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Lo inolvidable

Barranquilla

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Lo inolvidable | Letra Urbana

Lo Inolvidable, repasa los recuerdos de las voces del Holocausto que ya se van apagando. Una maniobra narrativa que no sólo escribe lo que fue inolvidable para cada uno sino, lo que también deja advertido para la historia de los hombres.

En una sala llena de pacientes que entretejían conversaciones alusivas al momento, la espera fue larga. Como suele suceder dentro del contexto social de esta pequeña ciudad latinoamericana, no me sorprendió la pregunta del médico internista. Concurría al consultorio por primera vez y cuando fui gentilmente invitada a tomar asiento me dijo: “Cómo se pronuncian esos apellidos? ¿De dónde vienen? ¿Son judíos?”. De repente me sentí emitiendo una respuesta que pareciera venir de otra fuente, una respuesta automática que brotó de mis labios sin recorrer el trayecto neurológico que presupone el pensamiento: “Gershkowitz es el apellido de mi esposo y su padre viene de Polonia, Sencherman es el apellido de mi padre que viene de Rumania. Sí, ambos son judíos. Sí, ambos escaparon del Holocausto”.

Los sobrevivientes del Holocausto están llegando a los ochenta años de edad y sus voces van desapareciendo poco a poco.

La conversación continuó por senderos totalmente ajenos al propósito de mi visita. El doctor siguió cuestionando, si estuvieron en los campos de concentración, por cuánto tiempo, si perdieron familia en la guerra, si…, a todo lo cual trataba de responderle con la mejor amabilidad posible.

El profesional empezó a expresar sus propios pensamientos referentes al tema, con una verborrea que, a manera de catarsis, se dirigía más a sí mismo que a mí. En un momento dado pareció darse cuenta que hay un interlocutor presente y, de una forma que no recuerdo textualmente, me formuló la pregunta que toca esa fibra algo adormecida en mi sistema. “¿No tienen ustedes miedo de la resurrección de otro Holocausto? ¿No tienen miedo de personas como Chávez? Mucha gente dice que tiene las mismas características de Hitler!”

Recordé entonces un proyecto guardado hace unos años, iniciativa de mi hijo Gabriel y su amigo David. Fue cuando regresé a vivir a esta querida Barranquilla, la misma que en otras épocas parecía tan grande, la que no entiende de estos nombres y apellidos pero que aloja en su seno a tantos de ellos. Rememoré cómo hace unos años, mi entrañable y adorada madre, de piel blanca y estatura poco común en estas tierras, fue a renovar su bien merecido pasaporte, siendo nacida en Barranquilla en 1930. El burócrata de turno, la cuestiona y dice: “¿Kovalsky? ¿Sencherman? Oye ¿tú de verda naciste aquí? ¡No parece! Con esos nombres y esa altura… ¡ni de vainas!” A lo cual mi muy paciente madre, con su poco difundido sentido del humor, le responde: “¿González? Iguarán? Yo tampoco creo que tú seas de aquí. ¡Sólo Rayo de Luna y Flecha Veloz deberían tener pasaportes colombianos!”

Gabriel y David hablan de muchas cosas usuales entre muchachos de su edad. Pero además conversan de su abuelita Raquel y de esas cosas poco identificables que ella decía. Recuerdan cómo ella perdió a su familia cuando entraron las tropas nazis a su pequeño pueblo de Polonia, cómo la enviaron a un campo de trabajo en Alemania y cómo los soldados rusos la liberaron al final de la guerra. Comentan con extrañeza, que uno se enamoró de ella y ¡se la quería llevar para Rusia!

La casa de David está localizada donde se asentó uno de los primeros “barrios” judíos de la ciudad. Todavía se encuentra en el lugar el colegio Hebreo, la sinagoga Askenazi y el club, una especie de segundo hogar para este pequeño grupo social. Gabriel y David escucharon allí muchas historias que la boca de la abuela Raquel parecía escupir sin un destino identificable. Historias de tragedias, de guerra, de hambre, de amores y desengaños. Ella había perdido a su familia durante la época del Holocausto.

Raquel cantaba canciones en Yiddish y también bellos boleros colombianos. Besaba cariñosamente esas viejas fotos que perecen haber sobrevivido innumerables contemplaciones. Recordaba con un amor intenso, cómo eran sus hermanos. Revivía en su memoria el sabor de las deliciosas y entrañables comidas que su madre preparaba para la celebración del shabbat. Aquellas tierras lejanas, se percibián tan cercanas, casi palpables ante el tono de su relato.

…es precisamente a través del estudio de esta historia repetida, que nos damos cuenta de lo poco que se aprende de la experiencia.

Hoy la abuela Raquel está confinada a una silla de ruedas. Sin embargo sus recuerdos se mantienen vivos, intactos y con ansias de ser compartidos, aun cuando los músculos y los huesos estén incapacitados para el movimiento. Fue entonces cuando surgió la idea de recopilar sus historias y las de todos los sobrevivientes del Holocausto que habitaron en nuestra querida ciudad. Barranquilla acogió con gran cariño a los judíos y a los miles de inmigrantes que poblaron estas tierras, justo donde el majestuoso Río Magdalena vierte sus negras aguas en el grandioso Mar Caribe.

Los sobrevivientes del Holocausto están llegando a los ochenta años de edad y sus voces van desapareciendo poco a poco. En todos los rincones del mundo hay historias de tragedias personales inimaginables que pronto serán solo leyendas pasadas, probablemente olvidadas. Surge la necesidad de registrar los testimonios porque es precisamente a través del estudio de esta historia repetida, que nos damos cuenta de lo poco que se aprende de la experiencia.

El ser humano pareciera tener una memoria corta, casi demasiado selectiva cuando se trata de cuestionar esa posición de “animal civilizado” que pretende tener. Esperamos que la recopilación histórica hecha a través de cada experiencia individual, acontecida en pequeños rincones del mundo, deje una marca suficiente para confirmar que esos horrores sucedieron y no deben volver a ocurrir.

Artículo por:

Berta Gershkowitz

Berta Gershkowitz, Master in Conflict Analysis and Resolution, Barranquilla. 

1 comentario

  • Esther V. Steffens says:

    Yo recuerdo mucho a ki abuelo de Apellido STEFFENS, tambien vino huyendo del olocausto, quedo sin familia, el vino de Alemania Apellido Ingles, Me duele mucho cuando escucho estas historias, recuerdo mucho a Doña Raquel y a Don Jose ellos me contaron sobre esa situacion los Aprecie mucho.

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