Radical Genealogy: the Decline of Dauphins, Courtesans and Hounds

Por

UNA PARÁBOLA DEL PODER ABSOLUTO EN HARDCORE CONTEMPORARY ART
Por Adriana Herrera Téllez y Willy Castellanos Simons
La exhibición A Radical Genealogy: the Decline of Dauphins, Courtesans and Hounds (Genealogía radical: la decadencia de delfines, cortesanas y sabuesos) de Carlos Gámez de Francisco, curada por Adriana herrera y Willy Castellanos (Aluna Curatorial Collective), presenta por primera vez en Miami el trabajo de este joven artista cubano residente en Louisville. Hardcore Art Contemporary Space inaugura el sábado 14 de julio, día de la Toma de la Bastilla, esta exhibición que retoma la estética de este periodo histórico para indagar, a través de videos, animaciones e instalaciones, en el tema atemporal del deseo ilimitado de poder.
Carlos Gámezde Francisco se apropia de la atmósfera opulenta -y decadente- de la monarquía francesa en tiempos de la Toma de la Bastilla para establecer una parábola sobre el poder absoluto. El humor negro sirve como hilo narrativo de muchas escenas pictóricas que hacen converger lo cruento y lo absurdo con la ostentosa moda de la época. Cada marco abre una ventana a la historia y funciona paralelamente como espejo profético: en su fondo se atisba el destino que aguarda a los personajes que merodean en los excesos del poder. 
Sus diversos modos de perpetuación, a veces asociados al eros pervertido, desembocan –como en las diversas series del artista- en las taras genéticas (que se imponen como metáfora de las sociales) y en la condena a muerte que la Revolución Francesa asoció a la guillotina.  
Sobre las series
The Last Words of Louis XVII
La serie de pinturas y el video titulados The Last Words of Louis XVII expone el fetichismo de ciertos objetos o indumentarias como expresión del modo en que todo sistema absolutista penetra las  expresiones de la individualidad, homogeneizándolas. 
La elección de una estética preciosista, encarna esa fascinación por la peligrosa suntuosidad que exhala el poder. Los mecanismos de opresión y servilismo se multiplican en todos los espacios. No es extraño que algunas damas sostengan objetos como pequeños hombrecillos que visualmente se asemejan a los insectos prendidos a sus atavíos. La animación correspondiente desemboca en el trágico destino reservado a quienes comen el fruto de la desmesura, y revela la relación entre el eros del poder y el acecho de la destrucción.
Genealogía del poder
La perpetuación en el poder, bajo la modalidad de la excesiva duración individual y de su transmisión hereditaria, se representa en un árbol genealógico en el que florecen, a causa de la consanguineidad, las taras genéticas. La alusión a ese fenómeno que marcó la aristocracia europea de los siglos precedentes resuena tácitamente con las nuevas formas contemporáneas del nepotismo. Con agudeza, el artista correlaciona de modo atemporal las formas de promiscuidad en el poder con la decadencia y degeneración social.
Moda radical
La ritualidad de los trajes como investidura que transfiere sus atributos a quien los porta, obedece a que reflejan las negociaciones del poder tanto en la corporalidad individual como en el cuerpo social. La noción del lujo varía con las épocas pero siempre se asocia a los privilegios ofrecidos. La seducción que ejercen entre quienes sucumben ante las insinuaciones del poder, se refleja de modo oblicuo en estas mujeres que anudan -y enredan- cuerpos y trajes con una narrativa oscura. La famosa atracción hacia al abismo de una libido sin contención es tan fuerte y engañosa como la seducción que ejerce la libido imperandi, el deseo del poder ilimitado.
Los comedores de granada
La alusión a la granada, fruto exótico en Cuba, tiene una referencia biográfica para el artista, que nació en la antesala del Período Especial y creció experimentando restricciones económicas y migratorias. La fruta representa el exotismo de lo que está afuera y no podrá ser probado hasta cuando se logre dejar la isla. Es objeto del deseo y metonimia de todo lo vedado.
La evocación de “los comedores de Granadas”, personajes que sí tienen acceso a ésta –como podrían tenerlo quienes aún estando en Cuba disfrutan de alimentos privilegiados por su particular relación con el poder- se inspira en el film ruso El color de la granada, que Gámez de Francisco vio tras haber fijado su residencia en los Estados Unidos. La recurrencia a esa estética predominante en los años de su formación supone un acto de retorno que contiene la paradoja del exilio: ahora que puede comer “granadas” evoca ciertos imaginarios con una inconsciente carga de nostalgia. El fruto deja de ser símbolo de lo prohibido para funcionar como objeto de todo cuanto pierden quienes dejan sus tierras en cualquier tiempo y lugar como efecto de los desmedros del poder.