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RAUMA. El colorido de la madera

Rauma
Recorriendo en Finlandia una ciudad que es Patrimonio de la Humanidad

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Inicio con este artículo una serie sobre sitios Patrimonio de la Humanidad. Lo más fácil sería comenzar con los conocidos por todos como el Taj Mahal o el Machu Picchu o describiendo los de mi nación, de hecho, España es el tercer país con más lugares declarados y, por ejemplo, vivo a una hora de la maravillosa Alhambra, que he visitado en varias ocasiones. Pero, prefiero descubrir otros países. Finlandia, el país nórdico limítrofe con Rusia, en particular la Ciudad Vieja de Rauma, se vuelve hoy el rincón a recorrer.

Hace unos treinta años que Rauma fue nombrada Patrimonio Mundial de la UNESCO por sus edificios construidos en madera, muy bien conservados; por sus calles de trazado medieval, el diseño del casco antiguo data del siglo XVI – aunque también convive con edificios más actuales del XVIII y XIX-; por su Iglesia de la Santa Cruz, construida a mediados del siglo XV y en la que se conservan unas magníficas pinturas medievales. Rauma es uno de los puertos más antiguos de Finlandia y fue fundada por los suecos alrededor de esta iglesia, aunque realmente fue en torno a un monasterio franciscano a la que pertenecía.

Nunca pensé que desearía días lluviosos en Finlandia. Hace dos años sufrimos una ola de calor en mi viaje al sur de este país, era julio de 2018 y parecía que no me había movido de Málaga. Íbamos por la tercera jornada y cada vez aumentaba más la temperatura. La primera parada en la ruta del Archipiélago de Turku fue en Pargas, un lugar turístico donde, sin embargo,  apenas encontré a nadie. Allí degusté  frente al mar una tosta de arenque ahumado con una de las cervezas típicas finesas, en un enorme vaso que llenaron hasta la mitad y en el que aparecía la cabeza de un oso, que resultó ser la figura que representaba a la marca Karhu.

Otro alto en el camino llegó en la propia Turku, una ciudad del siglo XIII, la más antigua de este país, donde aproveché para ver su catedral y sus numerosas capillas en la plaza vieja y subir a la gran torre de 100 metros de altura. Antes de comer por los alrededores del río Aura, donde se encuentran unos bellos rincones, visité el Castillo para matar dos pájaros de un tiro, porque además de instruirme aproveché el frescor de su interior.

Por fin llegué a Rauma, me instalé en el hotel, pero apenas dejé mis pertenencias en la habitación salí con rapidez porque no había aire acondicionado y era imposible permanecer en ella; así que antes de ver la Ciudad Vieja me encaminé a la playa. Allí estaban los bañistas disfrutando del agua, yo me senté en el bar del camping a tomarme una nueva Karhu (oso en finlandés) y a charlar con el dueño, que era portugués. Me dijo, entre otras cosas, que llevaba diez años en aquel lugar y que nunca había hecho tanto calor. Cuando entré en el coche eran las seis de la tarde y el termómetro marcaba los 34 grados. Me dirigí al centro.

Los edificios de madera tienen una característica añadida, su colorido. Durante un buen rato, y a pesar del calor paseé por el casco antiguo. Gracias a esta arquitectura que le ha hecho estar incluida en el catálogo de la UNESCO ha ganado algunos turistas. Por otro lado, la mayoría de las casonas de la calle principal son del siglo XVIII y pertenecen al estilo neorenacentista.

Caminé por las calles adoquinadas viendo puertas decorativas a ambos lados. Fue una sensación agradable contemplar los distintos colores mientras buscaba un lugar donde descansar a la sombra. Lo encontré unos metros más adelante, unos árboles y un arroyo bordeaban el pueblo y allí me senté. Un perro se acercó, yo comencé a hablarle como si fuera el mío y, claro está, se extrañó, pero yo sentí su energía y su paciencia, por lo que comencé a explicarle lo que iba a continuar haciendo, por ejemplo ver la famosa iglesia de la Santa Cruz.

La tenía justo al lado. Es de piedra granito gris y de aspecto austero. El interior merece la pena, al menos su coro, con unos murales donde se representa la Redención. Aunque el edificio es medieval el actual campanario se construyó a principios del siglo XIX y fue punto de referencia para los marineros.

La Rauma antigua se erige como una parte fundamental de la ciudad. Ahí se encuentran sus tiendas, sus restaurantes, sus cafés, sus estudios de artistas. Es en esa zona donde se celebra la semana de encaje. En julio los artesanos locales organizan pequeñas exposiciones de este arte. Fue en el siglo XVIII cuando los marineros de esta zona aprendieron esta tradición que llega hasta nuestros días y por lo que también es famoso el lugar.

Después del recorrido por el pueblo acabé en un acogedor café, su nombre es Sali. Tiene una agradable terraza en la Plaza del Mercado donde, según dicen, hay bastante ambiente en verano, aunque, aquel día poca gente lo frecuentaba. Así que entré en su interior para comer algo mientras ponía en orden las notas de la jornada.

Supe que quizá el recuerdo que guardaría de Rauma estaría condicionado por el calor de esos días de julio y por las expectativas que me había creado. Lo que sí tengo claro es que la importancia de ella hace aconsejable una visita para descubrir una zona escondida en el país de los Mil Lagos, lejos de la monumentalidad de otros lugares y de los grandes circuitos turísticos para admirar la ciudad de madera unificada y coloreada paseando por sus calles de cuento de hadas.

2 Comentarios

  1. Finlandia evoca verde, naturaleza, cultura ancestral y una sociedad avanzada con uno de los mejores sistemas educativos existentes. Elocuente ha sido la narración realizada por Antonio de una de sus ciudades, Rauma, patrimonio de la humanidad por la UNESCO: el tipo de edificación en madera de sus edificios, su antigüedad y trazados. He de confesar que la desconocía. También me ha sorprendido las temperaturas elevadas inusuales que hubo durante aquel viaje porque Finlandia también evoca frío y frescura. Desde luego el cambio climático es un hecho, y aquí se pone de manifiesto. No obstante, ha sido una descripción de una ciudad finesa desconocida y con enorme atractivo. Este país nórdico es uno de los destinos que me gustaría conocer, y por el interés que el autor ha despertado, visitar especialmente Rauma (cuando las circunstancias lo permitan). Gracias por la narración y dar a conocer tu experiencia, más todavía, en estos momentos de tanta nostalgia viajera. Enhorabuena.

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