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Trastornos en la fertilidad: La pareja, yo y los otros

Buenos Aires

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Trastornos  en la fertilidad: La pareja, yo y los otros | Letra Urbana

Construir una familia hoy se hace posible gracias a los avances de la ciencia. ¿Cómo se afronta esta realidad a la hora de contarle al niño cómo llegó al mundo? Las autoras de “Así fue como llegaste” explican sobre la fertilización asistida, para que se pueda hablar sobre la historia de la familia y conocer el camino de la espera.

La dificultad para procrear enfrenta a la pareja a una situación insospechada, aunque, algunas veces, temida en forma silenciosa. Invariablemente trae aparejados sentimientos de tristeza, enojo, frustración e incertidumbre. Es conveniente y esperable que estos sentimientos sean aceptados y metabolizados, para poder tomar diferentes decisiones. Decisiones que implican realizar consultas con un especialista para tener un diagnóstico preciso, iniciar algún tratamiento que permita sortear el obstáculo orgánico o pensar en otras posibilidades para armar una familia.

Adoptar un niño, por ejemplo, es otro camino posible para ser padres, pero que también requiere de un tiempo para ser asimilado. Decidir renunciar a ser padres, a tener un hijo, tampoco es fácil.

Toda elección tiene un costo emocional y requiere de un trabajo psíquico que es complejo pero no imposible. Como esta situación conflictiva tiene tantos recovecos y escollos, es muy importante que las decisiones sean consensuadas por ambos miembros de la pareja y además, analizadas y elaboradas individualmente.

…es muy importante que las decisiones sean consensuadas por ambos miembros de la pareja y además, analizadas y elaboradas individualmente.

Es necesario pensar que cada uno de los integrantes de la pareja acarrea consigo marcas ligadas a su propio pasado y a diversos mandatos presentes en su familia de origen, pues las personas somos singulares y tenemos historias particulares. Por eso “cada casa es un mundo” tal como dice la sabiduría popular; todos tenemos universos propios y maneras disímiles de lograr los deseos y afrontar los problemas y las contingencias que la vida plantea.

Es por esta razón que es oportuno hacer hincapié en los aspectos individuales, que en ocasiones se desdibujan, cuando se piensa de a dos. Es frecuente que el hombre o la mujer se pierdan de vista detrás de esa tristeza, enojo y frustración. Siempre es importante conocer qué sienten, qué piensan los varones y las mujeres, porque más allá de los cuerpos, existen “diferencias de género”, sobre todo en la manera en que se manifiestan las emociones y afrontan los problemas.

Pero mucho más lo es saber en qué anda interiormente el hombre o mujer que nos acompaña. Es así que consideramos imprescindible que la pareja pueda hablar abiertamente y mucho. Hablar primero entre sí, pero también con aquellas personas de confianza, que no necesariamente son de la familia, con parejas que anden por el mismo camino…

Es así que consideramos imprescindible que la pareja pueda hablar abiertamente y mucho. Hablar primero entre sí, pero también con aquellas personas de confianza, que no necesariamente son de la familia, con parejas que anden por el mismo camino…

Compartir con otros. Por otra parte, hay temas absolutamente íntimos, individualísimos que no pueden hacerse públicos, ni en grupo, ni tampoco con desconocidos o amigos. Son temáticas que forman parte de los archivos históricos familiares, cuestiones con la sexualidad, recuerdos, temores, perturbaciones en el estilo de personalidad, en fin, problemas que sencillamente, no se pueden ventilar. Para esos asuntos, la psicoterapia es el espacio que permite abrirse, hablar sin tapujos, ni barreras, porque escuchándose, uno se permite auto-preguntarse para conocer los propios límites y posibilidades en distintos ámbitos y atolladeros cotidianos.

La aceptación individual del obstáculo implica revisar estilos personales, fortalezas y debilidades que al ser puestas en evidencias permiten “hacer algo con ellas” y no sólo esconderlas, o responsabilizar a la suerte o gastar energías en simular, lo que invariablemente culmina con el aislamiento. Este autoaislamiento, que en un principio se utiliza como protección, genera frecuentemente fantasías por las que todo aquello que proviene del afuera será adaptado a lo que se quiere escuchar o ver, para confirmar las idea de que los demás no nos aceptan o nos rechazan.

“Nadie entiende lo que a mí me pasa”
es una frase frecuente, que debiera ser transformada en “necesito que entiendas lo que me pasa para poder contar con vos y no sentirme solo”. No es sencillo, ¡hay que animarse a saber quién es uno! ¡Las cosas que podemos descubrir! Seguramente serán más y mejores que las imaginadas. Hay que hacer un intenso aprendizaje para “ver la mitad del vaso lleno” y no “la mitad del vaso vacío”.

La aceptación individual del obstáculo implica revisar estilos personales, fortalezas y debilidades que al ser puestas en evidencias permiten “hacer algo con ellas” y no sólo esconderlas…

Creemos que vale la pena. Primero porque, como decimos habitualmente, “lo que no se dice se hace síntoma”. Lo que no decimos con palabras lo dice el cuerpo con síntomas, desde dolores que afectan cualquier lugar del organismo, hasta problemas en el dormir, el estado de ánimo, en cómo se relacionan con el mundo externo etc, etc. La lista es larga. Segundo, porque si el destino, o la naturaleza, los ubicó en la disyuntiva de elegir ser padres y de qué manera lograrlo, el niño que va a venir se merece que lo reciban en las mejores condiciones psicológicas y afectivas posibles. A pesar de los sinsabores de los tratamientos, hay que apuntar a mejorar la calidad de vida.

Esto es poner un pie en el futuro, que se espera sea pródigo, con la llegada de un niño que precisa en primera instancia, antes de habitar esta tierra, un lugar en los sentimientos y en el deseo.

Aquello que no logre ser procesado internamente, dejará huellas que pueden recaer en el deterioro de la pareja, empobrecer los vínculos o generar inhibiciones innecesarias.

El mayor riesgo cabe en que lo no elaborado, puede transformarse en un factor no favorable, inadecuado, para la futura crianza del hijo.

El mayor riesgo cabe en que lo no elaborado, puede transformarse en un factor no favorable, inadecuado, para la futura crianza del hijo. Por ejemplo, siendo la no fertilidad un hecho perturbador en el psiquismo de las personas, hay que sacarlo del contexto dramático para transmitir al niño, que vendrá en algún momento, el relato de deseo que los padres entretejieron en los sueños.

Un niño no debe recibir una narración portadora de secretos; tiene derecho a conocer el cómo, poco a poco, los padres armaron una cuna de esperanza. Ser incluido en el árbol genealógico de las familias donde, una rama ya designada, lo esperaba para cobijarlo.

Por lo antes mencionado sugerimos diferentes espacios para lograr  aceptar el problema, elegir un camino y prepararse para recibir un hijo.

Construir una familia es un derecho de las personas y el derecho de los niños es que los padres le relaten la historia de cómo llegó al mundo y el deseo que los llevó hacia el encuentro.

Se cuenta con posibilidades como el acompañamiento psicoterapéutico de forma individual  y/o en pareja, la participación en grupos de pacientes en igual situación, el informarse adecuadamente y realizar consultas con especialistas en infertilidad. Nada es excluyente.

Construir una familia es un derecho de las personas y el derecho de los niños es que los padres le relaten la historia de cómo llegó al mundo y el deseo que los llevó hacia el encuentro.

Así fue como llegaste son tres libros  que escribimos para explicar la fertilización in vitro o asistida, la FIV con donación de óvulos y con donación de espermatozoides, para que los niños y los padres  puedan hablar sobre la historia de la familia, conocer el camino de la espera.

Créditos Imágen: Gisela Savdie

Artículo por:

Silvia Jadur Viviana Wainstein y Dra. Constanza Duhalde

Lic. Silvia Jadur,Lic. Viviana Wainstein y Dra. Constanza Duhalde ,CAPSIR- Centro Argentino de Psicología y Reproducción. Asesoras psicológicas de Concebir. Buenos Aires. 

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