Congo, Coltán y Celulares. Una historia tan nueva como vieja.

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En artículos anteriores ya hemos mencionado la creciente dependencia a la tecnología que se vive actualmente: Un dispositivo en particular, el celular, no sólo es el de mayor uso, rotación, evolución y cuya influencia en nuestra sociedad puede pasar desde un símbolo de status, o un disruptor de la tecnoetiqueta, a un medio tanto para la comunicación como para la incomunicación; desde hace unos años, el teléfono móvil también alcanza conflictos políticos y éticos, como lo destaca Frank Poulsen en su documental Bood in the mobile (Sangre en el celular).  
Minerales de SangreLa industria del móvil, que hace apenas un mes exhibía todo su explendor en Barcelona, la industria que alimentamos día a día en una carrera por ver quién tiene lo último y más novedoso, dejando obsoletos modelos que eran punta sólo un semestre atrás, está financiando una guerra sanguinaria que dista mucho de hallar una solución en un futuro cercano.

En la fabricación de un celular entran en juego muchos materiales, entre ellos el coltán, un mineral de gran conductividad cuya extracción se realiza en su mayoría al este del Congo, una zona en permanente conflicto controlada por diversos grupos armados, que aprovechan su comercialización para financiar una violenta guerra civil.

El director de cine danés, Frank Piasecki Poulsen, presentó el pasado 17 de febrero en Barcelona el documental Blood in the mobile (Sangre en el celular). En el filme, Poulsen viaja al país africano para presenciar y documentar en crudo la situación de miles de personas -muchas de ellas menores-, que trabajan en las minas, explotadas por grupos armados y en condiciones infrahumanas, para extraer los minerales que después son utilizados en la fabricacion de los teléfonos móviles.

“Lo que allí descubrí era mucho peor de lo que había imaginado”, confiesa Poulsen. “Occidente cierra los ojos y sigue comprando allí unos materiales que sabe que financian y retroalimentan una espiral destructiva sin fin. Hoy el conflicto en el Congo se centra precisamente en la lucha por controlar unos recursos que en los últimos diez años se han revalorizado muchísimo… Yo creo que esta espiral de violencia sólo puede empezar a acabarse si se deja de financiar a los grupos armados a través de la compra de estos minerales.”

Nokia

Frank Poulsen y su equipo de producción intentan ir más allá y arremeten contra Nokia, una de las más importantes compañías del rubro, interrogando sobre su responsabilidad, aunque sea indirecta, en el conflicto. 
Nokia declara en su sitio oficial  que no sólo no compra coltán del Congo sino que pide al resto de la industria y de las autoridades más control sobre el tema. La empresa manifiesta que desde 2001 exige por escrito a sus proveedores de coltán que garanticen que el mineral no procede de las minas de la República Democrática del Congo. Una acción también suscrita por Apple, Sony, Nintendo, Intel y HP.

Sin embargo, Poulsen duda de ello, y tras más de un año de intentos frustrados, la empresa no puede garantizarle que no está comprando minerales de estas minas y que, por tanto, no está financiando la guerra.

¿Por qué persigue a Nokia? le pregunta un periodista de El Pais; “No solo ellos usan minerales de sangre. Están en casi toda la electrónica. Pero Nokia vende uno de cada tres móviles del mundo. Tiene mucho poder. Y debe usarlo. Mi responsabilidad y la de usted, como consumidores de teléfonos, es ir y preguntar si están financiando una guerra al comprar coltán sin evitar que venga de una mina controlada por la guerrilla, que, con su dinero, compra armas”, explica. “Tengo móvil, porque no creo que se trate de volver a la edad de piedra. Necesito el teléfono para trabajar, para hablar con mi hija“, razona. “Pero tengo el mismo que cuando empecé la película. Quiero poder comprar uno cuyos componentes no provoquen muerte“. ¿Es eso posible? “Sí. Hay coltán en otros países. Por ejemplo, en Australia. Pero es caro. Las empresas dicen que buscan otras soluciones, pero hace 10 años que conocen el problema. Y seguimos igual. Si no regulas el mercado, el mercado acaba mostrando su lado más salvaje y cruel… Sólo regulando el mercado podremos detener este círculo vicioso de avaricia.”Narrar el mal

A modo de conclusión, el tema puede abordarse desde el artículo en Letra Urbana  “Narrar el mal”, a través del cual podemos reflexionar sobre la continua incidencia del mal en la historia del hombre, en guerras y conflictos, y nuestra obligación de tomar parte en el camino de las soluciones, de responsabilizarnos en su proceso. Así, cuando Letra Urbana pregunta a María Pía Lara sobre cómo situarnos frente a la insistencia de lo propiamente humano en la invariable del mal como origen de conflictos, la filósofa responde “desde la perspectiva de que tenemos una obligación moral para combatir esas acciones que tienden a reaparecer en todo episodio histórico. Con la absoluta convicción de que comprender por qué hacemos lo que hacemos tiene que llevarnos a intentar evitar que hechos así se repitan. Y con la fuerza moral de saber que nada está determinado y que siempre hay posibilidades de poner e imponer formas de castigarlo y de imputar responsabilidad a quienes han cometido esas acciones. Y esa responsabilidad debe ser compartida por la comunidad internacional, más como un deber que como un acto de solidaridad.”Para Lara, es es nuestra obligación evitar que los malos actos queden en la impunidad, nadie debe quedar fuera de la ley y toda forma de responsabilidad tiene que ser asumida como una rendición de cuentas. “Lo importante es tener claridad de que sin acuerdos internacionales, sin soluciones globales, sin el compromiso de las sociedades que tienen influencia y poder, no podemos continuar aceptando que sea sólo el problema de algunos. Esto tiene que ver ahora con una responsabilidad global que nos atañe a todos por igual, aunque no todos podamos contribuir de la misma manera. Y creo que la responsabilidad será un gran tema a tratar en los siguientes años.”

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