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“REANUDAR a los hermanos”

Martinez, Buenos Aires

Por
“REANUDAR a los hermanos” | Letra Urbana

El Equipo de Adopciones Reanudar, de La Fundación Campos del Psicoanálisis, se ocupa de asistir a la decisión de formar una familia nueva. El equipo se interroga acerca de la adopción conjunta de hermanos como modo de poner en juego lo familiar que ya habita en ellos. ¿Qué es lo que otorga a los hermanos el estatuto de tales? La autora se pregunta acerca de lo que implica la "hermandad": una categoría que pone en juego lo común y lo distinto al mismo tiempo. Puede encontrarse en el texto una interesante referencia a la novela de Orwell 1984 como metáfora de lo contemporáneo.

La Fundación Campos del Psicoanálisis se ocupa del psicoanálisis y lo privado y el psicoanálisis y lo público.

Respecto del psicoanálisis y lo público, la Fundación cuenta con el Equipo de Adopciones REANUDAR, que se ocupa de asistir a la decisión de formar una familia nueva. Esta es una decisión que le concierne tomar a cada uno de los partícipes, tanto a los adultos como a los niños, se trata de que consientan con tomar el lugar de padres o hijos y si los hubiere, hermanos. Hablamos de consentimiento: consentir con la adopción.

La adopción de grupos de hermanos, permite reducir el padecimiento causado por el desamparo parental por el que estos niños han sido afectados. Adoptarlos conjuntamente es un modo de poner en juego lo familiar que ya habita en ellos y a su vez les brinda la oportunidad de reanudar en un nuevo lazo su alojamiento como hijos.

Lo que determina que alguien ejerza sus funciones parentales es el deseo de alojar a un niño, cuidarlo y transmitirle las normas culturales y sociales en el seno de la familia. Este lazo es el que hace de alguien un padre o una madre y de un niño, un hijo, por lo tanto una cuestión es que haya padres biológicos, genitores y otra, que alguien pueda sostener el decir “soy tu padre” o “soy tu madre”. En esto radica el consentimiento a la paternidad.

Nuestra tarea es asistir a la decisión.

El Equipo de Adopción, se ocupa de la adopción de niños de 0 a 18 años. En algunos casos, no se trata sólo de niños o niñas para adopciones individuales, sino que también de grupos de hermanos.

Muchos de los casos trabajados por el equipo dieron pié a una interrogación sobre la hermandad.

La adopción de grupos de hermanos, permite reducir el padecimiento causado por el desamparo parental por el que estos niños han sido afectados. Adoptarlos conjuntamente es un modo de poner en juego lo familiar que ya habita en ellos y a su vez les brinda la oportunidad de reanudar en un nuevo lazo su alojamiento como hijos.

A partir de la experiencia con este Equipo, me interesó trabajar con la hermandad como una categoría dentro del psicoanálisis, partiendo de la consideración de que no son los vínculos ni la transmisión hereditaria lo que garantiza que los genitores de un niño lleguen a ser sus padres ni asegura que los hermanos tengan el estatuto de tales.

Hemos tenido experiencia de muchos grupos de hermanos que pudiendo ser adoptados a la brevedad separados, deciden esperar y ser adoptados juntos, tomando el costo – la postergación – que esta decisión implica; aquí hablamos de: hermanos que son hermanos.

Resulta de interés ubicar la hermandad como una categoría que da cuenta de la fuerza de lo común pero no en el sentido de la masa que en pos de lo común arrasa con la diferencia. La hermandad se constituye en función de atender a lo común y a la vez, al mismo tiempo, sincrónicamente, da lugar a lo singular, es decir, al mismo tiempo que los hermanos son hermanos, cada uno es uno.

Recordemos que etimológicamente la hermandad en común con la fraternidad, proviene de la raíz latina frater-ris hermano.

La hermandad pone en juego lo común desde el compartir los padres hasta el compartir propósitos e ideales y más allá de esto lo común de ser mortales, nos diferencian sólo pequeñas diferencias – políticas, credo, razas, etc. – no hay nada más común con los otros que el hecho de que todos somos seres hablantes, todos somos mortales.

Recordemos la novela de Orwell “1984”, que pone en juego la hermandad.

Resulta de sumo interés leerla, pues puede invitarnos a pensarla como metáfora de lo contemporáneo.

¿Qué pasó y qué no pasó en nuestro siglo de lo que fue imaginado en esa ficción creada por los años 30?

Reiteramos, la hermandad pone en juego al mismo tiempo, lo común y lo distinto. ¿Qué decir del fracaso de la hermandad en nuestra contemporaneidad? El exceso del individualismo contemporáneo es un hecho. Los excesos de la guerra son otros excesos contemporáneos.
La novela plantea la existencia de una sociedad que está bajo un estado absolutista, hegemónico con una ideología “Ingsoc” que se dirige a unificar a los seres hablantes hasta el punto de intervenir no sólo sobre su presente y su futuro sino también sobre su pasado. También modifica su pasado, es decir le ofrece una nueva significación de la historia, es decir cambia su historia. Es una propuesta de máxima alienación, máxima unificación para los integrantes de esa sociedad en la que lo singular es inoportuno y el amor también. El sistema intenta afectar el modo de lazo social entre los hermanos y lo logra. Mantienen un lazo que se sostiene solo de lo común, todos deben pensar igual al estado siendo todos hermanos al servicio del “big brother”. Este gran hermano, presencia sostenida, sin una verdadera presencia, no se sabe si existe, si existió, si está vivo.

En el film denominado “1984” – basado en la novela – aparece el gran hermano sosteniendo su presencia a partir de una foto: presencia virtual del “big brother”, el gran hermano.

A tal olvido de lo singular de cada uno en la novela se corresponde con el hecho de que deben confesar hasta crímenes que no se han cometido. Todos son hermanos, el sucedáneo paterno es un gran hermano, es decir también un hermano, un impar que es un par. Si sólo hay paridad, es decir partir de considerarse todos iguales, el destino es el infierno. También es un infierno si sólo hay disparidad, es decir si somos absolutamente distintos.

En realidad si proponemos a la hermandad como una categoría que da cuenta al mismo tiempo de lo común y lo distinto en cada ser hablante, en “1984” se trata del fracaso de la hermandad.

Reiteramos, la hermandad pone en juego al mismo tiempo, lo común y lo distinto.

¿Qué decir del fracaso de la hermandad en nuestra contemporaneidad? El exceso del individualismo contemporáneo es un hecho. Los excesos de la guerra son otros excesos contemporáneos.

Es necesario transmitir a nuestra comunidad, que necesitamos operar con la categoría de la hermandad y que muchos grupos de hermanos están esperando ser adoptados.

Artículo por:

Adriana Abeles

Psicoanalista, Fundadora de Campos del Psicoanálisis, Buenos Aires, Argentina. 

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