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La Propagabilidad Transmedia. Entrevista a Henry Jenkins

Los Ángeles

Por Silvina Chmiel

La Propagabilidad Transmedia. Entrevista a Henry Jenkins | Letra Urbana
Maggie Smith

Un Aca- Fan que analiza cómo circula la información impuesta por un sistema híbrido.

Los habitantes de este -cada vez menos nuevo- siglo XXI, somos testigos de cómo en las últimas décadas se han modificado las formas según las cuales accedemos a la información, la compartimos, le otorgamos valor y credibilidad. Desde Letra Urbana estamos constantemente en la búsqueda de pensadores, científicos e intelectuales, que nos ayuden a comprender cómo y por dónde se están produciendo estos cambios e innovaciones. Así conversamos con Henry Jenkins, quien fuera el director del Programa de Estudios de Medios Comparativos de MIT, Boston y desde el 2009 se desempeña como Profesor Catedrático de Comunicación, Periodismo, Artes Cinematográficas y Educación en la Escuela de Comunicación y Periodismo de la Universidad del Sur de California, USA. Autor de numerosas publicaciones, la traducción al español, en 2015, de su libro “Cultura Transmedia” acerca sus acreditadas reflexiones a nuestra lengua materna. Allí él, junto a sus colegas Sam Ford y Joshua Green, nos presentan el panorama de los consumos culturales en la actualidad, donde los usuarios se mueven colaborativa y activamente a través de múltiples plataformas de contenidos, disfrutando de novedosas experiencias de lectura y escritura, con una creciente participación y apropiación, con una dinámica simétrica y transversal que obliga a los tradicionales dueños de la industria de los medios a incorporar la voz de sus audiencias y seguirlas.

Jenkins se presenta a sí mismo como un aca-fan, rótulo donde confluyen sus perspectivas de análisis académicos con sus conocimientos desde el interior mismo de la cultura del fandom (*reino de fanáticos) por lo cual sus opiniones resultan interesantes y están dirigidas tanto a los usuarios de medios (*los prosumidores= productores/consumidores), como a los investigadores de la temática y a aquellos relacionados con la industria y el negocio cultural.

¿Cuáles son los componentes claves que explican el funcionamiento de nuestra “cultura de red”, aquella que ustedes definen como “cultura transmedia”?

Ya hace varias décadas que estamos atravesando un período de cambio mediático profundo y prolongado, que ha impactado a todos los aspectos de nuestra sociedad. En su esencia, éste ha modificado el alcance y la escala en la cual que se produce la comunicación. En particular, todavía estamos lidiando con un aumento dramático en el porcentaje de población que tiene capacidad de crear y compartir entre sí materiales, a través de los medios de comunicación. Cada vez más personas reciben noticias de sus redes sociales en lugar de recibirlas directamente de una fuente de noticias tradicional. Jenkins se presenta a sí mismo como un aca-fan, rótulo donde confluyen sus perspectivas de análisis académicos con sus conocimientos desde el interior mismo de la cultura del fandom (*reino de fanáticos) Cada vez más, en un entorno saturado de información, noticias y medios varios, las personas dirigen su atención hacia el contenido multimedia más convincente. Esto está en el corazón de lo que queremos decir con “cultura transmedia”. Nuestro enfoque se centra en cómo la gente común, las bases, generan una nueva circulación de los medios de comunicación que está transformando el modo en que los anunciantes se relacionan con las redes y los consumidores, cómo los gobiernos y los periodistas se relacionan con los ciudadanos, e incluso cómo las iglesias se relacionan con sus fieles. En el fondo está una idea simple: si no se propaga, está muerta. Si el contenido no viaja a través de las redes sociales, es poco probable que llame mucho la atención y, por lo tanto, es poco probable que tenga mucho impacto. Hace ya casi una década que escribimos el libro Cultura Transmedia y sus reflexiones siguen siendo ciertas en un mundo en el que el presidente de los Estados Unidos transmite tweets y retweets a su público, y cuenta con sus partidarios para hacer circular su mensaje fuera del control de las organizaciones noticiosas. Por supuesto, Donald Trump a menudo no cumple con las expectativas que nuestro libro propone para todos los participantes en este nuevo entorno de medios -eso de que nos hacemos responsables de la calidad de la información que ponemos a circular.

¿Cómo viajan los contenidos a través de los medios en la actualidad y cómo esto ha cambiado en los últimos años?

Imaginemos una parte del contenido de los medios -tal vez un video de una de las Marchas de las Mujeres, producido por una activista feminista, tal vez usando la cámara de su teléfono celular y subido mientras todavía está en el evento, durante la marcha. En el pasado, los manifestantes estarían a merced de las organizaciones de noticias quienes determinarían si sus voces serían -o no-  escuchadas por el público. Ahora, ese video puede circular ampliamente sin tener en cuenta qué opciones toman los distintos periodistas que cubren la marcha. Henry-JenkinsPuede ser subido a YouTube, luego incrustado en Facebook o Instagram, o puesto a circular a través de Twitter. Puede llegar a un pequeño puñado de amigos del activista que lo ha compartido originariamente o puede viajar mucho más allá de su red de contactos, dependiendo de que otros participantes lo consideren valioso como un recurso para compartir en sus conversaciones. Si es realmente convincente, podría ser recogido y su mensaje amplificado a través de un canal de transmisión algo más tradicional, en parte simplemente porque ha circulado con aprobación por un público ya grande. Esto es lo que queremos decir al describir la circulación como un sistema híbrido que puede involucrar tanto a los participantes comerciales como a los de base.

¿Cómo los usuarios “participan activamente” en la difusión cultural? ¿Cómo esto se interpone, superpone o contrapone, con la industria cultural tradicional?

La participación de consumidores y ciudadanos los involucra en la selección del contenido mediático que desean compartir, haciendo elecciones sobre dónde y cómo enmarcar ese contenido, tomando decisiones respecto de los mejores canales para compartirlo y a qué público dirigirse. La mayoría de nosotros tomamos decisiones de este tipo todos los días y, por eso mismo, comienzan a parecernos rutinarias y mundanas, pero el hecho de que esas elecciones resulten como un agregado relevante para establecer las prioridades de nuestra cultura, ésto es un fenómeno relativamente nuevo. la gente común, las bases, generan una nueva circulación de los medios de comunicación que está transformando el modo en que los anunciantes se relacionan con las redes y los consumidores, cómo los gobiernos y los periodistas se relacionan con los ciudadanos, e incluso cómo las iglesias se relacionan con sus fieles. En el fondo está una idea simple: si no se propaga, está muerta. La gente ha hablado durante mucho tiempo sobre el papel que juegan los medios imponiendo la agenda de temas de interés, pero cada vez más, el público en red establece la agenda a través de sus elecciones sobre qué circular y los medios masivos están respondiendo a esas elecciones mientras intentan aferrarse a sus menguantes audiencias.

He estado rastreando las respuestas globales a “El Último Jedi” -una superproducción internacional- donde la cobertura de las noticias a menudo está impulsada por las respuestas de los fanáticos, incluidos los enfrentamientos dentro del fandom entre quienes abrazaron la película y los que no les gustó. Todos los días, parece que recibimos noticias sobre la brecha entre los resultados que dan los críticos profesionales en Rotten Tomato (*sitio web dedicado a la revisión e información de películas) y los pareceres del público, y si esos números han sido manipulados por bots o no. Escuchamos sobre re-ediciones de la película que reflejan enfrentamientos por cuestiones de inclusión y diversidad. Presenciamos fogosos debates en Twitter respecto de puntos de vista en el desarrollo de la trama. Algunas de estas historias son mal manejadas por los medios de comunicación que todavía no saben cómo contextualizar estas respuestas de las bases, del público. Pero todos parecen dar por hecho que estas respuestas son noticia, que tienen la capacidad de hacer o deshacer una gran franquicia de medios, y que Disney espera salir airoso al frente, justo allí dónde la multitud parece estar yendo. Esto nos dice mucho sobre nuestro cambiante panorama de los medios.

¿Cómo operan los aspectos no comerciales de nuestras experiencias culturales para generar novedad y cambio en el mundo que habitamos?

Lo no  comercial puede describir una variedad de fenómenos, tanto referirse a los medios activistas como a contenidos educativos, estar presente en los medios religiosos como en el contenido generado por los fans, y cada vez más, las líneas entre diversos tipos de contenido no comercial se difuminan, tanto así que las líneas entre lo comercial y lo no comercial incluso motivan la producción y circulación en los medios.Las noticias falsas se están alimentando del caos creado por los reacomodamientos de los sistemas de telecomunicaciones tradicionales frente a las nuevas economías y formas híbridad de los medios actuales Todos buscan formas de crear contenido más atractivo para que las personas se sientan tentadas a re-compartirlas con otros en sus redes sociales, lo que significa que los activistas pueden, por ejemplo, recurrir a imágenes de películas de superhéroes para dramatizar sus preocupaciones políticas o que los publicistas pueden imitar los últimos memes para intentar alcanzar a los consumidores más jóvenes. En ese contexto, los experimentos o innovaciones en un sector pueden tener efectos dominantes en otros comunicadores, ya que las ideas y las imágenes viajan de una conversación a otra.

¿En qué conflictos o debates resulta evidente que nuestra cultura de red está desacoplada con el sistema normativo que la rige? ¿Cómo crece haciendo uso de aquellos resquicios y vacíos legales? ¿Quiénes se benefician con esto?

Ya he ofrecido varios ejemplos de este tipo anteriormente. Consideremos uno de los grandes debates en este momento: las llamadas noticias falsas. En su forma original, el término “noticias falsas” se refería a la desinformación que gana influencia a medida que circula a través de las redes sociales. En algunos casos, esta información podría provenir de grupos que alguna vez parecieron marginales, pero a medida que dicha información viaja y se difunde se vuelve cada vez más difícil identificar sus fuentes. A menudo, el contenido pirateado está llegando a mercados imprevistos y rastrear su flujo puede ayudar a los productores a identificar lugares donde pueden vender exitosamenteParte de esta información errónea es fabricada conscientemente por grupos externos -algunos buscando que los ingresos publicitarios amplíen su número de lectores, otros intentando interferir en las elecciones o difundiendo propaganda para gobiernos extranjeros. Nadie duda de que la difusión de esta desinformación puede tener efectos destructivos en la calidad de nuestra democracia. La creación y circulación de noticias falsas aprovecha todas las propiedades que hemos identificado como aquellas de la cultura transmedia. En USA, también vemos a figuras políticas como Donald Trump usar el concepto de noticias falsas para descartar toda cobertura negativa en su contra, buscando desacreditar el rol de los periodistas profesionales y así esquivar sus funciones de vigilancia (rol indispensable de la prensa política). Se están alimentando del caos creado por los reacomodamientos de los sistemas de telecomunicaciones tradicionales frente a las nuevas economías y formas híbridas de los medios de comunicación actuales que identificamos en nuestro libro.

¿La piratería es un problema o una estrategia de la que se aprovechan las industrias culturales de nuestros días?

La piratería es ambas cosas a la vez. Claramente, se pierde una enorme cantidad de ingresos debido a los piratas en la cultura contemporánea, pero su efecto, sostenemos, no es del todo destructivo. Discutimos la piratería menos como una falla moral por parte de los consumidores, ya que es una falla del mercado por parte de los productores. A menudo, el contenido pirateado está llegando a mercados imprevistos y rastrear su flujo puede ayudar a los productores a identificar lugares donde pueden vender exitosamente su contenido en el futuro o incluso a identificar contenido que han desestimado y devaluado en principio pero que aún puede tener vida en el mercado. La piratería a menudo sugiere un mercado global de medios a medida que los medios viajan a través de las fronteras nacionales para llegar a consumidores que de otro modo tendrían que esperar un período prolongado antes de poder acceder a ese contenido, si es que lo hacen. Cada vez más, los jóvenes buscan contenido de otros lugares, de otras partes del mundo, que históricamente nunca podrían acceder a ellos. En ese contexto, los piratas pueden tomar riesgos, probar mercados, porque sus costos son mucho más bajos que los productores originales, y pueden alejarse del contenido que no genera intereses. En lugar de cerrarlos, el productor inteligente sigue sus elecciones, identifica el contenido que ha generado intereses y encuentra formas de transmitirlo a los consumidores que lo desean.

¿Cuáles son los temas y proyectos en los que está trabajando actualmente?

Mi propio trabajo actual se centra en el impacto de todas estas tendencias en la comunicación política. Seguí la Cultura Transmedia con “By Any Media Necessary”, que analiza cómo los jóvenes activistas, principalmente en los Estados Unidos, utilizan una variedad de canales de comunicación para cambiar su mundo. Seguimos, por ejemplo, al movimiento Dreamer para los derechos de los inmigrantes, la campaña de Invisible Children’s Kony 2012, y muchas otras para ver qué pueden enseñarnos acerca de un cambio proactivo hacia una política participativa. En este momento, estoy terminando un nuevo libro, Popular Culture and the Civic Imagination (Cultura Popular e Imaginarios Cívicos), que rastrea la apropiación y remezcla de la cultura popular en los movimientos políticos y sociales de todo el mundo, desde jóvenes en Egipto comentando sobre el régimen actual a través de la comedia y posteos en Internet hasta el arte callejero en Brasil, que reclamó al gobierno los gastos en que incurrió para los Juegos Olímpicos y la Copa Mundial a costa de la ayuda para los pobres, de Hamilton como vehículo para que los jóvenes estadounidenses reflexionen sobre cuestiones de diversidad, hasta las prácticas feministas en el Internet de Corea que buscan poner en evidencia aquellos sentidos comunes sexistas invirtiendo cuestiones de género del discurso popular.

Artículo por:

Silvina Chmiel

Silvina Chmiel
Graduada en Historia, de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Se especializó en Sociología de la Cultura y Análisis Cultural. Ex Docente en la carrera de Sociología (UBA) e investigadora del Instituto Gino Germani donde, bajo el auspicio de becas UBACyT, participó de congresos y público en numerosos libros sobre problemáticas de jóvenes y ciudad, discriminación y constitución de identidades nacionales. Se trasladó a Miami en el año 2002 y allí co-dirigió la cátedra de “Análisis Cultural y Sociología de la Educación” en el ILAJ (Miami Beach) y dictó la cátedra de “Historia Universal” del San Ignacio College (Doral). Actualmente es miembro de la “Cultural Studies Asossiation”. 

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