Una Mujer Fantástica – otro relato de injusticia social por Sebastián Lelio.

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Conocido por Gloria (2013), Sebastián Lelio parece ser un experto en el manejo y análisis de las convenciones sociales que se interponen en la expresión libre de la identidad de un ser humano.

Tanto en Gloria, donde una mujer madura divorciada reivindica su derecho a vivir libre de presiones y prejuicios, como en Una Mujer Fantástica, el director y guionista nos hace cuestionar las restricciones y normas sociales impuestas por el status quo, que favorecen a unos cuantos y recriminan y someten a la clandestinidad y a la condena social a otros.

Marina Vidal (Daniela Vega) es una mujer transgénero que trata de llevar una vida “normal”; es un ser humano como cualquier otro, trabaja como mesera en un restaurante, y es cantante en un Cabaret de noche. Tiene una relación con un hombre mayor, Orlando (Francisco Reyes), y los dos parecen tener satisfechas sus expectativas personales.

Todo parece funcionar bien entre ellos, y no sabemos exactamente cómo lo lograron porque del pasado de la relación se muestra poco. Pero un inesperado incidente provoca la muerte de Orlando, y Marina debe enfrentar el mundo tradicional que su pareja decidió abandonar tiempo atrás, un mundo que no solo la culpa sino que no la perdona, aunque ella no ha cometido ningún crimen. Un mundo que no le permite ni siquiera sufrir la partida de un ser querido.

Con escenas de auténtico realismo, pero con situaciones tan absurdas que rayan con el surrealismo, Lelio nos transporta y nos funde con la atormentada alma de Marina y nos hace cómplices de su inmerecido dolor y su justificada rabia.

Marina lucha por lo que le corresponde, y en parte lo logra no sin un sufrimiento extremo. La ex esposa de Orlando, Sonia (Aline Kuppenheim) la humilla, y lo mismo su hijo mayor (Nicolás Saavedra), quien toma medidas mas drásticas y violentas para deshacerse de su presencia. Marina es sometida a pruebas policiales y médicas que no se le harían a otra persona, porque también las autoridades cuestionan su humanidad. En otras palabras, Marina se convierte en una mujer fantástica.

El film nos muestra cómo es precisamente ese medio homofóbico e intolerante el que condena a personas como Marina a vivir en condiciones infrahumanas, y cómo las instituciones religiosas y políticas, que deberían ser las responsables de impartir humanidad, se encargan de perpetuar el problema, convirtiéndolos en criminales. Tomará varias generaciones superar actitudes como estas, y películas como La Mujer Fantástica pueden ser un pequeño grano de arena en el proceso educativo que permita modificar tales actitudes y conceder a estas personas un lugar respetable en la comunidad.

Este film está nominado por Chile como Mejor Película en idioma extranjero, y obtuvo, entre otras nominaciones y premios, un galardón especial en el Festival de Berlín.