Edición
49

No tocar. Un mundo intangible

Miami
Hoy los NFT, Nonfungible Tokens ocupan el lugar de los bocetos, dibujos y pinturas al óleo quitándole protagonismo al sentido del tacto. ¿Hemos perdido el significado más profundo del arte, cuando lo que pretende una obra es exaltar nuestros sentidos?

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La pandemia nos ha llevado a todos a considerar nuestras preferencias, a revaluar nuestra vida y a pensar en cómo podemos sobrellevar una existencia sana. En el mundo en el que vivimos, un abrazo se ha convertido en un lujo, de pronto lo táctil se ha vuelto algo prohibido.

Vivimos en la era digital, las computadoras, los videos, el Facebook o el Instagram nos acostumbran a que todo se nos aparezca rápidamente, que nos genere endorfinas instantáneas. Y, cuando vivimos navegando en la web, inmersos en una realidad virtual, qué ocurre con el arte que, de hecho, ya se adquiere con Bitcoins.

En un viaje que hice recientemente a la Ciudad de México, me encontraba en un mercado al sur de la ciudad. Paseando, viendo las baratijas, me encontré con un letrero que decía¨ Antes de tocar ponerse gel¨. Esto me hizo recapacitar acerca del tacto, uno de los cinco sentidos, parte de nuestra existencia como seres humanos. El tacto ha sido enaltecido en la antigüedad y nos ha permitido ser creativos, inventar, moldear, y esculpir.

¿Qué hubiera dicho Pigmalión quien se enamoró de su escultura y le pide a los dioses que la hagan humana? Venus concede su deseo y en vez de tocar el mármol tallado acaricia finalmente la piel de su amada Galatea.

Hoy el tacto se encuentra reprimido. Pienso que mucho antes que la pandemia comenzara, ya se notaba un deterioro de esta cualidad humana. Cuando vemos algo que nos llama la atención queremos acercarnos y tocarlo, tenemos una necesidad de cerciorarnos de que existe y nos inclinamos a conocer su textura. Es famosa la escena del Evangelio de Juan, donde Tomás pone en duda la resurrección de Cristo y toca sus heridas para aseverar que Jesús ha vuelto y está enfrente de él. ¿No es así como nos sentimos cuando solo usamos la visión? Queremos sentir con las yemas de los dedos, queremos aproximarnos y sentir con nuestra piel. Podríamos pensar que el tacto ya es cosa del pasado. Ya no nos damos un apretón de manos, nos saludamos de lejos, tememos acercarnos y tocarnos.

Hoy leemos, pintamos, o esculpimos de forma digital; a través de los ojos y no de la piel.

En el mundo del arte surgen dos vertientes; una, la que no nos permite estar cerca de una obra de arte, como en los museos que, por razones de seguridad y de preservación, no permite acariciar una escultura. Queremos tocar el bronce, el mármol o el papel, sin embrago no queremos dañar las piezas o deteriorarlas y por eso mismo nos vemos obligados a apreciarlas desde cierta distancia.

Por el otro lado tenemos la segunda tendencia, la del arte inmersivo donde nos adentramos en la obra, es algo vivencial, interactuamos con ella, participamos y en ocasiones nos convertimos en parte de la obra misma. Pensemos en obras como la de Robert Rauschenberg, llamada Black Market. En 1961 cuando exhibió su creación en Ámsterdam invitó al público a participar. Había una maleta con el comando de “abrir” y la gente podía tomar un objeto de la caja, pero debía dejar uno propio adentro, generándose, como el título de la obra indicaba, un mercado negro. Los espectadores se convertían en ese instante en colaboradores activos agregando y suprimiendo objetos. Sin embargo, esto ya no es permitido, el trabajo esta exhibido en el museo y hay que preservarlo. El origen de la obra de Rauschenberg queda solo como testimonio de lo que fue.

Pensemos también en la exposición Dada en Colonia, Alemania. En 1919. Max Ernst realizó una escultura y junto a ella colocó un hacha incitando a los visitantes a utilizarla. La gente empezó a atacar las obras y se generaron grandes disturbios. La exhibición tuvo que ser clausurada por la policía, pero por lo menos había esta interacción, y los sentidos no estaban reprimidos, al contrario, el Dada liberaba los instintos y los sentidos se despertaban gritando.

Durante las diferentes etapas de la historia del arte tenemos muchos ejemplos de cómo el tacto ha sido representado. Durante la época de oro en los Países Bajos, los artistas se interesaron por representar series de composiciones dedicadas a los cinco sentidos, y el tacto juega un papel preponderante en ellas. Los personajes se tocan y se abrazan; sienten la piel del otro, la textura de una tela o lo suave de una fruta. Pero actualmente, el tacto es relegado a un segundo plano. Distancia… distancia, nos anuncian las medidas de sanidad, no acercarse, no tocar, no sentir, no respirar.

Si pensamos en la escultura, ésta se creó específicamente para ser tocada, para ser sentida con los dedos, para llevarla en la mano, para acariciarla y no simplemente para admirarla visualmente. Dentro de las primeras creaciones escultóricas de la prehistoria, una de las más conocidas es el la famosa Venus de Willendorf; la pequeña figurilla cabe en la palma de la mano, y esa es parte de su función, ¡tocarla, manipularla, sentirla por los poros! Su característica tridimensional y el material usado, nos invita a sentir sus relieves con las yemas de los dedos.

El instinto infantil de conocer el mundo a través de tocar es hoy reprimido, más que nunca. Nos cuestionamos acerca de lo táctil, vivimos en la era de lo digital. Los NFT, Nonfungible Tokens, empiezan a circular en vez de bocetos, dibujos o pinturas al óleo. Este instrumento digital permite a los artistas crear dentro de lo que se llama en tecnología el blockchain (cadena de bloques), de esta manera mantiene el control del mercado de su obra y no depende de marchantes de arte ni de galerías, el artista es el dueño de su trabajo y recibe directamente los beneficios de él. A partir de que Michael Winkelmann, mejor conocido como Beeple, vendió su obra Everydays: the First 5000 Days en Christie’s en diciembre del 2021, por $69.3 millones, el arte dio un vuelco vertiginoso hacia la creación digital.  Artistas como Damien Hisrt, que normalmente utilizan objectos tangibles para comunicarse artísticamente, empezaron a incursionar en este nuevo mundo. Estas obras digitales son únicas, se crean con un código especial y se transfieren a través del internet, usando casi siempre criptomonedas para comprarlas. Uno de los atractivos de crear usando la world wide web (la red) es que se trata de un mundo universal, descentralizado y sin dueño, y de esta forma el artista toma el control.

La gente empieza a comprar arte virtual en vez de una figurilla de bronce o de mármol. ¿Es que acaso hemos perdido el significado más profundo del arte, cuando lo que pretende una obra es exaltar nuestra sensibilidad?

Quizás en el futuro desarrollemos la vista mucho más que los otros sentidos. Ya no tocamos un libro, no olemos el papel y la tinta, no dibujamos con carboncillo ni se esculpe con cincel. Hoy leemos, pintamos, o esculpimos de forma digital; a través de los ojos y no de la piel.

Termino de escribir este texto sentada en un café donde ya no existe un menú impreso, sino que hay que usar el código QR para poder ordenar la comida. Ya ni siquiera se usa la tarjeta de crédito plástica, que por lo menos era un material innovador en su momento y finalmente tangible para pagar la cuenta, sino que se cobra a través del teléfono celular. De hecho, ya no escribo, sino que le dicto a mi celular y ni siquiera tengo que tocar el tablero de la computadora con mis dedos. No tocar…

11 Comentarios

  1. No puedo superar los extraordinaria que eres. Muchas gracias por compartir este artículo tan interesante. Batia Cohen extraordinario

  2. Muy bueno Batia. Muy facil de identificarse con esto para mi y para mi generación, pero para los jóvenes q vienen quizas llegue a ser incomprensible …..

  3. Me impresione al darme cuenta de la verdad de tu escrito no es que no lo sabíamos pero al leerlo se hizo mucho más real Fue muy interesante y didáctica tu manera de escribir esta parte de nuestra realidad actual

    1. A veces vemos cosas pero no nos detenemos a observar. Las sabemos pero no paramos a analizarlas. Todos los días aprendo algo nuevo.

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