Celia Birbragher. Cinco décadas trazando el mapa del arte latinoamericano.

A 50 años de su fundación, ArtNexus es clave para entender el arte latinoamericano. En esta entrevista Celia Birbragher recorre su formación, los inicios de la revista y los desafíos de sostener una publicación cultural independiente.

Impulsada por una pasión temprana y una intuición sostenida, Celia Sredni de Birbragher apostó por el arte latinoamericano cuando aún carecía de un espacio propio y visibilidad internacional. Con tenacidad y una mirada estratégica, creó un lugar de registro, reflexión y proyección cultural que transformó la manera de documentar, pensar y difundir el arte latinoamericano.
A cincuenta años de la fundación de Arte en Colombia —hoy ArtNexus—, conversamos con su directora y fundadora sobre su formación, los inicios de la revista y los desafíos de sostener, durante cinco décadas, una publicación cultural independiente que se convirtió en una referencia ineludible del arte latinoamericano.

Desde niña has tenido una gran pasión por el arte. ¿Recuerdas cuáles fueron tus primeras interacciones con la expresión visual?

Recuerdo que, en el Liceo Francés Louis Pasteur de Bogotá, donde estudié la primaria y los primeros años del bachillerato, la parte visual era muy importante. Si aprendías recitaciones había que ilustrarlas con dibujos. Yo hacia los mejores dibujos, los mejores mapas. Los libros de texto que usábamos venían de Francia. Los de historia estaban ilustrados con imágenes maravillosas. El capítulo de Egipto tenía fotografías de las pirámides y el de Grecia del Partenón. La historia de Francia estaba ilustrada con pinturas como La muerte de Marat (1793) de Jacques-Louis David, La balsa de la Medusa (1819) de Théodore Géricault, y La libertad guiando al pueblo (1830) de Eugène Delacroix. Esas imágenes nunca se me borraron de la mente. Todo eso influyó mucho en el desarrollo de mi gusto por lo visual.

Terminaste tus estudios de secundaria en Canadá. ¿Por qué decidiste finalizar tu bachillerato en un internado en el exterior?

Mi estadía en Canadá fue muy importante. En una ocasión mi papá regresó de un viaje y comentó que nunca iba a enviar a sus hijas a cursar estudios universitarios en el exterior. Pensé que, si esa no era una opción, debía aprovechar que en esa época era bien visto que las adolescentes terminaran sus estudios fuera de Colombia, y le pedí a mis padres que me dejaran viajar a Canadá. Terminé mi bachillerato en Alma College, un colegio para niñas en St. Thomas, Ontario. Lo que más me atrajo de la institución fue que en el folleto promocional aparecía una fotografía en la que las alumnas estaban pintando al aire libre. Por cierto, en el tiempo que estuve allí nunca pintamos al aire libre.
Recuerdo que la profesora de arte tenía doce libros de la serie Metropolitan Museum of Art Book of The Month Club, de John Canaday. En ellos la historia del arte era abordada temáticamente y cada ejemplar tenía diez laminas sueltas a color, realizadas en tipografía, pues en esa época no existía el offset. Esos libros son lo que más recuerdo de la clase de arte. La profesora ofreció vendérmelos. Semanalmente nos daban US$2.50 para gastos. Los fines de semana iba a la lavandería y me compraba una hamburguesa y una malteada. Los sábados por la noche podíamos ir al cine o ver televisión. Yo me quedaba a ver televisión para ahorrar el dinero (con lo mucho que me gusta el cine). Después de dos años logré ahorrar los US$100 y me compré los libros. Al despedirme la profesora me comentó que en The Metropolitan Museum of Art de Nueva York vendían la segunda serie. Antes de regresar a Bogotá pasamos por Nueva York. Le comenté a mi padre que quería dos cosas: un abrigo rojo y los 12 libros. Me dijo: “Tienes US$100” ¡Así que me fui a comprar los libros! Disfruté mucho esos libros. Hoy en día son parte de la colección del Centro de Documentación de la Fundación ArtNexus en Bogotá.

Regresaste a Bogotá y a los 17 años comenzaste a estudiar en la Universidad de Los Andes.

Si. Comencé a estudiar Filosofía y Letras, porque según un examen de aptitud, era la carrera que debía seguir. La verdad no me gustaba el sistema. En Filosofía y Letras los profesores dictaban y los alumnos copiaban y repetían. Yo venía de otro tipo de educación. En Canadá uno leía y daba su opinión. Además, todo lo que me estaban enseñando en literatura e historia ya lo había estudiado en el Liceo Francés y en Alma College. En las noches tomaba clases de dibujo con Luciano Jaramillo y era feliz. Me cambié a Bellas Artes en el segundo semestre.

Te casaste muy joven, pero eso no impidió que continuaras tus estudios.

Estaba feliz en mi carrera, pero llevaba tiempo saliendo con León, y él tenía planeado viajar a Estados Unidos a cursar su maestría, así que nos casamos y viajamos a Chicago. En la Universidad de Chicago cursé grabado, cerámica y dibujo. Un verano en The Art Institute of Chicago tomé pintura al aire libre. Una de las cosas que más me impresionaron durante mi estadía en Chicago fue ver por primera vez una exposición de Pop Art en el Art Institute. León terminó su maestría en 1965 y regresamos a Bogotá.

Cuando regresaste te reintegraste a la facultad Bellas Artes en Los Andes. En esa época no había muchas mujeres en la universidad y mucho menos mujeres casadas y con hijas.

Lo único que le pedí a León antes de casarnos fue que me permitiera terminar mi carrera. Tuve la gran suerte de que yo tenía una madre muy joven, que con gusto aceptó ayudarme a cuidar a mis hijas, y un marido que había vivido en Estados Unidos muchos años y entendía que una mujer podía estudiar y trabajar.

¿Como fue tu experiencia en la universidad como mujer casada con hijas?

¡Fue muy difícil! La ventaja era que Los Andes me permitía cursar medio tiempo. Un semestre tomaba clases por la mañana y el siguiente tomaba clases por la tarde. Todos los proyectos los hacía cuando todos se acostaban a dormir. Por eso me acostumbré a trabajar de noche. A pesar de las dificultades, era muy buena alumna. Me gradué en 1972.

Ese año comenzaste tu carrera como artista plástica.

Comencé a trabajar con maderas recicladas de la empresa de mi papá. Eran estibas de pino de contenedores que venían de Japón. Pensaba que como Colombia era un país pobre, debía trabajar con materiales pobres. Los ensamblajes de estibas recicladas comenzaron a generar interés y recibí invitaciones para participar en varios eventos. El primero fue el Salón de Artes del Fuego en el Minuto de Dios, en Bogotá. Luego me invitaron a participar en el V Abril Artístico en Medellín, en 1976, y a presentar una exposición individual en la Galería Escala en Bogotá, en el mismo año. Fuera de Colombia en 1977, participé en Los Novísimos Colombianos, en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas. También en 1976, participé en el I Salón Regional de Artes Visuales, Zona Central, Tunja, con unas obras de estibas de gran tamaño. Damián Bayón, quien era parte del jurado, quería darme el premio, pero Galaor Carbonell se lo impidió. Le dijo: “¡No le podemos dar el premio a Celia, porque nos tiramos la revista!”

 

Galaor no permitió que te dieran el premio porque ya tenían la idea de publicar una revista. ¿Cómo surgió la idea de hacer Arte en Colombia?

En esa época, El Tiempo, el periódico más importante en Colombia, le dedicaba semanalmente un cuarto de página y a veces media página a las artes plásticas. Cuando Carlos Rojas ganó el premio en la XIII Bienal Internacional de São Paulo en 1975, El Tiempo publicó uno o dos párrafos sobre el premio. Ganarse un premio en una bienal era lo máximo y, sin embargo, no había sido reconocido por la prensa como se lo merecía.

Mi hermana Clara y yo fuimos a visitar a Carlos y le comenté que mientras no hubiera una revista de arte esos logros continuarían pasando desapercibidos. Carlos contestó que en Colombia no había quien pudiera hacerla. Yo le contesté que Colcultura, pero él me respondió que por ser entidad gubernamental, no tenía los fondos para hacerla. Yo le dije que podían financiarla con publicidad a lo que respondió, “nadie le va a dar plata al gobierno”. Entonces me dijo: “¡Tú puedes hacerla!” “¿Yo?”, le contesté, “si yo ni siquiera le escribo cartas a mi mamá!”.
La idea me comenzó a rondar en la cabeza y llamé a Galaor. Súper entusiasmado me dijo: “¡Yo voy a ser el editor y tú la directora!” Le pregunté, “¿Qué hace la directora?” y el me respondió: “¡Conseguir la plata!”
Nos embarcamos en ese proyecto y durante un año solicitamos los artículos y los fondos para financiarla. La primera edición de Arte en Colombia, impresa en papel esmaltado y con 16 páginas a color, salió a la venta en julio de 1976. Causó mucho furor en el medio y muchos decían “Año 1, número único”. La portada, un desnudo de Darío Morales, llamó mucho la atención y quizás por eso la edición se agotó.
Para financiar la primera revista había recurrido a los amigos de mi padre. Recibimos publicidad del Salón XX del Banco de Colombia y del Banco del Comercio. Ambas instituciones financieras censuraron la revista por haber incluido un desnudo en la portada y retiraron la pauta publicitaria. Por otra parte, German Rubiano escribió un artículo criticando las adquisiciones del Banco de la República y por esa razón la revista fue censurada por la institución. Trabajamos muy duro para sacar el segundo número. La portada fue un cuadro de Carlos Rojas, no solo porque era un gran artista, y porque la idea de la revista había salido de la charla que habíamos tenido, sino porque además él había diseñado y nos había obsequiado el primer logotipo de Arte en Colombia.
En la edición 36 de Arte en Colombia Galaor Carbonell decidió no continuar como editor de la revista. Para mí su trabajo fue indispensable conceptualmente, pero en Ivonne Pini encontré una excelente colaboradora y colega, quien sigue a mi lado hasta hoy.

Durante los primeros años la revista se enfocó en el arte y la arquitectura en Colombia, pero eventualmente comenzó a incluir artículos sobre artistas y exposiciones en otros países.

Comenzamos a escribirle a escritores de fuera y algunos comenzaron a enviar artículos. Entre los primeros que se unieron a la lista de colaboradores estaba Damián Bayón. En alguna ocasión me envió una carta en la que decía que lo único que no era verdad en la revista era el nombre Arte en Colombia. A medida que fuimos incluyendo textos sobre otros países la publicación comenzó a circular mediante suscripciones, especialmente en Argentina, Venezuela y México.

Participaste con la revista en varias ferias internacionales incluyendo ARCO en Madrid y FIAC en París.

En 1981 fui invitada a participar en la primera edición de la feria ARCO y la revista ha estado en la feria desde entonces. En el 2015 la Fundación ARCO me otorgó el premio especial “A” por el cual me siento muy honrada. En la primera edición de ARCO conocí al galerista Claude Bernard con quien hablaba en francés. Me dijo: “¿Cómo no estás en FIAC, en Paris?” Yo le contesté que me habían invitado a ARCO. Me dijo, “eso se puede arreglar. Ven a París después de Madrid”. Viajé y me organizó una cita con los representantes de la FIAC. Me invitaron a la feria así que viajé en octubre y participé con una edición bilingüe: Arte en Colombia en español con traducción al inglés. Coincidió con que a Gabriel García Márquez le habían otorgado el Premio Nobel de Literatura en esos días, así que Arte en Colombia se convirtió en la atracción de la feria.

¿Por qué se cambió el nombre a ArtNexus?

Cuenta tú el principio de la historia.

Yo llevaba dos años viviendo en Miami trabajando en un banco. En febrero de 1990 salió un nuevo número cuya portada tenía una obra de Luis Cruz Azaceta. Como Opus Gallery en Miami lo representaba, fui a pedirle publicidad a Fred Snitzer. Él me respondió que no tenía sentido anunciar en una revista que se llamaba Arte en Colombia, pues el país estaba asociado con el narcotráfico y la guerrilla.

Ese año fuiste a Madrid de vacaciones durante ARCO y me ayudaste en el stand. Luego viajamos a París. Estábamos en un café en Saint Germain y me dijiste: “¡Y pensar que he estado encerrada en un banco! ¡Me gustaría trabajar contigo, pero tenemos que cambiarle el nombre a la revista!” Decidimos llamarla ArtNexus.
En mayo de 1991 salió la primera edición de ArtNexus con una obra de Liliana Porter en la portada. En realidad, se publicaron tres revistas: Arte en Colombia, que continúo circulando en Colombia, ArtNexus en español y ArtNexus en inglés.
Decidí abrir una oficina en Miami y tuve la fortuna de formar un equipo que me ha acompañado a lo largo de todos estos años.

Cambiarle el nombre a la revista fue un paso significativo. Diez años más tarde diste otro gran salto: entraste al mundo digital.

En el 2000 mi hija Susanne, quien había estudiado ciencias de la computación, estaba trabajando en Nueva York. El internet se había hecho público y el número de usuarios se multiplicaba a pasos agigantado. Por otro lado, la circulación de la revista impresa era compleja pues se la robaban o le aplicaban impuestos muy altos al ser importada a otros países. El internet ofrecía una solución a los problemas de circulación. La burbuja de las puntocom estalló en marzo del 2000. Susanne me llamó y me dijo, “¡Este es el momento! Puedes contratar a mis compañeros de trabajo y montar tu página de internet”. Ella vino a Miami y lideró el proyecto.

ArtNexus también produce múltiples.

En el 2008 a raíz de la crisis económica se redujo la pauta publicitaria así que comenzamos a producir obras múltiples. Anteriormente habíamos hecho una serigrafía al año para clientes, pero a partir del 2008 comenzamos a producir más y a venderlas en las ferias. Con la venta de los múltiples ha podido sobrevivir la revista. Los artistas han respondido generosamente y se han hecho ediciones maravillosas, algunas de las cuales se han agotado. Recientemente comenzamos otro proyecto en el que incluimos grabados populares de edición limitada con la revista.

¿Qué sucedió con ArtNexus durante la pandemia?

En el 2020 vivimos un mundo apocalíptico. A comienzos de marzo le comenté a mi equipo: “no publicaremos más la revista, ni asistiremos a más ferias”. Como ArtNexus tenía una página en internet en la que se podía acceder al contenido a través de un índice, decidí modificarla para permitir el acceso gratuito a la revista digital en ArtNexus.com. La respuesta del público ha sido impresionante. En abril y mayo del 2022 llegamos a 1,300,000 visitas y más de 38,000 usuarios únicos. En el 2025, contamos con 48,000 usuarios únicos. Actualmente estamos trabajando para lanzar la nueva página web de ArtNexus a comienzos del 2026.
En un momento pensé no imprimir más la revista, pero la mitad de las visitas a la página de internet son a la revista, por lo que entendí que debía seguir publicándola. Por lo pronto, tanto la versión impresa como la digital circulan dos veces al año. En el 2026 celebraremos 50 años de publicar la revista, ¡lo cual es un gran logro!

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