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Niños y adolescentes entre libros, cuadernos y pantallas. Cómo leen y escriben los niños y adolescentes

Buenos Aires

Por Carmen Fusca

Niños y adolescentes entre libros, cuadernos y pantallas. Cómo leen y escriben los niños y adolescentes | Letra Urbana
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Las transformaciones en los modos de leer y escribir impacta en los modos de pensar, aprender, leer y escribir de los niños y jóvenes de hoy.

Cambios en la vida social y en las prácticas de lectura y escritura Leer y escribir son prácticas sociales con significados, metas y usos diferentes, entramadas en las interacciones sociales y comunicativas de las distintas comunidades y como tales han atravesado grandes transformaciones a lo largo de la historia. Es interesante tener presente la enorme dimensión de estos cambios, que para decir en un renglón lo que llevó siglos, fueron de los escribas a la imprenta, de la imprenta a las computadoras e Internet. En el mundo actual existen diversidad de prácticas de lectura y escritura. Cada vez más se plantean nuevas exigencias en relación con la lectura y la escritura de acuerdo con las necesidades de una sociedad de la información, con las grandes transformaciones de las empresas y la irrupción de las nuevas tecnologías. En el mundo del trabajo, las consignas escritas que eran patrimonio de los niveles jerárquicos llegan a las cadenas de fabricación y a las operaciones de mantenimiento. En la recalificación de los desempleados se advierte que, si bien es difícil la formación del personal en aprendizajes direccionados y específicos, lo es más aún en las competencias como leer y escribir, que son consideradas transversales. Las transformaciones de estas prácticas se producen en el marco de mutaciones en el mundo social, laboral, económico, cultural y privado a partir del desarrollo y difusión de las tecnologías video electrónicas y de la informática. Muchos investigadores se han ocupado, desde perspectivas diferentes, de la profunda renovación a la que estamos asistiendo: la revolución en la definición del texto, de las prácticas de lectura y escritura y de los modos de leer y escribir.[destacado class="qright"]la cultura textual resiste, o mejor dicho se fortalece, en el mundo de los nuevos medios de comunicación. [/destacado] Solo para dar algunos ejemplos de los cambios tecnológicos que incidieron podemos mencionar que en los años 60 se difundieron el grabador y el mimeógrafo. En los años 70 se difundieron la fotocopiadora, el offset, la radio, la videocasetera y continuaron de manera vertiginosa, a partir de esos años, la aparición de las computadoras y la creación y el desarrollo de Internet y el teléfono video celular. A partir de la misma década del 60, las computadoras se transforman progresivamente en instrumentos de procesamiento de datos, comienzan a ingresar al mundo de las empresas hasta llegar a fines de la década de los 80 en que —como dicen A. M. Chartier y Hébrard (2002)— todo o casi todo podía hacerse asistido por una computadora. La primera experiencia en red (ARPANET) se inauguró en 1969 en la Universidad de California, Los Ángeles. A partir de las décadas del 70 y 80 se suceden la creación de programas y protocolos. Uno de los servicios de Internet que más éxito ha tenido es la World Wide Web (WWW o “la Web”), que es un conjunto de protocolos que permite, de forma sencilla, la consulta remota de archivos de hipertexto. Esta fue un desarrollo posterior (1990) y utiliza Internet como medio de transmisión. Actualmente existen muchos otros servicios y protocolos en Internet, aparte de la Web: el envío de correo electrónico, la transmisión de archivos, las conversaciones en línea, la mensajería instantánea, la transmisión de contenido y comunicación multimedia, los boletines electrónicos y los juegos en línea. Aparecen además los juegos interactivos, juegos de rol, gameboys y consolas, que hoy están ampliamente difundidas. La revolución tecnológica producida a fines del siglo XX es particularmente compleja. Nos encontramos hoy con discursos que enfrentan las nuevas tecnologías y las prácticas anteriores, se da hoy una alternancia entre discursos eufóricos, que hacen apología de las potencias de las nuevas tecnologías y predicciones alarmistas que anticipan la caída de los valores humanistas, de la cultura escrita y del libro. Se supone que hay una competencia entre el libro (los textos) y las pantallas (imágenes). Sin embargo, en las nuevas pantallas de la computadoras hay muchos textos y existe de una manera cierta una nueva forma de comunicación, que articula, agrega y vincula textos, imágenes y sonidos. Así la cultura textual resiste, o mejor dicho se fortalece, en el mundo de los nuevos medios de comunicación. En este contexto social y cultural se generan nuevos estilos de habla y de escritura. Estas tecnologías exigen capacidades de uso de la lengua escrita más flexibles que aquellas a las que estamos acostumbrados. Internet, correo electrónico, página web, hipertexto generan cambios profundos y acelerados en la manera de comunicarnos y de recibir información. [destacado class="qleft"]los individuos contemporáneos han desarrollado de modo vertiginoso competencias en la lectura de imágenes y ocupan un lugar importante en sus capacidades de elaboración semiconscientes.[/destacado]Hubo cambios que tienen que ver con los soportes y los textos y otros con las modalidades en que se llevan a cabo la lectura y escritura. En cuanto a los soportes, antes de la proliferación de las computadoras asistimos a la instalación del televisor en la sociedad. En su principio se habló de que la imagen reemplazaría al texto; pero, como ya señalamos, las computadoras restablecieron la necesidad del manejo eficiente de la escritura. La televisión es anterior en cuanto a su difusión social, pero ambas son similares en cuanto a las pantallas. La primera tiene el control remoto que ha creado una cultura de la interrupción y de la impaciencia que conduce hacia la fragmentación de los textos. Algunas opiniones[1] sostienen que se puede suponer con fundamento que, el modo de actuar frente a esas dos pantallas puede afectar la relación con lo impreso, no solo por la frecuencia de su uso sino por el modo en que se da la relación entre lo impreso y las imágenes. Otros pensadores señalan que en la cultura occidental se han considerado las representaciones visuales de las ideas en un nivel secundario con respecto a la palabra hablada y escrita. Sin embargo, a través los medios audiovisuales, los individuos contemporáneos han desarrollado de modo vertiginoso competencias en la lectura de imágenes y ocupan un lugar importante en sus capacidades de elaboración semiconscientes. Como dice Berardi[2], las nuevas generaciones, niños y adolescentes “han adquirido competencias de elaboración sin precedentes en la mente humana y han adquirido la capacidad de moverse a gran velocidad en un tupido universo de signos visuales”. En ese universo, junto a la pantalla de la computadora, hace su aparición el texto electrónico. El papel ya no es el único soporte de los textos o de los libros. Existen libros virtuales, que tiene existencia digital y se puede pasar de un libro a otro gracias a los vínculos hipertextuales. Los textos digitales se manejan con teclado y pantalla, cada uno puede unirse a otros y a todos, en operaciones instantáneas y paralelas como si se hubiesen abolido el tiempo y el espacio. La pantalla de la computadora rompe la intimidad que se da con el libro, que permite una relación íntima y singular del lector con el texto. La página iluminada y en posición vertical transforma la lectura en computadora en una lectura pública. Emilia Ferreiro (2001) dice que esa situación nos retrotrae, en cuanto a la posición, a la época del scriptorium medieval con las manos en posición fija sobre el teclado y la espalda rígida y los ojos mirando el texto que está en posición vertical. Lo que el códice había posibilitado, que las manos quedasen liberadas y el lector pudiera tomar notas mientras leía, ahora se modifica: las manos vuelven a quedar atrapadas por el teclado y el mouse. El desplazamiento de las páginas deja de ser horizontal para moverse en sentido vertical en la pantalla. Las prácticas de lectura y escritura se han transformado en las últimas décadas. En este contexto, las prácticas mismas de lectura y escritura sufrieron transformaciones profundas. Los procedimientos de lectura y escritura se ven afectados no solo material sino mentalmente. Con el arribo de las pantallas (TV y computadora) y con los textos electrónicos se hicieron posibles nuevos procedimientos mentales para procesar los textos. En la cultura de lo impreso, el tiempo y el espacio del escritor aparecían separados (a través del texto escrito) del tiempo y espacio del lector. Esta separación quedó abolida en el ciber mundo[3].[destacado class="qright"]El entorno informacional caracterizado por la fluidez y la velocidad no es favorable para los tiempos lentos y pacientes que requieren la lectura y la escritura en entornos de saber.[/destacado] La llegada de Internet posibilita el acceso a bases de datos y pone virtualmente todos los textos digitalizados al alcance de los usuarios. Se multiplican los textos consultables. Con Internet se crea un espacio de palabras indefinidas, sin localización precisa, gracias a la lectura y escritura que se cruzan instantáneamente, y amplía la estructura informal que caracteriza la red de intercambio de saberes. Todos pueden escribir, intercambiar información. El lector no solo puede consultar simultáneamente múltiples textos sino además modificarlos a voluntad. Grandes sitios cambian de lugar o desaparecen. Los productos literarios y científicos se vuelven obsoletos rápidamente. El lector tiene que estar más activo y más consciente de sus propósitos [4]. Tal como dicen Chartier, A. M. & Hébrard surge la metáfora del lector “cazador furtivo”,  y tanto las lecturas como la escritura se han vuelto efímeras, furtivas, al mismo tiempo que proliferantes e interminables. La velocidad, el cambio constante, intensidad de estímulos son las condiciones que denomina condiciones de fluidez[5]. Esta autora sostiene que la lectura y la escritura tienen otro estatuto en la era de la información y en condiciones de fluidez. Diferencia el entorno informacional del entorno de saber. En el primero, la lectura y la escritura son herramientas que están al servicio de la navegación y la conexión. En el segundo, son herramientas para la interpretación y la producción. Al alterarse el sentido, se altera la práctica misma, explica Corea. El entorno informacional caracterizado por la fluidez y la velocidad no es favorable para los tiempos lentos y pacientes que requieren la lectura y la escritura en entornos de saber. En relación con el proceso de escritura, la etapa de los borradores, los procedimientos de reescritura, la tarea de pasar en limpio, ya no están distribuidos en el tiempo como ocurría antes; sino que pueden darse en forma simultánea. El procedimiento de cortar y pegar facilita la producción del texto. Además, posibilita mayor agilidad y comodidad en las tareas de reescritura. Cassany (2000) agrega que el escritor consigue mejores escritos con menores esfuerzos. En relación con la lectura, Ferreiro (2001) sostiene que hay comportamientos que se realizan frente a la pantalla del televisor que se trasladan a la pantalla de la computadora. También señala que se privilegia la velocidad, el cambiar continuamente, en detrimento de la espera y los tiempos necesarios para analizar. Podemos agregar otras transformaciones actuales en las que se hace observable como las computadoras, Internet, los celulares transformaron los modos de comunicación oral y escrita. Surgieron los nuevos géneros electrónicos (correo, chat, blogs, web, wikis) Algunos sincrónicos, tanto emisor como receptor interactúan en tiempo real, coinciden en los tiempos; y otros asincrónicos, es decir en forma no simultanea como el correo electrónico. De este modo, la escritura podría tener características propias de las conversaciones orales.[destacado class="qleft"]Los niños y adolescentes de hoy escriben y leen de manera diferente. Leen, escriben, navegan, realizan búsquedas, se conectan a sitios, editan. [/destacado] Otra característica relevante es la multimodalidad. Todos los símbolos semióticos se utilizan y combinan -imágenes, animación, audio, gráficos, íconos. Creencias y representaciones acerca de la lectura y escritura de niños y adolescentes actuales Ante situaciones de tantos cambios es común que surjan creencias o representaciones, que aparentemente, nos permiten explicar problemáticas muy complejas. En la actualidad nos encontramos con creencias muy difundidas como “los chicos hoy no leen, no escriben, escriben mal, escriben menos, peligra la buena escritura, no se respeta la ortografía” Cassany (2012) afirma que “hoy leemos y escribimos más que ayer y es más difícil hacerlo y aprender a hacerlo. Aunque las apariencias puedan engañar”. Los niños y adolescentes de hoy escriben y leen de manera diferente. Leen, escriben, navegan, realizan búsquedas, se conectan a sitios, editan. Muchas de estas prácticas por las concepciones que tenemos acerca de lo que son lecturas y escrituras “prestigiosas, correctas”, no las consideramos prácticas de lecturas y escrituras, pero lo son. Es cierto que las nuevas tecnologías: computadora, mails, chat, mensajes de textos, etc. inciden en las maneras en que los niños y adolescentes leen y escriben promoviendo formas escritas o modalidades de lectura que no son las requeridas por la escuela ni por contextos formales laborales. Pero son prácticas reales en el mundo social y cultural actual. Los chats y mensajes de textos reintrodujeron la comunicación escrita como modalidad habitual de comunicación entre pares niños y jóvenes con nuevos códigos y formas de expresión escrita, con abreviaciones, contracciones, eliminación de vocales, nuevos íconos, emoticones. Además, con formas asimilables a formas orales de comunicación: fluidez, informalidad, eficacia. Los niños y adolescentes han cambiado. Ahora bien, todas estas transformaciones tanto en la vida social como en las prácticas mismas de lectura y escritura ¿cómo inciden en los modos de pensar, aprender, leer y escribir de los niños y adolescentes actuales? Es una pregunta para la cual aún tenemos pocas respuestas y mucho por investigar. Pero creo que lo que podemos afirmar es que los contextos en los que los niños crecen han cambiado profundamente, los estímulos a los que están expuestos son múltiples y diversos y que los niños y adolescentes no son lo que eran en otros tiempos, ni lo son sus experiencias, sus saberes y sus intereses. Berardi (2007) plantea que existe una relación entre el cambio tecno-comunicativo, las tecnologías electrónicas y un cambio de tipo cultural. Para este autor se da un pasaje de las tecnologías “alfabéticas” a las tecnologías electrónicas que impacta en la constitución tanto cognitiva como afectiva de las nuevas generaciones; y aún más, sostiene que se produce una modificación en la matriz cognitiva y afectiva de las generaciones actuales. Este autor afirma que las mutaciones tecno-comunicativas han producido dos nuevas generaciones: la generación video-electrónica y la celular conectiva. Describe las diferentes modalidades de estructuración, transmisión y recepción de la información en esta época de proliferación de los instrumentos de comunicación y reproducción tecnológicos. Considera que ciertas características de la lectura y de la escritura: la secuencialidad de la tarea de escritura, el tiempo necesario para el acto de lectura, la discriminación crítica que estas posibilitan, se han ido progresivamente transformando en la comunicación video-electrónica y afirma que “ciertamente la constitución cognitiva de las generaciones que reciben las informaciones en el formato simultáneo de la electrónica es distinta a la constitución cognitiva de las generaciones alfabéticas”.[destacado class="qright"]Se lee como un espectador, como el que asiste a una escena, pero no interviene activamente ni se deja “trabajar” por el discurso.[/destacado] En una investigación realizada con jóvenes universitarios, en la Argentina (Corea, 2004), se puso de manifiesto que la forma en que se lleva a cabo la lectura ha sufrido una profunda transformación. Se lee como un espectador, como el que asiste a una escena, pero no interviene activamente ni se deja “trabajar” por el discurso. El discurso pasa y fluye, no pone en juego conocimientos ni la posibilidad de retener el sentido de lo que se lee (Corea, 2004). En relación con la producción escrita se observó que los textos elaborados por los jóvenes alumnos presentaban una resolución textual que, en lugar de secuencia, coherencia, cohesión, manifestaban rasgos propios del discurso mediático o informacional, dispersión, yuxtaposición, fragmentación. También Corea (2004) explica, a partir de lo sucedido con algunos libros actuales como el caso de Harry Potter, que puede leerse como lector o como usuario. Hoy el soporte material libro, en muchos casos, queda constituido como uno entre diversos artefactos multimediáticos. Por ejemplo, Harry Potter no es solo la novela; es la película, la página de Internet, el disfraz, la latita de Coca Cola y esto da lugar a serie dispersa y heterogénea de prácticas. Los chicos hacen distintas cosas y ninguna de esas cosas que hacen subordina o jerarquiza a las demás. Esta investigadora ha estudiado la lectura en los contextos actuales caracterizados por la velocidad de imágenes y estímulos y mostró la falta de condiciones adecuadas para la recepción del sentido de lo que se lee. Así nos encontramos con modos de pensar y leer y escribir de niños y adolescentes que no son “déficits” ni “patología” sino que responden a una condición de época atravesada por todos los cambios que venimos mencionando. Esta realidad es compleja y plantea profundos desafíos para comprender cómo leen y escriben las generaciones actuales y para encontrar los caminos para acompañar desde los adultos tanto padres como maestros las complejas situaciones que tanto niños como adolescentes deberán enfrentar en esta realidad tecnológica tan compleja. El mundo que habitan nuestros niños y adolescentes nos plantea interrogantes y desafíos tanto a padres, a maestros como a toda la institución escolar. Enfrentamos el desafío de encontrar un puente entre la lectura y escritura que es necesaria en contextos formales, contextos de estudio y adquisición de saberes y las que forman parte de la vida extraescolar de niños y adolescentes actuales. Es importante aclarar que no solo ellos, sino que los adultos también en determinados contextos escribimos con esas formas que “criticamos” en los niños. La escuela también debe cambiar Hay prácticas escolares que están agotadas en su sentido para los niños (Corea, 2004). Los alumnos, atravesados por los discursos mediáticos, por el entorno video-electrónico, irrumpen en la escuela con nuevas formas de aprender, con experiencias y conocimientos que acentúan el desacople entre lo que allí se transmite y sus experiencias en la vida cotidiana. Las consecuencias de ello, tales como el desinterés, la falta de atención, el aburrimiento, suelen ser consideradas patologías de los niños. Es necesario replantear las prácticas de enseñanza para niños del siglo XXI. Es importante dejar de pensar en términos de deterioro o lamentos por lo que se supone que antes era mejor (“antes los niños escribían mejor, leían más”) y revisar creencias y supuestos que circulan. Es necesario crear nuevas condiciones para el aprendizaje de la lectura y escritura en la escuela , teniendo en cuenta las condiciones y los contextos actuales de los alumnos. “Lo necesario es hacer de la escuela un ámbito donde la lectura y escritura sean prácticas vivas y vitales, donde leer y escribir sean instrumentos poderosos que permitan repensar el mundo y reorganizar el propio pensamiento, donde interpretar y producir textos sean derechos que es legítimo ejercer y responsabilidades que es necesario asumir [6]. El desafío de la escuela actual debería ser formar practicantes de la lectura y escritura, alumnos que lleguen a ser lectores capaces de seleccionar materiales escritos, de tener actitudes críticas, que tengan criterios para la búsqueda de información cuando usen internet, y puedan disfrutar de los mundos posibles que ofrece la literatura, que recurran a los textos como una fuente de información cuando lo necesiten —en lugar de alumnos que solo sean capaces de descifrar, oralizar y realizar lecturas mecánicas desprovistas de sentido. Formar alumnos que lleguen a ser productores de textos con propósitos reales —comunicarse, informar, recurrir a la escritura como instrumento de reflexión y de organización del propio pensamiento—, que manejen con eficacia los textos que circulan en la sociedad —en lugar de alumnos copistas, reproductores de textos de otros y que escriben con la única finalidad de ser evaluados por el maestro. En fin, lograr que todos los exalumnos lleguen a ser miembros de una comunidad de lectores y escritores. El término escritor no se refiere a los escritores profesionales sino a toda persona que pueda utilizar eficazmente la escritura para las funciones sociales relevantes. La gran responsabilidad de la escuela es combatir la discriminación, el fracaso y la exclusión —que en muchos casos ella misma genera—, asegurando que todos los niños tengan las oportunidades para apropiarse de la lectura y escritura como herramientas que les posibilite el progreso cognitivo y el crecimiento personal.
[1] Ferreiro, E. (2001). Pasado y presente de los verbos leer y escribir. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica. [2] Berardi Bifo, F. (2007). Generación post-alfa. Patologías e imaginarios en el semiocapitalismo. Buenos Aires: Tinta limón. [3] Chartier, A. M. & Hébrard, J. (2002). La lectura de un siglo a otro. Barcelona: Gedisa. [4] Cassany, D. (2000). De lo analógico a lo digital. El futuro de la enseñanza de la composición, Lectura y Vida 21, (4), 6-15. [5] Corea C. & Lewkowicz, I. (2004). Pedagogía del aburrido. Buenos Aires: Paidós. [6] Lerner, D. (2001). Leer y escribir en la escuela: Lo real, lo posible y lo necesario. México: Fondo de Cultura Económica.

Artículo por:

Carmen Fusca

Carmen Fusca
Magister en Psicología Educacional, Licenciada en Ciencias de la Educación. Psicopedagoga Clínica con niños y adolescentes. Capacitadora docente para el Ministerio de Educación, Gobierno de Bs As. Miembro del Forum Infancias. Miembro del Comité de Pediatría Social, Sociedad Argentina de Pediatría. Docente en la carrera de Especialización en Prevención y Asistencia psicológica en infancia y niñez, Posgrado, Facultad de Psicología, UBA. Carmen es autora de diversas publicaciones sobre dificultades de aprendizaje, dislexia y didáctica de la lengua escrita: Dislexia y dificultades de aprendizaje. Aportes desde la clínica y la educación; Enseñar a leer y a escribir en el Siglo XXI. (2012) Ed Entre Ideas; ¿Qué es eso llamado Dislexia?, Buenos Aires. Febrero 2016 Revista Noveduc;. El trastorno y el trabajo interdisciplinario. Trastornos narcisistas no psicóticos. Buenos Aires. (1995) Paidós. Dislexia y dificultades de aprendizaje.(2017) Janin , Fusca, Vasen, (compiladores). Buenos Aires. Editorial Noveduc 

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