Edición
49

La desmaterialización del mundo

Miami
La ciencia, la tecnología y las políticas apuntan a reconvertir los recursos y las costumbres para cuidar del planeta y alcanzar una economía sustentable. ¿Qué perfil va tomando la desmaterializacion del mundo?

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Recuerdo un cuento que trataba sobre un cierto grupo de humanos que habían sobrevivido a un período catastrófico de la civilización toda, encerrados en bunkers. Sólo mantenían el contacto con el exterior y los otros a través de una serie de máquinas y aparatos con los que se comunicaban entre los tantos que aun existían. Al principio pareció imposible, pero el miedo al afuera y la armonía del interior del refugio -monótono pero apacible- habían hecho factible la transición a este nuevo tipo de vida. Con el tiempo, dejaron de encontrarse entre los sobrevivientes y solo supieron los unos de los otros, gracias a este tipo de encuentro tecnológico y virtual; como corolario los habitantes fueron perdiendo el uso de ciertos hábitos, sentidos, y algunas otras nociones, pero ello se volvió, sutilmente, su nuevo normal.

El relato tiene una gran semejanza con cambios que irrumpieron con fuerza en nuestro mundo real en los últimos años y que, dado que las condiciones tecnológicas estaban ya desarrolladas y maduras, fue accesible para buena parte de los seres humanos maximizar y exacerbar los usos de nuestro universo virtual -proceso que se intensificó y aceleró al aparecer la pandemia del COVID-19-. El fenómeno trajo nuevas costumbres y acentuó otras y, para pensarlo, apareció -entre muchas- a la idea que estábamos entrando a una era de desmaterialización de las relaciones de los hombres entre sí y de los humanos con las cosas.

Este término venía ya rondado nuestro universo de debates. Por ejemplo, en las últimas décadas, se ha tomado conciencia de la imperiosa necesidad de frenar los altos índices de contaminación ambiental para que continue siendo habitable el planeta tierra en el futuro; en esa línea se acepta que es imperioso hacer un giro indeclinable hacia las economías sustentables, con limitadas emisiones de carbono y mínima contaminación ambiente. Para lograr este objetivo se habla de una necesaria reducción en el uso de materiales. Esta desmaterialización de gran escala, sin precedentes, no puede lograrse sin la colaboración de todos los factores de la sociedad: desde los gobiernos y los sujetos activos de la economía, desde los medios de comunicación y las instituciones educativas, desde la ciudadanía y sus consumos. Se necesita de todos porque una desmaterialización radical no parece, en primera instancia, ser compatible con el tipo de crecimiento económico que hasta ahora conocemos: a menor uso de materiales -priorizando necesidades, para reducir el desperdicio y la contaminación- le corresponde una economía reducida, más pequeña. Se teme que políticas de desmaterialización conducirán a frenar el crecimiento económico y, bien sabemos, que las economías capitalistas se presentan inestables cuando no crecen, reflejando esto en inconformismo o malestar social.

Entonces la clave está en emprender este proceso de reducción de demanda de materiales, con la colaboración de todos los factores de la sociedad, como bien ya dijimos, para reconvertir los recursos y también a los individuos, con la intención de que se evite todo tipo de achique económico, con el objetivo principal claro: que ninguna persona quede excluida del mercado, ni como productores ni, desde luego, como consumidores. Y las condiciones de desarrollo tecnológico parecen estar dadas para profundizar los pasos en pro de este camino.

La desmaterializacion …se ha tomado conciencia de la imperiosa necesidad de frenar los altos índices de contaminación ambiental para que continue siendo habitable el planeta tierra en el futuro; en esa línea se acepta que es imperioso hacer un giro indeclinable hacia las economías sustentables, con limitadas emisiones de carbono y mínima contaminación ambiente. Para lograr este objetivo se habla de una necesaria reducción en el uso de materiales. Esta desmaterialización de gran escala, sin precedentes, no puede lograrse sin la colaboración de todos los factores de la sociedad

Un vuelco a la utilización más racional y selectiva de los recursos finitos, de la desmaterialización consciente, se ve en muchísimas expresiones de las producciones, usos y consumos de nuestro mundo actual. Tenemos el ejemplo de las construcciones de todo tipo, las arquitectónicas, e incluso en la indumentaria y la moda, con materiales de reciclaje; y en el mundo del arte, con la irrupción de los NFT en las interacciones entre coleccionistas y otros.

En muchísimos frentes estamos ampliando nuestra vida virtual. Las transacciones económicas basadas en la tecnología del blockchain con criptomonedas irrumpen estos tiempos desmaterializados. Pero lo hacen con tal presencia porque, hoy por hoy, están dadas y maduras las tecnologías y relaciones que posibilitan su aceptación, difusión y circulación. Todos los componentes de la sociedad están en mayor o menor medida preparados, aunque esto no evite la existencia de cierta desconfianza o reticencia a una plena adopción.

Algo similar a esta idea de una realidad de menos cosas y la desmaterialización, se filtra con el planteo del profesor, filósofo y ensayista de origen surcoreano, Byung-Chul Han, cuando en su último libro No-Cosas[1] plantea que, hasta hace poco atrás, el mundo terreno se componía de cosas, estas le otorgaban materialidad, operaban como anclaje concreto y duradero para los hombres. Sin embargo, en la era digital estas cosas están siendo desplazadas y sustituidas por información sobre ellas, con muchísima y hasta exceso de esta: “La información, es decir, las no-cosas, se coloca delante de las cosas y las hace palidecer” … “la digitalización desmaterializa y descorporeíza al mundo”, que se hace cada vez más intangible.

Sin embargo, la capacidad humana de identificarnos y relacionarnos con “no-cosas” no parece ser el punto novedoso de nuestros tiempos, no resulta ser el aporte distintivo de la era digital, aunque ésta bien se ancle sobre la virtualidad. Los objetos materiales eran y son, a la vez, bienes de uso con finalidades específicas, pero además, estaban y están recubiertos de un valor simbólico que hace referencia a la sociedad toda, con los lugares y jerarquías que operan en ella en un momento determinado.

La parte inmaterial, no-cosa, o sea el valor simbólico de los objetos, habla de los usuarios y sus relaciones. Nos presenta información sobre estos. Opera como un halo que transcribe un código compartido por los actores participantes al interior de un juego comunicacional, y donde también hay quienes nominan y dominan el mismo y otros que sólo reproducen. Es un juego donde se disputa la pertenencia, la distinción y, por ende, el poder y que, muchísimas veces resulta incomprensible, e incluso imperceptible, para quienes no participan del mismo. O sea que la parte informacional –no-cosa– de las cosas, no es en absoluto una nueva cara del mundo material.

Donde sí es evidente que nos encontramos con la novedad es en cómo accedemos a la información, cómo esta nos habla de las cosas, a qué velocidad lo hace, en qué cantidades se nos aparece y, por supuesto, en la polifonía de voces que ahora logran presencia y difusión. En estos espacios de interconexión podemos escuchar dicciones nuevas y, tal vez, descubrimos allí, en el universo, que existen otros seres con quienes compartimos pareceres, apreciaciones, dolores, placeres, inquietudes, experiencias. Hay nuevos encuentros, empatías, ecos, que evidencian cuánta fragmentación y soledad, cuantos gritos mudos, ahora pueden beneficiarse de reconocerse en pares desde este mundo virtual.

Pero las palabras son muchas y la información, permanente y cambiante, también es inconmensurable. Como marca de nuestra época, para grandes partes de la sociedad, es tanto el tiempo que interactuamos con la tecnología de nuestros teléfonos inteligentes y otros tipos de ordenadores, que nos encontramos inmersos en un mar de estímulos informativos que aturden nuestra capacidad de raciocinio, nos sobre estimulan y alteran nuestras sensaciones. Pareciera que la información, sobre los hechos y las cosas, circula y se nos aparece omnipresente, desde múltiples aparatos tecnológicos y en todo momento del día. Se nos inmiscuye cuando prestamos atención y, de forma subliminal, cuando no lo queremos, como si flotara en el ambiente, en el aire que respiramos.

Y entonces volvemos a leer Byung-Chul Han que con una dialéctica atrapante describe cómo a partir de cierto punto esta hiperinflación informativa genera confusión. La cantidad y constante regeneración de datos, produce ruido, falta de certezas, genera sensaciones de inestabilidad; parece imposible acumular tanta información, el mundo real se presenta inasible. Sostiene que entramos en un mundo postfactual en permanente cambio, con una estancia temporal extremadamente volátil, basada en emociones sin permanencia y de escasa duración.

Pero, no podemos dejarnos caer en la fácil tentación de añorar con mirada romántica el pasado y culpar a la tecnología de todos los males, como si esta le cayera del cielo, en un paracaídas, a nuestra sociedad. Cuando en un momento histórico, el desarrollo de las fuerzas productivas y las ciencias alcanzan la madurez necesaria para que sus avances sean utilizados, incorporados y adoptados por la población, ésta pone en práctica sus herramientas culturales, saberes y estrategias adquiridas, formadas y transformadas a lo largo de ese mismo proceso, que le permitirán apropiarse y beneficiarse de ese desarrollo tecnológico. La mayoría de las veces este acontece porque, entre muchas otras cosas, viene a salvar una necesidad, a llenar un hueco o falla de la estructura, aunque a muchos les resulte más reconfortante el andamiaje previo. Por eso, como en el cuento del inicio de nuestra reflexión, los habitantes van adquiriendo ciertos hábitos, nuevos sentidos, y algunas otras nociones y este mundo más desmaterializado se vuelve, sutilmente, su nuevo normal.

 

Notas:
[1] Byug-Chul Han “No- Cosas: Quiebras del Mundo de Hoy” Ed. Taurus. 2021.

Un comentario

  1. Felicitaciones siempre a LU
    Gracias Silvina por tu nota, por el mensaje.
    Me sorprendió “la hiperinflación de la información”… buena metáfora!
    Abrazo
    Mariam

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