Jugando a ser dioses y el elixir de la Eterna Juventud

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En las últimas semanas, el mundo de la ciencia nos sorprendió con la noticia de la clonación de un mamut en menos de 6 años. Las implicancias éticas del experimento científico: la clonación y la incansable búsqueda del ser humano para crear vida (artificial) y evitar la muerte.  
La noticia explota en el mundo
De acuerdo con ABC España y Muy Interesante, un equipo de investigadores norteamericanos, japoneses y rusos, liderados por Akira Iritani, de la Universidad de Kyoto, aseguran estar en condiciones de llevar a cabo el nacimiento en laboratorio de un mamut lanudo, el primer ejemplar vivo de una especie que se extinguió hace 10.000 años.
Ya en el pasado verano los investigadores habían conseguido extraer ADN viable del tejido de un mamut en los hielos perpetuos de Siberia y lo habían conservado en un laboratorio de investigación ruso.
Si todo transcurre según lo previsto, el primer espécimen podría nacer en un plazo no mayor a 6 años, ya que se necesitan 600 días de periodo de gestación para su maduración. Una vez que el mamut haya nacido, el objetivo de Iritani es examinar su ecología y genes para estudiar por qué se extinguieron.

Trasfondo ético y Jurassic Park
La noticia inevitablemente está decantando en el análisis de su trasfondo ético. Así, ya The Huffington Post hace un acercamiento a las consecuencias morales del experimento, publicando el siguiente planteamiento de Iritani “Si se puede crear un embrión clonado, debemos discutir, antes de transplantarlo al útero, cómo criarlo y si exponerlo o no al público“. Para Bob Etier, en Technorati, Iritani “deberá tener cuidado de no meterse con la naturaleza”; si se durmió en la última parte de Jurassic Park, “no tiene idea de en lo que se está metiendo”. Para Etier, “quizás sea importante entender por qué las especies se extinguieron, pero ¿nadie más tiene sospechas sobre el resto de los otros misteriosos factores?”.
Jugando a ser Dios
Un exámen más profundo nos trae Jaime V. Echagüe en “Los límites morales de la ciencia”, donde asegura que el significado de “ética científica” roza la abstracción, ya que, desde el comienzo del siglo XXI, “el ser humano nunca había estado tan cerca de emular a Dios”.
Desde la secuenciación del genoma humano en 2001, a la medicina regenerativa consecuencia de las últimas investigaciones de ADN de 2003, ya se pudo dar paso a la creación de sustitutos biológicos que restauren la función de órganos y tejidos dañados, basado en el uso de células madre procedentes de embriones. Así, la polémica ya estaba servida. “Por un lado, los defensores de la técnica argumentaban que estas células se extraían de embriones descartados por parejas que acudían a clínicas de fertilidad y que, de no destinarse a la ciencia, su fin sería la congelación indefinida o la destrucción. Por otro, los detractores consideraron que el embrión es la primera forma de vida humana y que, por tanto, el avance científico no podía acarrear su eliminación.” Así, en 2007, aprobada la Ley de Investigación Biomédica, dos equipos científicos lograron crear, a partir de células de piel humana, células madre como las embrionarias. El último hito se produjo en 2010, cuando Craig Venter anunció que había logrado fabricar el ADN completo de una bacteria. Por vez primera en la historia, el ser humano había logrado crear vida artificial sintética.
“Si no alcanzar la divinidad, si al menos jugar a ser Dios. Ahora, sólo nos cabe fantasear con lo que nos deparará una década que promete ser apasionante”, concluye, Echagüe.
Clonación humana y el elixir de la eterna juventud
En la nota “Resistencia de lo orgánico en un mundo virtual”, publicada en Letra Urbana, Gisela Savdie profundiza sobre el papel que cumple el organismo humano en un mundo que evoluciona cada vez más. “Desde que el ser humano es conciente de la inminencia de su destino final, se han documentado históricas búsquedas de lo que se conoce como el elixir de la eterna juventud. Las culturas primitivas están plagadas de mitos y creencias como la momificación en la cultura Egipcia, el mito del Grial entre los Cristianos, la sangre de ciertos animales en las culturas Indígenas, la teoría del aliento, la Piedra Filosofal, el mito del Dorado durante el Renacimiento, las técnicas alquimistas que devinieron luego en técnicas químicas, son solo algunas de las teorías en las que se ha basado la historia, hasta llegar finalmente a las modificaciones genéticas actuales impuestas por la tecnología científica.”
“El cuerpo que de por si ha sido sometido a innumerables cambios a través de los siglos en su proceso de evolución, se transforma hoy día en un instrumento de laboratorio que pretende ser corregido por la ingeniería genética para ser refinado y depurado, produciendo en ultimas un individuo perfecto, aséptico y purificado, cuyos órganos podrían, ¿por qué no?, ser clonados y utilizados eventualmente como reemplazo ante la presencia de enfermedad.”

“La perturbadora novela de Kazuo Ishiguro “Never Let me Go“, muestra la triste realidad y el deterioro moral y físico que sufre un grupo de niños clonados cuyos organismos una vez desarrollados, empiezan a ser utilizados como donantes. A pesar del carácter inhumano de los clones, se sobreponen elementos como el arte, el amor, el dolor y finalmente la muerte como salvación final, dejando entrever lo intrínseco que resultan tales elementos ante cualquier intento de reproducir vida.”

Concluyendo, y en palabras de Savdie, “es probable que el concepto de eternidad se logre a través de ciertos niveles superiores, léase producción literaria, arte y descubrimientos científicos, que perduren como agentes históricos en la memoria de la humanidad, pero no como prolongación indefinida de vida, porque a pesar de aferrarnos a ella llegará el momento en que resultaría inconveniente, como se puede inducir en “Las Intermitencias de la Muerte”. La transformación del individuo post-moderno, capaz de cruzar fronteras otrora inadmisibles trae innumerables interrogantes que atentan contra la esencia misma de la humanidad. Ya lo mencionaba Francisco Goya en el siglo pasado en su famosa y controvertida frase “el sueño de la razón produce monstruos“.

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