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Una Experiencia de Prevención

Miami

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Una Experiencia de Prevención | Letra Urbana

Hace algunos años que coordino un equipo de atención psicológica con orientación psicoanalítica, en una Unidad Asistencial de un barrio de la Provincia de Buenos Aires. Estos centros, están compuestos por consultorios de clínica médica, pediatría, ginecología, odontología, así como también enfermería, asistencia social y psicología infantil, de adolescentes y adultos.

Desde el  ámbito médico se atienden consultas de control y preventivas, ya que los estudios de complejidad y la atención en otras especialidades, se realizan en el Hospital Central.

En cuanto al servicio de psicología, comenzó con la atención de niños,  primordialmente para atender conflictos de escolaridad y se contaba con la ayuda de psicopedagogía para detectar problemas de aprendizaje. Hace algunos años, se incorporó la atención de adolescentes y adultos, con un equipo formado por psicólogos únicamente. Son profesionales que se están iniciando en su práctica y encuentran formación y control de los casos en el lugar. Se ofrecen tratamientos individuales, familiares y se cuenta con un grupo de reflexión abierto, de afluencia permanente de nuevos pacientes, talleres de orientación vocacional, etc.

El primer interrogante con el que nos encontramos, fue con relación a si el criterio de admisión de los pacientes y la orientación de los tratamientos, debía ser el mismo aplicado en la consulta médica.

El primer interrogante con el que nos encontramos, fue con relación a si el criterio de admisión de los pacientes y la orientación de los tratamientos, debía ser el mismo aplicado en la consulta médica; Si debíamos prestar una asistencia mínima, para luego derivar la complejidad al hospital central,  donde efectivamente se cuenta con médicos psiquiatras.

Una de las características del lugar que nos había llamado la atención, era el modo diverso en que era nombrado por sus usuarios: unidad asistencial, centro periférico, dispensario, salita, centro de prevención, etc. Es decir, prestaba una atribución posible de acuerdo al uso que se le daba por parte de los mismos y variable también, según la política pensada para el mismo. Entonces, los tratamientos deberían  tener fines preventivos? Lo periférico de la zona, sería determinante para la problemática de la gente? Tenía lugar una terapéutica con orientación psicoanalítica?

Lo que nos orientó de entrada, fue el  no encarnar el principio de realidad, no ejercer terapias por el sentido común, por la sugestión, con programas preestablecidos, o con lo socialmente “esperable”, pues ello suponía un prejuicio en cuanto a la población asistida y nos dejaría como agentes de algún discurso instituido. También se trabajó en relación al equipo terapéutico, el ceder a la tentación de operar desde un lugar de saber, de suponer lo que el paciente necesita. Esto, dio lugar al modo particular de llegada de los consultantes, que no acudían derivados por algún médico de la unidad asistencial, sino que, desde la sala de espera, luego de observar durante meses a los pacientes que entraban a la consulta psicológica, se animaban a pedir ellos, un turno. También se dio el fenómeno contrario: los pacientes que consultaban en psicología, comenzaban a usar el resto de los servicios. Otro de los modos observados, fue la recomendación terapéutica dentro de lo “familiar”, los pacientes invitaban a familiares, amigos, gente conocida, a consultar. Así, el centro mismo, aparece como ámbito de referencia y es partir de la confianza que el lugar les genera que se animan a consultar, siendo la mayoría de las consultas por primera vez, es decir, sin ningún tratamiento psicológico previo. El hospital, en muchos de estos casos, era percibido como demasiado grande y complejo como para iniciar una primer consulta. Pero, para que los tratamientos fueran efectivos, se sostenía como necesario,  que la figura del terapeuta conservara un lugar a la vez interior/exterior a la comunidad.

En cuanto a los motivos de consulta, no difieren de los que llegan al hospital, conservando la sensibilidad social, en la presentación sintomática de los pacientes.

Parte del trabajo de la admisión, es el forzar a un intento de formalización de la demanda, esfuerzo necesario para que el paciente inicie el tratamiento que se le recomienda, de lo contrario, -como se observó en un principio- muchas de las consultas no pasaban de la admisión.

Las entrevistas de admisión se realizan una vez por semana, con la posibilidad de consultas de urgencia el resto de los días. A veces, sobretodo en el caso del paciente que llega derivado por otro médico, se hace necesario un primer contacto informal, para generar la confianza necesaria para que llegue a la entrevista de admisión. La misma es individual y tiene como objetivo, por un lado, delimitar la demanda del paciente, situar el sufrimiento o lo disruptivo que genera la consulta y por otro, formar una primera impresión diagnóstica. Parte del trabajo de la admisión, es el forzar a un intento de formalización de la demanda, esfuerzo necesario para que el paciente inicie el tratamiento que se le recomienda, de lo contrario, -como se observó en un principio- muchas de las consultas no pasaban de la admisión. En ocasiones, se hace uso del grupo abierto, que puede funcionar como antesala a un tratamiento individual, o ser efectivo en aquellos casos en que el motivo de consulta no aparece tan recortado.

Los tratamientos tienen un límite en el tiempo de seis meses aproximadamente. No es un límite rígido, es posible hacer una extensión del mismo, dependiendo de varios factores, entre ellos la gravedad del caso y el interés en el trabajo terapéutico por parte del paciente.

De todos modos según la estadística de consultas y tratamientos del último año, éste sigue siendo el promedio de duración de los mismos, al contrabalancearse  por un alto índice de abandonos de tratamiento entre los tres y cinco meses de consulta. Luego de revisar las historias clínicas correspondientes, hemos pensado que corresponden a un momento en el que ya hay un alivio sintomático, un primer efecto terapéutico y a su vez, faltaría la decisión suficiente para ir más allá del motivo de consulta original. También es responsabilidad del terapeuta, el moderar los efectos analíticos de acuerdo a la capacidad del sujeto que consulta.

Esto nos permite situar nuestra labor, como preventiva. ¿En qué sentido? El sujeto que ha pasado por la experiencia terapéutica, no es el mismo. La experiencia del trauma, de la angustia, es un límite que sale del juego de las palabras. Durante el análisis se  encuentra una nueva narración de sí mismo, un saber que se extrae de ese momento indecible. Hiancia simbólica que podrá repetirse, pero cuyos alcances traumáticos podrán ser menores como saldo de la experiencia terapéutica, quizás me atrevería a decir que éste es un verdadero pre-venir.

Artículo por:

Virginia Notenson

 

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