El hechizo de una voz. Un puente entre historia y poesía

Con motivo de la edición 56 de El infinito en un junco, esta lectura explora cómo Irene Vallejo enlaza historia y poesía para rescatar la memoria del libro y construir una voz crítica, sensible y esperanzadora.

Irene Vallejo, filóloga y escritora española, es autora de El infinito en un junco. La invención de los libros en el mundo antiguo. 

Un ensayo que no es tan sólo histórico sino fusión entre realidad y fantasía. Una escritura poética, un puente entre el pasado y un presente que no cesa de interpelar a una humanidad cada día más deshumanizada, aplastada, sin memoria, mientras la tecnología digital y el avance de la inteligencia artificial, con su pensamiento binario, falto de sensibilidad y de imaginación, acrecienta la sensación de vacío, y la pérdida de un pensamiento crítico.

Irene Vallejo, su escritura es un acto de resistencia que nos invita a internarnos en la magia y el misterio. Una voz esperanzadora.

Irene Vallejo confiesa su desconcierto ante la gran repercusión de su libro El infinito en un junco, ya que había pensado que tratándose de un ensayo no ficcional sobre la historia de la invención del libro en el mundo antiguo, sería de escaso interés para el público más afin a las narrativas.

Hace mención de una dolorosa experiencia de vida que estaba atravesando en el momento en que se dispuso a sostener ese proyecto de escritura. Un momento existencial ligado a algo de la experiencia de un fin: una dolorosa situación, la enfermedad de su hijo acentuó la natural y vital necesidad de escribir que la habitaba desde siempre.

Tal como lo definió Barthes en “Diario de duelo”, texto que escribió despues de la muerte de su madre, en esos momentos de un duelo, de la posibilidad de perder a un ser querido, de tristeza, de aflicción,  la escritura se presenta como una esperanza.

“No puedo explicar que pasó, me estaba despidiendo, era el fin de una etapa como escritora”.

“Se escribe a partir de lo que no se sabe – dice Clarice Lispector – creer entender es la prueba del error”. En realidad, un nuevo tiempo en su escritura se estaba inaugurando.

Hablando de comienzos, si elegir un epígrafe supone para el escritor la intención de trasmitir, de comunicar la esencia de sus pensamientos, es de notar que I.V no se queda con solo un epigrafe. Una página entera de epígrafes antecede al prólogo anticipando sus ideas.

 

Sin el libro lo efimero de la experiencia del vivir podría haber caido en el olvido porque el libro une inteligencia y sensibilidad (Los libros y la libertad)

 

En particular recorto este epígrafe de Emilio Lledó porque sintetiza dos cuestiones que están presentes en el pensamiento de IV: su deseo de rescatar al libro del olvido, así como la importancia que le otorga a la imaginación y a la inteligencia a lo largo de toda la obra. IV no sólo logra ese rescate sino que su libro superó la prueba del tiempo, lo abrió a la dimensión infinita. Del mismo modo que el junco, esa planta de hojas flexibles que crecía en el Nilo, fue en la historia del libro la materia prima fundante que permitió que la palabra escrita trascendiera el tiempo, y el conocimiento humano se abriera al infinito.

En realidad, los temores de su desaparición aventados por los avances de la tecnologia, son desmentidos por una verdad: la del objeto en su realidad, su dignidad y su apelación a lo sensible. Porque el libro es para IV un cuerpo: “siento el contacto de sus esquinas en la nuca”. Eso es lo que IV hace. Le devuelve al objeto su dignidad, porque ningún objeto tecnológico puede resolver el drama humano del deseo y de lo imposible del todo.

En este sentido se identifica con lo que Borges piensa del libro como el único instrumento que es extensión de la memoria y de la imaginación, mientras que los otros instrumentos son extensiones del cuerpo (telescopio-visión – auriculares – voz, etc).  Inclusive la tecnología digital aunque supone una extensión de la memoria, ¿podrá contar con la imaginación para crear pensamientos que articulen ética, política y poética?

Se puede entrever la importancia que IV le otorga a la inteligencia y a la sensibilidad cuando resalta lo importante que es diferenciar en un texto  el esqueleto de los datos bajo el músculo, y la sangre de la imaginación.

Así cuando está relatando algún contenido de las historias suele agregar “quiero imaginar, intento imaginar, quiero creer, me gusta imaginar..” Sin duda no se trata de la pulsión de saber, ni de conocer, lo que la causa, sino de la libertad de su imaginación que le permite crear nuevos pensamientos, ideas.

Por ej dice: “quiero creer que Astasia alentó el primer movimiento de emancipación de las mujeres” haciendo alusión a cómo las mujeres  eran excluidas de la política, de los debates desde los tiempos antiguos.

En este sentido vemos que su compromiso con el lenguaje y la escritura no radica simplemente en documentar el pasado – aunque contó para esos datos con una extensa y prestigiosa lista de colaboradores  – sino en ese saber hacer con los datos implicándose en una lectura política, ética y a la vez poética. Porque al leer la Historia la pone en relación a los acontecimientos actuales, evidenciando la persistencia de la dimensión de lo infinito.

A continuación de los epígrafes, en el prólogo aunque despliega un enjambre de preguntas que luego va a desarrollar, el secreto de ese efecto de encantamiento que tanto cautiva a sus lectores es lo que está cifrado en el ritmo.

IV encuentra en el ritmo no sólo a un aliado de la memoria sino tal como lo concibe, a un catalizador de nuestros placeres que está presente en el lenguaje poético. Ya que en el lenguaje rítmico del mundo oral hay magia, hay poesía, la concibe desde su propia vivencia cuando su madre le contaba los cuentos nocturnos.  Al respecto recuerda lo que dice Borges de los libros, que para los niños en todos los cuentos hay un bosque y al entrar en sus caminos misteriosos se tropieza con alguna maravilla. Esos relatos quedan asociados en su memoria, así como tambien el recuerdo de su padre llevándola a leer en el bosque. A internarse en lo infinito del bosque con sus vértigos, magia, abismos. La palabra liber – anota IV –  significa libro y corteza del árbol, materia donde se escribieron las primeras marcas, y para los romanos liber alude al misterio del bosque en el que sus antepasados comenzaron a escribir.

Precisamente María Zambrano – la filósofa de la “razón poética”- en su libro “Claros del bosque” alude a ese espacio abismal que se abre en lo impenetrable del bosque: los claros del bosque a los que no hay que ir a buscarlos, ni buscar nada predeterminado.

 

“Mas si nada se busca la ofrenda será imprevisible, ilimitada.Y queda la nada y el vacío que el claro del bosque da como respuesta a lo que se busca…Lo que se presenta de inmediato se enciende y se desvanece más no por ello sin dejar huella”.

 

Es esa huella del camino en el bosque dejada por los momentos compartidos con su padre la que se ha vuelto escritura.

Como Maria Zambrano, IV busca el logos sentido o poético, toca lo sensible. Esa magia que Zambrano le otorga a los claros del bosque, son instantes de un despertar. IV se fue adentrando en el bosque, y nos hace volver una y otra vez a los capítulos leídos por el placer-ritmo para recordarlos, y para perdernos en el laberinto infinito.

IV no sólo iba con su padre al bosque sino a las bibliotecas y a los templos. En ellos experimentó la belleza de lo sagrado y esa fascinación que tantas veces a lo largo de la historia empujó a la destrucción, a la quema de libros. Ardió hasta el silencio de las cenizas sin voz, ha expresado de este modo poético conmovedor.

Tal como dice la escritora Samantha Schweblin, la escritura siempre debería intentar llegar hasta donde quiere desde el abismo de no saber cómo, desde el estupor, la curiosidad y el deseo.

Ese pánico que confiesa IV sentir cada vez que tiene que comenzar a escribir, igual al del actor cuando está a punto de entrar a escena, finalmente se muta en pasión cuando entra en sus coordenadas, nos revela la llave: todo debería estar presente: tono, humor, poesía, ritmo, promesas, para seducir al lector.

Siguiendo a Meschonnik, a esa implicación de la literatura y del lenguaje y de los problemas de la sociedad, la llama poética. En tanto hay una trama, un lazo entre la ética, la política, el poema y la historia. La poética no busca respuestas, trabaja en ubicar una pregunta, en inventar pensamiento. Es lo que puede un cuerpo en el lenguaje: un discurso subjetivado, único.

Por eso no son los datos históricos los que conmueven al lector sino la vida que IV les da a los personajes de la historia. Es un lenguaje que cuestiona lo instituido, que es critico de la historia. Con su pensamiento va acompañando la historia conocida, mientras la va interpretando. Es en este sentido que puede decirse que su discurso es revolucionario, ya que es crítico  en tanto crea, construye nuevos sentidos, re escribe la historia y es por eso una invención de pensamiento.

Ella con su voz, al narrarnos es capaz de transportarnos con su imaginación a una mañana en los talleres faraónicos, así como navegar por el mundo virtual de las redes, mientras genera que le demandemos: “contame otra vez más, y otra, y otra..”

Para escribir se pone en la piel del personaje. Ella es Alicia cuando entra en el pais de las maravillas, es Alejandro y su ambición por la biblioteca infinita, es Homero y su odisea. IV es una gran narradora de fascinantes historias de viajes que incluye al lector en su travesía.

Entonces, ¿cómo dice que es ensayo no ficcional?

Si la pasión de conquista y de fama de Alejandro tenía como inspiración al Aquiles del relato homérico, no es la fama la que mueve a IV. Más bien, su pasión radica en posicionarse en el infinito del lenguaje, apariencia de una pretensión de abarcar el todo, que paradójicamente la instala en el no-todo deseante, en el infinito del sujeto.

Ella se pone en la piel del personaje y nosotros, lectores en la piel de la escritora – que se dice narcisista porque cree que lo que lee fue escrito para ella – para descubrirnos incluidos en su pensar.

Todo escritor tiene su razón para escribir y un impulso, una pregunta.  Asi también sus autores preferidos – sin duda Borges.

De Benjamin valora su afán coleccionista, que rescata el valor de los libros como objetos fisicos, asi como la dignidad de la cosa misma.

En cuanto a Borges, su influencia es clara en las reiteradas citas. El junco inaugura un tiempo infinito. El junco es la cosa, y es el libro. Y es lo uno y lo multiple del aleph. El junco, como el aleph contiene el universo incluido en el observador y lo muestra todo en un instante de revelación. Es lo real del infinito, ese imposible de alcanzar al que Borges se enfrenta.

El libro de IV es un bosque al que nos invita a internarnos, y nos va revelando sobre la experiencia de la vida.

¿No es acaso IV una gran narradora de historias con ese oficio de trenzar palabras, que a su vez trenzan la trama, y nos envuelve en la magia de un relato tan apasionante que nos deja hechizados?

El hecho de haber traspasado en su difusión las fronteras de las diferencias culturales ¿qué universal ha tocado?

Será que lo que nos acerca a la universalidad de su pensamiento es esa percepción, ese instante que nos revela la dimensión de lo infinito.

Un comentario

  1. ¿Historizar la poesía o poetizar la historia? La lectura de Mirta del texto de Irene Vallejo disuelve esa pregunta en la idea de universalida, que Mirta atribuye a la autora y que se sintetiza en la dimensión de lo infinito. Y esta dimensión de lo infinto es natural que se una a «la invención del libro» si damos por cierta la afirmación de Pessoa: La literatura existe porque la vida no alcanza.

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