Incluido en: Edicion:

¿Por qué cada vez hay más dudas acerca de la existencia de la dislexia?

Buenos Aires

Por
¿Por qué cada vez hay más dudas acerca de la existencia de la dislexia? | Letra Urbana

Un profundo debate pone en cuestión la validez del término dislexia.

  “El verbo leer no tolera el imperativo.
Es una aversión que comparte con algunos
otros verbos: amar, soñar”.

 D. Pennac

En la actualidad, en torno a la dislexia existe un profundo debate de alto nivel, en muchos lugares del mundo. El término dislexia es utilizado desde hace más de 100 años y se encuentra cada vez más cuestionado.

Este debate tiene historia. Ya en el año 1970, en Paris, se organizó un Coloquio con los principales teóricos e investigadores cuyos trabajos fueron publicados con el título: La dislexia en cuestión. Esto ocurrió hace 46 años y ya se planteaban la preocupación por las divergencias y contradicciones que separaban a los especialistas que se referían a la dislexia.

En el año 2005, en Londres, un programa de TV denominado El mito de la Dislexia aumentó la intensidad de la discusión sobre este tema.

Elliot y Grigorenko en su libro La dislexia debate, afirman que una gama cada vez más amplia de diferentes dificultades son denominadas con el término dislexia y que éste carece de rigor científico. Es más lo que confunde que lo que ayuda.

Desde hace muchísimos años se habla de la dislexia. En general se relaciona la palabra con inversión de letras, con confusión de izquierda y derecha o con la lectura deficiente.

Desde hace décadas investigadores y especialistas, en diferentes lugares del mundo, cuestionan el rigor científico de este término, dada la disparidad de definiciones y las diferentes concepciones que las sustentan.una gama cada vez más amplia de diferentes dificultades son denominadas con el término dislexia y que éste carece de rigor científico.

Cuestionar el término no significa desconocer que hay muchos niños que sufren por tener dificultades importantes para aprender a leer y a escribir. Todo lo contrario. Las dificultades en la lectura y escritura en niños y adolescentes son muy reales.

¿Cuál es el origen de la noción de “dislexia”?

Los primeros en usar el término  fueron neurólogos y oftalmólogos, alrededor de los años 1890, para explicar trastornos en la lectura que tenían adultos que habían padecido traumatismos o daños cerebrales. Se referían a efectos de traumatismos cerebrales observables   que impedían a ciertos sujetos adultos leer o escribir. Ahora bien, ¿cómo se pasó de esas situaciones específicas que se referían a daños reales, a generalizar esta denominación y seguir adjudicando causas neurobiológicas, genéticas, a las diversas dificultades que pueden presentar algunos niños o adolescentes en el aprendizaje de la lectura y escritura?  Algunos autores señalan que fue el resultado de una extrapolación de casos clínicos graves en adultos para explicar comportamientos infinitamente menos graves en niños y adolescentes. Es decir, lo que se sabía de esos problemas en adultos y de sus causas, se utilizó para explicar comportamientos supuestamente atípicos en esa época, de los alumnos durante el aprendizaje de la lectura y escritura.  Este hecho tuvo implicancias peligrosas y simplistas.

Desde entonces, las definiciones de dislexia más difundidas hacen hincapié en las dificultades para adquirir la lectura y la escritura. La sintomatología que se describe son “dificultades en el deletreo, decodificación, lectura lenta, la aparición de omisiones o adiciones de letras, de inversiones, sustituciones, uniones o fragmentaciones de palabras, errores en la ortografía”. Pero también, a veces se agregan dificultades en el cálculo, lo cual torna más confusa la definición.

¿Qué se pone en cuestión?

el término dislexia, ya que engloba y simplifica diversas y complejas problemáticas en relación al aprendizaje de la lectura y escritura y reduce sus causas a un trastorno neurobiológico y genético.El cuestionamiento se centra en lo impreciso y vago que resulta el término dislexia, ya que engloba y simplifica diversas y complejas problemáticas en relación al aprendizaje de la lectura y escritura y reduce sus causas a un trastorno neurobiológico y genético.

Encontramos que para algunos autores las causas son alteraciones genéticas, para otras alteraciones anatómicas -en el área temporal, en cuerpo calloso o en el área occipital- y para otros se trata de alteraciones funcionales a nivel cerebral.  No hay acuerdos y tampoco evidencias científicas que hayan demostrado estas causas. [1]

Elliot y Grigorenko[2] dicen que no es fácil determinar hasta qué punto una dificultad de lectura o escritura tiene una base neurobiológica. Afirman que es imposible en la práctica diferenciar entre niños cuyas dificultades en la lectura y escritura puedan deberse a una debilidad neurobiológica y aquellos que tienen dificultades por limitadas y pobres experiencias de aprendizaje.

Además, investigadores en el campo de la Genética subrayan la importancia de ser cautos en relación a la incidencia de lo genético, subrayando que en la mayoría de los casos es muy difícil saber cuánto depende de los genes y cuanto de lo ambiental.[3]
Existen patologías genéticas y, en esos casos está demostrado que determinados genes son causantes de dicha enfermedad. Pero, hasta el momento no se ha demostrado científicamente que el conjunto de dificultades diversas englobadas bajo el término de “dislexia” tengan su origen en una patología de causa genética.

hasta el momento no se ha demostrado científicamente que el conjunto de dificultades diversas englobadas bajo el término de “dislexia” tengan su origen en una patología de causa genética.Otro aspecto central, muy discutido actualmente, es la concepción de lectura y escritura que subyace a la noción de Dislexia: la lectura y escritura son consideradas como habilidades mecánicas de sonorización y transcripción. Se identifica leer con descifrar y sonorizar un texto y escribir con copiar o transcribir fonemas en símbolos gráficos. Esto se observa, tanto en los instrumentos de evaluación que se utilizan para el diagnóstico, como en las actividades que se proponen para su tratamiento. Estas concepciones han sido cuestionadas y superadas desde hace décadas por investigaciones psicolingüísticas, psicogenéticas, sociológicas y didácticas.

Estas nuevas investigaciones nos permitieron conocer más sobre los diferentes procesos involucrados en los actos de lectura y  de escritura y  también sobre cómo se aprende a leer y a escribir. Estos nuevos conocimientos científicos, que hace 100 años no teníamos, arrojan una luz diferente sobre las dificultades que presentan muchos niños y adolescentes.

Hoy sabemos que muchas de las supuestas dificultades en la escritura y la lectura son producciones esperables en un proceso de construcción del sistema de representación escrito y momentos inherentes a un proceso de desarrollo de las actividades de lectura y escritura[4].

Desde estas nuevas perspectivas la lectura y escritura son consideradas prácticas sociales y comunicativas. Hoy concebimos la lectura como un proceso de construcción de significados[5] y la producción de textos como una actividad compleja que involucra la resolución de múltiples problemas.

¿Por qué hay niños con dificultades para aprender a leer y a escribir?

En la clínica psicopedagógica nos encontramos con niños que, en pleno proceso de construcción de la escritura, se encuentran con dificultades para aprender. más que una mirada simplista hay que adoptar una visión que incluya los factores emocionales, orgánicos, culturales, familiares y escolares.Hoy sabemos que esas dificultades no son todas iguales y pueden deberse a múltiples causas. Atribuir un único origen a los problemas en el aprendizaje de niños y niñas lleva a conclusiones reduccionistas. Aprender a leer y escribir son procesos que constituyen desafíos importantes para los niños, requieren tiempo, experiencias con la lengua escrita, condiciones didácticas adecuadas.

Las dificultades en estos aprendizajes, como en otros, dependen de un complejo sistema en el que interactúan dialécticamente distintos aspectos: la estructura psíquica, orgánica, el contexto familiar, escolar y ciertos factores desencadenantes.

Diversas investigaciones[6] muestran que el diagnóstico de dislexia no aporta información sobre posibles intervenciones que ayuden a un niño con dificultades para aprender a leer y a escribir. Al contrario, al colocar todos los problemas bajo una misma etiqueta y suponiendo una causa única, se simplifica la complejidad de lo que está ocurriendo, y esto impide encontrar las estrategias pedagógicas adecuadas para ayudar a cada niño en su situación particular.

Es comprensible que muchos padres quieran contar con este diagnóstico porque en muchos países es necesario para obtener acceso a la cobertura de terapias adicionales. Pero ningún niño debería tener el peso de este diagnóstico estigmatizante para acceder a la ayuda necesaria para resolver sus dificultades.

Como ya señalé, cuestionar el diagnóstico de dislexia no significa desconocer que hay muchos niños con dificultades importantes para aprender a leer y a escribir y que sufren por esta situación. Todo lo contrario.

Por un lado, se trata de no transformar en una patología procesos esperables durante el aprendizaje de la lectura y escritura, como las omisiones, sustituciones de letras, etc.  Aprender a leer y a escribir, son procesos de aprendizajes complejos que se producen en contextos sociales y culturales.

Por otra parte, cuando a un niño o adolescente se le presentan obstáculos en estos aprendizajes, más que una mirada simplista y reduccionista es imprescindible adoptar una perspectiva que tenga en cuenta la complejidad de los procesos y la interacción de los diversos factores involucrados emocionales, orgánicos, familiares, culturales y escolares.

Las dificultades en la lectura y escritura no son un problema médico, si bien en algún caso particular se requiera intervención médica, neurológica o genética.

El aprendizaje de la lengua escrita y las vicisitudes que niños y adolescentes puedan enfrentar, así como su enseñanza, constituyen una responsabilidad ineludible de la escuela.

La institución escolar debe ser inclusiva y generar las condiciones didácticas-pedagógicas para que cada niño aprenda.

[1] Affonso Moyses, M.A. y Collares C.2013, p 107
[2]Elliot ,J.y Grigorenko, E. (2014) The Dyslexia debate. New York.Cambridge University Press
[3] Kornblihtt, A. (2013) La humanidad del genóma. Siglo XXI Editores
[4] Fusca , C. Letra Urbana #34,2016. Fusca, C. (2012) Enseñar a leer y a escribir en el siglo XXI. Buenos Aires. Entreideas. Fusca,C. (2016) ¿Qué es eso llamado Dislexia? Buenos Aires. Revista Noveduc, Febrero 2016.
[5] Smith, F. (1992). Comprensión de la lectura. México: Trillas.
[6] Elliot, J. 2016

Artículo por:

Carmen Fusca

Carmen Fusca
Magister en Psicología Educacional, Licenciada en Ciencias de la Educación. Psicopedagoga Clínica con niños y adolescentes. Capacitadora docente para el Ministerio de Educación, Gobierno de Bs As. Miembro del Forum Infancias. Miembro del Comité de Pediatría Social, Sociedad Argentina de Pediatría. Docente en la carrera de Especialización en Prevención y Asistencia psicológica en infancia y niñez, Posgrado, Facultad de Psicología, UBA. Carmen es autora de diversas publicaciones sobre dificultades de aprendizaje, dislexia y didáctica de la lengua escrita: Enseñar a leer y a escribir en el Siglo XXI. (2012) Ed Entre Ideas; En colaboración: El trastorno y el trabajo interdisciplinario. Trastornos narcisistas no psicóticos. Buenos Aires. (1995) Paidós y Dislexia y dificultades de aprendizaje. Aportes desde la clínica y la educación (2017 ) Editorial Noveduc. 

Tus comentarios nos ayudan a crecer. Gracias!