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49

Cáceres. Una ciudad monumental

Cáceres
Una ciudad de Extremadura, España, que es Patrimonio de la Humanidad, y que prestó sus escenarios para Juegos de Tronos, entre muchas otras filmaciones que se hacen entre sus muros.

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Volviendo a los lugares que son Patrimonio de la Humanidad, qué mejor emplazamiento que una de las ciudades más bonitas, interesantes y monumentales de España: Cáceres. Pasear por su casco antiguo es perderse en calles medievales adoquinadas, admirar casas y palacios fortificados, disfrutar de edificios góticos y renacentistas. Pero para mí, además, es regresar a una etapa importante en mi vida ya que estuve tres meses en el CIR Santa Ana, en el Centro de Instrucción de Reclutas ubicado junto a la N-630. Aún el servicio militar era obligatorio y mi primer ciclo transcurrió en él.

Cuando la pandemia nos dio un respiro, la necesidad de viajar apremiaba y decidí recorrer un sitio donde también el recuerdo me acompañara. Aproveché mi ruta por la ciudad para volver a 1986, período en el que comprobé la diferencia entre el mundo universitario y el castrense, amplié mis relaciones personales y descubrí un lugar maravilloso. Fue precisamente en ese año, cuando Cáceres fue reconocida por la UNESCO como Ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Entré por el Arco de la Estrella, puerta principal a la zona medieval. Abierta en el siglo XV para comodidad de la nobleza que ostentaba casas y palacios intramuros. En la parte exterior del arco se encuentra el blasón de la ciudad y en el interior está la imagen de la Virgen de la Estrella, iluminada de noche por un pequeño farol. Junto a él se encuentra la ermita de la Paz, con un retablo barroco obra de Pedro Correa, la torre Bujaco donde estuve viendo su centro de interpretación y luego subí a la propia muralla medieval. Todo ello es un conjunto arquitectónico monumental difícil de igualar. Recorrí parte del adarve por encima del Arco llegando a la Torre de los Púlpitos. Allí permanecí un buen rato en el pequeño mirador, donde me deleité con las vistas de la ciudad.

La ciudad se ha convertido en multitud de ocasiones en escenario natural de series y películas. Un cinéfilo como yo debía mencionar esta cuestión y nombrar algunas de ellas: Juego de Tronos, Isabel o La catedral del mar entre las primeras, y también filmes como Los señores del acero de Verhoeven, 1492. La conquista del paraíso de Ridley Scott o La Celestina, de Gerardo Vera. Pasan de cincuenta los rodajes en estas calles empedradas con una ambientación magnífica para que Cáceres sea de película.

No muy lejos está el Ayuntamiento, que es de estilo neoclásico, se acabó en la segunda mitad del siglo XIX y no tiene tanta solera como los monumentos interiores, En el piso superior hay una balaustrada con un frontón en el centro donde está el reloj, debajo hay una balconada, sostenida por ménsulas. El edificio se eleva sobre una escalinata. Para mí, es especial, porque fue ahí donde me senté al llegar al centro, en el primer permiso que nos dieron en el Cuartel. Recuerdo que salí con mis compañeros Fernando y Jorge y nos contamos secretos de juventud. Treinta y cinco años después aún conservamos nuestras novias, ahora esposas. Los lugares siempre permanecen, estos escalones habían estado esperándome para volver a ellos.

Ya dentro del casco histórico transité por sus calles: Palacio Condes de Aduanero, Casa del Sol, Palacio y Torre de la Cigüeña, Plaza de las Veletas, Plaza de San Pablo, Jardín Cristina de Ulloa, justo al lado de la Plaza de San Jorge. El entorno es antiguo, aunque el origen es reciente, en honor a la esposa del entonces alcalde que falleció en un accidente de tráfico en 1971. Recordaba algo de mis tiempos juveniles. En ese jardín escribía cartas de amor. De aquello hace tres décadas y media. Me he informado y resulta que a mitad de los noventa hubo una última tarea en este lugar, el cerramiento de forja de hierro que hace más íntimo el jardín. Llegué una mañana de agosto y comprobé el halo de misterio y melancolía, me asomé al Mirador contemplando la Sierra de la Mosca, me senté bajo la sombra de los naranjos junto a unas camelias y unas hortensias, saqué mi cuaderno para anotar sensaciones y vi un quinteto algo peculiar que se divertía sobre los pilotes que rodean a un libro de piedra en la fuente del jardín. Eran dos parejas con acento andaluz y una señora bajita con el pelo completamente blanco que charlaba por los codos y que me recordó a una antigua profesora del colegio. Me alegraron un buen rato con sus ocurrencias, incluso les robé una foto.

Cáceres es una ciudad encantadora. Ya había descansado un rato. Así que seguí recorriendo la ciudad, me dejaba llevar por mis pasos: iglesia San Francisco Javier, Plaza de San Jorge, Plaza de Santa María, Iglesia de Santa María. Esta última es la más importante, fue construida entre el siglo XV y XVI y como catedral en 1957. En el banco esculpido que está en la portada principal, donde se halla la estatua de San Pedro Alcántara, se reunía antiguamente el Concejo Municipal. En esta visita, descubrí el detalle de que representa al Patrón de Extremadura. Sus pies dorados eran besados hasta antes de la pandemia por parte de los creyentes, debido a la devoción de los mismos, también tiene fama de atraer la suerte. Yo, por si acaso, los acaricié. Es un autorretrato del escultor Pérez comendador realizado en 1954.

Quería visitar la Judería, un lugar menos conocido, pero con rincones hermosos y con callejones entramados que hacen el pasear por el barrio una auténtica delicia. Pero antes me llegué al Museo, sobre todo para visitar el interior del aljibe almohade, uno de los mejores conservados de España y que está en El Palacio de las Veletas formando parte del edificio, cuyo acceso es a través del patio renacentista.

Otra de las facetas que se ha multiplicado en estos últimos años ha sido el cine. La ciudad se ha convertido en multitud de ocasiones en escenario natural de series y películas. Un cinéfilo como yo debía mencionar esta cuestión y nombrar algunas de ellas: Juego de Tronos, Isabel o La catedral del mar entre las primeras, y también filmes como Los señores del acero de Verhoeven, 1492. La conquista del paraíso de Ridley Scott o La Celestina, de Gerardo Vera. Pasan de cincuenta los rodajes en estas calles empedradas con una ambientación magnífica para que Cáceres sea de película.

Después de un recorrido agotador me senté bajo una sombrilla de uno de los bares de la Plaza Mayor a saborear una fresca cerveza con unas migas extremeñas y una patatera (embutido hecho con grasa de cerdo y puré de patatas), a mi lado un niño se lo pasaba genial mojándose en los chorros que salían del suelo a modo de fuente y frente a mí las grandes letras con el nombre de la ciudad. En mi segunda cerveza, acompañada de una tapa de zorongollo (ensalada de pimientos rojos), descubrí al divertido quinteto que vi hacía unas horas y que ahora posaba tras la palabra CÁCERES. Supongo que una de las fotos típicas de la actualidad, tan de moda en muchas ciudades europeas. Así que yo hice lo propio y saqué una instantánea.

Acabé mi visita con un helado, lo saboreé camino a mi coche pensando en que esta ciudad monumental conserva su pasado de forma espectacular y que yo me emocioné en ella disfrutándola, conmoviéndome y recordándola.

3 Comentarios

  1. Así es querido autor. Esta ciudad extremeña quizás sea uno de los lugares medievales mejor conservados de la península ibérica e incluso de Europa. Su casco antiguo incita al sosiego y la reflexión pero también a rincones que no sorprenderían durante su caminata, el repentino aparecer de un hidalgo con escudero, un posadero, herrero o cantero. Conserva su esencia medieval. Edificios monumentales emblemáticos y calles adoquinadas llenas de historias centenarias detrás. Cáceres llama a volver siempre. Yo, también viví mi CIR pero en tierras gaditanas. En aquel momento no descubrí la ciudad de Cádiz, ni tampoco San Fernando, mi destino. Fue uno de nuestros periodos separados de facultad, como bien sabes, estimado Antonio. Volví y reviví parte de mi historia como “Imeco”, al igual que tú lo has hecho. Aquellos que fuimos sargentos de la ya desaparecida IMEC, procedentes de la universidad, podemos disfrutar, de lo que fue y ha sido con el paso de los años, esas ciudades prácticamente inalteradas en el tiempo, como si fuese esa primera vez que nos acogió hace años. Gracias porque también me has hecho revivir parte de mi vida, aunque en lugares diferentes y tan bellos.

  2. También yo hice la mili (el servicio militar obligatorio) en el CIR de Santa Ana en Cáceres. Antes había estado Felipe González y poco después estuvo el futbolista Ricardo Gallego. Pero lo importante es que permanecí en esa, por preciosa, sorprendente ciudad de Cáceres durante quince meses. Visitar a menudo su excelente casco histórico, ver Annie Hall en un cine y escuchar muy buena música en algunos pubs son algunos de los recuerdos imborrables de esa etapa. Años después, esta vez por puro placer y con cariño, me desplacé de nuevo a la ciudad, donde recorrí el centro histórico entrando por el Arco de la Estrella, seguido del Palacio de los Golfines de Abajo, y visitando los lugares que tan estupendamente ha relatado Antonio Villalba. En aquella noche de verano, con la suerte de una gran luna llena, cené con mi mujer y unos amigos en la terraza de un restaurante en la Plaza Mayor. Todo fue una gozada que este artículo me ha removido. Debido a él me he prometido volver. Visitar Cáceres de nuevo será renovar un placer. Gracias al autor por recordármelo con su estupenda exposición.

  3. Yo conocí Cáceres en un viaje de estudios durante la carrera en 1978 . Aparte de la zona antigua de Cáceres recuerdo que la Plaza Mayor ofrece una perspectiva estupenda de las murallas y la escalera de acceso a la puerta de la Estrella por lo que es muy agradable parar en alguna de las terrazas al atardecer. Gracias por recordarme con tu artículo esta maravillosa ciudad

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