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Monumentos Públicos. ¿Derecho de existir o destrucción?

Miami
El arte es reflejo de una sociedad y de un tiempo. Algo debe cambiar, pero ¿hacia dónde mirar? ¿Es necesario destruir las obras para borrar las atrocidades y las diferencias?
Sue Hughes

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En los últimos meses hemos visto que muchos monumentos alrededor de Estados Unidos han sido vandalizados, destruidos y finalmente removidos de su lugar debido a las protestas en contra de la injustica social y el racismo.

El ejemplo más conocido es la estatua ecuestre del expresidente Theodore Roosevelt afuera del Museo de Americano de Historia Natural de Nueva York. La imagen imponente se remite a ejemplos ecuestres que se han realizado desde la antigüedad, como lo es la escultura del emperador romano Marco Aurelio,   que está en el Museo Capitolino, Roma.

La estatua del exgobernador de Nueva York (1899-1901) y el que luego fuera presidente de Estados Unidos fue realizada por el artista James Earle Fraser como homenaje al creador de la institución dedicada a preservar las áreas naturales del país. El artista realizó la obra con un estilo de acuerdo al gusto de la época y en compás con el edificio Neoclásico del museo que sirve de fondo.

La obra implica a dos figuras alegóricas a los costados del caballo, una indígena y la otra africana. El mensaje es la representación de continentes y no de razas, lo mismo que había hecho Gian Lorenzo Bernini en La fuente de los cuatro ríos (1651), en la plaza Navona en Roma. Sin embargo, no se puede negar que la composición piramidal acentúa una jerarquía.

Las obras de arte se convierten en iconos de un pasado que en ocasiones es difícil de aceptar.

El monumento fue develado en 1940, justo durante la segunda guerra mundial, y es allí cuando podemos entender el mensaje de grandeza: Estados Unidos representado por el magnánimo presidente. Es por eso que la imponente postura del personaje a caballo en comparación con las otras dos figuras a pie ha causado revuelo y controversia.

El museo en el 2019 organizó un evento para invitar al dialogo, tratando de preservar la escultura en su sitio. A pesar de los esfuerzos, finalmente la obra fue removida en junio de este año.

No podemos negar el sufrimiento, el maltrato, la enfermedad, las muertes, la injusticia y el racismo.  Pero, en lo que respecta al arte, lo que fue relevante en el pasado hoy nos parece grotesco. El arte baila como un péndulo, es el reflejo de la sociedad. No obstante, las esculturas, las pinturas, los happenings y las instalaciones se convierten instantáneamente en iconos de un pasado que en muchas ocasiones es difícil de aceptar.

¿Es acaso necesario destruir esas obras para tratar de borrar las atrocidades y las diferencias? ¿Es permisible imponer nuevos lineamientos del arte donde todo debe ser pensado para no ofender? El arte por definición es rebelde. Los artistas buscan trasgredir las normas actuales. Y en esos casos, es imposible no escandalizar a alguien. Gustav Klimt en su obra “Nuda veritas” parafraseando a Friedrich Schiller escribió: «FaFSi no puedes complacer a todos con tus acciones y con tu obra de arte, entonces trata de complacer a unos pocos. Es inicuo agradar a la multitud”.

 

¿Me pregunto, si en el futuro solo obras de arte abstracto se expondrán al público?, ¿se evitarán los mensajes, se realizarán obras sin alma para no agraviar? Pensemos en el Impresionismo, el cual fue criticado y tildado de ser solo bosquejos, obras sin terminar; o en el subsiguiente arte Fauve que rompió con las reglas del color, y a Matisse y sus colegas los nombraron “fieras”. Amplios ejemplos existen en la historia; como el Dada, movimiento artístico-cultural, que peleaba contra los valores burgueses, y las atrocidades de la primera guerra mundial.

¿Qué se puede esperar del arte público? ¿Ese arte que se usa para recreación de los ciudadanos, y como propaganda y muestra de poder? Hay que dar una vuelta de 360 grados, pero ¿hacia dónde mirar? Es un interrogante constante.

Sin embargo, el querer borrar el pasado no es algo nuevo. El hombre se regenera, se reinventa, va y viene, se despega y vuelve. El remover esculturas engorrosas no es novedoso, se destruyen los íconos del pasado incómodo. Los revolucionarios franceses en 1789 pensaron que la fachada de la catedral de Notre-Dame en París estaba adornada con las imágenes de los reyes de Francia y las destruyeron, sin darse cuenta de que lo que echaron abajo eran las representaciones de los reyes bíblicos y de los profetas.

La historia crea héroes, pero en muchas ocasiones se olvida de los hombres.

Los cambios sociales, sugieren y exigen una permutación. La política juega un papel imprescindible y los movimientos sociales se desarrollan con gran energía. En Hungría cuando comienza la revolución de 1956, la estatua de Joseph Stalin fue destruida, y en el 2003 cuando Saddam Hussein cayó del poder su imagen fue tumbada. Así mismo, las estatuas de los confederados debieron de haberse quitado de sus pedestales hace años, cuando la guerra civil estadounidense terminó.

Sin embargo, existen monumentos como el de Cristóbal Colón en Richmond Virginia, que se acaba de remover de su sitio debido a las protestas. Desde el comienzo de su creación en 1925, el consejo de la ciudad la rechazó argumentando que el famoso personaje que había descubierto América no tenía porque estar representado en la ciudad ya que era un extranjero y era católico, y mucho menos ser presentado al lado de los confederados. Se le dio otro espacio, alejado, el cual en el 2010 fue reclamado como el sitio donde la tribu indígena Powhatan había vivido anteriormente. De allí en adelante, la estatua fue vandalizada en muchas ocasiones en protesta por los derechos de los indígenas. Finalmente, este pasado mayo, la multitud, en protesta por la muerte de George Floyd tomó la imagen de Cristóbal Colón aventándola al lago. El arte es parte de la expresión social y Ferruccio Legnaioli, el escultor de la pieza en cuestión, creó esta obra ordenada por la comunidad italiana en Richmond para regalarla a la ciudad. Muchas piezas de arte se han destruido en la historia, y no será ni la primera ni la última vez que esto suceda, y aunque la escultura de Colón se rescató y se guardó, no es posible extirpar la historia. Queremos quitar una espina del pie, pero lo que realmente tenemos es un hacha en la espalda.

La historia crea héroes, pero en muchas ocasiones se olvida de los hombres. George Washington, el líder de la independencia de Estados Unidos, es la imagen más importante de la historia estadounidense junto con Abraham Lincoln. Sin embargo, Washington fue un hombre de su tiempo, tenía negocios, era dueño de esclavos, pero no podemos negar que fue un personaje clave para la fundación de este país. El pasado junio, la estatua del prócer en Portland Oregón fue volcada por los protestadores. La gente clama justicia e igualdad. ¿Será que también cambiarán la imagen del billete de un dólar?

6 Comentarios

  1. Además de las connotaciones políticas y la constrastacion con el momento presente, es necesaria la valoración del monumento en términos de su contribución al arte.

  2. Muy interesante e instructivo articulo deja mucho que pensar en estos momentos tan difíciles en que el mundo reacciona en diferentes formas esperamos
    siempre tus comentarios muy actuales.

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