías. 

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