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¿Vivir o mirar el Espacio- Afuera?

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¿Vivir o mirar el Espacio- Afuera? | Letra Urbana

A partir de tener la opción de vivir en los suburbios, las ciudades se transforman. Con cada nuevo emprendimiento suburbano prosperan las autopistas y se trata de descentralizar las actividades complementarias a la residencial. Pero, a pesar de que crecen los centros autónomos, no se puede prescindir de la gran ciudad. Se transforman los espacios y también los estilos de vida. ¿Cuáles son las consecuencias? ¿Vivir en los suburbios incita al aislamiento? ¿Es el espacio-afuera verdaderamente habitable o escenográficamente observable?

Las últimas dos generaciones los norteamericanos crecieron tratando de salir de las grandes ciudades para vivir en los suburbios – o sprawl, que en ingles significa expandirse – Quizás podamos decir que es el sueño americano.

…al mismo tiempo, en este espacio donde la naturaleza se acota a un pequeño trozo de cielo enmarcado de edificios sobre nuestras cabezas y la única vegetación crece en macetas de balcón; la ciudad vive, se congrega e interactúa con nosotros en el Espacio-Afuera -el espacio urbano-, la ciudad responde a nuestra escala.

Más allá de las razones que puedan haber originado estos movimientos, y que lo sigan haciendo a través de los años, tales como la seguridad, bajos costos, crimen, racismo, etc, esta tendencia de expandirse, desparramarse, ha dado nuevas formas no solo a estilos de vida, sino que también a las ciudades. Miami es un ejemplo de ello.

Alejarnos de la gran ciudad nos da acceso a viviendas con un confort mucho mayor al que pudiésemos acceder en ésta.

En vez de hacinarnos en altas torres, optamos por la tranquilidad de los suburbios, la naturaleza alrededor – escenográfica naturaleza -, y para esto elegimos pasar largas horas semanales en autopistas sobre nuestros vehículos.

Bien, es verdad que parado en cualquier esquina de una metrópolis, toda persona se ha sentido alguna vez (o muchas) brutalmente intimidado por el entorno.

Abruman los gigantescos edificios, que se yerguen hacia el cielo y parecen venirse encima; el ruido y la cercanía del tráfico de buses, autos, motos; el contacto físico con la gente esperando luz verde para desplazarse inevitablemente en bloque; la sombra gris que opaca todos los colores.

Pero, al mismo tiempo, en este espacio donde la naturaleza se acota a un pequeño trozo de cielo enmarcado de edificios sobre nuestras cabezas y la única vegetación crece en macetas de balcón; la ciudad vive, se congrega e interactúa con nosotros en el Espacio-Afuera -el espacio urbano-, la ciudad responde a nuestra escala. Las veredas, las entradas de los edificios, el tamaño de los números en las entradas, las vidrieras de los locales comerciales, las marquesinas, bancos, todos los elementos de este espacio reconocen nuestra escala. Es una escala peatonal donde nos podemos relacionar con la gente, con los edificios mientras nos movilizamos por nuestros medios. A paso de hombre.

Es en este Espacio-Afuera donde la ciudad nos invita a caminar, a relacionarnos. Así como el espacio-ciudad se construye a nuestro alrededor, es este mismo espacio el que nos modifica, nos define.

Saliendo de casa nos cruzamos con nuestros vecinos en los pasillos del condominio, en el ascensor, el lobby. Nos topamos con gente al salir a la calle. Gente que camina por la misma vereda, espera el bus en la misma esquina, viajamos en el mismo subterráneo. En contacto directo, leemos de su mismo periódico de reojo. Ocasionalmente los encuentros se repiten.

Movilizándonos por las calles tenemos una relación más directa con la cultura. Entramos en una casa de venta de discos, una librería, un cine, si nos toca hacer algo de tiempo o si, al pasar por la vidriera, vemos algo que nos interesa.

También es verdad que es en las calles de la gran ciudad donde convivimos – o combatimos- con trenes, buses, taxis, ruido, smog… ¿Es de estas convivencias de las que huye la gente cuando se muda fuera de la ciudad?

La gente ha buscado y busca salir de las ciudades, desperdigarse fuera de ellas, pero quedarse cerca. Este movimiento expansivo, en el que se busca mejorar su calidad de vida, define la forma en que vivimos, crea otras necesidades urbanas, deviene en una nueva relación espacial entre el hombre y su entorno. También, crea otros Espacios-afuera.
También es verdad que es en las calles de la gran ciudad donde convivimos – o combatimos- con trenes, buses, taxis, ruido, smog… ¿Es de estas convivencias de las que huye la gente cuando se muda fuera de la ciudad?

Nuevas estructuras urbanas independientes, autónomas, se desarrollan con cada nuevo emprendimiento. La búsqueda de una vida suburbana y la saturación de los grandes centros urbanos apuntan también a la descentralización de las actividades complementarias a la residencial. Pero, a pesar de que muchos nuevos emprendimientos suburbanos parecen desarrollarse incluyendo dentro de si mismos su propia estructura laboral, comercial, financiera, gubernamental, etc., donde la gente pueda vivir y trabajar sin la necesidad movilización masiva; otras estructuras periféricas, las cercanas a los grandes centros, no son concebidas autónomas, sino complementarias de la ciudad.

Cuando se vive en áreas como estas, no se puede prescindir de la ciudad. Se hace necesario movilizarse en volúmenes y distancias tales que nos vemos obligados a pasar hasta más de un 25% de nuestra jornada laboral a más de 50 millas por hora sobre la autopista -si tenemos la suerte de que el tráfico lo permita.

Autopistas en constante proceso de expansión y que en horas pico no llegan nunca a ser suficientes. Pero, estas vías de comunicación que unen norte y sur dividen el este del oeste. Son puentes y tajos a la vez, barreras urbanas. Los bordes de éstas son limites para la ciudad no importa cuantos cruces haya. Y estos conforman otro Espacio-Afuera. Se trata de un espacio en pleno movimiento, plagado de autos y muchas veces, delimitado por altas paredes de concreto. En él la gente se moviliza casi siempre sola en sus autos hablando por teléfono, o afeitándose o maquillándose para combatir el tedio.

Finalmente llegamos a nuestros “Gate Communities” donde la naturaleza y el aire puro rodean nuestras casas.

Este añorado Espacio-Afuera, sin embargo nos es accesible la mayoría de las veces solo para ser mirado. A diferencia de la ciudad, estos lugares no han de ser vividos por el hombre de a pie.

Los restaurantes, los cines, tiendas de ropa, supermercados, la casa de nuestros vecinos, nuestra propia casa, carecen de acceso peatonal. Todo está separado de nosotros y de la calle por inmensas áreas de asfalto moduladas en 9’ X18’ para estacionar nuestros autos, todo está escenográficamente decorado por una naturaleza inasible.

Nos sentimos desprotegidos fuera de nuestros autos en estas áreas. No es por miedo, stress, caos, como ocurre en la ciudad. Es que este espacio-afuera no está desarrollado para ser vivido por el hombre mas que como un elemento escenográfico que decora nuestros trayectos vehiculares.

Sólo nos es dado recorrer nuestro entorno dentro de nuestras SUV’s con las ventanillas cerradas para conservar la temperatura de nuestros A/C.

Careciendo de veredas peatonales por las que pasear y disfrutar de la tranquilidad y la naturaleza que buscábamos al salir de la ciudad nos descubrimos yendo a buscar el correo o a tirar la basura al dumpster comunitario, en auto.

Nos sentimos desprotegidos fuera de nuestros autos en estas áreas. No es por miedo, stress, caos, como ocurre en la ciudad. Es que este espacio-afuera no está desarrollado para ser vivido por el hombre mas que como un elemento escenográfico que decora nuestros trayectos vehiculares.

A pesar de su belleza y la distensión que nos proveen, estos entornos no son suficientes. Necesitamos del contacto con otros y de la relación con espacios acordes a nuestra escala. No es casualidad la tendencia de las grandes ciudades de re-zonificar grandes áreas en desuso para el desarrollo de emprendimientos de usos mixtos donde los residentes podamos vivir rodeados por un entorno menos intimidante y más amigable pero que se construya a nuestro alrededor y que responda a nuestra escala.

Buscamos espacios urbanos donde poder gozar de la tranquilidad de un espacio-afuera placentero que no demanden comprometer nuestra relación inmediata con los demás.

Artículo por:

Arch. Pablo J. Laham

Arquitecto 

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