Incluido en: , Edicion:

Siguiendo una corazonada Acerca de la soledad y la vida en comunidad

Por
Siguiendo una corazonada Acerca de la soledad y la vida en comunidad | Letra Urbana

Robert Putnam es norteamericano, experto en ciencias políticas y profesor de Harvard. Quince años atrás, tuvo lo que él llama "una corazonada": Los americanos están cada vez más solos. Se ha producido una desconexión social en los individuos que se observa en la disminución de la participación cívica, política, religiosa y de las conexiones sociales informales.

Se ha producido una desconexión social en los individuos que se observa en la disminución de la participación cívica, política, religiosa y de las conexiones sociales informales.

Sus impresiones lo llevaron a embarcarse en una investigación exhaustiva que desembocaría diez años más tarde en la publicación de su libro “Jugando al bowling solos”. Junto con un grupo de colaboradores, reunió e integró datos producidos por décadas de investigaciones científicas. El libro atrajo mucha atención del público, hecho que el investigador interpreta como el resultado de haber articulado una molestia que ya estaba presente en la sociedad norteamericana. Sin embargo, sus afirmaciones han sido muy cuestionadas por la comunidad científica, que pide mayor validación a su interpretación de los datos.

¿Por qué Jugando al bowling solos? El bowling ha sido por décadas el deporte competitivo más popular en los Estados Unidos, representante particularmente de la clase media trabajadora, tanto hombres como mujeres. Aclara Putnam que lo que está desapareciendo hoy en día es el juego de bowling en liga, es decir, la reunión frecuente de un grupo de personas para jugar un deporte y el encuentro social que esta convocación implica.

El autor observa que los individuos de estos tiempos van menos a la iglesia, están menos involucrados políticamente, votan menos, y tienen menos relaciones y encuentros sociales. Estos datos se interpretan como el resultado del aislamiento social que se detecta.

Se identifican en el libro varios factores como contribuyentes a la desconexión social, aunque el autor aclara que ninguno de ellos en singular es suficiente para explicar este fenómeno: Presión de tiempo y dinero; la expansión de las ciudades (el aumento del tiempo que la gente pasa en el auto); la masificación de la tecnología y los medios de comunicación (se depende de la televisión para entretenimiento); efectos generacionales (nuevas generaciones mucho menos involucradas en la vida comunitaria, precedido por una generación particularmente involucrada).

Podemos preguntarnos: ¿De qué modo nos afecta tener menos amigos que antes? ¿Tenemos menos amigos pero somos más selectivos a la hora de elegirlos? ¿Se eligen estratégicamente los amigos? ¿Es un problema la soledad?

Ann Hulbert, en un artículo publicado en la revista “Time”, cuestiona las afirmaciones hechas por los investigadores, acerca del aislamiento social. Hulbert plantea que en los tiempos actuales disponemos de recursos, como la Internet, que nos posibilitan una mayor “conectividad” y en cuanto al hecho de que a pesar de esta facilitación técnica cada persona tenga cada vez menos confidentes, ella afirma que es porque nos hemos vuelto más selectivos a la hora de elegir las amistades, tendemos a buscar vínculos más profundos y duraderos.

Pero tener un confidente no es lo mismo que un encuentro social. Observamos entonces las diferencias y divergencias en la interpretación de los datos que tan rigurosamente intentan validar los investigadores.

Según Robert Putnam, el aislamiento social tiene consecuencias negativas que se observan en varios ámbitos: a nivel de crimen de una comunidad, ya que el vecino es un anónimo que no tiene ni nombre ni cara; a nivel económico y en el campo de la salud. La conexión entre aislamiento social y depresión se ha planteado como un gran desafío a la salud pública de la nación.

Junto a la reducción en la participación política, civil, religiosa y social, nota Putnam que se ha producido una caída de la reciprocidad generalizada: ya no es frecuente la práctica de ayudar a otros sin esperar nada a cambio.

Hulbert plantea que en los tiempos actuales disponemos de recursos, como la Internet, que nos posibilitan una mayor “conectividad” y en cuanto al hecho de que a pesar de esta facilitación técnica cada persona tenga cada vez menos confidentes, ella afirma que es porque nos hemos vuelto más selectivos.

Maus, sociólogo francés, discípulo de Durkheim, expresa una visión particular respecto del “dar” y recibir. A partir de haber estudiado empíricamente diversas sociedades, describe el lazo que se crea entre aquel que da y el que recibe. El acto de dar crea un lazo social en el punto en que quien recibe está obligado por una cuestión de honor y status a retribuir el don. El intercambio de dones conduce entonces a una interdependencia mutua. El don que no es retribuido no crea vínculo social. Maus distingue entre tres obligaciones pertinentes al intercambio de dones: el dar, paso inicial necesario para la creación del lazo; el recibir, ya que negarse a recibir implicaría rechazar el lazo social, y retribuir el don como muestra del propio honor y moral. Es un lazo moral el que se crea aquí.

Putnam intenta graficar el intercambio social contando la anécdota de un pequeño pueblo ítalo-americano llamado Roseto, localizado en el estado de Pennsylvania, que ha sido objeto de casi cuarenta años de estudio. Investigadores médicos notaron que los habitantes de ese lugar tenían un índice llamativamente bajo de ataques al corazón que no se explicaba a través de los indicadores usuales: dieta, ejercicio, peso, fumar, predisposición genética.

Habiendo fallado en el intento de atrapar la fórmula de la felicidad en números y estadísticas, los científicos se abocaron a estudiar la dinámica social de los habitantes. Roseto había sido fundado en el siglo diecinueve por individuos provenientes del mismo pueblo del sur de Italia. Los inmigrantes habían creado sus iglesias, clubes de deporte, una unión laboral, un diario, tropas de scouts, un parque y un centro de atletismo. Era una comunidad muy unida donde la ostentación de riqueza era mal vista y los valores sociales y la buena conducta valorados. Los rosetanos habían formado una red interna en la cual se ayudaban entre ellos en el aspecto emocional, financiero, y otro cualquier aspecto de la vida cotidiana. Durante el día se juntaban en los porches de las casas y durante la noche se reunían en clubes sociales. Esta comunidad se fue disgregando en las generaciones siguientes, y para 1980 el índice de mortalidad por ataques cardíacos era igual que alto que la media.

Es interesante al respecto pensar el concepto de “amae”, introducido por el psiquiatra y psicoanalista japonés Takeo Doi. Es un concepto que no tiene traducción en ningún otro idioma. Refleja una parte importante del tipo de interacción y costumbres japonesas. Su significado alude a la dependencia mutua, a una forma de amor, a la indulgencia de parte del otro, en última instancia a la relación de la madre y el bebé que ya sabe que su madre existe más allá de él. Implica la propia indefensión y la necesidad de sentirse amado. En la raíz del término está la alusión a la libertad para vincularse, en total oposición a la acepción occidental de “libertad” como liberarse de la conexión con el otro.

Takeo Doi cuenta una anécdota propia para poder explicar el término japonés (a la vez que deja en evidencia el choque entre dos culturas):

Junto a la reducción en la participación política, civil, religiosa y social, nota Putnam que se ha producido una caída de la reciprocidad generalizada: ya no es frecuente la práctica de ayudar a otros sin esperar nada a cambio.

“En mi primer viaje a los Estados Unidos fui de visita a la casa de alguien a quien apenas conocía. Mientras hablaba con él, me preguntó: “¿Tiene usted hambre? Tenemos helado si se le ofrece.” Recuerdo que yo tenía hambre, pero habiéndome preguntado tan directamente si tenía hambre alguien a quien visitaba por primera vez, no me animé a admitirlo, y terminé por responder con una negativa. Probablemente albergaba la leve esperanza de que él insistiera, pero mi anfitrión, desilusionado, simplemente contestó “Ya veo” sin agregar nada más, dejándome arrepentido por no haber contestado con mayor sinceridad. Me encontré pensando que un japonés nunca hubiera preguntado a un extraño sin ceremonia alguna si tenía hambre, sino que se las hubiera ingeniado para que el invitado comiera sin necesidad de preguntarle.”

El concepto del don de Maus y el de amae de Takeo Doi son conceptos diferentes con algo en común que es la presencia de un vínculo y una interacción con el otro. Putnam observa que el vínculo social está disminuyendo. En este sentido, se puede observar en la educación de los niños aún bien pequeños la preocupación que existe porque sean “independientes”, porque no dependan de otro para nada, para que puedan todo “solitos”. Para que algún día terminen “jugando al bowling solos”.

Artículo por:

Melina Meguerian

Melina Meguerian
LMHC. Licensed Mental Health Counselor en el estado de la Florida. Graduada en Psicología con el título de psicóloga en la Universidad John F. Kennedy de Buenos Aires Argentina. Orientación clínica en psicoterapia psicodinámica con niños y adultos. Se desempeña como Senior Parenting Specialist en el Departamento de Pediatría de la Universidad de Miami. Miembro de Florida Association for Infant Mental Health y Southeast Florida Association for Psychoanalytic Psychology. 

Tus comentarios nos ayudan a crecer. Gracias!