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47

Misoginia femenina: Mujeres que odian a las mujeres

Miami
¿Por qué razón las mujeres se ponen del lado de los misóginos en un mundo de hombres? Conversas entusiastas de la misma ideología que sus homólogos masculinos, las misóginas despliegan tácticas de odio similares y, en ocasiones, peores que las de los hombres.

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La misoginia es un tipo particular de odio o desprecio injustificado hacia las mujeres en un mundo masculino. Por mundo masculino me refiero a una sociedad donde los hombres tienen más poder y privilegios que las mujeres. Los Estados Unidos es un mundo masculino o sociedad patriarcal, como también es llamado.

Algunos datos de evidencia: En 2019, 127 mujeres ocuparon un lugar en el Congreso de Estados Unidos, formando el 23,7% de los 535 miembros. Nosotros, los americanos, nunca hemos elegido a una presidente mujer. Aunque algunos empleadores están legalmente obligados a tratar de igual manera a las mujeres, las estadísticas muestran una brecha salarial entre hombres y mujeres. En 2018, una trabajadora de tiempo completo ganó alrededor de 80 centavos por cada dólar que ganó un trabajador de tiempo completo, según datos del censo.

La pregunta del millón es: ¿por qué los hombres odian a las mujeres en un mundo masculino?

La misoginia se divide en dos grandes categorías: la basada en el odio y la basada en el desprecio.

El fundamento del odio de los misóginos es lo que yo llamo el ideal de la feminidad. El ideal femenino que sigue existiendo hoy en día y es el de la mujer delgada, juvenil, hermosa, atractiva, de temperamento ligero, con afinidad a la crianza, compasiva, no promiscua, no demasiado ambiciosa y con modales femeninos. En algunos sectores de la población, las mujeres también deberían ser domésticas y serviles para vivir acorde a los estándares prevalecientes. Este tipo de misóginos odia a la mujer cuyo comportamiento o apariencia se desvían demasiado de este ideal de feminidad.

Los misóginos que desprecian a las mujeres consideran que las decisiones de ellas están limitadas por su biología, nos ven como inherentemente inferiores debido a nuestra naturaleza femenina. Según estos hombres, esa naturaleza es sucia y por más que intentemos, no podemos limpiar esta suciedad. Está integrado a nuestra herencia cultural que el cuerpo femenino carece de pureza y gracia debido a su vínculo inherente con cosas corporales como las relaciones sexuales, la menstruación, el embarazo y el parto.

A los ojos de la misoginia temerosa, la inmundicia se encarna en nuestra feminidad. Es en virtud de nuestra inmundicia femenina inherente que los hombres nos ven por debajo de ellos. Somos criaturas inferiores por nuestra propia naturaleza, debido al vínculo inquebrantable que mantenemos con las cosas corporales, la manipulación, la irracionalidad u otros rasgos sucios.

Esto nos motiva a preguntarnos por qué los hombres odian a las mujeres en un mundo masculino. La respuesta corta es que la misoginia, cuando se expande, puede ser una herramienta en la sociedad patriarcal para dificultar el progreso de las mujeres y aumentar el poder y los privilegios de los hombres. A pesar de ser moralmente reprensible y socialmente injustificable, la misoginia masculina es racional en el sentido prudencial de racional.

Pero esto nos lleva a otra pregunta más complicada: ¿por qué hay mujeres que apoyan a los hombres misóginos en un mundo masculino? Esto es claramente irracional, incluso en el sentido prudencial de la palabra racional.

Al igual que sus contrapartes masculinas, las mujeres misóginas son impulsadas por el odio hacia las mujeres que se desvían del ideal femenino, o por el desprecio por las mujeres en general, debido a su supuesta e inherente naturaleza inmunda. Las mujeres misóginas que más se destacan en Estados Unidos, en la actualidad se dividen: la puritana, la que se odia a sí misma, la que se auto desprecia y la diablesa.

Si bien los hombres tienden a liderar movimientos misóginos de gran alcance, muchas mujeres también son misóginas. Son conversas entusiastas de la misma ideología que sus homólogos masculinos y despliegan tácticas de odio similares y, en ocasiones, peores. De hecho, la evidencia sugiere que, en Twitter, las mujeres usan un lenguaje misógino con más frecuencia que los hombres.

Al igual que sus contrapartes masculinas, las mujeres misóginas son impulsadas por el odio hacia las mujeres que se desvían del ideal femenino, o por el desprecio por las mujeres en general, debido a su supuesta e inherente naturaleza inmunda.

Las mujeres misóginas que más se destacan en Estados Unidos, en la actualidad se dividen en cuatro categorías a las que llamaré: la puritana, la que se odia a sí misma, la que se auto desprecia y la diablesa
Como los misóginos llenos de odio, la puritana también considera el ideal femenino como el de la mujer delgada, juvenil, hermosa, atractiva, de temperamento ligero, maternal, compasiva, no promiscua, no muy ambiciosa, con modales y presentación femenina, y a veces también doméstica y servil al hombre. Ella considera estar bastante cerca de este ideal, teniendo las cualidades femeninas que cree son las más importantes.

Lo que hace que la puritana sea misógina no es su apoyo al ideal femenino, sino su odio hacia las mujeres que deliberadamente se distancian de la feminidad convencional y las normas tradicionales de género, como las feministas, las mujeres profesionales y las madres trabajadoras. Ella apunta a este tipo de mujeres porque, en su opinión, son mujeres malas que transgreden deliberada o imprudentemente el orden natural de las cosas.

A pesar de considerarse a sí mismas como diosas domésticas, las puritanas son habitualmente provocadoras públicas que tienen como misión vital el disciplinar a sus hermanas perdidas y eventualmente devolverlas al camino correcto. Algunas son celebridades con sus propios canales de YouTube, podcasts llamativos, blogs de ferviente maternidad, o programas televisivos estelares; el resto tiende a participar activamente en tercos grupos antifeministas como Mujeres Contra el Feminismo o Mujeres por la Disciplina Doméstica Cristiana, donde los azotes a las esposas pueden ser usados para mantener dicha disciplina.

Michelle Duggar, un ama de casa sumisa y santurrona y estrella de un reality show en televisión, es un excelente ejemplo de una misógina femenina puritana. Ella promueve la sumisión femenina completa. En un blog para recién casados, aconseja a las mujeres acerca de cómo mantener a sus esposos felices: “Mantente disponible, pero no solo disponible, sino alegremente disponible para él. Sonríe y muéstrate dispuesta a decir ´Sí, cariño, estoy aquí para ti´, no importa que estés exhausta, embarazada o no te sientas igual que él” (“Consejos para recién casadas de Michelle Duggar”, Michelle´s Blog, 8 de octubre de 2015).

La misoginia de la chica buena y servil que adopta Duggar no es tan rara como se puede esperar. Antes de las elecciones presidenciales del 2016, un gran número de mujeres twitteaban el hashtag #repealthe19th (derogar el 19), para demandar la revocación los derechos del voto femenino, luego de ver que la elección de Trump estaba asegurada si votaban solo los hombres.

La misógina que se odia a sí misma, el segundo tipo que odia a las mujeres, también tiende a odiar a las mujeres que se alejan deliberadamente del ideal femenino y las normas de género tradicionales, por ejemplo, se dirigen a las mujeres competitivas, controladoras, propensas al enojo o que actúan de manera no femenina. Ella rinde homenaje a las normas de género tradicionales y toma cualquier oportunidad que se le presente para sermonear sobre sus virtudes sociales. Los hombres deberían ser el alfa dominante y las mujeres sumisas y obedientes. Pero a diferencia de la puritana, en este segundo tipo, la misógina se considera a sí misma como de mal comportamiento y se odia a sí misma por no tener la fuerza de voluntad para ser más femenina. Ese odio vuelto contra sí, y muchas veces el que es dirigido a todas las demás que vayan contra el ideal femenino, tiende a ser negado.

Suzanne Venker, la autora de Guía para la mujer alfa: cómo funciona el amor, entra en esta categoría, al menos en la manera en que ve su pasado como una esposa alfa. “Las mujeres se han vuelto muy parecidas a los hombres.” escribe Venker. “Son muy competitivas, muy masculinas, muy alfa”. Atribuye la “inhabilidad de encontrar amor duradero” de las mujeres modernas a su necesidad de dominar y subyugar. Dice que las mujeres que quieren encontrar amor duradero deben ser delicadas, no fuertes, deben descubrir su feminidad. Relata como ella solía resentir el tener que ser femenina para llevarse bien con su esposo. Pero sus “comportamientos alfa se chocaban con la naturaleza alfa de él”, escribe. “Éramos como dos toros en el mismo redil y había mucha fricción”.

Al revelar por qué decidió aceptar su feminidad, Venker menciona brevemente que ella tenía “cero interés en que su esposo adoptara un rol más femenino”. Al principio ésta puede parecer una razón lógica para cambiar. Pero si profundizamos un poco, las afirmaciones de Venker tienden a reflejar una parte más deprimente de su psicología.

La afirmación de que Venker tenía “cero interés en que [su] esposo adoptara un rol más femenino” supone que ella quería que él fuera la persona a cargo, el alfa. Se aferró a este deseo, incluso al adoptar sus propios comportamientos alfa en el matrimonio. Pero esto significa que su razón para cambiar su comportamiento no era para nada lógica. Su disonancia cognitiva la incitó al ajuste: quería que ella y su esposo fueran el líder alfa. Algo debía ceder.

Según ella misma, el conflicto interno de Venker, es decir, su deseo de que tanto ella como su esposo fueran el líder alfa era una gran fuente de angustia. La única forma factible de que ella calmara su agonía era silenciar uno de sus deseos disonantes. Pero hay poca simpatía en nuestra sociedad por los hombres impotentes que ceden ante las mujeres dominantes. Entonces, es natural que el deseo de Venker de ser el alfa en su matrimonio le inspirara odio hacia sí misma. Acalló su odio contra sí amordazando su ansia por el papel de alfa y, para legitimar su elección, se embarcó en su carrera de escritora.

La misógina auto-despreciativa, una de las dos misóginas femeninas despreciativas, ha internalizado el mito de la suciedad femenina. Como resultado, ha adoptado una actitud general de desprecio hacia todas las de su propia e inmunda especie, incluida ella misma. Desde su punto de vista, la mujer es inferior al hombre por sus características negativas inherentes, por ejemplo, su promiscuidad, manipulación, deshonestidad, irracionalidad, incompetencia o estupidez. Tiende a negar cómo su propio desprecio por sí misma es la base de su actitud crítica hacia otras mujeres.

He escuchado decir con insistencia que la propia idea del auto-desprecio en incoherente. Si me desprecias a mí, me menosprecias, porque me ves como inferior a ti. Pero así como no puedes ser más bajo que tú mismo, tampoco puedes ser inferior a ti mismo; esto es lo que dice la objeción.

Aunque es verdad que no se puede ser literalmente más bajo, o inferior, a uno mismo, podemos ver que esta objeción debe fallar en algún punto, porque, por la misma lógica se podría decir que no podemos culparnos a nosotros mismos, ya que al culparnos nos posicionamos en un lugar de superioridad y menospreciamos al culpable, desaprobándolo. Pero verse a uno mismo como superior y al mismo tiempo menospreciarse con una actitud juzgadora es apenas menos contradictorio que despreciarse a uno mismo.

El hecho es que podemos culparnos a nosotros mismos y lo hacemos, todo el tiempo. De hecho, las actitudes de juicio autodirigidas están profundamente arraigadas en nuestra cultura. Esto está resumido en forma de dichos como: «Solo tienes que culparte a ti mismo», «No seas tan duro contigo mismo» y «¡No te conviertas en una víctima de ti mismo!»

Somos capaces de juzgarnos a nosotros mismos al desempeñar distintos roles que reflejan diferentes aspectos nuestros. A menudo podemos desempeñar tanto el papel de juez como de acusado. Si hablas contigo mismo, es posible que estés familiarizado con esto. (Nota a mí misma: “Por Dios, eres un horrendo pedazo de mierda. Una jodida, patética perdedora. ¡Deja de hacer cagadas!!”)

Cuando nos juzgamos a nosotros mismos, nuestra consciencia ocupa el rol del juez insensible y cínico, y la parte de nosotros que se siente mal ocupa el papel del acusado. El trabajo se divide entre la razón y la pasión.

El auto-desprecio es exactamente eso, el desprecio a uno mismo. Se materializa cuando tu consciencia ocupa el rol del acusador y tus emociones el del infractor, a quien se hace sentir inferior y horrible. Supuestamente Adolf Hitler se auto-despreciaba debido a la vergüenza que sentía por sus raíces judías.

La diablesa misógina, la segunda rama de misóginas despectivas, se ve a sí misma como superior a otras mujeres y al mismo nivel, o por encima, de los mejores machos alfa de su mundo. Las demás mujeres son, en su opinión, inferiores a los hombres debido a sus inherentes rasgos inmundos, por ejemplo, su asociación con cosas corporales o su incompetencia, pero de alguna manera, ella nació milagrosamente sin esos vicios. La diablesa puede poseer algunas virtudes femeninas estereotipadas como la belleza y la delgadez. Pero, se percibe a sí misma portando cualidades masculinas estereotipadas como la inteligencia, la fuerza de carácter y la racionalidad; y su comportamiento a veces puede ser más masculino que el de sus compañeros de trabajo, de clase o el de sus amigos. No se sorprenda si descubre que puede beber más que cualquiera de ellos.

La diablesa está en constante competencia con otras mujeres y prefiere empujarlas fuera del camino de ascenso laboral o de la escuela antes que apoyarlas para que progresen. Sin embargo, la diablesa logra escapar magistralmente a cualquier tipo de castigo por su comportamiento. Mientras esperas el elevador de la oficina con tu caja de objetos personales y tu planta marchita, tu rival está mirándote desde su superioridad profesional y su risa triunfante resuena en el aire.

En su artículo “Por qué las mujeres son las peores misóginas”, publicado en el Daily Mail el 17 de agosto de 2016, Vievienne Parry, una periodista y presentadora británica, describe a su madre como una misógina de este tipo. Cuando Parry reveló a su madre que quería estudiar ciencias en la universidad, ella le respondió: “¿Para qué?”. A Parry le sorprendió y le hizo preguntarse: “¿Por qué mi madre estaba tan opuesta a ayudar a otras personas de su propio género a llegar a la misma altura que ella? ¿Por qué odiaba elogiar los logros femeninos, incluso cuando la que los lograba era su propia hija?”. Al mirar su pasado a través del lente contemporáneo, la respuesta a su pregunta fue aterradoramente simple: “Temo que mi madre era una misógina”, escribe.

La madre de Parry era una mujer de negocios despiadada, más varonil que los hombres, y podía superarlos fácilmente bebiendo más que cualquiera de ellos. Parry escribe que su madre se consideraba la única mujer que merecía un lugar en la cima de la empresa, miraba a las demás con desprecio y prefería apuñalar a una compañera de trabajo por la espalda antes que ayudarla a progresar.

Según Parry, la misoginia femenina prevalece aún más hoy que en los días de su madre. La misoginia masculina corre desenfrenada en la sociedad actual, pero, como señala Parry, la misoginia femenina puede ser aún más tóxica. Es posible que las mujeres no te golpeen en la cara, aunque eso me sucedió una vez, pero si te interpones en su camino o te elevas al estrellato más rápido que ellas, ten cuidado. Antes de que tengas tiempo de parpadear, es posible que te hayan despedido, se hayan escapado con tu esposo y hayan adoptado a tus hijos. Como dice la periodista británica, «cuando hay tan pocas mujeres en los niveles superiores, muchas de ellas piensan que deben comportarse como una tigresa, usando todas las armas a su disponibles para proteger su posición contra otras hermanas.

Al considerarse superior a la inferioridad femenina, la diablesa piensa como un hombre y por lo tanto, evita los efectos negativos de ser una mujer en un mundo masculino.

Así que ahí lo tienes. En manos de hombres y diablos, la misoginia es una herramienta para abrirse camino. El uso de esta herramienta es racional en el sentido prudencial de racional. Por supuesto, así entendida, la racionalidad no es algo de que enorgullecerse, apesta a narcisismo. Por lo tanto, no nos apresuremos a condenar a las misóginas. Son simplemente prisioneras en un mundo de hombres, el tipo de mundo en el que ganas solo cuando te pones a ti mismo y a tus propios intereses egoístas en primer lugar.

Notas:
Artículo adaptado del libro de la Dra. Brogaard: Odio: entendiendo nuestra emoción más peligrosa (Oxford University Press, 2020).
Traducción Isabel García Cintas – Antonia Lorenzo

3 Comentarios

  1. Lo que realmente sorprende es que esas mujeres de las que habla la autora en su magnífico artículo sean tantas y en sociedades avanzadas como la estadounidense ( también en España) y ¡¡ en pleno siglo XXI !!

  2. En España las mujeres misóginas también se dividen en estas cuatro categorias: la puritana, la que se odia a sí misma, la que se auto desprecia y la diablesa.
    En twitter estas manipuladoras se alían en manada junto con otros misóginos grisasexuales, incels y acomplejados MGTOW para propagar su odio hacia las mujeres y los feministas.

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