Hay películas que comienzan a hablar antes de que suceda nada. Two Women pertenece a esa categoría; desde su primera escena, algo vibra en el aire, una incomodidad difícil de nombrar que se instala en los cuerpos de sus protagonistas y, poco a poco, también en el del espectador. Desafortunadamente esta premisa inicial que promete un buen desarrollo de los caracteres se queda suspendida en el camino.
Florence (Karine Gonthier-Hyndman) y Violette (Laurence Leboeuf) son dos vecinas que se conocen casi por azar, pero que rápidamente reconocen en la otra algo propio, una insatisfacción persistente, un malestar silencioso ligado a la manera en que habitan su vida, su deseo y su espacio doméstico. El punto de partida es tan sencillo como engañoso. Florence escucha ruidos durante la noche provenientes del departamento contiguo y los interpreta como gemidos de placer. En esa confusión inicial se condensa una expectativa, la idea de que, del otro lado de la pared, existe una experiencia de goce ajena, tal vez inaccesible. Cuando Florence decide confrontar a su vecina, la fantasía se desarma de manera casi ridícula; los sonidos provienen de un cuervo. Este simple recurso humorístico parece decir, desde el inicio, que el deseo femenino estará siempre mediado por malentendidos, proyecciones y frustraciones.
Florence atraviesa el posparto y una maternidad reciente que la ha recluido aún más en el espacio doméstico. Su esposo, Benoît (Félix Moati), se distancia progresivamente del hogar bajo la excusa del trabajo. Ese alejamiento no es solo físico, sino emocional. La revelación de su vínculo con una compañera de trabajo, Eli (Juliette Gariépy), termina de mostrar algo que Florence ya intuía, y percibe que su cuerpo y sus necesidades han dejado de ser considerados.
Violette, en cambio, no es madre. Su vida parece, en apariencia, menos constreñida, pero su relación con David (Mani Soleymanlou) se encuentra marcada por la falta de deseo y una convivencia que ha eliminado lo erótico de la ecuación. Su decisión de abandonar los antidepresivos que regulaban sus emociones le permiten explorar un comportamiento más libre, más impulsivo, que la coloca frente a una versión de sí misma que desconocía. No obstante, la película evite profundizar este proceso, y la liberación resulta ambigua y a ratos contradictoria.

La complicidad entre Florence y Violette se intensifica cuando ambas deciden diseñar un plan para reconectar con su deseo en ausencia de los hombres. Es aquí donde la película parece apostar por una inversión de roles tradicionalmente masculinos: ellas miran, eligen, utilizan. Sin embargo, a medida que estas situaciones se repiten, la propuesta comienza a agotarse. Lo que inicialmente podría ser leído como una crítica mordaz o una revancha simbólica termina volviéndose mecánico, casi automático, sin un verdadero cuestionamiento ético o emocional.
La película menciona de manera lateral posibilidades contemporáneas de vinculación —como las aplicaciones de citas— solo para descartarlas rápidamente mediante una crítica a Tinder como dispositivo adictivo y vacío. Esto resulta llamativo en un relato que busca interrogar el deseo femenino en el presente, pero se siente como una oportunidad perdida.
Dirigida por Chloé Robichaud y escrita por Catherine Léger, Two Women es una comedia con una propuesta reflexiva, interesada en problematizar el deseo femenino, la insatisfacción doméstica y la carga simbólica del hogar. No obstante, su apuesta por un tono liviano termina por debilitar aquello que plantea. Aun así, hay momentos valiosos en su intento. Two Women no ofrece respuestas cerradas; propone, más bien, una serie de preguntas incompletas sobre qué significa desear, habitar un cuerpo y reclamar espacio propio cuando la vida cotidiana parece haberlo ocupado todo.
Se presenta en teatros en el mes de Abril.