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Palabras de apertura en la ceremonia 100 Latinos/Hispanos Miami 2012

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Palabras de apertura en la ceremonia 100 Latinos/Hispanos Miami 2012 | Letra Urbana

Una revisión de los Hispanos como categoría que supera las propias nacionalidades se situó a lo largo de la historia, se la comparó en Europa y América y se la analizó en la actualidad de Miami. Fue también una buena oportunidad para hacer algunas reflexiones de fondo sobre el proceso de la migración moderna, en un contexto mayor.

Guillermo Lousteau. Foto gentileza de 100 Latinos Guillermo Lousteau. Foto gentileza de 100 Latinos 

Hoy culmina exitosamente la selección y promulgación de los “100 latinos Miami 2011/12”

En este proceso se han mantenido las mismas dificultades que se presentaron en la selección anterior y que queremos compartir con Uds.

El proyecto se origina en “100 latinos: metas. Trabajo y sueños en España” y su traslado a Miami implica problemas adicionales.

Más del 50 por ciento de los habitantes de Miami, se reconocen como latinos, situación totalmente diferente a la que se presenta en España. Si de por sí, eso es un problema, hay que agregarle la permanente evolución de Miami. Todavía en el año 2000, la mayoría de nosotros éramos “los otros latinos”, porque sólo se reconocía a mexicanos, puertorriqueños y cubanos. La situación de los latinos en Miami es un fenómeno especial.
Pero también se plantean grandes dificultades puntuales, tanto formales como de fondo.
La primera es, por supuesto, los problemas de denominación. ¿Somos latinos, hispanos? ¿Latinoamericanos, hispanoamericanos? Todas y cada una de ellas, resuelve algunas incertidumbres, pero provocan conflictos adicionales. Tradicionalmente, éramos hispanoamericanos, lo cual dejaba en dudas la pertenencia de Brasil. Fueron dos chilenos quienes introdujeron lo “latinoamericano”, que solucionaba lo de Brasil y beneficiaba a Francia, insólitamente. Como paradoja, los haitianos en Miami, hoy no se reconocen como latinos.
Esa misma imprecisión se da en la categoría de latinos. ¿Quiénes deben ser considerados latinos o hispanos? Las normas migratorias americanas consideran hispanos a los originarios de países latinoamericanos que viven en los Estados Unidos. Pero no somos considerados así, cuando vivimos en nuestros países. Para mayor confusión, los españoles no son incluidos en la categoría de hispanos.

Bajo estas circunstancias, se nos ha presentado una preocupación adicional: ¿Cómo han de ser contemplados los hijos de latinos que han nacido en los Estados Unidos? ¿La cultura, la etnia o la raza deben ceder ante el lugar de nacimiento? ¿Cómo no considerar latinos a quienes llevan nombres españoles, son reconocidos en las artes y en los medios como latinos, porque han nacido en esta tierra?
Es por esas reflexiones que ellos han sido incluidos en esta selección.

El proyecto se origina en “100 latinos: metas. Trabajo y sueños en España” y su traslado a Miami implica problemas adicionales.

La categoría de “hispanos” constituye una categoría supranacional, que supera a nuestras nacionalidades propias y que sólo existe en los Estados Unidos. En el resto la categoría, como es concebida aquí es inexistente. Una reciente encuesta señala que más del 75 por ciento de los involucrados prefieren ser conocidos por sus gentilicios. Es decir, ser conocidos como bolivianos, como guatemaltecos, o como argentinos antes que como hispanos.

La selección de los 100 latinos Miami se encamina a designar –no a los mejores, tarea irrealizable- sino a 100 ejemplos cuyas vidas y logros representan el valor y el peso de la comunidad latina en el desarrollo de Miami. Es por eso que no se agota en un proceso único, sino que se repite anualmente.
De hecho, ya está abierto el proceso de nominación para los latinos 2013.

Esta es también una buena oportunidad para algunas reflexiones de fondo para ubicar el proceso en un contexto mayor.
Por lo pronto, dentro del fenómeno característico del siglo XX, el de la migración moderna, que presenta síntomas recientes que modifican su importancia, como por ejemplo, el volumen de inmigrantes.
Esa magnitud –hoy se calculan en más de 100 millones de personas las que viven lejos de su país de origen- es la que cambia cualitativamente el impacto de la migración, que ocasiona múltiples problemas económicos, sociales, políticos y culturales.
Otro elemento importante en esta nueva modalidad está dado por la vinculación de los inmigrantes con las sociedades de origen, dada por los avances en materia de transporte, de las comunicaciones. Hoy, los inmigrantes mantienen lazos con sus comunidades propias que no eran usuales en el pasado.
Inevitablemente, estas vinculaciones fuertes significan, ciertamente, un obstáculo a la asimilación del inmigrante con su nuevo entorno, lo cual genera grandes conflictos, especialmente en el área de la cultura, entre la sociedad tradicional y los recién llegados.
El concepto de “asimilación” data de fines del siglo XIX y principios del XX, usado por vez primera en Chicago.
Más del 50 por ciento de los habitantes de Miami, se reconocen como latinos, situación totalmente diferente a la que se presenta en España. Si de por sí, eso es un problema, hay que agregarle la permanente evolución de Miami.

Hoy, uno puede enfocar dos matices sobre la asimilación. La de los americanos, que recelan de un retraso en este fenómeno de la asimilación –a diferencia del pasado- y que generan alguna reacción de la sociedad tradicional, como por ejemplo, en Samuel Huntington. Por su parte, los hispanos tratan de mantener las raíces de nuestros orígenes en nuestras segunda y tercera generaciones nacidas en este suelo.
Una catedrática de origen cubano, Silvia Pedroza, ha introducido un nuevo concepto, muy valioso para un análisis sociológico de la migración: el de “transnacionalismo”, que ella define como el de aquellos hispanos que se siente cómodos en ambas cultura: la hispana de origen y la sajona en que ahora viven. Que se asimilan a la nueva situación, pero que se mantienen también apegados a la de su origen. Y tanto de la cultura, como de las instituciones, se sienten cómodos en ambas sociedades.

Una última reflexión. En una sociedad abierta, lo que importa son las personas, no los grupos. En un mundo ideal, no debieran importar los grupos que identifican a las personas, sino éstas mismas como tales.
Cuando los individuos se reconocen por su raza, por su ascendencia étnica o religión, suelen generarse actitudes hostiles hacia otros grupos, de los cuales nos diferenciamos. Muchas veces, las personas son agrupadas por “el otro”, contra su voluntad. Y, por lo general, surgen los estereotipos, que crean rasgos que suponen se aplican a todos los integrantes del grupo y usualmente, de forma derogatoria.
Además, quienes pertenecen a culturas minoritarias están en desventajas cuando se la relaciona a una cultura dominante.
Todas las sociedades modernas contienen múltiples culturas en su interior, son multiculturales. Charles Taylor, uno de los más reconocidos intelectuales en este campo, sostiene que cada vez más sociedades resultan ser multiculturales.

La democracia no puede darse el lujo de ignorar la influencia –positiva o negativa- que la identificación con un grupo ejerce sobre la vida de las personas y las consecuencias que ésta tiene.

Como conciliar este ideal con la realidad, que nos muestra la existencia y vigencia de estos grupos
Quizás un paso inicial sea poner el acento en lo que nos une y no en lo que nos separa.
La sociedad contemporánea americana, recientemente analizada por Charles Murray, en su libro “Coming Apart” y nosotros, los hispanos, tenemos mucho que compartir: los valores de una cultura que privilegia la libertad y las instituciones democráticas.
No es un mal comienzo.

Artículo por:

Guillermo Lousteau

Guillermo Lousteau
Miami, Doctor en Derecho, Lic. en Filosofía, Profesor de Filosofía Política en la Universidad Internacional de Florida (FIU), Miembro de la Asociación Americana de Ciencias Políticas y Presidente del Interamerican Institue for Democracy. 

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