Lo que las mujeres poetas dejaron a su paso

Por Rafik Neme
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Pas de Deux

Hay en Pas de Deux  la conjunción de un grupo de mujeres que parecen puestas de acuerdo en diferentes aspectos cardinales de sus realidades.  Unas mujeres de la tierra, así nada más, que venían vestidas con una sencillez tan diáfana que podíamos tomar las palabras de sus textos en unas lecturas en que unas con otras iban haciendo un anillo como esas guirnaldas que se tejen en una fiesta, en distintas percepciones, pero unidas en el sinfín de la naturaleza. Nada les era voluble, todo venia de un presentir, de una experiencia, una razón familiar, una encomienda de la vida

En su libro, escrito a cuatro manos, Lizette, Pilar, Shely y Yiya nos propusieron un dúo al ritmo de la música esencial. Ellas son, en sus propias palabras,  voces que laten en un cuerpo de papel.

Yiya Ortuño traía su cadencia en una lengua nueva con esa inocencia de las mujeres ticas en su vivencia cotidiana de Guanacaste. Nos impresionamos todos con su lenguaje llano y maternal y  nos quedamos con los olores de la casa de su infancia y las nervaduras de su jardín

SEMBLANZA

A veces parece que tengo dos almas.
Un alma centella de laurel y orégano,
y otra soñadora,
que produce versos de sol y de miel.

La pasión poética se anuda en mi cuerpo.
El aire que canta atrapa la letra.

La letra que canta sacude raíces.
Se convierte en madre de todos los cantos.

Así mis dos almas, mis almas gemelas,
que un día visten mirto y otro yerbabuena,
adoban la vida con miel y limón.

También se entrelazan mis almas gemelas.
Por allá mis libros. Por allá el rigor.
La vida y el canto. La miel y el limón.

Así tuve hijos preñados de canto,
y una descendencia de miel y limón.

A todos los amo,
familia y amigos.
Así soy semilla. Semilla de tierra.
Semilla de amor.

Pilar Vélez nos recordó los mitos de esas mujeres fugadas de alguna pequeña acequia en el bosque,  los mitos colombianos o latinoamericanos, de las mujeres que se aparecen en las fuentes de agua.  Asumió su lectura en los vasos comunicantes con las otras poetas de una manera casi visceral.

EL ENCUENTRO (Fragmento)
Me incliné despacio, levanté con cuidado el viejo tapete de cabuya entrelazada que yacía como una sepultura, enterrado frente a la puerta, y tomé la llave, aprisionándola en mi mano. Sentí como si los tres la estuviésemos recuperando del abandono. Fue entonces que recordé el día en que mi padre me la entregó, al cumplir yo los siete años. Estábamos cenando y me dijo que me acercara para entregarme un regalo. Me sorprendió mucho saber que no se trataba de un juguete o un bate de béisbol, sino de una llave amarrada a un cordel color café. Él mismo me lo ató al pasador de mi correa, al tiempo en que el abuelo Marco sonreía y me daba una palmada en el hombro. Supe que se trataba de un obsequio importante por la forma en que me miró mi madre, pero no sabía con exactitud de qué se trataba, aparte de no tener que volver a tocar a la puerta, y si me lo dijeron juro que lo olvidé.

Lizette Espinosa, a pesar de vivir en la distancia, jamás se ha desprendido del sabor de La Habana.  Está tan integrada a su realidad actual que hasta en los silencios que nos mostró dejó entrever los ruidos que aún llenan su presente y nostalgia y la carga de su poesía intensa.

LA HABANA

La Habana es hembra de
ventanas abiertas
que seducen al viento.

Es girasol cargado de
plegarias a una Oshun
que danza entre lamentos.

La Habana es negra
del ocaso impuesto.

Es balcón insinuante.
Es sol en el mechero.
Es la sal en los labios
aliñando el recuerdo.
Es el álbum de fotos.
Es adiós y amuleto.

Es pila de bautismo.
Es donde duermen,
padre, tus huesos.

Shely Llanes Bresó ha tenido un universo trotamundos. Llegó a la poesía con una experiencia de vida primera y luego la cultivó en la forma.  Es evidente su desgarradura.   Su proceso creativo nos marcó.

LIBRE

Pájaro de metal,
en tu vientre va ese joven.
Inmóvil la figura.
Suspendido el aliento.
Él se puso alas
para alcanzar su sueño.

Visiones pasan en larga fila
por su mirada estática.
Aferrado como un pájaro indefenso,
ignora su feroz destino.

La muerte lo vino a buscar;
congeló sus alas, frenó su vuelo.

Él se durmió para siempre,
arrullado por el frío y el viento.
Pero no quedó a la deriva.

Una luz le guió, renovó sus fuerzas.
Encontró el camino.
Y llegó sin alas, libre,
ligero a un jardín de luces.
Donde no existe el tiempo

Presentó a las poetas la intelectual venezolana Elisa Arráiz Lucca.  Con sus aportes y conocimientos de la poeta Dulce María Loynaz y Rubén Darío, y con su tono afable,  mantuvo un ambiente de tertulia. A su lado Clarita Spitz, con  precisión en cada una de sus intervenciones, nos volvía a la realidad, integrándonos plenamente.

En Books & Books se está discurriendo un encuentro de  mujeres y hombre que crece con cada evento y genera discusión.  Letra Urbana se ha encargado de avivar la actividad cultural en esta ciudad,  permitiéndonos buscar la forma de asistir, evitando las excusas de las distancias y del consabido tráfico.