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“Lo sagrado que está por encima de la realidad visual”. Entrevista a Fernando de Szyszlo

Miami

Por Francine Birbragher-Rozencwaig
“Lo sagrado que está por encima de la realidad visual”. Entrevista a Fernando de Szyszlo | Letra Urbana

El maestro, a sus 90 años, habla sobre la intención de su obra, la banalidad de esta época y sus amigos escritores.

Con motivo de la exposición de Fernando de Szyszlo en la galería Durban Segnini de Miami, Francine Birbragher y Liana Pérez, directora de Art Circuits, conversaron con el maestro acerca de su obra, su importante trayectoria y su pasión por la literatura y la música.

Francine Birbragher: Maestro, es un honor volver a verlo después de tantos años y tener la oportunidad de conversar con usted con motivo de esta importante exposición. Nos gustaría que nos hable sobre ella.

Fernando de Szyszlo: Te voy a decir que mi pintura no ha cambiado. Mi intención siempre ha sido buscar lo que está escondido en el subconsciente. Desde los años 70-80 he tratado de expulsar, sin éxito, lo que está dentro. No quiere decir esto que la obra sea  igual pues la técnica se ha afinado. Pero en su esencia, lo que trato hoy es lo que he tratado siempre. En esta exposición presento 20 pinturas realizadas en el 2014, más dos piezas grandes que vienen de la exposición de Los Ángeles. Estas últimas van a Lima en el 2015 para la celebración de una pequeña retrospectiva.La forma no es lo que yo busco, la forma limita el contenido.

Liana Pérez: Considera que hasta el momento la retrospectiva más importante que ha tenido ha sido la del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA)?

FdS: La más importante fue en el Museo de Arte de Lima (MALI) en el 2010. Fue la más ambiciosa.

FB: Usted pretende buscar, a través de su obra, lo que está escondido en el subconsciente. ¿Qué rol juega ese subconsciente en su proceso creativo?

Fernando de Szyszlo, Durban Segnini Miami, Sol Negro, Pintura Latinoamericana

Fernando de Szyszlo, Durban Segnini Miami, Sol Negro, Pintura Latinoamericana

FdS: Me doy cuenta al final de mi vida que mi pintura se aclara como un trabajo hecho dentro del Surrealismo. No me interesan las obras pictóricas de Dalí o de Magritte, me gustan más Miró y Klee. Lo que me interesa es la teoría del surrealismo. Mis cuadros se parecen es a eso. Busco en el subconsciente cosas que no han recibido luz, que están veladas. Al hacer una obra de arte no importa la forma, lo más importante es que la obra hable. Recuerdo que Vasari dice que cuando Miguel Ángel terminó el Moisés le dio un golpe con el cincel y le dijo ¡parla! Es importante que la obra no sea un garabato, que tenga un contenido y que este sea transmitido a quien la ve. Ese ha sido mi objetivo.

Tuve amistad con Cortázar y soy gran amigo de Vargas Llosa.Esta mañana me hicieron otra entrevista en la que hablé del arte precolombino y específicamente de Machu Picchu. Siempre junté Machu Picchu con esa frase del Génesis que dice “Este lugar es terrible, Dios habita aquí”. Esa búsqueda de lo sagrado que está por encima de la realidad visual es lo que me interesa. La forma no es lo que yo busco, la forma limita el contenido.

FB: Su obra ha tenido siempre un vínculo muy estrecho con el arte precolombino.

FdS:  Siendo joven, cuando tenia apenas 20 años, en 1945, el arte precolombino era el único arte plástico que estaba a mi alcance. Hasta ese momento no había visto un Rembrandt, por ejemplo. Las obras de arte europeas las conocía solo a través de reproducciones. A los artistas de mi generación nos impresionó mucho el arte precolombino, así como a los Modernistas en París los impactó el Arte Negro. Ese grupo de pintores y poetas fue muy importante por su generación. Los poetas, en particular, estaban llenos de fuerza.

FB: Usted realizó su primer viaje a París en 1949…

FdS: Efectivamente. Allí vi el primer Van Gogh, el primer Cézanne en L’Orangerie. El viaje tuvo gran efecto en mi persona. En toda América Latina había un grupo de personas decididas a ponerse al día con lo que pasaba en el mundo occidental. Éramos lectores de Paul Valery, André Breton y William Faulkner. También por esa época descubrí el mundo de las novelas contemporáneas, latinoamericanas, de Julio Cortázar, Juan Rulfo, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa.

FB: Es evidente que usted tiene una relación muy estrecha con la literatura.

FdS: Si, la literatura es mi pasión. Muchos escritores han sido mis amigos. Tuve amistad con Cortázar y soy gran amigo de Vargas Llosa. Luis Ángel Parra publicó un libro de Vargas Llosa sobre Constantino Cava, El Alejandrino, que incluye cinco litografías mías. El libro será lanzado en marzo del 2015, en Bogotá.La única vez que me metí en la política fue durante la candidatura de Mario Vargas Llosa, pero la desilusión fue más poderosa.

Además, soy sobrino del poeta que abre las puertas de la poesía peruana a la modernidad, Abraham Valdelomar, hermano de mi madre. Mi tío falleció muy joven,  de 31 años. Lo conocí poco pero su biblioteca quedó en mi casa.

FB: Usted es además un gran aficionado a la música.

FdS: Sin la música no podría vivir. Desde Bach hasta Schoenberg, toda mi vida he escuchado música seria.  Mi padre, nacido en Polonia, era todo un melómano y gustaba de Chopin. Hasta hoy me levanto y enciendo el tocadiscos, bueno ahora el IPod, y escucho música hasta las 6 pm cuando lo apago. ¡Es una locura! ¡Es como vivir en un museo!

FB: ¿Qué más le interesa?

FdS: La política, soy un apasionado a la política. Nunca pertenecí a un partido. Cuando joven era de izquierda, luego más moderado. La única vez que me metí en la política fue durante la candidatura de Mario Vargas Llosa, pero la desilusión fue más poderosa.

FB: A finales de los cuarenta, había un grupo muy importante de artistas y escritores en París. ¿Existía algo parecido en Lima?

FdS: En Perú pertenecía al grupo de los escritores. No habían tantos pintores, quizás Jorge Piqueras en los cincuenta. Todos los pintores estaban en París. Allí, en los cuarenta, conocí a Alejandro Obregón, Zaniartu, Roberto Matta y Wilfredo Lam. Después vino Rufino Tamayo. A Alejandro Otero lo conocí a las dos semanas de haber llegado a París. Participé en las tertulias de los venezolanos conocidos como los Los Disidentes.

Hay una desacralización del mundo. Todo es muy banal. El sexo, el amor, todo es tan sin sentido… Antes uno se aterraba de sentir. Hoy es una gimnasia. Lo lamento por los jóvenes.En Lima las tertulias eran literarias. Se reunían todos los días. El arte en Perú era más folklórico. Bebían, comían bocaditos y luego se iban al Chifa, un restaurante chino.

En París la tertulia era más animada. Octavio Paz era el jefe de grupo, era un líder nato. Quería hacer una revista El pobrecito hablador. Estaba Cortázar y el catalán Guillermo Díaz-Plaja, quien era especialista en Artaud y escribió sobre Vallejo. También estaban los poetas nicaragüenses Carlos Martínez Rivas y Ernesto Cardenal. Este último era franquista. En una discusión Cardenal expreso: “los muertos, da lo mismo, los de la república a los del franquismo”. Luego Cardenal fue estalinista.

FB: ¿Qué tan enriquecedor ha sido para usted ser artista?

FdS: No podría imaginar una vida más satisfactoria. El desafío sea más estimulante que el intentar crear.

LP: Hoy en día hay una situación similar a la que se dio en los 40s, el descubrimiento de un mundo. En aquella época estaban deslumbrados…

FdS: Yo di clases en Cornell. En esa época participaban pocos latinoamericanos en Nueva York: Esteban Vicente, Matta, Tamayo, Torres García. Eso fue cerca de los 60s. Fue increíble lo que sucedió en Nueva York.

LP: Antes la cultura era una, incluía incluso la gastronomía. Hoy todo es mucho más especializado.

FdS: Hay una desacralización del mundo. Todo es muy banal. El sexo, el amor, todo es tan sin sentido… Antes uno se aterraba de sentir. Hoy es una gimnasia. Lo lamento por los jóvenes. Tantos tabúes han desaparecido, ya no es el mismo misterio de la vida. Ha desaparecido eso que era sagrado.Cuando uno se muere, uno cesa, traiciona a quien lo ha querido. Es un amor desperdiciado. La muerte es un desperdicio.

FB: En la obra pictórica domina el color negro. ¿Es acaso el misterio, lo que está oscuro?

FdS: Claro. Yo pienso que pintar es como encender la luz en una habitación oscura que está llena de cosas que inspiran terror. Al alumbrarla se da uno cuenta que son cosas banales. Sexo, violencia, frustración, desilusión, todo está mezclado

LP: En otras épocas se respiraba una gran intelectualidad. Hoy en día…

FdS: Hoy en día no está en la atmósfera. Solo en los encuentros. La gente maravillosa que he conocido se muere. Es una impertinencia.  Del grupo de amigos que se reúne, éramos doce y cuatro han muerto. Cuando uno se muere, uno cesa, traiciona a quien lo ha querido. Es un amor desperdiciado. La muerte es un desperdicio.

LP: ¿Cree usted en la vida después de la vida?

FdS: En La vida que te di, Pirandello sugiere que la gente vive mientras uno la recuerda. Cuando se olvida es cuando muere realmente. La inmortalidad es más breve que la vida. Hoy todos somos trashumantes. Quien no lleva el legado de los muertos no tiene nada, sin duda. A mi me espanta. A Octavio Paz lo he querido mucho.

LP: ¿Vio la foto  que apareció recientemente en la portada del diario El País?

FdS: Las generaciones jóvenes ya ni lo conocen. Todo le interesaba, era una cosa tan formidable…

LP: Hay hombres y mujeres muy interesantes…

FdS: Si las hay y las seguirán habiendo, pero cada vez es más difícil encontrarlas. Soy un lector apasionado de Proust, por su escepticismo y lucidez, el amor a la vida, a los seres queridos, la sensación de amor, una de las experiencias más enriquecedoras que se puede tener.  Alguna vez entrevistaron a Borges. Le preguntaron ¿usted nunca ha mencionado a Proust? y el respondió “Nunca se me ha dado el leerlo”

La primera vez que leí El Tiempo Perdido, fue en español, una edición argentina. Luego la leí en francés. Con Proust hay una admiración permanente, hay deslumbramiento. ¡En el Kindle entra todo, incluso Proust en francés!

LP:¿Si usted le fuera a recomendar un libro a un joven para que ame leer, para que ame la cultura, cual sería?

FdS: Las voces del silencio, La psicología y el arte, de Freud y Las cartas a un jóven poeta, de Rilke. Es la prueba de que el arte no es una profesión, es una manera de vivir, es una manera de ser.