Autocontrol infantil: ¿fórmula para el éxito o lo ordinario?

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Un estudio revela que la capacidad de autocontrol en niños de 3 años puede predecir sus posibilidades de éxito o fracaso en la adultez. ¿Cuánto de esa hiperactividad o falta de atención es provocada por la sociedad y el mercado? ¿Hasta qué punto los apurados diagnósticos de padres y maestros limitan el proceso creativo infantil? 
El estudio
Un estudio de la Universidad de Duke de Carolina del Norte (Estados Unidos) publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) a fines de enero de este año, reveló que la capacidad de autocontrol en un niño e 3 años puede predecir la salud, bienestar e historial delictivo en su adultez, independientemente de su nivel social o capacidad intelectual.
La investigación dirigida por Avshalom Caspi tomó como muestra a más de 1.000 niños neozelandeses a los que se les hizo un seguimiento desde su nacimiento hasta los 32 años de edad, sometiéndolos a distintas evaluaciones realizadas por profesores, padres, observadores y hasta por ellos mismos, para medir su capacidad de autocontrol.
Entre los criterios de evaluación figuraron: incapacidad para controlar la ira, falta de perseverancia para alcanzar objetivos, dificultades para terminar tareas, hiperactividad, tendencia a actuar antes de reflexionar, dificultad para esperar su turno, agitación y falta de escrúpulos.
Los investigadores descubrieron que los niños que son hiperactivos, incapaces de concentrarse a largo plazo o que actúan de forma impulsiva, combinado todo ello con el escaso autocontrol, derivan en dificultades para dirigir sus finanzas y mayor propensión al abuso de alcohol y drogas, convertirse en padres solteros e incluso cometer un delito en la edad adulta.
A su vez, los niños con las notas más bajas en estos criterios fueron quienes, de adultos, mostraron más problemas respiratorios, enfermedades venéreas, exceso de peso, tasas elevadas de colesterol e hipertensión arterial, según la psicóloga Terrie Moffitt, de la Universidad Duke, una de las principales autoras de esta investigación. Para Moffitt, “el autocontrol es vital para evaluar el horizonte y estar preparado para lo que pudiera suceder, planificar por adelantado, llevarse bien con los demás y ser paciente, en lugar de hacer las cosas por diversión a corto plazo”.
Sin embargo, a los participantes que presentaron un mayor dominio de si mismos a medida que llegaban a la etapa de adultez, les fue mejor de lo que cabría esperar en relación a los resultados registrados durante su infancia. “El autocontrol es algo que se puede enseñar”, apuntan los investigadores.

Hiperactividad y Mercado

El artículo “Tiempo para la infancia” de Letra Urbana, nos señala que cada día somos testigos del malentendido y una cierta desorientación que se produce en el universo de ofertas y atenciones que los adultos, los educadores y el marketing proponen para los chicos. Sin embargo vale mantener abierta la pregunta acerca de si las expectativas que carga el niño hoy en el seno de la familia, desde el discurso de la ciencia y desde los mercados, coinciden con el tiempo de lo que hay que dejar acontecer en la infancia.
¿Qué hace el psicoanálisis por los niños hoy?” se pregunta Mirta Berkoff. “Niños y jóvenes sin la brújula de una palabra de peso ya no se identifican por sus ideales sino por lo que consumen. Objetos de marca, celulares, son casi adictivos. Hasta la bulimia y la anorexia pueden ser objetos de consumo en las páginas de Internet. Sabemos que el consumidor puede quedar consumido si se trata de las drogas. Pero también el niño puede ejercer en la familia la dictadura que ejerce el objeto de consumo en la época. El propio niño puede quedar ubicado en el lugar de amo en la familia cuando los desbrujulados son los padres. El niño ubicado como objeto no deja de ser un niño abandonado si sus padres están en posición de niños irresponsables que lo abandonan a su demanda caprichosa.”
Para Berkoff, “hay que ayudar al sujeto y a sus padres a inventar una respuesta singular, a la medida de cada quien, más allá del discurso imperante, que le permita vivir una vida digna de ser vivida. Que el joven y el niño encuentren una buena articulación entre la prohibición y la autorización, para que la autoridad no caiga en desuso como mera ley del amo.”

La tensión constante entre distracción y atención

En su artículo “La atencionalidad atrapada”, en Letra Urbana, Alicia Fernández analiza qué esconde la llamada hiperactividad, “¿se disfraza de lo que necesita o muestra lo que no le dan?; ¿qué grito mudo y desesperado podemos leer en el exceso de movimiento de los cuerpos de nuestros niños y jóvenes?”.
Para Fernández, “la tensión constante, continua y persistente entre distracción y atención es el lugar psíquico donde pueden sustentarse los espacios de enseñanza-aprendizaje. La actividad atencional permite dejar en suspenso por unos instantes ciertas demandas internas (sensaciones corporales, dolor físico o psíquico) y otras tantas externas, para situarse en una zona intermedia de creación. Es allí donde surge la capacidad atencional, una construcción que acontece en el espacio de las relaciones sociales y bajo el régimen de la inter-subjetividad, por lo que propone: “prestar atención a la ‘hipoactividad’ pensante, lúdica, creativa y trasformadora“.

 

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