Sexo, Mentiras y Redes Sociales

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Los perfiles virtuales en las redes sociales nos permiten mantenernos en el anonimato, lo que potencia nuestra capacidad para hacer realidad nuestras fantasías. ¿Cuánto de nuestra subjetividad termina convirtiéndose en producto?.   
Facebook, la red social del momento, al permitirnos construir nuestro perfil, nos abre la posibilidad de fabricarnos otra identidad. Esta realidad virtual brinda la posibilidad de exhibir una imagen de nosotros mismos idealizada, y hasta ficticia, que nadie que no nos conozca en la realidad física podría constatar como inventada.
Este es el planteo que nos hace Diana Cohen Agrest, en su nota “Del conventillo a Facebook” publicada hoy en el diario La Nación. Para la autora, “cuando no media impostura alguna, el perfil del usuario suele ser la consumación de un ejercicio narcisista a compartir en un intercambio que tiene mucho de curiosidad, algo de información y nada de esa verdad insustituible que marca la presencia real del cuerpo del otro.”
El tema de la necesidad de exhibirse y las relaciones en el ciberespacio también es abordado por La Lic. Diana Sahovaler de Litvinoff, autora del libro “El sujeto escondido en la realidad virtual, de la represión del deseo a la pornografía del goce”, que en entrevista con Letra Urbana expone que “el desarrollo cibernético se ha convertido al mismo tiempo en refugio y en escenario. En refugio ya que favorece las relaciones a distancia, el ocultamiento de la persona y el anonimato. En escenario, porque al mismo tiempo ha permitido un despliegue de fantasías y confesiones que en el universo virtual, encontraron una vía privilegiada de expresión.”
Para la escritora, “los avances tecnológicos en comunicación permiten un escondite bastante logrado, ya que el usuario se muestra pero ya no tiene que exponer al desnudo su subjetividad, puede expresar sus fantasías sin riesgo. En especial en esta época donde existe una presión social a decirlo todo, a mostrarlo todo, las personas quieren cumplir con este ideal, pero al mismo tiempo la exposición que esto implica los lleva a retroceder, la virtualidad permite mostrarse sin arriesgar tanto.” Tanto es así que “asistimos a la proliferación de amistades y enamoramientos virtuales. Estos tienen distintas cualidades, algunos intentan cultivar la intimidad, otros quieren transformar el vínculo en un espectáculo para que otros lo miren”, señala.
El subtítulo del libro de Diana “De la represión del deseo a la pornografía del goce” se refiere a un cambio en el ideario social, que hace que el deseo, en vez de reprimirse, se ostente y hasta se promueva bajo el mandato a gozar lo más posible. En este sentido, no se hace referencia al papel de la pornografía como estímulo sexual, sino a la pretensión de mostrarlo todo. “No sólo se exhibe lo sexual sino también el sufrimiento y la destrucción. Se irrumpe en la intimidad intentando el imposible develado de todos los secretos, para convertirlos en algo para ser consumido, para ser utilizados como show mediático.”
Lea la nota completa “El sujeto escondido en la realidad virtual” De la represión del deseo a la pornografía del goce, en Letra Urbana

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