Edición
07

Los tropiezos de la lengua #7

Miami
El tiempo de la infancia es un tiempo donde se construye el lenguaje y esto es un proceso que siempre conlleva sus tropiezos. Alejandra Czarny, cantate y músico terapeuta nos acerca algunas simpáticas anécdotas infantiles tomadas de su propia observación, donde los chicos inventan y equivocan el lenguaje en el intento de apropiarse de las palabras.

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La lengua preexiste a todos los seres humanos. El lenguaje ya está allí cuando cada niño llega a una comunidad idiomática. Entonces son necesarios ciertos procesos para que cada uno se apropie de la lengua materna que se le transmite. Cada cual comenzará a construir su realidad con palabras. Será a través de lo que pueda nombrarse que el mundo tomará existencia, y también será a través de lo que se exprese con palabras que se comenzará a tener un lugar en el mundo. Éste es un proceso que siempre plantea obstáculos y algunos de ellos nos arrancan una sonrisa.

A Alejandra Czarny [1], en su observación y escucha de los niños en el proceso de construcción de la lengua, no se le escapa cómo ellos cabalgan entre el disparatar, el sinsentido y la creación de simpáticos neologismos.

Amor…

Una noche antes de irse a dormir Federico (6 años) le dice a su mamá:
-Mami, yo te quiero con todo lo que hay en el mundo: con la luna, con el sol, con las estrellas y con todo el galaxario.

¡Felicitaciones!

El papá de Juan, (9 años) finalmente se ha decidido por tener su propio celular. Sólo que no tiene el hábito de llevarlo consigo, por lo tanto casi siempre termina dejándolo olvidado en casa.
Sin embargo para sorpresa de toda la familia, una tarde antes de salir a la calle, recuerda agarrar su celular y llevarlo con él.
Entonces Juan le dice contento a su papá:
– ¡Muy bien papi! ¡Mami y yo te congratulasiamos!

Cellphone Ilana SavdieCellphone Ilana Savdie

Calma

La familia ha decidido salir por un rato a pasear sobre ruedas, claro que no en las de un automóvil como es habitual por estas tierras. Dan de 9 años, saldrá montando su bicicleta y Mila de 7 lo hará con sus patines.
Su mamá, quien primero les puso sus cascos, rodilleras, guantes, y protectores en los codos, y que deberá ir corriéndolos detrás, se encuentra un poco nerviosa debido a tantos preparativos y tensiones.
Casi al punto del desborde y entre gritos y corridas, Mila le dice a su mamá:
– Mami, TRANQUICILATE…
– No Milita.; no se dice TRANQUICILATE, se dice…
– Sí, sí, sí, ya sé…..Se dice TRANQUICILITE.

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